viernes, 22 de abril de 2011

Reflexiones bíblicas y teológicas en torno a las siete expresiones de Jesús en la cruz 6 y 7 de 7

Reflexiones bíblicas y teológicas en torno a las siete expresiones de Jesús en la cruz
6 y 7 de 7
Héctor B. Olea C.
Originalmente tenía planificado publicar un artículo por cada una de las siete palabras, pero luego, considerando la estrecha relación que Juan 19.30 (texto de la sexta palabra) establece con la situación en que la tradición sinóptica ubica la séptima, decidí analizar y publicar la sexta y séptima palabras en conjunto.
La sexta palabra de las siete pronunciadas por Jesús en la cruz, pero la séptima según el orden en que aparece en el NT, es: “Consumado es” Juan 19.30.
El texto completo de Juan 19.30, en la versión Reina Valara de 1960, dice: “Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu.
Como se ve por Juan 19.30, en el contexto en que el cuarto evangelio sitúa la sexta palabra, es el mismo en que la tradición sinóptica coloca la séptima y última palabra. Es más, se podría decir que para el evangelio de Juan «consumado es», viene a ser la última palabra expresada por Jesús en la cruz.
La séptima palabra de las siete pronunciadas por Jesús en la cruz, pero la cuarta según el orden en que aparece en el NT, es: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” Lucas 23.46.





Consideremos ahora, los textos que nos proporcionan el contexto en que la tradición sinóptica ubica la séptima palabra:
33Cuando vino la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. 34Y a la hora novena Jesús clamó a gran voz, diciendo: Eloi, Eloi, ¿lama sabactani? que traducido es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? 35Y algunos de los que estaban allí decían, al oírlo: Mirad, llama a Elías. 36Y corrió uno, y empapando una esponja en vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber, diciendo: Dejad, veamos si viene Elías a bajarle. 37Mas Jesús, dando una gran voz, expiró. 38Entonces el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo” (Marcos 15.33-38)
45Y desde la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. 46Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? 47Algunos de los que estaban allí decían, al oírlo: A Elías llama éste. 48Y al instante, corriendo uno de ellos, tomó una esponja, y la empapó de vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber. 49Pero los otros decían: Deja, veamos si viene Elías a librarle. 50Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu. 51Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron; 52y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; 53y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos” (Mateo 27.45-53)
44Cuando era como la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. 45Y el sol se oscureció, y el velo del templo se rasgó por la mitad. 46Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró” (Lucas 23.44-46)
Ahora bien, dado que en relación a la sexta y séptima palabra los textos muestran problema alguno de crítica textual, nos vamos a ahorra la comparación de versiones.
Análisis comparativo de los detalles que acompañan la muerte de Jesús
Pasemos, pues, al análisis comparativo del contexto y los detalles en que tanto la tradición sinóptica como Juan se ubica la muerte de Jesús
1) El evangelio de Lucas (que por cierto no hace referencia a la quinta y sexta palabras), ubica la séptima palabra alrededor de la “hora novena” (cerca de las tres de la tarde) en armonía con Marcos y Mateo, un poco después (no sabemos qué tanto) de Jesús haber pronunciado la que analizamos en este serie como la segunda palabra (“Hoy estarás conmigo en el paraíso” Lucas 23.43).
2) El evangelio de Lucas, en armonía con el evangelio de Mateo, pero a diferencia de los evangelios de Marcos y Juan; menciona una serie de fenómenos que antecedieron la muerte de Jesús (en Mateo posteriores a). Entre estos, las tinieblas, el cielo se nubló, y el velo del templo se rasgó en dos.
3) La tradición sinóptica se muestra uniforme (Marcos, Mateo, Lucas) en afirmar que hubo “tinieblas” desde la hora sexta hasta la novena.
4) El evangelio de Mateo que, por cierto, tampoco hace referencia a la quinta y sexta palabras, ubica la muerte de Jesús igual que Marcos y Lucas, alrededor de la “hora novena”, un poco después de haber pronunciado la que analizamos en esta serie como la cuarta apalabra (“Dios mío, ¿Por qué me has desamparado?” Mateo 27.46; Marcos 15.34). Mateo también establece cierta cercanía entre la muerte de Jesús y el haberle dado a Jesús vinagre a beber.
5) El evangelio de Mateo, en armonía con el evangelio de Lucas, y a diferencia de Marcos y Juan, menciona una serie de fenómenos que se conectan con la muerte de Jesús. La diferencia entre Mateo y Lucas, en este aspecto, es que Mateo sitúa dichos fenómenos como posteriores a la muerte de Jesús y agrega varios que no menciona Lucas (que por cierto los ubica antes de la muerte de Jesús).
6) Los fenómenos que según el evangelio de Mateo tuvieron lugar después de la muerte de Jesús, son: el velo del templo se rasgó en dos (y de arriba abajo), tembló la tierra, las rocas se partieron, se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron.
7) El evangelio de Marcos, en armonía con Juan, y a diferencia de Mateo y Lucas, no menciona los fenómenos que acompañaron la muerte de Jesús (en Lucas ante de; pero después de, en Mateo).
8) El evangelio de Marcos, en armonía con el evangelio de Mateo, afirma que el velo del templo se rasgó “de arriba abajo”; y a diferencia con Lucas que sólo afirma que “y el velo del templo se rasgó por la mitad”
9) El evangelio de Juan, a diferencia de la tradición sinóptica, no dice nada respecto de la hora en que Jesús murió. Tampoco dice nada (en armonía con Marcos y a diferencia de Mateo y Lucas) de una serie de fenómenos que hayan acompañado la muerte de Jesús (ni antes como en Lucas), ni después (como en Mateo).
Explicación sintética respecto de la naturaleza de los fenómenos que acompañaron la muerte de Jesús en la tradición sinóptica
Dado el poco espacio y la naturaleza de este trabajo, a manera de una explicación orientadora, respecto de los fenómenos que según la tradición sinóptica acompañaron la muerte de Jesús; traigo a colación una interesante síntesis que plantea Raymond E. Brown, después de haber realizado un análisis minucioso de cada uno de estos fenómenos, cito:
“Todos los fenómenos que hemos examinado en esta sección representan una interpretación teológica del significado de la muerte de Jesús, efectuada con el lenguaje y las imágenes de la apocalíptica. Ya he señalado en el COMENTARIO que convertir en una cuestión de principal interés su historicidad literal es no haber entendido su carácter de símbolos ni el género literario en que son presentados93. Un ejemplo comparable sería el debate, hacia 4000 d. C., sobre la historicidad literal del libro de George Orwell 1984. Orwell supo reflejar con agudeza extraordinaria las fuerzas destructivas desatadas en su tiempo; pero en esa obra plasmó una visión personal, no la historia real de lo que pasó un determinado año. (O, si se prefiere un ejemplo de la época neotestamentaria: difícilmente es postulable la historicidad literal de las señales apocalípticas que Pedro ve realizadas en Pentecostés [Hch 2.19-20], p. ej., la conversión de la luna en sangre) Dado que para la fe cristiana la autodonación del Hijo cambió la relación de los hombres con Dios y transformó así el cosmos, las imágenes apocalípticas eran de muchas maneras un medio más eficaz de comunicar esas verdades situadas más allá de la experiencia ordinaria que lo habría sido la disquisición discursiva. Los apocalípticos, pese a toda la fuerza de sus imágenes, se expresan todavía dentro de la limitada esfera de la aproximación humana; en sus escritos muestran conciencia de no haber agotado la riqueza de lo ultramundano, y esa conciencia queda a veces oscurecida por una exposición más precisa y prosaica” («La muerte del Mesías», tomo II, páginas 1,338, y 1, 339).
La muerte de Jesús expresada en palabras de cada evangelio
En Marcos “Mas Jesús, dando una gran voz, expiró” (15.37)
En Mateo “Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu” (Mateo 27.50)
En Lucas “Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró” (Lucas 23.46)
En Juan “Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu” (Juan 19.30)
Comentario sintético de la sexta palabra “Consumado es” Juan 19.30
Cierro esta sección con palabras propias de Raymond E. Brown:
"Cuando, pues, hubo tomado el vino agrio, Jesús dijo: 'Está concluido'" (19.30a). La idea recién apuntada de que Juan interpretaba positivamente el ofrecimiento de vino agrio en un hisopo explica no sólo que Jesús provocase el ofrecimiento diciendo, "Tengo sed", sino también que él tomase el vino al serle acercado a la boca (algo que menciona sólo Juan). En 18,11, Jesús dijo que quería beber la copa que el Padre le había dado; por tanto, al tomar el vino que le ofrecen, ha cumplido el compromiso contraído al comienzo del relato de la pasión. Cuando Jesús bebe el vino de la esponja puesta en un hyssop, está desempeñando simbólicamente el papel escriturístico del cordero pascual anunciado al comienzo de su carrera; por tanto, ha cumplido el compromiso contraído cuando la Palabra se hizo carne. En 19.28a hemos leído: "Jesús, habiendo sabido que ya todo estaba concluido"; ahora, en 19.30a, Jesús lo expresa directamente: "Está concluido". Estos dos pasajes con tetelestai flanquean la declaración "Tengo sed", estructura que cuenta con un paralelo marcano en la exclamación "Dios mío, Dios mío, ¿por qué [razón] me has abandonado?" flanqueada por sendas apariciones de "fuerte grito" en Marcos 15.34 y 15.37. Desde otro punto de vista, mientras que en Marcos/Mateo y en Lucas las últimas palabras de Jesús están constituidas por esa cita de los salmos, en Juan el eco sálmico "Tengo sed" es el penúltimo dicho de Jesús y "Está cumplido" sus últimas palabras. Puesto que "Tengo sed" conecta con "todo estaba cumplido", podemos pensar que esta frase y "Todo cumplido" constituyen funcionalmente un solo dicho” ((«La muerte del Mesías», tomo II, página 1, 276)
“En el evangelio de Juan, Jesús, que vino de Dios, ha terminado lo que le encargó el Padre, por lo cual su muerte se convierte en la decisión que ahora, ya todo concluido, toma libremente. Su "Tengo sed", eco de Salmo 22.16, ha causado el ofrecimiento de vino agrio en un hisopo, cumpliendo no sólo Sal 69.22, sino también el motivo de Ex 12,22 de rociar con la sangre del cordero. Jesús dijo que el testimonio dado de él por el Padre (5.37) concordaba con las Escrituras que también daban testimonio de él (5,39). En consecuencia, su "Está concluido" alude tanto a la obra que le encomendó el Padre como al cumplimiento de la Escritura. Como "cordero de Dios" ha quitado el pecado del mundo, desarrollando y completando el papel del cordero pascual en la teología veterotestamentaria” («La muerte del Mesías», tomo II, página 1, 277)
Comentario sintético de la séptima palabra “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” Lucas 23.46
Cierro esta sección igualmente con palabras propias de Raymond E. Brown:
“La oración principal con el verbo relativo a morir. Ninguno de los evangelistas
utiliza los verbos normales para la acción de morir: apothneskein o teleutanni. Marcos y Lucas tienen la referencia más simple, con su empleo de ekpnein ("expirar"). A la luz de su teoría (que considero exagerada) de la expulsión del demonio a la muerte de Jesús, Danker ("Demonic", 67-68) interpreta el verbo ekpnein en el sentido de que Jesús "expulsó el pneuma [mal espíritu]" y asocia el fuerte grito con la salida del demonio. Lucas, que sigue aquí a Marcos, seguramente no lo entendió así. El Jesús lucano, que fue concebido en María al descender sobre ella el Espíritu Santo (1.35), de ningún modo podía estar habitado por un demonio; fue en Judas en quien entró Satanás (22.3). Menos imaginativamente, Taylor (Mark, 596) encuentra en el verbo ekpnein la idea de una muerte violen-ta, repentina, al parecer porque lo interpreta como referente a una fuerte emisión de aire seguida de un gran grito. Dudo asimismo que Lucas, al usar este verbo, esté atribuyendo una muerte violenta a Jesús. Más sencillamente, puesto que ekpnein es un eufemismo por "morir" en Sófocles, Plutarco y Josefo (BAGD, 244), como también en mi traducción literal "expirar", creo que Marcos y Lucas usaron el verbo que encontraron más suave.
Por lo que respecta a Juan, su "entregó [paradidonai\ el espíritu" es interpretado frecuentemente a la luz del lucano "Padre, en tus manos pongo [paratithenaí\ mi espíritu". Ciertamente es una interpretación posible en principio. Jesús va al Padre, y no deja de ser oportuno que la larga cadena de entregas de Jesús (cf. tomo I, pp. 274-75) termine en esta entrega de sí. Pero aquí se trata del Jesús joánico, que ya es uno con el Padre; por tanto, al Padre puede ir, pero ¿puede entregarle su espíritu? Recordando lo dicho al comentar "habiendo inclinado la cabeza", ¿no tendríamos una mejor secuencia si, al ir al Padre, Jesús entrega su espíritu a los que están al pie de la cruz? En 7,37-39 prometió que cuando fuera glorificado, quienes creyeran en él recibirían el Espíritu. ¿Qué más adecuado que los creyentes que antes no se marcharon a la hora del arresto (18,8) y ahora se han reunido junto a la cruz sean los primeros en recibirlo? Esto significaría que, mientras que los otros evangelistas describieron a Jesús exhalando su espíritu o fuerza vital, Juan entendió de otro modo la tradición e identificó "espíritu" con el Espíritu Santo. Intérpretes de Juan tan destacados como Bernard, Bultmann y Lagrange rechazan esta idea. Una objeción principal es que en el resto del NT sólo Cristo resucitado da el Espíritu Santo. Sin embargo, aunque aún no ha resucitado de entre los muertos, el Jesús joánico ha sido levantado en la cruz y ya está pasando de este mundo al Padre (13,1; 17,11). Ya es considerablemente asimilable al Jesús resucitado de los otros evangelios. También se objeta que el Espíritu Santo es dado explícitamente la tarde del domingo en Jn 20,22. Pero hay que tener en cuenta el modo en que Juan combina presentaciones cristianas comúnmente conocidas con las peculiares de la memoria de su propia comunidad. En la escena del domingo de 20.19-23, conserva la tradición compartida con otros evangelios de que Jesús resucitado se apareció a los Doce (cf. 20,24), iniciadores de la gran Iglesia. En la tradición de esa Iglesia nada habla acerca de especiales seguidores de Jesús no miembros de los Doce y presentes junto a la cruz; pero algunos de ellos, especialmente el discípulo amado, estuvieron en el origen de la comunidad joánica. Muy consonante con el estilo joánico es que, aun sin rechazar a los Doce (y menos a Pedro), se dé la prioridad al discípulo a quien Jesús amaba. posiblemente, pues, Juan quiere decir que, cuando Jesús inclinó su cabeza hacia los que estaban junto a la cruz -i.e., los creyentes que fueron recordados como los fundadores de la comunidad joánica-, les dio el Espíritu Santo. Ellos habrían sido los primeros en ser hechos hijos de Dios por Jesús victorioso, cuando fue levantado en la cruz y antes de resucitar de entre los muertos” («La muerte del Mesías», tomo II, páginas 1,279-1,282).
Conclusión: La palabra sexta (“Consumado es” Juan 19.30) y la séptima (“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” Lucas 23.46); nos invitan a reconocer, por un lado, que la muerte de Jesús fue una muerte real, verificable y tangible; no una mera ficción; por otro lado, que la obra de Jesús de Nazaret no concluye en un fracaso, sino que, por el contrario, su muerte es el gran sello de su victoria (Colosenses 2.11-15); victoria que se expresaría no mucho después mediante la resurrección, por la cual, en palabras de Pablo, “sorbida es la muerte en victoria” (1 Corintios 15.54).
Colosenses 2.11-15 “11En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo; 12sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos. 13Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, 14anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, 15y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz” (compárese Efesios 2.11-22).
1 Corintios 15.53-57 “53Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. 54Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. 55¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? 56ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. 57Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Compárese Filipenses 2.1-11)
Exhortación para el testimonio cristiano:
La muerte de Jesús de Nazaret y su consecuente victoria mediante la resurrección, nos comprometen a luchar contra todo tipo de injustita, y a combatir todo sistema y práctica que atente contra la vida y la dignidad de los seres humanos y de toda la creación como tal. También nos invitan a considerar seriamente lo trascendente. Si bien los seres humanos sólo vemos lo que está frente a nuestros ojos, pensar en los trascendentales propósitos de Dios con su creación (no sólo con los seres humanos, sino con el ambiente, la flora y la fauna también); demandan de nosotros una preocupación por el logro de la voluntad de Dios en una forma más integral, trascendente sí, pero sensible y encarnada también.

¡Misión cumplida!
¡Hasta la próxima si Dios así lo permite!

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