lunes, 28 de mayo de 2018

Hacia una mejor traducción de Isaías 13.19: ¿verbo o sustantivo?



Algunas observaciones más en relación al uso de «’elojím» en el Tanaj

Héctor B. Olea C.

De entrada debo decir que estoy consciente de toda la problemática que ha tenido lugar en relación al nombre «’elojím» («’elohím»); por ejemplo, el muy conocido y respetado hebraísta Moisés Chávez ha dicho que la forma plural y su concordancia en singular ha ocasionado problemas a los exégetas («Hebreo Bíblico, Texto programado», tomo I, página 454). Por otro lado, el «Diccionario teológico manual del AT», de E. Jenni y C. Westermann, afirma: “En cualquier caso, el sentido singular de la forma plural dentro del AT es tan claro, que se emplea siempre el término sin ninguna limitación (sospecha de politeísmo)”, tomo I, página 243.

No obstante, también concluye dicha fuente: “En tiempos posteriores se evita la construcción en plural «por temor a malos entendidos» (Nehemías 9.18; Éxodo 32.4, 8; compárese además 1 Crónicas 17.21 y 2 Samuel 7.23)”, página 247. Además sostiene: “No es fácil determinar en qué medida esta forma de hablar (forma plural con significado singular revela una tendencia monoteísta), página 244.

Sin embargo, debo aclarar que mi análisis filológico no supuso un análisis de orden propiamente histórico religioso; en todo caso, no supuso la negación del pasado sin duda politeísta de la religión judía antes de que finalmente se impusiera su característico e histórico monoteísmo ético (yahvismo). 

En realidad con mis dos publicaciones anteriores en relación al uso del sustantivo hebreo «’elojím» («’elohím») en el Tanaj, lo que quise fue poner de relieve lo infructuoso que resulta el que la dominante teología cristiana apele a la habitual y característica forma plural de la palabra «’elojím» («’elohím»), para sentar base alguna para su habitual y característica idea trinitaria de la deidad. De todos modos, el sentido plural de «’elojím» («’elohím») no apuntaría a la idea trinitaria de la deidad cristiana, sino más bien a una pluralidad de dioses.

Ahora bien, si bien es dominante en el Tanaj el que la forma plural de «’elojím» («’elohím») tenga más bien un sentido en singular, no es menos cierto que hay algunos pasajes que se han traducido con el aparente propósito de ocultar no sólo un posible e indiscutible sentido plural de dicho nombre, sino y además, para tratar de que al menos no sea tan notorio el pasado estadio politeísta de la fe judía.

Consecuentemente y, en primer lugar, es cierto que el nombre «’elojím» («’elohím») aparece en algunos casos con una concordancia en plural, además de la dominante en singular. En tal sentido, llama la atención el empleo de la forma singular y plural, en forma paralela, en la expresión «Dios vivo». Por un lado, la expresión «Dios vivo», es la traducción en singular del empleo del sustantivo «’elojím» con una concordancia en plural en el texto hebreo, en Deuteronomio 5.26; 1 Samuel 17.26, 36; Jeremías 10.10; 23.36, o sea, «’elojím ja-yím» (Dios vivo, Dios que vive, viviente, Dioses vivos, Dioses que viven, vivientes). La Septuaginta, por su parte, tradujo la expresión hebrea «’elojím ja-yím», con una concordancia estrictamente en singular: «theú zóntos» (Dios vivo, Dios viviente).  

En segundo lugar, la expresión «Dios vivo», es la traducción en singular del empleo del sustantivo «’elojím» con una concordancia en singular, en el texto hebreo, en: 2 Reyes 19.4, 16; 2 Samuel 2.27: «’elojím jai». La Septuaginta, por su parte, insiste en una concordancia estrictamente en singular: «theón zónta».

De igual forma, la expresión «Dios santo», en Josué 24.19, es la traducción en singular del empleo del sustantivo «’elojím», con una concordancia en plural en el texto hebreo («’elojím quedoshím»; y la Septuaginta: «theós jáguios»); pero la expresión «Dios santo», es la traducción en singular del empleo del sustantivo «’elojím» con una concordancia en singular en el texto hebreo («ja-’elojím ja-qadosh»; y la Septuaginta: «kuríu tu jaguíu»), en 1 Samuel 6.20.

Ahora bien, Sodoma y Gomorra fueron destruidas; 1) ¿Por los dioses de los padres?; 2) ¿Por el Dios o dioses de Abraham?; 3) ¿Por YHVH?

En Isaías 13.19 en la versión Reina Valera leemos: «como Sodoma y Gomorra, a las que trastornó Dios».

Observaciones:

En primer lugar, aquí la traducción «Dios», corresponde a la hebrea «’elojím».  

En segundo lugar, la traducción «trastornó» (forma verbal, y en singular), es en realidad un sustantivo en el texto hebreo, y en estado constructo, o sea, «mahapeját» (destrucción de, de parte de).

Consecuentemente, traducir el sustantivo hebreo con una forma verbal y en singular («trastornó»), más el sustantivo «’elojím» asumido y traducido en singular,  parece ser el recurso empleado para evitar poner de relieve el estadio politeísta de la fe judía.

En todo caso, Miguel Pérez Fernández plantea: “En la reelaboración por la que las viejas leyendas pasaron hasta la redacción final, se aprecia una judaización progresiva del personaje Abraham: la circuncisión como identidad del clan, el culto a YHVH, el apartamiento de personas y clanes (Lot y sus descendientes, moabitas y amonitas; y sobre todos, Ismael. Como resultado queda la línea genealógica que contempla la Biblia; Noé, Sem, Téraj, Abraham, Isaac, Jacob, Israel, Judá” («Tradiciones populares, judías y musulmanas: Adán, Abraham, Moisés»), página 74.

Además, Antonio Rodríguez Carmona («La religión judía, historia y teología»), plantea unas valiosísimas pistas en relación al estadio de la antigua religión del pueblo hebreo, el estadio de la religión del padre, anterior al establecimiento del Yahvismo, cito:

“Una primera característica es el culto a un solo Dios, ahora bajo la forma de monolatría. El adorador del dios del padre admite la existencia de otros dioses, pues cada familia o clan tiene el suyo, pero él sólo adora y sigue el de su grupo, con el que mantiene una relación personal en toda su existencia. Esto no obsta para que no sólo reconozca la existencia del dios de otro clan, sino que jure por él, y lo ponga de testigo. Labán pone por testigos «al dios de Abraham y al dios de Nahor (Génesis 31.53, y jura por el dios de su padre Nahor (Génesis 31.53). Es una actitud religiosa diversa a la del posterior yahvismo, que poco a poco llegaría a ser monoteísta, polémico y exclusivista”, página 19.

Por otro lado, a pesar de que el texto bíblico no oculta que Abraham nace y procede de un ambiente indiscutiblemente politeísta (véase Josué 24.2); la judaización del personaje Abraham, tanto en el texto bíblico como en textos apócrifos, se lo presenta prácticamente como el fundador del monoteísmo hebreo, y como un ferviente luchador del culto a otros dioses. En tal sentido, traigo a colación la leyenda que nos ofrece el libro apócrifo de Los Jubileos:

“En el año treinta y dos de la vida de Abrán, es decir, a sus cuatro septenarios y cuatro años, fue de noche y quemó el templo de los ídolos con cuanto había dentro, sin que nadie lo supiera. 13 Fueron ellos de noche y quisieron salvar a sus dioses del fuego. 14 Arán se lanzó a salvarlos: se prendió fuego y ardió en el incendio, muriendo en Ur de los caldeos ante su padre, Taré, y allí lo sepultaron. 15 Entonces Tare salió de Ur de los caldeas con sus hijos para ir a la tierra del Líbano y al país de Canaán y se estableció en Harrán. Abrán moró con su padre, Taré, en Harrán durante dos septenarios” («Libro de los Jubileos» 12.12-15, fuente: «Apócrifos del AT», tomo II, página 113).

Evidentemente, como afirma Miguel Pérez Fernández («Tradiciones populares, judías y musulmanas: Adán, Abraham, Moisés», página 78), el texto bíblico («los sacó de Ur de los caldeos», Génesis 11.31; 15.7), da pie a la leyenda.

Ahora bien, retomando el análisis bíblico, diré que a la luz de los datos analizados, es muy posible que la referencia  al Dios que destruyó a Sodoma y Gomorra, en Isaías 13.19, apunte más bien al Dios del clan de Abraham o al conjunto de deidades reconocidas por éste.

Luego, a la luz de que en realidad la traducción «trastornó», en Isaías 13.19, es en el texto hebreo un sustantivo en estado constructo («mahapeját»: destrucción de, por parte de); una traducción probable y legítima de Isaías 13.19 sería: «Como con la destrucción de Sodoma y Gomorra por parte de los dioses». 

Sin embargo, es preciso poner de relieve que de la misma forma en que las traducciones de la Biblia han empleado junto al sustantivo «’elojím» una forma verbal en la tercera persona del singular («trastornó»), como una manera de forzar una interpretación de «’elojím» estrictamente en singular; así también ha procedido la Septuaginta, cuando tradujo: «jon trópon katéstrepsen jo theós Sodoma y Gomorra»: «En la forma en que Dios destruyó a Sodoma y Gomorra».

Ahora bien, en la misma línea de Isaías 13.19 va Jeremías 50.40, donde volvemos a encontrar el sustantivo «mahapeját» en estado constructo (destrucción de, por parte de) y no la forma verbal («trastornó»), y el sustantivo «’elojím» con su habitual forma en plural. Respecto de la Septuaginta, debo decir que aunque el texto de la Septuaginta no nos ayuda en este caso, de todos modos, la traducción que ofrece Junemann es exactamente igual que la que vimos en Isaías 13.19, cito: «Así como trastornó Dios a Sodoma y Gomorra».

Por supuesto, hemos de tener presente la oportuna observación que hace Julio Trebolle Barrera respecto del texto del libro de Jeremías en la Septuaginta: “El texto del libro de Jeremías es un octava parte más breve que el Texto Masorético. Presenta también variantes muy considerables en el orden de los capítulos. Muestra una irregularidad métrica que se echa de menos en el Texto Masorético. Se basa en una forma recensional hebrea distinta de la del Texto Masorético” («La biblia judía y la biblia cristiana», página 350).

Retomando nuestro análisis bíblico, en Amós 4.11, en la versión Reina Valera 1960, leemos: “Os trastorné como cuando Dios trastornó a Sodoma y a Gomorra”.

Aquí, como en Isaías 13.19 y Jeremías 50.40, volvemos a encontrar el sustantivo mahapejah (destrucción) en estado constructo, junto al sustantivo «’elojím» en su habitual forma plural. En relación a la Septuaginta, volvemos a encontrar aquí la misma situación que en Isaías 13.19, sólo que ahora con la palabra «kathós» (así): «kathós katéstrepsen jo theós Sodoma y Gomorra»: «Así como Dios destruyó a Sodoma y Gomorra».

Luego, en Jeremías 49.18, observamos:

En primer lugar, que volvemos a tener en el texto hebreo el empleo del sustantivo «mahapeját» en estado constructo (destrucción de, por parte de) y no la forma verbal («trastornó»), y el sustantivo «’elojím» con su habitual forma en plural.

En segundo lugar, que por fin la versión Reina Valera 1960 tradujo en conformidad al texto hebreo, y evitó el empleo de una forma verbal (destruyó, trastornó), como en efecto lo hizo en Isaías 13.19; Jeremías 50.40; Amós 4.11.

En tercer lugar, con relación a la Septuaginta, una vez más vuelve el texto de Jeremías a no ser de ayuda en este análisis.

En cuarto lugar, en relación a Jeremías 49.18, es preciso poner de relieve que este texto no le atribuye a deidad alguna la destrucción de Sodoma y Gomorra, y sólo se limita a decir: «Como sucedió en la destrucción de Sodoma y de Gomorra y de sus ciudades vecinas».

No obstante, muy a pesar de lo que en verdad establecen los textos analizados, finalmente el relato legendario de Génesis 18 y 19 (considérese 18.17, 20; 19.13, 24), compuesto desde la perspectiva de la fe Yahvista; atribuye la destrucción de Sodoma y Gomorra ya no al Dios del clan de Abraham, no a los dioses admitidos y reconocidos por el personaje de Abraham, sino por YHVH.  

En suma, no podemos descartar que antes de la extrema judaización del personaje de Abraham, antes del establecimiento del Yahvismo con su característico monoteísmo nacional y ético; la destrucción de Sodoma y Gomorra fuera atribuida a los dioses tribales del tiempo de los patriarcas, empleando el sustantivo «’elojím» con un sentido propiamente plural, y empleando el sustantivo «mahapeját» en estado constructo (destrucción de, por parte de) y no la forma verbal («trastornó»), como en efecto lo vimos en Isaías 13.19; Jeremías 50.40; Amós 4.11; Jeremías 49.18). Esto así, muy a pesar de haber empleado la versión Reina Valera 1960 (y otras versiones) una forma verbal en tercera persona del singular («trastornó»).

En conclusión, pienso que no es descabellado proponer, muy a pesar de la evidencia en contra que aporta la Septuaginta con el empleo de una forma verbal en tercera persona del singular («katéstrepsen»-«destruyó», «trastornó»), y el sustantivo «theós» («Dios») en caso nominativo singular, muy comprometida con el posterior monoteísmo yahvista ya establecido; que muy probablemente el sentido real de la expresión hebrea «ke-majapejat (sustantivo en estado constructo) ’elojím (en su habitual forma plural) ve-et-sedón ve-et-amorá» (en Isaías 13.19; Jeremías 50.40; Amós 4.11; Jeremías 49.18), sea: «Como con la destrucción de Sodoma y Gomorra, por parte de los dioses» (¿de Abraham? ¿de los dioses de los padres?).

En consecuencia, es posible que el sentido en singular de la habitual forma plural del sustantivo «’elojím», al menos en algunos textos bíblicos específicos, retocados incluso en las versiones castellanas de la Biblia (como he podido demostrar en los textos bíblicos aquí analizados); así como la traducción en singular de la concordancia en plural del sustantivo «’elojím»; sea el reflejo de los intentos por erradicar los vestigios del estadio politeísta de la fe judía, por parte de los seguidores de la fe monoteísta Yahvista, antiguos y presentes; así de sencillo.


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