lunes, 16 de febrero de 2015

«Hotheós» y «tonthéos», ejemplo de un análisis falaz de Juan 1.1

«Hotheós» y «tonthéos», ejemplo de un análisis falaz de Juan 1.1


Héctor B. Olea C.

En su debate con los cristianos en torno a la deidad de Jesucristo (como parte de la general noción trinitaria cristiana del ser de Dios); un tipo de argumentación clásica por parte de comentaristas islámicos, es afirmar que en Juan 1.1 hay dos palabras griegas distintas para hacer referencia a la deidad.

Dicho sea de paso, menciono aquí que para el año 1993 tuve que reaccionar por escrito a un artículo que una dama intelectual islámica publicó en un periódico de circulación nacional, y por cierto uno de lo de mayor circulación; donde hizo uso del tipo de argumentación que en esta nota pongo bajo cuestionamiento.  

Pues bien, siguiendo la argumentación islámica, la primera palabra que se encuentra en Juan 1.1, es «hotheós» (Dios) y la segunda es «tontheós» (un dios, cualquier dios). En consecuencia, como en la expresión “y la palabra estaba con Dios”, la palabra griega traducida supuestamente es «tontheós», no es posible, según ellos, defender y sostener sobre este hecho la deidad de Jesucristo, el lógos encarnado.
Ahora bien, para entender lo falaz de este tipo de argumentación, voy a explicar lo que en realidad vemos en Juan 1.1.

En primer lugar, no es cierto que haya en Juan 1.1 dos palabras distintas para referirse a la deidad.

En segundo lugar, lo que sencillamente vemos en Juan 1.1 es que una misma palabra «theós», por razones sintácticas se usa en dos casos distintos. En caso nominativo, cuya morfología es «theós»; y en caso acusativo, cuya morfología es «theón».

En tercer lugar, no es cierto que en la lengua griega el significado o carga semántica de la palabra cambie, se modifique o se altere simplemente porque según la función sintáctica de la palabra, se produzca un cambio en el caso (según la función sintáctica, así un determinado caso). Por ejemplo, en caso nominativo vemos el uso de la palabra Jesús, (griego «Iesús»), en nominativo en Mateo 17.9a (Cuando descendieron del monte, Jesús les mandó…); y en acusativo, en Mateo 27.26a; “Entonces les soltó a Barrabás; y habiendo azotado a Jesús”… (griego «Iesún»).

Ahora bien, como vemos, es claro que nadie se atreve a decir aquí que ha habido un cambio semántico de la palabra Jesús, sólo por el hecho de haberse producido un cambio de caso, atendiendo al cambio de función de la palabra en la oración; en la primera, como sujeto (el nominativo), y en la segunda, como complemento u objeto directo (el acusativo).   

En cuarto lugar, no es acertado unir el articulo a la palabra como la hacen los comentaristas islámicos, pues en realidad «ho» en «hotheós» es el artículo definido; lo mismo que «ton» en la expresión «tontheós». Por lo tanto, lo correcto es escribir «ho théos» y «ton theón».  

En quinto lugar, otro detalle que ignoran los comentaristas islámicos es el que tiene que ver con el nariz que adquiere la palabra «theós» acompañada o no con el artículo. “El uso de “theós con el articulo y sin articulo es altamente instructivo. Un estudio de los usos del término tal como se dan en la Concordancia de Moulton y Geden, lo convence a uno de que sin el artículo “theós” significa esencia divina, mientras que con el artículo se tiene en vista principalmente personalidad divina… El uso de “theós” en Juan 1.1  es un buen ejemplo: “pros ton (artículo) theón” (estaba con Dios) señala al compañerismo de Cristo con la persona del Padre; “theos (sin artículo) en jo lógos” (era Dios) recalca la participación de Cristo en la esencia de la naturaleza divina (H. E. Dana y Julius R. Mantey en su obra «Gramática Griega del Nuevo Testamento», segunda edición, publicada por la Casa Bautista de Publicaciones, pagina 135)

En sexto lugar, y ahora, como una crítica a la postura tradicional que sustenta el carácter trinitario del ser de Dios. Si bien se concluye que en Juan 1.1 la participación del lógos de la esencia divina no está en discusión; no es menos cierto que el autor del cuarto evangelio pone un parámetro ineludible respecto al tiempo de su compañía y coexistencia con la deidad, a saber, «en el principio».

Es preciso observar que el autor del cuarto evangelio no dice que el lógos fuese eterno, sino y más bien, que para el principio, para antes de la creación ya existía. Además, es claro que incluso las primeras confesiones cristianas tuvieron que hablar y expresarse en una manera en que de una forma u otra se reconocía la no eternidad y la idea de un principio para la existencia del lógos.

En verdad pienso que hay aquí un serio y difícil escollo para la concepción trinitaria: su cuestionable eternidad. Lo cierto es que la idea de una eternidad excluyendo cualquier noción de un principio, es un atributo que en el NT mismo sólo se le atribuye al Padre. En consecuencia, es claro que para el NT tanto el Hijo como el Espíritu Santo tuvieron un principio (considérese  Juan 1.1; Hebreos 1.5; Juan 15.26). Incluso el Credo de Nicea se vio obligado a expresarse en unos términos que reconoce la derivación del Hijo y del Espíritu Santo como procediendo del Padre; en otras palabras, como teniendo estos últimos un punto de origen, en una forma u otra, cito: “Y en un Señor Jesucristo, el Hijo de Dios; engendrado como el Unigénito del Padre, es decir, de la substancia del Padre, Dios de Dios; luz de luz; Dios verdadero de Dios verdadero; engendrado, no hecho”…

Y el credo niceno constantinopolitano: “Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos…” … “Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo”

En conclusión, es claro que nuestro análisis pone de manifiesto, por un lado, una explicación falaz de Juan 1.1 por parte de los comentaristas islámicos, y por parte de los comentaristas cristianos, por el otro, así de sencillo.

Concluyo con las pertinentes y muy realistas palabras de Raymond E. Brown comentando el prólogo del cuarto evangelio, en su obra «El evangelio según Juan», publicada por Ediciones Cristiandad, cito: “Admitimos, a pesar de todo, que entre el «la Palabra era Dios», del prologo de Juan, y la posterior confesión de la iglesia reconociendo a Jesucristo como «Dios verdadero de Dios verdadero» (Nicea) media una fuerte evolución en términos de pensamiento filosófico y una problemática distinta”


¡Hasta la próxima!


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