sábado, 7 de febrero de 2015

Hacia un nuevo concepto de «prójimo»


Héctor B. Olea C.

«Amarás a tu prójimo como a ti mismo»; de acuerdo, comencemos, pues, por modificar, rectificar y actualizar el concepto de «prójimo» (hebreo «réa»; griego «plesíon»). En el contexto hebreo, por lo general, «prójimo» era el varón israelita próximo que no formaba parte de la parentela. No lo era un varón pagano (no israelita), tampoco un esclavo y jamás una mujer. Por eso en el contexto del judaísmo rabínico, en la oración matutina, el varón judío da gracias a Dios por no haber sido creado pagano, esclavo ni mujer.

Ahora bien, a la luz de la parábola de «El buen samaritano», es preciso hacer algunos ajustes en nuestro concepto de «prójimo». En primer lugar, hemos de definir el «prójimo» a partir del punto de vista y la situación de la persona necesitada. En segundo lugar y, en consecuencia, la persona que se identifica y tiene misericordia de la persona necesitada (al margen del grupo étnico al que pertenezca, nacionalidad, religiosidad o falta de religiosidad, al margen de su preferencia u orientación sexual, cultura, idioma, etc.), ha de ser considerada el «prójimo» por antonomasia.  



Entonces: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo»; no, sino y más bien: «Amarás a toda persona en situación de vulnerabilidad y necesidad, pues sólo identificándote con ella en su triste y lamentable condición, sólo así podrás tú ser considerado su «prójimo» (compárese Lucas 10.36-37).

Conclusión: «Prójimo» no ha de ser la persona que necesita; sino la persona que ayuda; «prójimo» no es la persona que es auxiliada; es la persona que auxilia, y de manera incondicional por supuesto, así de sencillo.

¡Feliz shabát!

No hay comentarios:

Publicar un comentario