jueves, 22 de septiembre de 2011

Sobre la «dependencia del Espíritu Santo» en el proceso de definición doctrinal

Una perspectiva crítica

Héctor B. Olea C.

Si todas las corrientes eclesiales y teológicas del cristianismo son guiadas por el Espíritu Santo en el proceso de lectura, interpretación de la Biblia, y reflexión teológica, ¿por qué persisten los desacuerdos? ¿Demuestra la historia del cristianismo que el Espíritu Santo corrige teologías? ¿No parece más bien que la obra del Espíritu Santo es interpretada a la luz de cada corriente eclesial y teológica?

Ahora bien, si se da por sentado que las diferencias teológicas se explican porque algunas de las corrientes del cristianismo no se están dejando guiar por el Espíritu Santo en dicho proceso, ¿qué corriente admitirá que ella es una de esas? ¿Admitirán algo así los arminianos? ¿Los reformados? ¿Los bautistas? ¿Los presbiterianos? ¿Los pentecostales? ¿Los adventistas? ¿Los templos bíblicos? ¿Los católicos? ¿Los anglicanos? ¿Los dispensacionalista? ¿Los no dispensacionalistas?, etc.

Al final, me parece que volvemos a caer de nuevo y siempre (lo admitamos o no), en el siguiente círculo vicioso: 1) una determinada corriente eclesial y teológica lleva a cabo una particular lectura de la Biblia; 2) desarrolla una teología peculiar y propia; y 3) da por sentado que en ese proceso fue guiada (se dejó guiar) por el Espíritu Santo (y no admite que alguien le diga lo contrario).

Precisamente por esto es que resulta muy curioso y en extremo interesante, que todas las corrientes mencionadas dicen lo mismo, y ninguna admite lo contrario.      

Si las diferencias teológicas entre adventistas y no adventistas se explican en la guía de Espíritu Santo, me pregunto: ¿cuál de las dos corrientes no se ha dejado guiar por el Espíritu Santo, la adventista o la no adventista?

Si las diferencias teológicas entre calvinistas y arminianos se explican por el mismo fenómeno, ¿cuál de las corrientes no se ha dejado guiar por el Espíritu Santo, los calvinistas o los arminianos?

Si las diferencias escatológicas se han de explicar por una falta de conformidad a la dirección del Espíritu Santo en el proceso de lectura e interpretación de la Biblia,

¿Qué corriente o escuela escatológica admitirá que es ella la que no se ha sometido a la guía del Espíritu Santo? ¿Admitirán algo así los dispensacionalistas? ¿Lo harán los amilenialistas? ¿Lo harán los postmilenialista?
¿Entonces?

Un ejemplo bíblico que ilustra muy bien lo que por siglos viene ocurriendo con las distintas posturas cristianas eclesiales y teológicas, lo encontramos en relación al llamado “Concilio de Jerusalén”, en Hechos 15.

Resulta que para dicha ocasión se manifestaron tres posturas: En primer lugar, una postura de total apertura a los gentiles en el movimiento cristiano sin aplicarle ciertos requisitos vitales para la fe judía (representada por Pablo y Bernabé); En segundo lugar, una corriente que podríamos llamar de “intermedia” (aunque muy cercana a la representada por Pablo y Bernabé), representada por Pedro; y en tercer lugar, una corriente que podríamos calificar de “conservadora” (representada por Jacobo).

Observemos, en primer lugar, las palabras introductorias a la asamblea de Jerusalén:

“Entonces algunos que venían de Judea enseñaban a los hermanos: Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos. 2Como Pablo y Bernabé tuviesen una discusión y contienda no pequeña con ellos, se dispuso que subiesen Pablo y Bernabé a Jerusalén, y algunos otros de ellos, a los apóstoles y a los ancianos, para tratar esta cuestión. 3Ellos, pues, habiendo sido encaminados por la iglesia, pasaron por Fenicia y Samaria, contando la conversión de los gentiles; y causaban gran gozo a todos los hermanos. 4Y llegados a Jerusalén, fueron recibidos por la iglesia y los apóstoles y los ancianos, y refirieron todas las cosas que Dios había hecho con ellos. 5Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían creído, se levantaron diciendo: Es necesario circuncidarlos, y mandarles que guarden la ley de Moisés” (Hechos 15.1-5)

En segundo lugar, observemos las palabras de Pedro:

6Y se reunieron los apóstoles y los ancianos para conocer de este asunto. 7Y después de mucha discusión, Pedro se levantó y les dijo: Varones hermanos, vosotros sabéis cómo ya hace algún tiempo que Dios escogió que los gentiles oyesen por mi boca la palabra del evangelio y creyesen. 8Y Dios, que conoce los corazones, les dio testimonio, dándoles el Espíritu Santo lo mismo que a nosotros; 9y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando por la fe sus corazones. 10Ahora, pues, ¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar? 11Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, de igual modo que ellos” (Hechos 15.6-11)


En tercer lugar, consideremos lo que el autor de Hechos nos dice de la participación de Pablo y Bernabé

12Entonces toda la multitud calló, y oyeron a Bernabé y a Pablo, que contaban cuán grandes señales y maravillas había hecho Dios por medio de ellos entre los gentiles” (Hechos 15.12)

Al llegar aquí me llama poderosamente la atención que el autor del libro de Hechos no tuviera el interés o el valor de dar a conocer e incluir en su relato, lo que en efecto fueron las palabras precisas de Pablo y Bernabé en defensa de su postura, como sí lo hizo con la participación de Pedro y la de Jacobo.

En cuarto lugar, a la luz de la observación que hice en el párrafo anterior, observemos las palabras de la postura “conservadora” de Jacobo:

“13Y cuando ellos callaron, Jacobo respondió diciendo: Varones hermanos, oídme. 14Simón ha contado cómo Dios visitó por primera vez a los gentiles, para tomar de ellos pueblo para su nombre. 15Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito: 16 Después de esto volveré Y reedificaré el tabernáculo de David, que está caído; Y repararé sus ruinas, Y lo volveré a levantar, 17Para que el resto de los hombres busque al Señor, Y todos los gentiles, sobre los cuales es invocado mi nombre, 18Dice el Señor, que hace conocer todo esto desde tiempos antiguos. 19Por lo cual yo juzgo que no se inquiete a los gentiles que se convierten a Dios, 20sino que se les escriba que se aparten de las contaminaciones de los ídolos, de fornicación, de ahogado y de sangre. 21Porque Moisés desde tiempos antiguos tiene en cada ciudad quien lo predique en las sinagogas, donde es leído cada día de reposo.” (Hechos 15.13-21)

Observemos las palabras que encierran o engloban la postura representada por Jacobo:

“Por lo cual yo juzgo que no se inquiete a los gentiles que se convierten a Dios, 20sino que se les escriba que se aparten de las contaminaciones de los ídolos, de fornicación, de ahogado y de sangre” (Hechos 15.19-20)

Consideremos ahora la conclusión que según el mismo relato de Hechos, es comunicada por el mismo Jacobo, como aprobada por el Espíritu Santo, pero después de la consideración del liderazgo apostólico, los ancianos y demás líderes de Jerusalén (Hechos 15.22, 26, 28):

28Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: 29que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación; de las cuales cosas si os guardareis, bien haréis. Pasadlo bien” (Hechos 15.28-29)

Ahora bien, curiosamente viene a resultar que la postura representada por el liderazgo de Jerusalén, encabezada por Jacobo, fue precisamente la que le pareció bien, la que aprobó el Espíritu Santo. Una manera sencilla y clara de poner en evidencia este hecho, es comparando los versículos 19-20, y 28- 29.

“Por lo cual yo juzgo que no se inquiete a los gentiles que se convierten a Dios, 20sino que se les escriba que se aparten de las contaminaciones de los ídolos, de fornicación, de ahogado y de sangre” (Hechos 15.19-20)

28Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: 29que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación; de las cuales cosas si os guardareis, bien haréis. Pasadlo bien” (Hechos 15.28-29)

Pero, ¿estuvo Pablo totalmente de acuerdo con la conclusión a la que llegó el “Concilio de Jerusalén” según lo relatado por el libro de Hechos?

Creo que una manera de responder adecuadamente a esta pregunta es consultando las epístolas paulinas que, por cierto, son totalmente ignoradas por el autor de Hechos.

¿Qué pensaba Pablo de lo sacrificado a los ídolos, a pesar de la postura aprobada y reafirmada por el liderazgo dominante de Jerusalén? ¿Relativiza Pablo, o no, la postura a la que llegó el Concilio de Jerusalén en este aspecto?

Observemos:

4Acerca, pues, de las viandas que se sacrifican a los ídolos, sabemos que un ídolo nada es en el mundo, y que no hay más que un Dios. 5Pues aunque haya algunos que se llamen dioses, sea en el cielo, o en la tierra (como hay muchos dioses y muchos señores), 6para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él. 7Pero no en todos hay este conocimiento; porque algunos, habituados hasta aquí a los ídolos, comen como sacrificado a ídolos, y su conciencia, siendo débil, se contamina. 8Si bien la vianda no nos hace más aceptos ante Dios; pues ni porque comamos, seremos más, ni porque no comamos, seremos menos. 9Pero mirad que esta libertad vuestra no venga a ser tropezadero para los débiles. 10Porque si alguno te ve a ti, que tienes conocimiento, sentado a la mesa en un lugar de ídolos, la conciencia de aquel que es débil, ¿no será estimulada a comer de lo sacrificado a los ídolos? 11Y por el conocimiento tuyo, se perderá el hermano débil por quien Cristo murió. 12De esta manera, pues, pecando contra los hermanos e hiriendo su débil conciencia, contra Cristo pecáis. 13Por lo cual, si la comida le es a mi hermano ocasión de caer, no comeré carne jamás, para no poner tropiezo a mi hermano” (1 Corintios 8.4-13)

23Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica. 24Ninguno busque su propio bien, sino el del otro. 25De todo lo que se vende en la carnicería, comed, sin preguntar nada por motivos de conciencia; 26porque del Señor es la tierra y su plenitud. 27Si algún incrédulo os invita, y queréis ir, de todo lo que se os ponga delante comed, sin preguntar nada por motivos de conciencia. 28Mas si alguien os dijere: Esto fue sacrificado a los ídolos; no lo comáis, por causa de aquel que lo declaró, y por motivos de conciencia; porque del Señor es la tierra y su plenitud. 29La conciencia, digo, no la tuya, sino la del otro. Pues ¿por qué se ha de juzgar mi libertad por la conciencia de otro? 30Y si yo con agradecimiento participo, ¿por qué he de ser censurado por aquello de que doy gracias? 31Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios. 32No seáis tropiezo ni a judíos, ni a gentiles, ni a la iglesia de Dios; 33como también yo en todas las cosas agrado a todos, no procurando mi propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos” (1 Corintios 10.23-32)

¿Qué pensaba Pablo de la fornicación (prostitución), a pesar de la postura aprobada y reafirmada por el liderazgo dominante de Jerusalén?

9Os he escrito por carta, que no os juntéis con los fornicarios; 10no absolutamente con los fornicarios de este mundo, o con los avaros, o con los ladrones, o con los idólatras; pues en tal caso os sería necesario salir del mundo. 11Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis” (1 Corintios 5.9-11)

3pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación; 4que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y honor” (1 Tesalonicenses 4.3-4)

18Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca. 19¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? 20Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1 Corintios 6.18-20)

19Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación (prostitución), inmundicia, lascivia” (Gálatas 5.19)

Es claro, pues, que respecto del tema de la fornicación Pablo no tiene problemas con lo aprobado, con la postura asumida por el concilio de Jerusalén, y con la cual se identificada el liderazgo de Jerusalén.

¿Qué pensaba Pablo del comer el animal con su sangre, a pesar de la postura aprobada y reafirmada por el liderazgo dominante de Jerusalén?

1Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones. 2Porque uno cree que se ha de comer de todo; otro, que es débil, come legumbres. 3El que come, no menosprecie al que no come, y el que no come, no juzgue al que come; porque Dios le ha recibido. 4¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio señor está en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme” (Romanos 14.1-4)

14Yo sé, y confío en el Señor Jesús, que nada es inmundo en sí mismo; mas para el que piensa que algo es inmundo, para él lo es. 15Pero si por causa de la comida tu hermano es contristado, ya no andas conforme al amor. No hagas que por la comida tuya se pierda aquel por quien Cristo murió. 16No sea, pues, vituperado vuestro bien; 17porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. 18Porque el que en esto sirve a Cristo, agrada a Dios, y es aprobado por los hombres. 19Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación. 20No destruyas la obra de Dios por causa de la comida. Todas las cosas a la verdad son limpias; pero es malo que el hombre haga tropezar a otros con lo que come. 21Bueno es no comer carne, ni beber vino, ni nada en que tu hermano tropiece, o se ofenda, o se debilite. 22¿Tienes tú fe? Tenla para contigo delante de Dios. Bienaventurado el que no se condena a sí mismo en lo que aprueba. 23Pero el que duda sobre lo que come, es condenado, porque no lo hace con fe; y todo lo que no proviene de fe, es pecado” (Romanos 14.14-23)

13Por lo cual, si la comida le es a mi hermano ocasión de caer, no comeré carne jamás, para no poner tropiezo a mi hermano” (1 Corintios 8.13)

31Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios. 32No seáis tropiezo ni a judíos, ni a gentiles, ni a la iglesia de Dios; 33como también yo en todas las cosas agrado a todos, no procurando mi propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos” (1 Corintios 10.31-33)

13Las viandas para el vientre, y el vientre para las viandas; pero tanto al uno como a las otras destruirá Dios” (1 Corintios 6.13a)

17porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” (Romanos 14.17)

Como se puede observar, de los tres elementos que formaron parte de la conclusión a la que arribó el Concilio de Jerusalén (comida sacrificada a ídolos, fornicación-prostitución- y comer la carne del animal con su sangre), es claro que Pablo sólo se muestra de acuerdo con la fornicación (prostitución); con relación a los otros dos elementos, asume una postura en una línea contraria.

Cabe preguntarse, pues, ¿qué pensaba (o pensaría) Pablo de la dirección del Espíritu Santo respecto de los aspectos de la postura del liderazgo de Jerusalén que él no compartía? Pero también, ¿qué pensaba (o pensaría) el liderazgo de Jerusalén de la dirección del Espíritu Santo en aquellos asuntos que no compartían con Pablo, pero que eran abiertamente aprobados por éste?

Yendo todavía un poco más lejos, tendremos que puntualizar el hecho de que no sólo era que se asumía la dirección del Espíritu Santo en la fijación de una determinad postura doctrinal, sino que a la vez, se tildaba de “anatema” (herejía, opción equivocada) la distinta asumida por otros. Por ejemplo, mientras que para Pablo cualquier intento de judaizar la fe cristiana (haciendo énfasis o reclamando la necesidad de asumir algunos elementos del judaísmo, incluso un sobre énfasis en el conocimiento del Jesús físico de Nazaret) era anatema; para la comunidad joánica, la postura correcta era precisamente el énfasis en el Jesús físico, el Cristo encarnado, y la postura errada, el negar o minimizar este aspecto de la persona de Jesús de Nazaret. Observemos:

6Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. 7No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. 8Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. 9Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema” (Gálatas 1.6-9)

1¡Oh gálatas insensatos! ¿quién os fascinó para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente entre vosotros como crucificado? 2Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe? 3¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne? 4¿Tantas cosas habéis padecido en vano? si es que realmente fue en vano. 5Aquel, pues, que os suministra el Espíritu, y hace maravillas entre vosotros, ¿lo hace por las obras de la ley, o por el oír con fe?” (Gálatas 3.1-5)

16De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne; y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así. 17De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5.16-17)

Consideremos ahora la postura de la comunidad joánica:

7Porque muchos engañadores han salido por el mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Quien esto hace es el engañador y el anticristo. 8Mirad por vosotros mismos, para que no perdáis el fruto de vuestro trabajo, sino que recibáis galardón completo. 9Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo. 10Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis: ¡Bienvenido! 11Porque el que le dice: ¡Bienvenido! participa en sus malas obras” (2 Juan 7-11)

1Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo. 2En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; 3y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo” (1 Juan 4.1-3)

Como se ve, el muy usado lema (pretexto o justificación) de que todas las corrientes eclesiales y teológicas cristianas leen la Biblia bajo la dirección del Espíritu Santo, no garantiza el que todas asuman las mismas premisas y lleguen por igual a las mismas conclusiones doctrinales y teológicas. Además de que, en el fondo, subyace la sospecha (de ambos lados), de que en aquellos aspectos en los que se mantienen posturas disidentes, el fallo está del otro lado, nunca y jamás del lado suyo.

En consecuencia, cada corriente eclesial y teológica cristiana asume una dirección correcta y efectiva del Espíritu Santo en la corriente adversa o disidente, sólo en aquellos aspectos de la interpretación de la Biblia y de la reflexión teológica (así como respecto de la praxis cristiana) en que la otra parte, concuerda con ella. Así de sencillo.


¡Hasta la próxima!

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