martes, 8 de marzo de 2011

“Amarás a tu «prójima» como a ti mismo” ¿Quién dijo eso?


Una reflexión pertinente en el día internacional de la mujer

Héctor B. Olea C.

La expresión “amarás a tu prójimo como a ti mismo” se la encuentra en la Biblia únicamente en los siguientes pasajes:

Levítico 19.18 “No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová.”

Mateo 5.43 “Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo.”

Mateo 19.19 “Honra a tu padre y a tu madre; y, Amarás a tu prójimo como a ti mismo.”

Mateo 22.39 “Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.”

Marcos 12.31 “Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos.”

Romanos 13.9 “Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.”

Gálatas 5.14 “Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.”

Santiago (Jacobo) 2.8 “Si en verdad cumplís la ley real, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis.”

Ahora bien, a diferencia del castellano y el idioma griego del Nuevo Testamento, el hebreo tiene o añade el género, al conjunto de los accidentes gramaticales del verbo. Esto significa que en castellano, por ejemplo, al decir “estudia” en realidad no podemos deducir de esta forma verbal si quien realiza la acción de “estudiar” es mujer (una persona de sexo femenino) u hombre (una persona de sexo masculino).

Con al forma verbal griega “blépeis” (tú ves, estás viendo) tampoco podemos saber (basados sólo en la formal verbal en sí) si quien realiza la acción de “ver” es mujer (una persona de sexo femenino) u hombre (una persona de sexo masculino).

Pero en el hebreo bíblico se da una situación bastante interesante. Resulta que el conjunto de flexiones de un verbo en el idioma hebreo (el idioma dominante del AT), sólo tiene desinencias comunes en la primera persona singular y plural. Para el resto, la segunda (singular y plural), así como la tercera (singular y plural), hay una desinencia masculina (que indica que el sujeto de esa acción verbal es una persona de sexo masculino), y una desinencia femenina (para indicar que el sujeto de la acción verbal es una persona de sexo femenino).

Así, la forma verbal “shamárti” (correspondiente a la primera persona común singular) puede traducirse “yo (un varón) guardé”, pero también “yo (una mujer) guardé”. De igual manera, “shamárnu”, “nosotros (masculino) guardamos”, y “nosotras (femenino) guardamos”.

Pero “shamár” sólo ha de traducirse “guardó él” (tercera persona masculino singular). Mientras que “shameráh” “guardó ella” (tercera persona femenino singular).

Este aspecto de la conjugación verbal en hebreo cobra su importancia al analizar la persona sujeto que señala el hebreo en algunos textos bíblicos.

Por ejemplo, la expresión “amarás a tu prójimo como a ti mismo” ¿qué es lo que generalmente pensamos? Sencillamente, en buen castellano, que toda persona (sin distinción de sexo), está llamada a amar a su semejante (sin distinción de sexo). Pero ¿es esa la idea que realmente señala la forma verbal hebrea? Vayamos, pues, al texto hebreo de Levítico 19.18.

En el texto hebreo de nuestro pasaje en cuestión, encontramos la forma verbal “ve’ahabtá”, que corresponde, de manera muy específica a la segunda persona singular masculina. Esto significa que el autor o redactor hebreo, conforme a ciertos criterios que mencionaré más adelante, ve como sujeto de esta acción a una persona de sexo masculino, a un hombre, no a una mujer.

Otro factor interesante que quiero analizar es la palabra hebrea que por lo general se traduce “prójimo” en el AT, y en este pasaje inclusive. Pues, bien, la palabra traducida aquí “prójimo” es “rea‘”.

Ahora bien, como ocurre en español con la palabra “león” (masculino), que tiene su forma femenina, “leona”; así también existe en el hebreo algunas palabras que tienen una forma propiamente masculina, por ejemplo, “varón” (hebreo, “ish”), cuya forma femenina es “ishsháh” (Génesis 2.23).

Sin embargo y, curiosamente, no tiene el hebreo una forma femenina para “rea‘” (prójimo). En otras palabras, no hay en hebreo la forma propiamente femenina para señalar a una “prójima”. Es decir, que no existía el concepto de “prójima” en la cultura hebrea. Pero, ¿por qué será? Puedo mencionar dos posibilidades: 1) Porque la palabra “rea‘” no se empleó como una palabra común, igual que en castellano, para referir a cualquier o toda persona, sin distinción de sexo (hombre o mujer), parecido a lo que ocurre en castellano con la palabra “inteligente”). 2) Porque en la cultura patriarcal hebrea, la mujer estaba ausente de ciertos escenarios en la sociedad, por lo tanto ella no estaba implicada en la idea que comunicaban ciertas palabras, como en efecto, “prójimo”.

Consideremos algunos factores:
1) El hogar era considerado como el espacio natural de la mujer.
2) La mujer estaba excluida de la vida pública.
3) La mujer no tenía el derecho iniciar un proceso de divorcio.
4) La mujer no podía ser sacerdote.
5) La mujer no tenía el derecho de participar en los servicios litúrgicos.
6) La monarquía también estaba destinada para el varón.
7) La mujer no tenía el derecho de ir a Jerusalén las tres fiestas de peregrinación (Pascua, Pentecostés y los Tabernáculos): “Tres veces en el año se presentará todo varón (no “toda mujer”, o “incluso la mujer”) delante de Jehová el Señor” (Éxodo 23.17).
8) La mujer no tenía el derecho de estudiar la Toráh.
9) A la mujer no le estaba permitido enseñar.
10) La mujer no se contaba entre las personas invitadas a pronunciar la bendición después de la comida.
11) Por lo general la mujer tampoco podía prestar testimonio en un juicio.
12) Al ser el varón la cabeza y jefe del hogar, era lógico que no existiera el concepto de “vecina”, sino únicamente “vecino” (que es otro de los significados básicos de la palabra hebrea que se traduce “prójimo).


Ahora quiero citar, a manera de ejemplos ilustrativos, algunos textos que ponen de manifiesto la total ausencia de la mujer, y la sola presencia masculina, en ciertos contextos claves:

Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel. Entonces vino Moisés, y llamó a los ancianos del pueblo, y expuso en presencia de ellos todas estas palabras que Jehová le había mandado.” (Éxodo 19.6b-7).

Pero algunas personas quizás me digan que el versículo 8 demuestra que Moisés habló ante el pueblo como un todo, incluyendo hombres y mujeres (“Y todo el pueblo respondió a una, y dijeron: Todo lo que Jehová ha dicho, haremos. Y Moisés refirió a Jehová las palabras del pueblo”); pero yo les diré que los versículos 14 y 15 demuestran que Moisés habló efectivamente con el pueblo representado sólo por lo varones del mismo: “14Y descendió Moisés del monte al pueblo, y santificó al pueblo; y lavaron sus vestidos. 15Y dijo al pueblo: Estad preparados para el tercer día; no toquéis mujer.

Esto hecho ha de tener mucha importancia al llegar al capítulo siguiente, donde se dictan los diez mandamientos. Esto significa que los receptores de Moisés en el capítulo veinte, todos eran varones, y este hecho explica por qué todas las formas verbales que aparecen en los diez mandamiento, todas son masculinas, y suponen a un sujeto masculino.

Otro pasaje interesante es:
Habló Jehová a Moisés, diciendo: 2Habla a toda la congregación de los hijos de Israel, y diles: Santos seréis, porque santo soy yo Jehová vuestro Dios” (Levítico 19.1-2).

Aquí también vemos de nuevo a Moisés hablando y fijando leyes en un contexto en que todos sus interlocutores son varones. La “congregación de los hijos de Israel”, no equivale al uso común en castellano, donde con la expresión “hijos” se usa de una manera muy inclusiva, abarcando a personas de ambos sexos (niños y niñas, mujeres y hombres). Este elemento nos sirve de clave para entender que en el versículo 8, cuando dice “amarás a tu prójimo como a ti mismo”, los interlocutores eran todos varones, y que el referente de la palabra “prójimo” también evocaba una imagen masculina. En un contexto así, que es el que está en el trasfondo general de los textos de la Biblia, es de suponer que no existiera la palabra y concepto de “prójima.”

Ahora, después de ver que la expresión “amarás a tu prójimo” se la encuentra siete (7) veces en el Nuevo Testamento, la pregunta inquietante es: ¿Tiene esta expresión en el NT el mismo referente que en el AT? ¿Tiene la palabra “prójimo” en el NT un uso distinto al que ya vimos que tiene en el AT?

Mi personal respuesta es que efectiva y, lamentablemente, la palabra “prójimo” se usa en el NT con el mismo uso sexista y excluyente que en el AT. Detengámonos pues, un poco, en cada una de las referidas menciones.

Mateo 5.43 “Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo

Con relación a esta cita, diré dos cosas: La primera es que al ser una cita del AT, lo lógico suponer que se está sumiendo que los receptores de dicho mandamiento son los mismos, es decir, los varones. En segundo lugar, si bien es cierto que muy probablemente hubo mujeres que formaron parte del conjunto de personas que escucharon el sermón de la montaña (compárese Mateo 4.25 y 5.1); lo cierto es que parece que el foco central del discurso de Jesús estaba constituido por los varones. Por ejemplo, a pesar de que el adjetivo que se traduce “bienaventurados” (makárioi) tiene una forma femenina (makáriai), en verdad lo que tenemos en el texto griego sólo son formas masculinas (compárese Mateo 5.1-14).

Mateo 19.19 “Honra a tu padre y a tu madre; y, Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” Aquí también vemos que la palabra “prójimo” (griego “plesíon”) conserva su uso tradicional y básico con que la vemos en el AT. Además, al ser una respuesta (una especie de cita textual) de un hombre rico a Jesús, respecto de lo que decía la Toráh; es lógico que la esté citando con el sentido que tenía en el código mosaico. Finalmente, no vemos que en la cita del NT se haya intentado hacer una redefinición de dicho concepto.

Mateo 22.39 (y paralelo Marcos 12.31): “Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” Este caso va en la misma línea del caso anterior, como una cita textual del código mosaico.

Romanos 13.9 “9Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

Por el contexto, también aquí “prójimo” sigue teniendo su uso y sentido tradicional. Compárese como evidencia a Romanos 12.1 “Así que, hermanos (no hermanas), os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.

Gálatas 5.14 “Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

Por el contexto, también aquí “prójimo” sigue teniendo su uso y sentido tradicional. Compárese como evidencia a Gálatas 5.13 “Porque vosotros, hermanos (no hermanas), a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros.” También Gálatas 6.1 “Hermanos (no hermanas), si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado.

El otro factor es que una vez más, estamos ante una especie de cita textual de la Toráh, y lo más seguro es que el referente original se haya mantenido.

Observación: Es interesante lo que plantean el 5.13 y el 6.1, a pesar del 3.28.

Santiago 2.8 “Si en verdad cumplís la ley real, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis.

Por el contexto, también aquí “prójimo” sigue teniendo su uso y sentido tradicional. Compárese como evidencia Santiago 2.1 “Hermanos míos (no hermanas mías), que vuestra fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo sea sin acepción de personas.” También Santiago 2.14 “Hermanos míos (no hermanas mías), ¿de qué aprovechará si alguno (no alguna) dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle?

Obsérvese además que cuando el autor de la carta de Santiago quiso ser inclusivo, lo fue: “Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día” (2.15).

Además, volvemos a encontrar aquí otra especie de referencia o cita textual de la Toráh, por lo que es muy probable que el referente original se haya mantenido.

Finalmente, la clásica parábola acerca del “prójimo” (el buen samaritano, Lucas 10.25-37), con la que Jesús se propone dar una definición sencilla y práctica respecto “a quién es el prójimo”, curiosamente, no involucra a ninguna mujer:
1) La persona que plantea la parábola (Jesús) es hombre.
2) Es también un hombre al que se le dirige la parábola.
3) La persona que fue víctima de los ladrones era un hombre.
4) Igualmente los ladrones eran hombres.
5) El sacerdote era un hombre.
6) El levita también era un hombre.
7) El Samaritano que socorrió a la víctima igualmente era un hombre.
8) El mesonero que atendió a la victima, también era un hombre.
En síntesis, no hubo la presencia de una mujer en la mejor ilustración que hay en la Biblia, tendente a crear una definición sencilla y práctica de quién es el prójimo.

Reflexión final: ¿Estamos dispuestos nosotros hoy, como seres humanos (hombres y mujeres) a crear la figura de la “prójima” en nuestras sociedades y en nuestros respectivos contextos eclesiales?

¿Nos atreveremos a darle a la parábola del buen samaritano hoy, una lectura, interpretación y aplicación consistentes, en clave o perspectiva de género?
¿Estamos dispuestos a llevar hasta las últimas consecuencias, la idea de que hombres y mujeres somos “imagen de Dios” al mismo tiempo, en el mismo grado y en la misma calidad, en el más amplio contexto de la fe cristiana?

¡Qué Dios nos ayude en esta tarea!

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