sábado, 5 de marzo de 2011

Una aclaración necesaria a un hermano y amigo «Testigo de Jehová»


Una aclaración necesaria a un hermano y amigo
«Testigo de Jehová»

Héctor B. Olea C.

La razón de este artículo-repuesta es una reacción que considero “inadecuada” de un hermano y amigo «Testigo de Jehová», a mi nota “El nombre «Jehová», ¿traducción o transliteración?

Partiendo del supuesto de que la persona promedio de cualquier denominación religiosa, muy probablemente no ha detener la información más acabada de ciertos asuntos relacionados con la misma; y bajo la sospecha de que los documentos oficiales y fuentes enciclopédicas igualmente oficiales de dicha comunidad muy posiblemente provean una información relativamente de mejor calidad; basado en estas dos premisas he decidido articular una respuesta a mi estimado hermano y amigo, Juan Antonio Tanco Grau, teniendo como base dos fuentes oficiales de la organización o movimiento de los «Testigos de Jehová».

Las dos fuentes oficiales de las que voy a depender en este trabajo son dos obras que toda persona «Testigo de Jehová» sabe la importancia que tienen y lo vitales que son para dicha organización.

La primera obra es la identificada como “Razonamiento a partir de las Escrituras”, publicada bajo los derechos reservados de Watch Tower Bible And Tract Society Of Pennsilvania, y Watch Tower Bible And Tract Society Of New York, USA, Inc., 1989.

La segunda obra es la especie de enciclopedia o diccionario bíblico y teológico “Perspicacia para comprender las Escrituras” (dos tomos), publicada por la Watch Tower Bible And Tract Society Of Pennsilvania, USA, 1991.
De acuerdo a mi estilo y compromiso con la verdad, me comprometo con un uso lo más objetivo y respetuoso posible de dichas fuentes (evitando a como dé lugar cualquier tipo de manipulación), de manera tal que la persona que se identifique como parte de los «Testigos de Jehová», así como las que no formen parte del mismo (pero que puedan tener acceso a estas fuentes), verifiquen y testimonien la calidad del uso que haya hecho de las fuentes en cuestión.

Este trabajo lo voy a desarrollar partiendo de unas premisas (a manera de hipótesis) que espero confirmar en el manejo, interpretación y crítica de los datos que he hallado en las dos fuentes especificadas. Obviamente, como ya hice mi personal exposición previamente, cualquier duda o inquietud demandará la revisión (y hasta una comparación) de lo ya publicado por mí, a la luz de las ideas que expondré en esta ocasión. También sugiero que las personas interesadas procuren obtener las dos obras oficiales del movimiento de los «Testigos de Jehová» que he tomado como base para elaborar este artículo-respuesta.





Habiendo hecho, pues, las salvedades de lugar, inicio, pues, esta muy personal aventura.

Primera hipótesis: El movimiento de los «Testigos de Jehová» concuerda con mi exposición respecto de las características originales del texto hebreo, como texto consonántico.

“¿Cuál es la forma correcta del nombre divino… Jehová (Jehováh), o Yavé (también escrito Yahvé, Yahvéh y Yahweh? Ningún humano hoy día puede estar seguro de cómo se pronunciaba originalmente en hebreo. ¿Por qué no? El hebreo de la Biblia se escribía originalmente con consonantes, sin vocales. Cuando el idioma se usaba todos los días, los lectores fácilmente suplían las vocales correspondientes. Sin embargo, con el tiempo los judíos cultivaron la idea supersticiosa de que era incorrecto pronunciar en voz alta el nombre personal de Dios, y por eso usaron expresiones sustitutivas. Siglos más tarde, eruditos judíos desarrollaron un sistema de puntuación por medio del cual indicaban las vocales que se debían usar cuando se leía el hebreo antiguo, pero pusieron las vocales correspondientes a las expresiones sustitutivas alrededor de las cuatro consonantes que representaban el nombre divino. De modo que la pronunciación original del nombre divino se perdió.” (Razonamiento, página 202).


Segunda hipótesis: El movimiento de los «Testigos de Jehová» concuerda con mi exposición respecto de la muy posterior vocalización del texto hebreo, y en cuanto a que la vocalización y lectura masorética del tetragrama demanda más bien su traducción que su transliteración.

“Jehová es la pronunciación más conocida en español del nombre divino, aunque la mayoría de los hebraístas apoyan la forma “Yahveh” (Yavé). Los manuscritos hebreos más antiguos presentan el nombre en la forma de cuatro consonantes, llamada comúnmente Tetragrama (del griego tetra que significa “cuatro”, y “grám-ma, “letra”). Estas cuatros letras (escritas de derecha a izquierda son YHWH y se pueden transliterar al español como YHWH (o JHVH).

Por lo tanto, las consonantes hebreas del nombre se conocen. El problema es determinar qué vocales hay que combinar con esas consonantes. Los puntos vocálicos se empezaron a utilizar en la segunda mitad del I milenio E.C. No obstante, los puntos vocálicos en manuscritos hebreos no proveen la clave para determinar qué vocales deberían aparecer en el nombre divino, debido a cierta superstición religiosa que había empezado siglos antes” (Perspicacia, tomo II, página 35).

¿Cuál es la pronunciación correcta del nombre de Dios? En la segunda mitad del I milenio E.C., los eruditos judíos introdujeron un sistema de puntos para representar las vocales que faltaban en el texto hebreo consonántico. En el caso del nombre de Dios, en vez de insertar la puntuación vocálica que le correspondía, insertaron la de «Adonay» (Señor Soberano) o «Elo-him» (Dios) para advertir al lector que debería leer estas palabras en vez del divino” (Perspicacia, tomo II, página 37).

Observación: Ciertamente los puntos vocálicos masoréticos no nos proporcionan la pronunciación original del nombre divino, pero sí las claves para su lectura e interpretación en la tradición recibida, conservada y reproducida por los masoretas. Por otro lado, es claro que los mismos «Testigos de Jehová» están reconociendo aquí que “Jehová” es una transliteración.

Tercera hipótesis: El movimiento de los «Testigos de Jehová» concuerda con mi exposición al reconocer que el códice de Leningrado B19a es el texto base de la actual Biblia hebrea. También concuerdan con mi exposición al hablar de la forma en que dicho códice (el texto masorético) se vocaliza el tetragrama.

“El Códice de leningrado B19a, del siglo XI E.C., puntúa el Tetragrama para que se lea «Yehwáh», «Yehwíh» «Yehowáh». La edición de Ginsburg del texto masorético puntúa el nombre para que se lea «Yehowáh». Normalmente los hebraístas favorecen la forma «Yahvéh» (Yavé) como la pronunciación más probable. Señalan que la abreviatura del nombre es «Yah» (Jah en la forma latinizada), como en el Salmo 89.8 y la expresión «Ha-lelu-Yáh» (que significa «¡Alaben a Jah!»” (Perspicacia, tomo II, página 37).

¿Cuál es la pronunciación correcta del nombre de Dios? En la segunda mitad del I milenio E.C., los eruditos judíos introdujeron un sistema de puntos para representar las vocales que faltaban en el texto hebreo consonántico. En el caso del nombre de Dios, en vez de insertar la puntuación vocálica que le correspondía, insertaron la de «Adonay» (Señor Soberano) o «Elo-him» (Dios) para advertir al lector que debería leer estas palabras en vez del divino” (Perspicacia, tomo II, página 37).

Cuarta hipótesis: El movimiento de los «Testigos de Jehová» concuerda con mi exposición al reconocer que es imposible poder establecer cuál fue la original lectura y pronunciación del sagrado nombre, cuya base son las muy conocidas cuatro consonantes hebreas.

“Como en la actualidad es imposible precisar la pronunciación exacta, parece que no hay ninguna razón para abandonar la forma “Jehová”, muy conocida en español. A favor de otras posibles pronunciaciones. En caso de producirse este cambio, por la misma razón debería modificarse la grafía de otros nombres de las Escrituras: Jeremías habría de ser «Yir-meyáh»; Isaías «Yescha–ya-huh», y Jesús, bien «Yehosh-schú-a» (como en hebreo) o «I-e-sóus» (como en griego)” («Perspicacia», tomo II, página 38).

Ahora, como se ve, la insistencia de los «Testigos de Jehová» en usar el nombre (más bien una transliteración) “Jehová”, no se sustenta tanto en el texto hebreo como tal, sino más bien en la imposibilidad que realmente existe de poder precisar la pronunciación original del Tetragrama. Pero, ¿por qué no seguir, entonces, la sugerencia masorética, si al fin y al cabo es el texto masorético con el que contamos para la exégesis del AT?

Y hablando de antigüedad, ¿qué tradición es más antigua, la castellana respecto del uso de la transliteración “Jehová”, o la hebrea con la lectura y pronunciación del tetragrama, manifestada en la Septuaginta, los targúmenes (targumím), y recibida, conservada y reproducida por los masoretas? Sea usted, el y la jurado.

Con relación a la afirmación de que si se fuera a tener que elegir otra pronunciación distinta a la castellanización “Jehová”, habría que producir cambios en otros nombres bíblicos, diré lo siguiente.

En primer lugar, que dicha postura se sustenta en una falacia. ¿Por qué? Porque con relación a ningún otro nombre se le ha puesto una vocalización para que se lea en forma de una expresión sustitutiva. En segundo lugar, que no todo nombre bíblico constituye un “quere” (con una vocalización que sugiera una manera especial de leerlo y traducirlo), de manera que si se adopta la lectura masorética, haya que cambiar también la configuración de los demás nombres que aparecen en la Biblia. En tercer lugar, que la mayoría de los cambios que se han producido en muchísimos nombre bíblicos, no se deben a una sugerencia masorética especial, sino a la influencia de la Septuaginta. Precisamente, las formas castellanizadas “Jeremías” e Isaías”, se deben a la forma helenizada (posteriormente latinizada) con que los recibimos por la Septuaginta. Por ejemplo, “Jeremías” es en la Septuaginta, “Ieremías”, e “Isaías”, “Esaías”. En cuarto lugar, ¿por qué alejarse de la tradición masorética sólo y nada más en lo relativo a la vocalización y lectura del tetragrama, que real y efectivamente sí constituye un “quere”?

Quinta hipótesis: El movimiento de los «Testigos de Jehová» concuerda con mi exposición al reconocer que el nombre “Jehová” es una transliteración.

“Jehová es la pronunciación más conocida en español del nombre divino, aunque la mayoría de los hebraístas apoyan la forma “Yahveh” (Yavé). Los manuscritos hebreos más antiguos presentan el nombre en la forma de cuatro consonantes, llamada comúnmente Tetragrama (del griego tetra que significa “cuatro”, y “grám-ma, “letra”). Estas cuatros letras (escritas de derecha a izquierda son YHWH y se pueden transliterar al español como YHWH (o JHVH).” (Perspicacia, tomo II, página 35).

Sexta hipótesis: El movimiento de los «Testigos de Jehová» concuerda con mi exposición al reconocer que la falta de certeza al emplearse cualquier transliteración, incluso la preferida por ellos, “Jehová”.

“Muchos escriturarios favorecen la grafía “Yahweh, pero hay incertidumbre, y no existe acuerdo entre ellos. Por otro lado, “Jehová” es la forma del nombre que más rápidamente se reconoce, porque se ha usado en español por siglos, y cuando se escribe con “h” al final, al igual que otras formas, conserva las cuatro consonantes del Tetragrama hebreo” (Razonamiento, página 202).

Séptima hipótesis: El movimiento de los «Testigos de Jehová» en cierta forma manipula o confunde las cosas cuando habla de la presencia del nombre “Jehová” en ciertos manuscritos y descubrimientos arqueológicos, cuando en realidad de lo que dan testimonio tales descubrimiento es del empleo y presencia del tetragrama. Ya que en verdad, el Tetragrámaton y la transliteración castellana “Jehová” no son la misma cosa.

I) En la página 41 de «Perspicacia, tomo II», se encuentra un cuadro donde se presentan cuatro distintas fotografías de diversas obras antiguas. Este cuadro tiene como título “Algunas de las muchas traducciones de las Escrituras Griegas Cristianas que han incluido el nombre divino”. Pero digo yo, ¿el nombre divino o más bien distintas transliteraciones del tetragrama? Esta pregunta no la voy a responder por ahora, sino después de citar de manera íntegra la información que de cada obra citada ofrece la fuente «Perspicacia». Luego diré qué es lo que realmente se ve en cada fragmento fotografiado.

1) “The New Testament of Our Lor and Saviour Jesus Christ, traducción de John Eliot (idioma massachusett), publicado en Cambridge (Massachusetts), 1661; Mateo 21.9.” Pregunto yo: ¿Qué es realmente lo que se ve en dicho texto? Respuesta: No el nombre divino, sino más bien una transliteración, a saber “Jehovah”.
2) “A Literal Translation of the New Testament […] From the Text of the Vatican Manuscript, de Herman Heinfetter, publicado en Londres, 1863; Marcos 12.29, 30”. Pregunto yo: ¿Qué es realmente lo que se ve en dicho texto? Respuesta: No el nombre divino, sino más bien una transliteración, a saber “Jehovah”, específicamente en tres bien claras ocasiones.
3) “Novum Testamentum Domini Nostri Iesu Christi, traducción de Elias Hutter (sección hebrea), publicado en Nuremburg, 1599; Efesios 5.17.” Pregunto yo: ¿Qué es realmente lo que se ve en dicho texto? Respuesta: La forma común de representar el tetragrama en algunas ediciones del texto masorético, como por ejemplo, en el texto hebreo (masorético) de la Biblia hebreo español, tal y como lo señalé y cité yo en mi artículo, a saber “Yehováh”.
4) “Samtliche Schriften des Neun Testaments, traducción de Johann Jacob Stolz (alemán), publicado en Zurich, 1781-1782; Romanos 15.11”. Pregunto yo: ¿Qué es realmente lo que se ve en dicho texto? Respuesta: No el nombre divino, sino más bien una transliteración, a saber “Jehovahs”.

II) En «Perspicacia, tomo I», las páginas 324-326 están dedicadas especialmente a presentar audiencias antiguas del nombre divino. Allí se muestran tanto fotografías de manuscritos en papiro, como en piedra. El procedimiento a emplear aquí es similar al caso anterior. Voy citar de manera íntegra la información que de cada obra citada ofrece la fuente «Perspicacia». Luego diré qué es lo que realmente se ve en cada fragmento fotografiado.

En primer lugar, en la parte superior de la página 324, se muestra una fotografía que contiene cuatro formas de representar el nombre divino, correspondientes a distintas etapas del hebreo. De esta quiero resaltar dos cosas: 1) Que a ninguna de las cuatro formas presentadas, se le puede categorizar como “Jehová”. Sencillamente porque las cuatro grafías presentadas son hebreas, y “Jehová” es realmente una construcción castellana. Por eso, ni aquí, como en ningún manuscrito hebreo se hallará jamás a “Jehová”. 2) Que de las cuatro grafías presentadas, la única vocalizada es una representación fiel de la forma en que los masoretas vocalizaron el tetragrama, y de la forma como nos ha llegado vocalizado en el Códice de Leningrado B19a, base textual de la actual Biblia hebrea o Tanaj.

En segundo lugar, en la parte inferior de la misma página 324, se muestran tres fotografías. La primera fotografía corresponde al manuscrito hebreo conocido como “Códice de Alepo” donde se muestra a Deuteronomio 32.3 donde se muestra el tetragrama. No hay que olvidar que el “Códice de Alepo” pertenece a la familia de masoretas “Ben Asher”, igual que el códice de Leningrado B19a, y se ha fechado como de la primera mitad del siglo X E.C. Lo interesante es que en dicho fragmento, tampoco encontramos la castellanización “Jehová”, sino el tetragrama con la vocalización masorética con que nos llegó en el Códice de Leningrado B19a, reflejando la intención masorética que ya han reconocido los mismos «Testigos de Jehová».

La segunda fotografía corresponde a un manuscrito antiguo de la Septuaginta conteniendo por igual a Deuteronomio 32.3 donde se representa el tetragrama en caracteres hebreos, dentro de un texto griego. Lo interesante aquí es que este fragmento de la Septuaginta no contiene la castellanización “Jehová”, sino el tetragrama tal y como nos ha llegado en el Códice de Leningrado B19a, aunque sin vocales.

La tercera fotografía de esta sección, corresponde a un fragmento del manuscrito griego uncial (escrito en letras mayúsculas) conocido como “Alejandrino” fechado como del siglo V de E.C. Pues bien, el conteniendo de este fragmento es el mismo pasaje de Deuteronomio 32.3. Al respecto, Perspicacia afirma: “Se suprimió el nombre divino. No se tradujo a un equivalente griego, sino que se sustituyo por una forma abreviada del vocablo griego “Kyrios” (Señor)”.

Observación: En verdad no entiendo por qué la afirmación de «Perspicacia» citada. ¿Por qué no ver que envuelve cierta manipulación y contradicción? Pregunto: ¿Cómo es posible decir aquí que el manuscrito «Alejandrino» no tradujo el tetragrama, y al mismo tiempo reconocer que dicho manuscrito contiene una forma abreviada, griega por cierto, que apunta a “Kyrios” o “Kúrios” (Señor)?

Lo que digo es lo siguiente. Si se admite, como efectivamente lo hace «Perspicacia», que el fragmento del manuscrito «Alejandrino» realmente contiene una “abreviatura” en puros caracteres griegos (formada por la letra “kappa” y “upsilón” o “ypsilón” las dos primeras letras de la palabra “kúrios”), apuntando y señalando la lectura “Kúrios” (o Kyrios”), “Señor”; no entiendo cómo concluir (como contradictoriamente lo hace «Perspicacia») que aquí no hay realmente una traducción del tetragrama, o sea: “YHVH” (o YHWH) por “Kúrios” (Señor), sino una eliminación del nombre divino.

Pasando a la página 325, igualmente de «Perspicacia», observamos cuatro fotografías. La primera fotografía corresponde a la llamada “Piedra Moabita” del siglo X antes de nuestra era. La deducción de «Perspicacia» es que esta es una prueba de que incluso naciones paganas próximas a Israel conocían el nombre “Jehová”. Y yo pregunto, ¿el nombre “Jehová”? Lo cierto es que la Piedra Moabita (escrita en un idioma muy parecido al hebreo antiguo) da testimonio del tetragrama, pero no de la presencia y antigüedad de la transliteración castellana “Jehová”.

La segunda fotografía corresponde a un fragmento de cerámica. De este «Perspicacia» dice textualmente lo siguiente: “Fragmento de cerámica procedente de Arad (Judá) sobre el que se escribió una carta; al perecer data del siglo VII a. E.C. Comienza diciendo «A mi señor Eliasib: Que Jehová inquiera por tu paz», y termina con las palabras: «Él mora en la casa de Jehová».”

Pregunta: ¿Es cierto que el fragmento en cuestión usó originalmente la transliteración castellana “Jehová”? Respuesta: De lo que sí da testimonio es de la presencia del tetragrama hebreo, pero no de la transliteración castellana “Jehová”, que no es lo mismo, ni es igual.

La tercera fotografía corresponde a un fragmento, aparentemente de papiro. Al respecto, «Perspicacia» textualmente dice lo siguiente: “En esta carta de Lakis, que según se cree, data del siglo VII a. E.C., se emplea en dos ocasiones el nombre Jehová representado por el Tetragrama”.

Observación: ¿Se nota la manera más acertada, aunque no del todo franca y clara, con que «Perspicacia» (“… se emplea en dos ocasiones el nombre Jehová representado por el Tetragrama”) reconoce que el Tetragrama y la transliteración castellana “Jehová” no son la misma cosa? ¿Que hablar y reconocer la presencia del primero (el Tetragrama) no supone la presencia del segundo (Jehová)? ¿Será cierto que lo que vemos aquí es distinto a lo presentado en los casos anteriores? 

No. Luego, lo correcto es concluir que en todos esos casos efectivamente se hallan testimonios de la presencia del Tetragrámaton, pero no de la transliteración castellana “Jehová”. Entonces, se nota muy bien aquí la manipulación de los «Testigos de Jehová», que hablan y apelan a estos hallazgos arqueológicos, no para concluir en lo bien sustentado del Tetragrámaton, sino para deducir de manera ilegítima, la supuesta presencia de la transliteración castellana “Jehová”.

Con relación a la cuarta fotografía de esta sección, «Perspicacia» textualmente dice lo siguiente: “En 1961 se descubrió esta cueva sepulcral a unos 35 Km. Al sudoeste de Jerusalén. Una inscripción que se halló en una de sus paredes, quizás del siglo VIII a. E.C., decía: «Jehová es el Dios de toda la tierra».”

Pero vuelvo y pregunto yo: ¿Será cierto que lo que vemos aquí es distinto a lo presentado en los casos anteriores? No. Luego, lo correcto es concluir que en este caso, igual que en los anteriores, efectivamente tenemos el testimonio de la presencia del Tetragrámaton, pero no de la transliteración castellana “Jehová”.

Finalmente en la página 326, «Perspicacia» presenta la fotografía de varios fragmentos de un mismo manuscrito griego antiguo (“fragmentos de papiro de la Versión de los Setenta griega que datan del siglo I a. E.C.”). Al respecto, «Perspicacia» textualmente dice: “En estos fragmentos de un antiguo manuscrito griego, el nombre de Dios aparece en el texto griego representado por los caracteres hebreos del Tetragrama.”

Pero insisto yo en preguntar: ¿Será cierto que lo que vemos aquí es distinto a lo presentado en los casos anteriores? No. Luego, lo correcto es concluir que en este caso, igual que en los anteriores, efectivamente tenemos el testimonio de la presencia del Tetragrama, pero no de la transliteración castellana “Jehová”.

III) En la pagina 37, de «Perspicacia, tomo II», se muestra un fotografía de un fragmento de los Salmos encontrado en los Manuscritos de mar Muerto, en la que se afirma que en dicho fragmento aparece varias veces el Tetragrama (no la transliteración “Jehová”) varias veces en los caracteres del hebreo antiguo.

Observación: Nótese que ahora, de manera franca y contundente, «Perspicacia» afirma que en este fragmento aparece, el Tetragrámaton, no la transliteración castellana “Jehová”.

Octava hipótesis: El movimiento de los «Testigos de Jehová» no es consistente cuando defiende la presencia del Tetragrama o de la transliteración castellana “Jehová” en el NT.

Digo esto, pues, mientras que, por un lado, apela y ofrece citas procurando demostrar la presencia del tetragrama en manuscritos antiguos del NT, por otro lado, no es capaz de incluirlo en la edición de su interlinear griego-inglés.

Si se supone que Jesús y sus discípulos hicieron referencia a las Escrituras hebreas en hebreo a arameo, donde estaría presente el Tetragrama, “¿Por qué entonces no aparece el nombre en los manuscritos disponibles de las Escrituras Griegas Cristianas, o el llamado Nuevo Testamento? Seguramente porque los manuscritos que hoy tenemos (del siglo III E.C. en adelante) se hicieron después de que se alteró el texto original de los apóstoles y discípulos. Los copistas posteriores sin duda reemplazaron el nombre divino -el Tetragrama- por los términos Kýrios y Theós.”

“Basándose en esto hechos algunos traductores han incluido el nombre «Jehová» en sus traducciones de la Escrituras Griegas Cristianas. The Emphatic Diaglott, una traducción del siglo XIX hecha por Benjamín Wilson, utiliza el nombre Jehová varias veces en particular donde los escritores cristianos citan de las Escrituras hebreas. Pero ya en el siglo XIV se había empezado a usar el Tetragrámaton en traducciones de las Escrituras Cristianas al hebreo, como en la del libro de Mateo que hizo Shem-Tob ben Isaac Ibn Shaprut, y que incorpora su obra Even bó-jan, desde entonces, muchas otras traducciones han seguido esa misma norma” («Perspicacia», tomo II, página 40).

Para demostrar la inconsistencia entre la traducción castellana de la Biblia que publican los «Testigos de Jehová» (la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras), y lo que realmente dice el texto griego que igualmente reproducen los mismos «Testigos de Jehová», el texto griego de B. F. Wescott y F. A. J. Hort, de 1881, en su obra «The Kingdom Interlinear Translation of the Greek Scriptures»; lo que voy a hacer es tomar como casos ilustrativos, precisamente los cuatro pasajes del NT que aparecen en la página 41 de «Perspicacia, tomo 

II». No olvidemos que es esta página se encuentra un cuadro donde se presentan cuatro distintas fotografías de diversas obras antiguas. Dicho cuadro tiene como título “Algunas de las muchas traducciones de las Escrituras Griegas Cristianas que han incluido el nombre divino”.

Los pasajes a leer (en la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras) y analizar: son: Mateo 21.9; Marcos 12.29-30; Romanos 15.11 y Efesios 5.17.
Mateo 21.9 “En cuanto a las muchedumbres, los que iban delante de él, y los que le seguían, clamaban: «Salva, rogamos, al Hijo de David. ¡Bendito es el que viene en el nombre de Jehová! ¡Sálvalo, rogamos, en las alturas!”

Pero el texto griego del «The Kingdom Interlinear Translation of the Greek Scriptures», la expresion traducida “el nombre de Jehová” es “en onómati Kuríu.”

Marcos 12.29-30 “Jesús contestó: «El primero es: ‘Oye Israel, Jehová nuestro Dios es un solo Jehová, y tienes que amar a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente y con todas tus fuerzas.”

Pero el texto griego del «The Kingdom Interlinear Translation of the Greek Scriptures», la expresión traducida “Jehová nuestro Dios es un solo Jehová Jehová” es “Kúrios jo theós jemón kúrios jeis estín.” En el versículo 30, la expresión traducida “Jehová tu Dios” es “kúrios ton theón”.

Romanos 15.11 “Y otras vez: «Alaben a Jehová, naciones todas, y alábenlo pueblos todos»

Pero el texto griego del «The Kingdom Interlinear Translation of the Greek Scriptures», la expresión traducida “Jehová” es “ton kúrion.”

Efesios 5.17 “Por esta razón dejen de estar haciéndose irrazonables, sino sigan percibiendo cuál es la voluntad de Jehová”

Pero el texto griego del «The Kingdom Interlinear Translation of the Greek Scriptures», la expresión traducida “Jehová” es “tu kuríu.”

Como se ve, en ninguno de estos pasajes el texto griego reproducido por los «Testigos de Jehová» no hace más que confirmar la sugerencia masorética respecto a la vocalización y lectura del tetragrama, testimoniada por la Septuaginta y los targúmenes.

Además está claro que el ir a la inversa, del griego “kúrios” (Señor) a “Jehová” (suponiendo la presencia original del tetragrama), significa que los «Testigos de Jehová» están asumiendo y concordando más bien con la traducción del tetragrama, que con su transliteración.

La pregunta inquietante es: ¿Por qué en el Nuevo Testamento sí, pero en el Antiguo Testamento no? ¿Por qué es legítimo deducir de “kúrios” la presencia del Tetragrámaton (Kúrios=YHVH), pero ilegítimo el traducir el Tetragrámaton con “kúrios”, en el AT (YHVH=Kúrios), siguiendo la sugerencia masorética? ¿Por qué alejarse de la sugerencia masorética en el AT, pero asumirla en el NT?

Conclusiones:

1) La información proporcionada por las dos fuentes oficiales de los «Testigos de Jehová», “Razonamiento a partir de las Escrituras”, y por “Perspicacia para comprender las Escrituras” (do tomos), concuerda bastante con la información presentada en mi exposición titulada: “El nombre Jehová, ¿traducción o transliteración?

2) La organización de los «Testigos de Jehová», apela y habla de notables hallazgos arqueológicos, no para concluir en lo bien sustentado del Tetragrámaton, sino para deducir de manera ilegítima, la supuesta presencia de la transliteración castellana “Jehová”.

3) La palabra “Jehová” es una construcción castellana que, por ser precisamente castellana, no puede tener presencia en manuscritos hebreos, arameos, y griegos, o en cualquier otro idioma antiguo.

4) Una cosa es que un descubrimiento arqueológico demuestre la presencia y uso del Tetragrama, y otra cosa es que esté presente la transliteración castellana “Jehová”.

5) Ninguno de los hallazgos arqueológicos mostrados o citados por “Razonamiento a partir de las Escrituras”, y por “Perspicacia para comprender las Escrituras” (dos tomos), prueba la existencia de la transliteración castellana “Jehová” en dichos descubrimientos. Una prueba de ello son las siguientes palabras textuales citadas por «Perspicacia»: “Jehová es la pronunciación más conocida en español del nombre divino, aunque la mayoría de los hebraístas apoyan la forma “Yahveh” (Yavé)” (Perspicacia, tomo II, página 35).

“Muchos escriturarios favorecen la grafía “Yahweh, pero hay incertidumbre, y no existe acuerdo entre ellos. Por otro lado, “Jehová” es la forma del nombre que más rápidamente se reconoce, porque se ha usado en español por siglos, y cuando se escribe con “h” al final, al igual que otras formas, conserva las cuatro consonantes del Tetragrama hebreo” (Razonamiento, página 202).

De todos modos, los «Testigos de Jehová» admiten las muy inseguras bases sobre las que se sustenta cualquier transliteración del Tetragrama (YHVH o YHWV), incluyendo a su preferida, «Jehová», cito: “Como en la actualidad es imposible precisar la pronunciación exacta, parece que no hay ninguna razón para abandonar la forma “Jehová”, muy conocida en español” (Perspicacia, tomo II, página 38).

Observación: Nótese muy bien la insistencia de la frase “en español” (no “en hebreo”) en estos párrafos.

Y vuelvo yo a decir que, como se ve, la insistencia de los «Testigos de Jehová» en usar el nombre (más bien una transliteración) “Jehová”, no se sustenta tanto en el texto hebreo como tal, sino más bien en la imposibilidad que realmente existe de poder precisar la pronunciación original del Tetragrama.

6) Por más antigua que sea la tradición de usar la transliteración “Jehová” en las versiones castellanas de la Biblia, la tradición masorética reflejada en la Septuaginta y en los targúmenes (targumín), es mucho más antigua, y textualmente tiene mejor soporte.


¡Sea usted el jurado!

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