lunes, 7 de marzo de 2011

“¡No pronunciarás el nombre de YHVH tu Dios!” ¿Quién dijo eso? 2 de 2

“¡No pronunciarás el nombre de YHVH tu Dios!”
¿Quién dijo eso?
2 de 2
Héctor B. Olea C.
Un caso sumamente interesante y problemático en el Tanaj (el AT hebreo) mismo, en la sección de los Neviím (los profetas): Amós 6.10
He aislado a Amos 6.10, que en realidad forma parte de la segunda sección del Tanaj o AT (los Neviím o profetas), por las dificultades que entraña dicho pasaje. ¿Es original de Amós este pasaje por completo? ¿Lo habrá retocado un redactor? ¿Evidencia este pasaje la existencia de una tradición tendente a evitar la pronunciación del sagrado nombre? ¿Supone este pasaje la existencia de una tradición tendente a evitar el sagrado nombre, por lo menos en ciertas circunstancias? ¿De de ser así, ¿cuáles podrían ser esas circunstancias?
Profundicemos un poco en torno a nuestro pasaje en cuestión.
En primer lugar, consideremos cómo ha sido traducido Amos 6.10 en algunas versiones de la Biblia
Reina Valera 1960 “Y un pariente tomará a cada uno, y lo quemará para sacar los huesos de casa; y dirá al que estará en los rincones de la casa: ¿Hay aún alguno contigo? Y dirá: No. Y dirá aquél: Calla, porque no podemos mencionar el nombre de Jehová.”









Versión popular Dios habla hoy “Tan grande será el terror que, cuando alguien levante el cadáver de un pariente para sacarlo de la casa, le dirá a otro pariente que ande adentro: “¿Hay alguien más contigo?” “No”, responderá el otro. Y dirá el primero: “¡Cállate, no sea que pronuncies el nombre del Señor!” ”
La Biblia de Jerusalén: “Sólo quedarán unos pocos evadidos para sacar de la casa los huesos; y si dicen al que está en el fondo de la casa «¿Hay alguien contigo?», dirá: «Ninguno», y añadirá: «¡Silencio!», que no hay que mentar el nombre de Yahvé.”
La Biblia hebreo-español “Y cuando el tío de un hombre levante (a un muerto), lo quemará para sacar los huesos fuera de la casa, y dirá al que quede en el interior de la casa: «¿Hay todavía alguien contigo?» Si le respondieren que no, él dirá: «Cállate, porque no debemos mencionar el Nombre del Eterno»”
Una traducción sorprendente y que no halla paralelismo con otras de la que tengo, es la de la Biblia Peshita en español, cito:
“Entonces su tío o alguien que sea su pariente lo cargará para sacar los huesos de la casa, y dirá al que esté en la casa con él: «¿Se encuentra alguien contigo en casa?» Y él le contestará: «No hay nadie, pues perecieron porque no hacían mención del nombre de Yahweh»
Una traducción Judío-mesiánica tradujo: “Y si el tío de un hombre [muerto] viene a sacar el cadáver de la casa y quemarla, y encuentra un sobreviviente en los lugares más recónditos de la casa y pregunta: "¿Hay alguien más allá contigo? – entonces, cuando reciba la respuesta: "No," El dirá: "No digas nada más porque no podemos mencionar El Nombre de YAHWEH."
La traducción del Tanaj de Diego Ascunce, traduce: “Y si el tío de un hombre [muerto] viene a sacar el cadáver de la casa y quemarla, y encuentra un sobreviviente en los lugares más recónditos de la casa, y pregunta: "¿Hay alguien más allá contigo? – entonces, cuando reciba la respuesta: "No," El dirá: "No digas nada más porque no podemos mencionar El Nombre de YAHWEH."
Ahora bien, es cierto que hay algunos problemas en el texto hebreo de Amos 6.10.
Con relación al libro como tal, por o general se sitúa alrededor de los años 760-750 antes de nuestra era. Con relación a la integridad del libro, desde la crítica de la redacción, Jose Luí Sicre, afirma: “No creo que muchos autores estén de acuerdo en negar a Amós la paternidad de todos los oráculos contra las naciones o de textos capitales como 5.4-15; 5.21-24: 6-8-14 o las cuatro primeras visiones. Pero todos admitirían cierto retoques y añadidos en este época (siglo VII a.E.C.)”, Profetismo en Israel, Verbo Divino, 2005, página 320.
Ahora quiero compartir una serie de comentarios que ponen de relieve las dificultades que envuelve el texto e interpretación de Amos 6.10.
El Nuevo Comentario Siglo XXI (publicado por la Casa Bautista de Publicaciones, en 1999), comenta los versículos 9 y 10, en la manera siguiente: “En el asedio las condiciones de hambruna y peste cobran su parte y las “carretas de la muerte” se convierten en una vista familiar. El único sobreviviente de una familia reconoce que no hay nadie más, pero antes de que tales nuevas puedan ser recibidas con cualquier clase de reacción (exasperación o piedad) involucrando el nombre de Dios, su boca se cierra: el sentido de separación de Dios es demasiado grande; él se ha apartado de su pueblo.
Comentarios Bíblico San Jerónimo: “10. Nadie tiene que mentar el nombre del Señor: Quizá por miedo supersticioso a incurrir en la ira de Yahvé. El texto está alterado.”
La Biblia de Jerusalén: “6.10a: Seguimos al griego; hebreo ininteligible”. Y comentando la parte b, donde se habla de la necesidad de no hacer mención del nombre divino, afirma: “Por respeto religioso, o quizá por temor ante la desgracia cuyo autor es Yahvé. El pasaje es oscuro, pero el sentido general es claro: describe la catástrofe que cae sobre la ciudad y los muertos que llenan las casas, así como el terror que se apodera del pequeño grupo de los que se han librado y que deben ocuparse de los cadáveres”.
Comentando el texto que nos ocupa, la Biblia Cantera-Iglesias, edición crítica, sostiene: “No ha de mentarse: o bien, invocarse. El sentido de estas oscuras frases pudiera ser que quien venga a sacar los cadáveres dirá: «Calla, no te lamentes, no sea que llames la atención de Dios y te haga también morir»; o indicaría respeto religioso o supersticioso temor ante la intervención divina”.
El comentario a los profetas (dos tomos, publicado Ediciones Cristiandad, 1987, de la autoría de Luís Alonso Schokel y José Luís Sicre), comenta nuestro pasaje, en la siguiente manera: “La escenita, breve, sugestiva y misteriosa, presupone cosas que desconocemos. Parece que se trata de una rebusca de muertos hasta los rincones más alejados de las viviendas. Un dominio de la muerte donde no se puede pronunciar el nombre del Señor (¿Por qué es el Señor de la vida?, ¿por qué su nombre entraña un nuevo peligro para los que buscan?). Viene a la memoria el gran paso del ángel por las ciudades de Egipto, cuando se salvaban los israelitas dentro de las casas y morían todos los primogénitos egipcios; en este paso del Señor (5.17) no ayudará el esconderse en lo más recóndito de la morada” (tomo II, página 982)
Después de considerar varios factores y distintos comentarios, en lo personal, entiendo que la decisión de no mencionar el nombre divino en este contexto, está relacionado con el temor de los sobrevivientes y parientes que quedaron vivos (¿para enterrar los cadáveres?), de arrastrar sobre ellos los mismos males que habían sufrido sus parientes muertos, cuyos cadáveres tuvieron que recoger y sepultar.
¿Hay, pues, algún elemento relacionado con la superstición? Pero ¿qué se entiende por superstición? El diccionario de la Real Academia Española la define como: “(Del lat. superstitĭo, -ōnis). 1. f. Creencia extraña a la fe religiosa y contraria a la razón. 2. f. Fe desmedida o valoración excesiva respecto de algo.
Una definición más relacionada propiamente con el campo de las ideas religiosas, nos la ofrece el Diccionario de las ciencias humanas (publicado por Verbo Divino): “El término griego es deisedaimonía (exceso de práctica religiosa), comportamiento religiosos nacido de un miedo no racional, inmotivado.”
Después de considerar estas dos definiciones de “superstición”, posiblemente no podremos afirmar con mucha seguridad que la decisión de no pronunciar el sagrado nombre, en este contexto, haya supuesto una actitud supersticiosa del todo; pero quizás tampoco debamos descartar por completo, el que hubiera en el fondo un miedo realmente fundado, a la luz del escenario triste y desalentador que describe el profeta Amos, y máxime cuando el versículo 8 claramente plantea que el Dios de Israel (cuyo nombre es sagrado), era el que había determinado que ocurriera lo que en efecto había ocurrido.
Al final, una pregunta que quizás no podamos responder de una manera totalmente satisfactoria, es: ante el cuadro que pinta el profeta Amos, ¿se podría negar la posibilidad del temor reverente por parte de los sobrevivientes? Pero, ¿se podría negar la igual posibilidad del miedo aterrador, rayando en lo irracional, ante la catástrofe experimentada, y cuyo responsable era el Dios al que le servían?
Lo cierto es, desde mi punto de vista, que este pasaje de Amos puede tomarse como una evidencia de mucho valor. Como una evidencia que aporta unos ingredientes que hay que considerar y que podrían servir de mucho en los intentos de tratar de explicar el origen, desarrollo, consolidación y permanencia de una tradición que supuso el evitar la pronunciación del sagrado nombre del Dios del Tanaj (el AT hebreo).
Es muy posible que detrás de esta tradición estuvieran presentes, por un lado, el temor reverente; y el miedo aterrador, por otro; ante las promesas y bendiciones que suponía guardar el pacto, así como frente a las maldiciones y castigos que suponía la desobediencia del mismo (compárese Deuteronomio 27 y 28; 1 Reyes 8.12-9.9; Esdras 8-10).
Ahora, y después de todo, queda por saber la fecha aproximada en que definitivamente se dejó de pronunciar el sagrado nombre. Por mi parte, pienso que apegándonos a los datos seguros que poseemos, realmente es imposible establecer con seguridad la fecha en que se inició o estableció la tradición de no pronunciar el sagrado nombre representado por el tetragrama. A lo más que podemos llegar con certeza es a considerar ciertas fechas, como parámetros adecuados, para las cuáles dicha tradición estaba ya establecida.
En primer lugar, considerando la fecha en que se escribió el libro de Amos, y entendiendo que Amos 6.10 puede servir para proporcionar ciertas bases sobre las cuales se fundamentó la tradición de no pronunciar el sagrado nombre; en segundo lugar, considerando la evidencia de la Septuaginta (entendida propiamente como la traducción al griego de la Toráh o Pentateuco, específicamente), realizada alrededor del 285-246 antes de nuestra era; lo más que podemos decir es que para el siglo III antes de nuestra era, ya se había establecido de manera definitiva la tradición que evitaba la pronunciación del sagrado nombre representado por el tetragrama.
Sin embargo, quiero citar algunos textos que son posteriores a la traducción de la Toráh o Pentateuco al griego (la Septuaginta en sentido estricto), y que nos dan todavía una visión positiva de la invocación del sagrado nombre.
Daniel 2.20 “Con estas palabras: “Bendito sea por siempre el nombre de Dios, porque suyos son la sabiduría y el poder.”
Observación: Si se acepta que el libro de Daniel se escribió alrededor del año 165 antes de nuestra era.
Un dato interesante es que en Daniel 2 (que está escrito originalmente en arameo) encontramos la palabra aramea “shum” (nombre), equivalente y sinónimo del hebreo “shem”, que encontramos en Levítico 24.11.
Tobías 13.13 “Tu luz brillante resplandecerá por todos los rincones de la tierra. Numerosas naciones vendrán de lejos hasta ti; ciudadanos de todos los rincones de la tierra vendrán a invocar el nombre de Dios, el Señor. Traerán en sus manos regalos al Rey del cielo. Los hombres de todos los tiempos mostrarán su alegría por ti. Y el nombre de la ciudad escogida por Dios permanecerá eternamente.
Observación: Se cree que el libro de Tobías se escribió alrededor del año 200 antes de Cristo.
Sirácida 23.9 “No te acostumbres a jurar ni a pronunciar para todo el nombre del Dios santo”. Observación: Nótese bien advertencia de este pasaje.
Sirácida 39.35 “Canten, pues, de todo corazón, y bendigan el nombre del Dios santo.”
Sirácida 51.12 “Por eso le doy gracias, y alabo y bendigo el nombre del Señor.”
Se cree que el libro de Sabiduría se escribió alrededor de la segunda mitad del siglo antes de Cristo.
Sabiduría 14.21 “Esto se convirtió en una trampa para los hombres, porque ellos, esclavos de la desgracia o de la tiranía, dieron a la piedra y al palo el nombre que solo pertenece a Dios.”
Observación: Se cree que el libro de Sirácida (Eclesiástico) se escribió alrededor del año 190-180 antes de nuestra era.
La situación del nombre en el Nuevo Testamento
Ciertamente hay ecos en el NT de la idea del carácter sagrado del nombre divino. Si bien no encontramos en el NT una referencia directa al tercer mandamiento del decálogo, no es menos cierto que sí encontramos algunos textos que testimonian la idea del carácter sagrado del nombre impronunciable. Estos son:
Mateo 6.9 “Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.
Lucas 11.2 “Y les dijo: Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.
Romanos 2.24 “Porque como está escrito, el nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de vosotros.”
1 Timoteo 6.1 “Todos los que están bajo el yugo de esclavitud, tengan a sus amos por dignos de todo honor, para que no sea blasfemado el nombre de Dios y la doctrina.
Apocalipsis 16.9 “Y los hombres se quemaron con el gran calor, y blasfemaron el nombre de Dios, que tiene poder sobre estas plagas, y no se arrepintieron para darle gloria.”
Observación: El uso del griego “onóma” (nombre) en estos pasajes, es en cierto modo equivalente al uso del hebreo “shem” (nombre) en los cinco pasajes ya estudiados del Levítico. Por cierto, es “ónoma” la palabra que usa la Septuaginta en los cinco pasajes del Levítico a los que estoy haciendo referencia.
El uso de la expresión “del cielo” (o “de los cielos”) como una expresión sustitutiva que evita la mención de Dios de manera directa.
A) En la literatura inmediatamente anterior a los textos del NT, la literatura apócrifa y deuterocanónica de alrededor del siglo II antes de nuestra era
En los libros deuterocanónicos (Apócrifo en la nomenclatura protestante) encontramos por lo menos tres expresiones sustitutivas para hacer referencia al Dios del Tanaj (el AT hebreo), el Dios de Israel. Estas son: “Rey del cielo”, “Señor del cielo” y “Dios del cielo”. He aquí las evidencias textuales.
Tobías 1. 18 “Cuando Senaquerib se puso a decir palabras ofensivas contra Dios, el Rey del cielo, y fue castigado por ello y tuvo que salir huyendo de Judea, se enojó y mató a muchos israelitas. Pero yo fui y los enterré. Robé los cadáveres y los enterré. Senaquerib los buscó, pero no pudo encontrarlos.”
Tobías 6.18 “Y antes de que te unas a ella, levántense primero, hagan oración y pídanle al Señor del cielo que tenga misericordia de ustedes y los proteja. No tengas miedo. Dios te la tiene destinada desde la eternidad. Tú la vas a sanar. Ella se irá contigo, y pienso que tendrás hijos de ella y que los vas a querer mucho. No te preocupes. 19Cuando Tobías oyó lo que dijo Rafael, que Sara era parienta suya, de la familia de su padre, sintió por ella mucho cariño y se enamoró de ella.”
Tobías 7.12 “Pero Tobías contestó: —No probaré esta cena hasta que resuelvas mi asunto. Ragüel le dijo: —Bueno, lo haré. Según está dispuesto en el libro de Moisés, y ya que Dios ha decretado dártela, te la doy. Te entrego, pues, a tu parienta Sara. De ahora en adelante serás su marido, y ella será tu esposa. Es tuya desde hoy y para siempre. Hijo, que el Señor del cielo los favorezca esta noche, y les muestre su amor y les conceda bienestar.”
Tobías 7.13 “Ragüel llamó a su hija Sara. Cuando llegó, su padre la tomó de la mano y se la entregó a Tobías, diciéndole: —Yo te la entrego conforme a la ley y según el decreto escrito en el libro de Moisés, que manda que te la dé como esposa. Tómala y vuelve sano y salvo a casa de tus padres. Que el Dios del cielo les conceda bienestar.”
Tobías 7.17 “—Ten confianza, hija. Que el Señor del cielo te conceda alegría en vez de tristeza. ¡Ten confianza, hija! Y salió.
Tobías 8.15 “Entonces Ragüel alabó al Dios del cielo, diciendo: “¡Alabado seas, oh Dios, con toda alabanza pura! ¡Alabado seas por todos los siglos!”
Tobías 10.11 “Luego los dejó ir tranquilos. A Tobías lo despidió diciéndole: —¡Que te vaya bien, hijo! ¡Vete en paz! Que el Señor del cielo les conceda un feliz viaje a ti y a Sara tu esposa. ¡Ojalá pueda yo, antes de morir, ver a sus hijos!”
Tobías 10.14 “Tobías se fue de la casa de Ragüel feliz y contento y alabando al Señor del cielo y de la tierra, el Rey del universo, porque le había concedido un viaje tan bueno. Pidió a Dios que bendijera a Ragüel y a Edna, y dijo: —¡Ojalá tenga yo la dicha de honrarlos todos los días de su vida!”
Tobías 13.9 “Yo alabo a mi Dios, el Rey del cielo; mi corazón se alegra en su grandeza.”
Tobías 13.13 “Tu luz brillante resplandecerá por todos los rincones de la tierra. Numerosas naciones vendrán de lejos hasta ti; ciudadanos de todos los rincones de la tierra vendrán a invocar el nombre de Dios, el Señor. Traerán en sus manos regalos al Rey del cielo. Los hombres de todos los tiempos mostrarán su alegría por ti. Y el nombre de la ciudad escogida por Dios permanecerá eternamente.”
Tobías 13.17 “ Jerusalén será reconstruida, el templo del Señor existirá por siempre. ¡Qué dicha si me queda algún descendiente que pueda ver tu esplendor y alabar al Rey del cielo! Las puertas de Jerusalén serán construidas con zafiros y esmeraldas, y con piedras preciosas todas sus murallas. Las torres de Jerusalén y sus baluartes se construirán con oro, con oro puro. Sus plazas serán pavimentadas con rubíes y finísimas piedras.”
Judit 5.8 “Abandonaron las tradiciones de sus antepasados y adoraron al Dios del cielo, el Dios que ellos reconocen. Por eso los caldeos los expulsaron lejos de la vista de sus propios dioses, y ellos huyeron a Mesopotamia, donde vivieron mucho tiempo.”
Judit 6.19 “¡Señor, Dios del cielo, mira el orgullo de nuestros enemigos, y ten compasión de nuestro pueblo humillado! ¡Dirige hoy tu mirada hacia esta nación consagrada a ti!”
Judit 9.12 “Sí, oh Dios de mi padre, Dios del pueblo de Israel, Señor del cielo y de la tierra, creador de los mares, rey de todo lo que has creado, escucha mi oración:”
Judit 11.17 “Yo, esclava de Su Excelencia, soy una mujer piadosa que sirve al Dios del cielo día y noche. Yo me quedaré con Su Excelencia; todas las noches saldré al valle a orar a Dios, y él me dirá cuando los israelitas hayan cometido su pecado.”
En plural “Señor de los cielos” la encontramos una sola vez, 2 Macabeos 15.23 “Ahora también, Señor de los cielos, envía a tu ángel bueno delante de nosotros, para que siembre el miedo y el terror.
B) En Nuevo Testamento
Específicamente en el Nuevo Testamento encontramos dos expresiones que se usan para referir al “reino” del Dios del Tanaj y de la Biblia en general, pero sin hacer una mención directa de su nombre sagrado. Estas expresiones son “reino de los cielos” y “reino de Dios”.
La expresión “reino de lo cielos” es propia de Mateo, y la usa 33 veces en 32 versículos bíblicos”. Por otro lado, la expresión que le es equivalente, “reino de Dios”, se encuentra en los evangelios 55 veces en 54 versículos bíblicos. De estas 55 ocasiones, Mateo sólo la usa en cinco ocasiones, Juan en 2 ocasiones, Marcos en 15 ocasiones, pero Lucas en 33 ocasiones.
También tengo que decir, que a diferencia del sintagma “reino de los cielos”, que sólo la emplea Mateo en todo el NT; la expresión “reino de Dios” además de los evangelios, se la encuentra en Hechos, en la literatura paulina y deuteropaulina, como Romanos, 1 Corintios, Gálatas, Colosenses y 2 Tesalonicenses.
Algunos ejemplos de la expresión “reino de los cielos” en Mateo, son:
Mate 3.2 “Y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.”
Mate 4.17 “Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.”
Compárese Marcos 1.14-15 “”Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, 15diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.
Y con Lucas 4.42-44 “Cuando ya era de día, salió y se fue a un lugar desierto; y la gente le buscaba, y llegando a donde estaba, le detenían para que no se fuera de ellos. 43Pero él les dijo: Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto he sido enviado. 44Y predicaba en las sinagogas de Galilea.”
El uso de la llamada “pasiva divina” o “pasiva teológica”
Dentro de los llamados “accidentes del verbo” está la voz. La voz hace referencia al tipo de relación que se establece entre el sujeto de una forma verbal y la manera en que dicha acción se relaciona con el sujeto de la oración.
Si en una determinada acción verbal, el sujeto actúa como agente que ejecuta la acción, se dice que ese verbo está en voz activa. Cuando en una acción verbal, el sujeto no ejecuta dicha acción, sino que más bien la sufre o recibe, se habla entonces de una forma verbal en “voz pasiva”. En consecuencia, en una forma verbal que está en “voz activa”, el sujeto es un “sujeto agente”. Pero cuando una forma verbal está en “voz pasiva,” el sujeto es un “sujeto paciente”.
Por otro lado, dado que no es el sujeto quien ejecuta la acción verbal en una forma verbal en voz pasiva, existe en dichas circunstancias la figura del “agente” o “modificador agente” de la voz pasiva. Este “agente” es, pues, el responsable de la acción verbal en dicha voz. Ahora bien, no siempre se identifica o señala el “agente” de la acción verbal en la voz pasiva. Pero cuando se lo identifica, se le coloca delante la preposición “por”. Ejemplos: 1) El ser humano fue creado por Dios. 2) El hijo de la viuda de Naín fue resucitado por Jesús. 3) Salvado por el Señor, etc.
Pues bien, hay en el NT un uso especial de la voz pasiva en acciones verbales que se supone tienen a Dios como el agente responsable de dicha acción verbal, aun cuando se evita la mención directa de su nombre. Este uso particular de la voz pasiva se conoce como “la pasiva divina” o “la pasiva teológica”.
Algunos ejemplos concretos son:
Mateo 5.4 “Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.
Mateo 5.6 “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.
Mateo 22.14 “Porque muchos son llamados, y pocos escogidos.
Romanos 5.1 “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.
Romanos 8.28 “28Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.
Gálatas 3.24 “De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe.
Conclusiones:
1) Existe en la primera sección del Tanaj (la Biblia hebrea), la Toráh o Pentateuco, el principio (como parte de los diez mandamientos), de que se debía y se debe evitar el uso inadecuado (en vano) del nombre de Dios.
2) El uso inadecuado o en vano del nombre de Dios, está asociado a varias ideas: 1) Ofrecer sacrificios humanos (Levítico 18.21); 2) Ofrecer juramente sabiendo que se está mintiendo (Levítico 19.12); 3) Proferir maldiciones contra Dios (Levítico 24.10-16); 4) Hablar (profetizar) falsamente, mintiendo, en el nombre de Dios (Jeremías 14.13.16; 23.25-32; Zacarías 13.3); 5) En general en relación a cualquier idea, pensamiento o acción que sea contraria al ser y carácter de Dios, y a sus propósitos.
3) Hay en la Toráh o Pentateuco el rechazo y hasta la condena del uso inadecuado del nombre sagrado; 2) Hay en la Toráh o Pentateuco la evidencia del uso corriente del sagrado nombre; 3) Hay también la evidencia del empleo de una expresión sustitutiva (ha-shem) para hacer referencia al sagrado nombre, y sin mencionarlo.
4) La forma articulada de “shem”, que efectivamente se la encuentra en Levítico 24.11, es “ha-shem”. Forma que en la actualidad es usada por algunos para referir al Dios del Tanaj (el AT hebreo) en el contexto de la fe judía en sus diversas manifestaciones.
5) Hay en la segunda sección del Tanaj (el AT hebreo), los Neviím (profetas), evidencias de un uso habitual del sagrado nombre, aunque también encontramos por lo menos un texto que es concordante con el principio de la Toráh o Pentateuco que condena con la muerte el uso indebido del nombre sagrado. Esto texto es Zacarías 13.3 “Y acontecerá que cuando alguno profetizare aún, le dirán su padre y su madre que lo engendraron: No vivirás, porque has hablado mentira en el nombre de Jehová; y su padre y su madre que lo engendraron le traspasarán cuando profetizare.” (Compárese Jeremías 14.15; 23.16, 26, 32; 27.15, 16; 29.21; Ezequiel 13.2, 16, 17).
6) Hay también dentro de los Neviím, los profetas (la segunda sección del Tanaj o AT hebreo) un caso sumamente interesante y problemático, Amós 6.10.
A pesar de las dificultades que entraña este pasaje, lo cierto es que puede tomarse como una evidencia de mucho valor. Evidencia que podría servir de mucho a la hora (y en los intentos) de tratar de explicar el origen, desarrollo, consolidación y permanencia de una tradición que supuso el evitar la pronunciación del sagrado nombre del Dios del Tanaj (el AT hebreo). Es muy posible que detrás de esta tradición estuvieran presentes, por un lado, el temor reverente, y el miedo aterrador, por otro; ante las promesas y bendiciones que suponía guardar el pacto, así como frente a las maldiciones y castigos que suponía la desobediencia del mismo (compárese Deuteronomio 27 y 28; 1 Reyes 8.12-9.9; Esdras 8-10).
7) En la sección de los ketuvím (los escritos), encontramos la siguiente situación: En primer lugar, observamos por lo menos un texto que se hace eco del principio de la Toráh o Pentateuco, respecto a la condena del uso indebido del nombre sagrado; en segundo lugar, una serie de textos que ponen de manifiesto el uso habitual del sagrado nombre; en tercer lugar, no hay evidencia alguna de una tradición tendente a evitar el uso o pronunciamiento del nombre sagrado.
8) Apegándonos a los datos que poseemos, realmente es imposible establecer con seguridad la fecha en que se inició o estableció la tradición de no pronunciar el sagrado nombre representado por el tetragrama. A lo más que podemos llegar con certeza es a considerar ciertas fechas, como parámetros adecuados, para las cuáles dicha tradición estaba ya establecida.
En primer lugar, considerando la fecha en que se escribió el libro de Amos, y entendiendo que Amos 6.10 puede servir para proporcionar ciertas bases sobre las cuales se fundamentó la tradición de no pronunciar el sagrado nombre; en segundo lugar, considerando la evidencia de la Septuaginta (entendida propiamente como la traducción al griego de la Toráh o Pentateuco, específicamente), realizada alrededor del 285-246 antes de nuestra era; lo más que podemos decir es que para el siglo III antes de nuestra era, ya se había establecido de manera definitiva la tradición que evitaba la pronunciación del sagrado nombre representado por el tetragrama.
9) En la literatura inmediatamente anterior a los textos del NT, la literatura apócrifa y deuterocanónica de alrededor del siglo II antes de nuestra era, encontramos por lo menos tres expresiones sustitutivas para hacer referencia al Dios del Tanaj (el AT hebreo), el Dios de Israel. Estas son: “Rey del cielo”, “Señor del cielo” y “Dios del cielo”.
10) Específicamente en el Nuevo Testamento encontramos dos expresiones que se usan para referir al “reino” del Dios del Tanaj y de la Biblia en general, pero sin hacer una mención directa de su nombre sagrado. Estas expresiones son “reino de los cielos” y “reino de Dios”. La primera es propia de Mateo, tanto aquí que sólo este evangelio la utiliza en toda la literatura del NT. La segunda, “reino de Dios”, si bien es bien dominante en Lucas, también se la encuentra en la literatura paulina y deuteropaulina.
11) Ciertamente hay ecos en el NT de la idea del carácter sagrado del nombre divino. Si bien no encontramos en el NT una referencia directa al tercer mandamiento del decálogo, no es menos cierto que sí encontramos algunos textos que testimonian la idea del carácter sagrado del nombre impronunciable.
El uso del griego “onóma” (nombre) en dichos textos, es en cierto modo equivalente al uso del hebreo “shem” (nombre) en los cinco pasajes ya estudiados del Levítico. Por cierto, es “ónoma” la palabra que usa la Septuaginta en los cinco pasajes del Levítico a los que estoy haciendo referencia.
12) Hay en el NT un uso especial de la voz pasiva en acciones verbales que se supone tienen a Dios como el agente responsable de dicha acción verbal, aun cuando se evita la mención directa de su nombre. Este uso particular de la voz pasiva se conoce como “la pasiva divina” o “la pasiva teológica”.
Reflexión final para la pastoral y el testimonio cristiano hoy:
¿Cuántas veces y en cuantos contextos podemos ser testigos hoy de un uso irresponsable del nombre de Dios? ¿Es que olvidamos que al involucrar el nombre de Dios estamos implicando su ser, su persona, su existencia y carácter?
¿Cuántas veces hemos visto (y seguimos viendo) un uso inadecuado, en vano, irresponsable del nombre de Dios en púlpitos, predicaciones, sermones bíblicos, reflexiones teológicas, programas de Radio, cadenas de televisión, campañas evangelísticas, etc.?
¿No es cierto que en esto contextos es costumbre apelar al nombre de Dios (o a una supuesta revelación suya), con la finalidad de buscar una legitimación que ni la persona misma que la proclama, cree?
¿Cuántas veces no hemos visto una proclamación de que en tal evento habrá una “manifestación sin igual de la gloria de Dios”, que “habrá milagros y muchísimas bendiciones de lo alto”, que después de dicha fecha habrá un “antes” y un “después”, y lo cierto es que no pasa nada? Lo penoso es que después de todo este sensacionalismo tan prometedor, los responsables se quedan como si nada, y jamás vuelven a hacer referencia alguna, a todas las promesas y proclamas que hicieron. Sencillamente es como si todo lo dicho, hecho, prometido y proclamado, nunca hubiera acontecido. Pero muy a pesar de esto, siguen siendo las personas iluminadas, y las que en verdad Dios “usa”.
¿Cuántas veces no hemos visto (y seguimos viendo) la manipulación del nombre de Dios en telemaratones, teletones, y radiomaratones, que buscan el apoyo y sostenimiento de ciertos ministerios?
¿Qué tantas veces somos testigos de manipulación del nombre y el ser de Dios en nuestras propias congregaciones, semanalmente?
¿Qué tanta manipulación y uso indebido del nombre y el ser de Dios, hacemos a título personal?
¿Cuántas veces nos hemos atrevido a mencionar el nombre de Dios, a pretender santificar y dotar de legitimidad a unas acciones o actividades que estamos conscientes de que envuelven engaños, malas intenciones, mentiras, traición, calumnias, abusos, manipulación, hipocresía, injusticias, alienación, etc.?
¿Nos arrepentiremos de esto algún día?
¡Sea usted el jurado!
¡Hasta aquí nos ayudó el Señor!

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