viernes, 28 de septiembre de 2012

¿Cuál versión de la Biblia recomienda usted, profesor?

Una respuesta complicada, no tan sencilla, un enfoque crítico 


Héctor B. Olea C.

Como una manera de responder a una pregunta que con mucha frecuencia me hacen (¿Cuál es para usted la mejor versión de la Biblia? ¿Cuál versión recomienda usted?), decidí escribir este conjunto de principios generales que espero den a conocer mi punto de vista al respecto y sin rodeo alguno. Obviamente, los consejos que tengo a bien compartir en este artículo, se sustentan en mi basta y larga experiencia enseñando los idiomas bíblicos, principios de traducción bíblica, así como por una buena cantidad de ensayos, artículos y estudios que he elaborado en materia de exégesis, análisis comparativo de textos bíblicos, y de teología bíblica, etc. 

Comencemos pues nuestra tarea. Antes de plantear mis puntuales y finales recomendaciones, pienso que es importantísimo que se tomen en cuenta las siguientes pistas:

1) La Biblia es un fenómeno cristiano. No hay fuera del cristianismo una Biblia como la que se conoce en el contexto cristiano. En el contexto judío, sólo es normativo lo que en la Biblia cristiana se denomina AT. Y lo que en la Biblia se denomina NT, es propia y específicamente un conjunto de literatura cristiana, sin ningún valor religioso y normativo para fe judía.




2) Los principales agentes difusores de la Biblia son, pues, básicamente dos: la comunidad católica y la comunidad protestante.

3) La comunidad católica no ha podido vencer del todo la tentación de manipular ciertos pasajes bíblico, principalmente los de cierta y especial relevancia para su teología; las comunidades protestantes, tampoco.

4) No es cierto que las llamadas «traducciones literales» (mas bien traducciones por «equivalencia formal») de la Biblia sean las mejores, y menos expuestas a posibles manipulaciones de los agentes difusores de la Biblia. No es cierto que haya siquiera una traducción o versión de la Biblia totalmente por «equivalencia formal» ni otra por «equivalencia dinámica o funcional» por completo. Esto así, pues, lingüísticamente es prácticamente imposible, y por otro lado, por las decisiones particulares que toman los equipos encargados de llevar a cabo la traducción o revisión de una versión ya existente. Por otro lado, una versión o traducción de la Biblia por «equivalencia formal» no es la mejor traducción posible, y en muchos casos ni siquiera es propiamente una traducción.

5) La mayor crítica que quizás se le puede hacer a las llamadas «traducciones literales» (traducciones por «equivalencia formal»), es que cometen el error de imponerle al idioma receptor (en la traducción) la estructura y forma del idioma fuente. Ciertamente es el texto fuente la materia prima para la traducción bíblica; pero es el idioma receptor, con sus propias herramientas y características el que debe determinar la sintaxis y la forma en que el mensaje es comunicado en la traducción; hecho que le da una relativa ventaja a las traducciones hechas por «equivalencia dinámica o funcional».

6) La paráfrasis no es en realidad una traducción. Por tal razón, la calidad de una versión o traducción de la Biblia parafraseada está seriamente cuestionada, pues esta no nos permite estar seguro del mensaje que en realidad comunican los textos bíblicos en sus idiomas originales.  

7) El método de traducción empleado en la realización de una determinada versión de la Biblia por sí mismo no es ninguna garantía de que una traducción no será en cierta forma manipulada por agente difusor.

8) Hay ejemplos claros de ciertas manipulaciones en las versiones de la Biblia hechas por «equivalencia formal», así como en las versiones de la Biblia realizadas mediante la «equivalencia dinámica o funcional».

9) Si bien es cierto que para la lectura (¿estudio?) devocional de la Biblia cualquier versión podría ser adecuada; no es menos cierto que muchas veces en una lectura no muy detenida del texto bíblico, se perciben dificultades que motivan a un estudio más detenido y profundo del caso, demandando la consulta de otras versiones de la Biblia, y de ser posible, la lectura del pasaje en cuestión en su idioma original. Al final, una posible consecuencia de esta revisión es la constatación de algunas dificultades en una determinada (o varias) versión de la Biblia, y el reconocimiento de que definitivamente, en ningún sentido, es adecuado e ideal depender de una sola versión de la Biblia en el proceso de apropiación del mensaje de la Biblia y de reflexión teológica (popular o académica).   

10) Tenemos que aprender a acercarnos a toda y cualquier versión de la Biblia sin prejuicio alguno, ni a favor ni en contra, no importa de qué sector venga: Todas son o pueden ser buenas, muy buenas, acertadas o muy desacertadas, y todas están bajo sospecha. Después de todo, una versión de la Biblia es eso, una simple versión; versión que jamás puede adoptarse o equipararse con la Biblia fuente, la que podríamos llamar «Biblia original».

11) Es inadmisible el que se pretenda hoy, por un lado, fijar o considerar una simple versión de la Biblia como si fuera la única o la original; y por otro lado, el pretender estudiar la Biblia con base en una sola y específica versión de la Biblia.

12) Es preciso tener bien claro que es posible que en la traducción de un determinado pasaje una determinada versión de la Biblia sea la mejor; pero también es muy posible que respecto de la traducción de otro pasaje, esa misma versión sea la menos acertada; lógicamente, también cabe la posibilidad de que en la traducción de otro pasaje, esa misma versión simplemente sea tan acertada o desacertada como otras o las demás. En conclusión, la calidad textual de una determinada traducción o versión de la Biblia es un asunto a demostrarse y fijarse caso por caso, y no en alguna afirmación general con base en los prejuicios que tengamos respecto de ella, a favor o en contra.   

13) Ninguna versión o traducción de la Biblia es perfecta; todas son mejorables y pasibles de corrección. Obviamente, estoy haciendo referencia específicamente a la traducción a la luz de la calidad de de su base textual. No pienso aquí en una serie de ayudas y recursos extras que suelen acompañar las versiones de la Biblia, tales como: las tablas de pesos y medidas, referencias, introducciones a cada libro de la Biblia, mapas, concordancias, ilustraciones, notas al pie de página, pequeños vocabularios o glosarios, ayudas pastorales, etc.

14) En conclusión, con base en todo lo que he dicho, y en mi experiencia, mi consejo final es:

a) Que por buenas y excelentes traducciones y versiones de la Biblia que existan, la apelación a los textos bíblicos en sus idiomas originales es una tarea ideal, insustituible e ineludible, y en algunos casos especiales, la clave y la puerta de un oscuro laberinto.    

b) No recomiendo un estudio bíblico sustentado en una sola y específica traducción o versión de la Biblia; por el contrario, recomiendo el empleo y consulta de varias, todas las que se pueda, y de distintos métodos de traducción, y provenientes de distintos agentes difusores de la Biblia.

c) Recomiendo e invito a que nos acerquemos a cualquier y toda versión o traducción de la Biblia sin prejuicio alguno, ni a favor ni  en contra, sin importar el sector del que provenga, católico o protestante (al fin y al cabo ambos sectores no han podido vencer del todo la tentación de ajustar la traducción de ciertos pasajes a su particular teología).

d) Recomiendo estar atentos a la publicación de nuevas versiones y traducciones de la Biblia, o la simple y sencilla revisión y actualización (hasta retroceso) de versiones ya existentes.

e) No recomiendo una versión o traducción específica de la Biblia; tampoco tacho a ninguna. Será el estudio diligente, paciente, desprejuiciado, y atento, caso por caso, el que ha de ir estableciendo y definiendo la calidad, las fortalezas, así como dificultades y debilidades que presenta alguna versión o traducción de la Biblia. Después y, como ya he dicho, es posible que en la traducción de un determinado pasaje una determinada versión de la Biblia sea la mejor; pero también es muy posible que respecto de la traducción de otro pasaje, esa misma versión sea la menos acertada; lógicamente, también cabe la posibilidad de que en la traducción de otro pasaje, esa misma versión simplemente sea tan acertada o desacertada como otras o las demás. 

En conclusión, la calidad textual de una determinada traducción o versión de la Biblia es un asunto a demostrarse y fijarse caso por caso, y no en alguna afirmación general con base en los prejuicios que tengamos respecto de ella, a favor o en contra.   
 


¡Hasta la próxima!


  




2 comentarios:

  1. excelens comentario...estamos de acuerdo...para mi estudio uso varias versiones...y nada mejor para comparar como esword...felicidades...jhonmarlo38@hotmail.com

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  2. Para los judíos es normativo la Tanaj, lo demás no tiene valor religioso, salvo para católicos y protestantes, sin que tengan “traducción o versión por equivalencia formal, literal, “ al “imponerle al idioma receptor, la estructura y forma del idioma fuente. Ciertamente es el texto fuente la materia prima para la traducción bíblica; pero es el idioma receptor, con sus propias herramientas y características el que debe determinar la sintaxis y la forma en que el mensaje es comunicado en la traducción; hecho que le da una relativa ventaja a las traducciones… por «equivalencia dinámica o funcional».
    La paráfrasis no es traducción en lo más mínimo, porque tergiversa el mensaje original. La misma traducción puede ser manipulada; ninguna es perfecta, todas son mejorables, corregibles, criticables, demostrables…
    No es “adecuado e ideal depender de una sola versión... en el proceso de apropiación del mensaje de la Biblia y de reflexión teológica (popular o académica)” (Olea C. Héctor B. 28/IX/12¿Cuál versión de la Biblia recomienda usted, profesor? A propósito del mes de la Biblia)

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