viernes, 27 de enero de 2012

Promesas de oración versus acompañamiento significativo

Promesas de oración versus acompañamiento significativo
Desafíos a la fraternidad y al mejor testimonio cristiano en momentos de turbulencias


Héctor B. Olea C.

Ante el título propuesto para este artículo, quiero decir de entrada, que las ideas principales que articulan este artículo las he expresado y comunicado antes en diversos momentos y escenarios.

Muchas cosas de las que voy a plantear aquí pueden parecer un poco extrañas; sin embargo, puedo decir quien en realidad muchas de las cosas que habitualmente comunico, enseño, y comparto no dejan de ser un tanto extrañas para muchas personas. En este sentido, pienso que estoy en mis aguas, que voy a hacer lo que generalmente hago, y que las personas que con cierta regularidad me leen, no se sentirán defraudas por las ideas que desarrollo en esta nota.

Si temor a equivocarme (pues los 45 años de edad que tengo cumplidos los he vivido absolutamente todos en el ámbito cristiano evangélico), creo que la promesa que más sobresale (en realidad no creo que haya una que compita con ella) en el ámbito cristiano y evangélico es “la promesa de orar” (e “interceder ante Dios”) ante cualquier necesidad, dificultad, crisis, etc. que sea externada por alguna persona que esté en nuestro entorno.

Sin embargo, cabe preguntarse, ¿nos mandó Jesús a orar tanto? ¿Será cierto que el prometer la oración es lo único o lo primero que Jesús recomendó ante cualquier dificultad de nuestro prójimo? ¿Será verdad que siempre se toma en serio la promesa de oración por parte del que la hace? ¿Quién puede estar seguro de que cumplirá su promesa? ¿Por qué tiempo? ¿Qué tanto mandó Jesús a “orar” como a “actuar” de manera compasiva, amorosa y con misericordia ante ciertas circunstancias concretas de la vida?

Llama la atención que la palabra «oración» (griego “proseujé”), tomando como base los evangelios, no aparezca en los labios de Jesús más que en tres (3) ocasiones.

Paso a explicarme. La palabra «oración» se la encuentra en los evangelios en ocho ocasiones en igual número de versículos bíblicos. Ahora bien, de estas ocho menciones, tenemos que considerar la situación siguiente.

En primer lugar, hay dos menciones de la palabra «oración» que no aparecen en los labios de Jesús, sino en boca del relator o redactor del evangelios de Lucas, a saber, Lucas 1.13 y Lucas 22.45, nótese:

“Pero el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan” (Lucas 1.13)

“Cuando se levantó de la oración, y vino a sus discípulos, los halló durmiendo a causa de la tristeza” (Lucas 22.45)

En segundo lugar, dos de ellas (de las seis que nos quedan) en realidad apuntan a la misma situación, contexto y enseñanza (pasajes paralelos), por lo tanto se deben tomar como una sola y específica mención. Estos dos casos concretos son Mateo 17.21 y Marcos 9.29. Nótese:

Mateo 17.21 “Pero este género no sale sino con oración y ayuno.”

Marcos 9.29 “Y les dijo: Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno.”

En tercer lugar (de las cuatro menciones que restan), hay una única mención que plantea el papel de la oración en la meta de lograr de Dios alguna respuesta ante una situación determinada, a saber, Mateo 21.22, cito: “Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis.”

En cuarto lugar, las tres restantes en realidad apuntan a la misma situación, contexto y enseñanza (pasajes paralelos), por lo tanto se deben tomar como una sola y específica mención. Estos tres casos concretos son: Mateo 21.13, Marcos 11.17 y Lucas 19.46; nótese:

“Y les dijo: Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones” (Mateo 21.13)

“Y les enseñaba, diciendo: ¿No está escrito: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones? Mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones” (Marcos 11.17)

“Diciéndoles: Escrito está: Mi casa es casa de oración; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones” (Lucas 19.46)

Observación: No se encuentra en Juan, no es parte del vocabulario del cuarto evangelio, la palabra «oración» (griego “proseujé”).

Con relación al verbo «orar» (griego “proséujomai”), diré lo siguiente (tomando de nuevo como base los evangelios).

En el evangelio de Mateo, el verbo «orar» (griego “proséujomai”) se lo encuentra en los labios de Jesús en doce (12) ocasiones (pero sólo en 10 versículos), a saber:

Mateo 5.44 “Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen”

Mateo 6.5-7 “5Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. 6Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. 7Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos”

Mateo 6.9 “Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre”

Mateo 24.20 “Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno ni en día de reposo;* 21porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá”

Mateo 26.36 “Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro”

Mateo 26.41, 42 “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil. 42Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad”

Mateo 26.53 “¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles?”

En el evangelio de Marcos, el verbo «orar» (griego “proséujomai”) se lo encuentra en los labios de Jesús en seis (6) ocasiones, a saber:

Marcos 11.24 y 25 “Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá. 25Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas”

Marcos 13.18 “Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno”

Marcos 13.33 “Mirad, velad y orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo”

Marcos 14.32 “Vinieron, pues, a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que yo oro”

Marcos 14.38 “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil”

En el evangelio de Lucas, el verbo «orar» (griego “proséujomai”) se lo encuentra en los labios de Jesús en siete (7) ocasiones, a saber:

Lucas 6.28 “Bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian”

Lucas 11.2 “2Y les dijo: Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”

Lucas 18.10 y 11 “10Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. 11El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano”

Lucas 21.36 “36Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre”

Lucas 22.40 “Cuando llegó a aquel lugar, les dijo: Orad que no entréis en tentación”

Lucas 22.46 “Y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos, y orad para que no entréis en tentación”

Observación: No se encuentra en Juan, no es parte del vocabulario del cuarto evangelio, el verbo «orar» (griego “proséujomai”).

Ahora bien, de estas 25 ocasiones en que vemos en los evangelios (sólo en los sinópticos) el verbo el verbo «orar» (griego “proséujomai”), tenemos la situación siguiente:

En primer lugar, paralelan:

Mateo 5.44 “Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen”

Lucas 6.28 “Bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian”

En segundo lugar, también paralelan:

Mateo 6.9 “Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre”

Lucas 11.2 “2Y les dijo: Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”

En tercer lugar, también paralelan:

Mateo 24.20 “Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno ni en día de reposo;* 21porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá”

Marcos 13.18 “Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno”

En cuarto lugar, también son paralelos:

Mateo 26.36 “Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro”

Marcos 14.32 “Vinieron, pues, a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que yo oro”

En quinto lugar, son igualmente paralelos:

Mateo 26.41, 42 “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil. 42Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad”

Marcos 14.38 “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil”

Lucas 22.40 “Cuando llegó a aquel lugar, les dijo: Orad que no entréis en tentación”

Lucas 22.46 “Y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos, y orad para que no entréis en tentación”

Como evaluación final, diré lo siguiente:

Hay en los evangelios sinópticos 25 menciones del verbo el verbo «orar» (griego “proséujomai”) en los labios de Jesús (12 en Mateo, 6 en Marcos y 7 en Lucas).

De estas 25 menciones del verbo «orar» (griego “proséujomai”), por un lado hay cinco casos de paralelismo que involucran un total de 13 menciones, lo que en realidad las reduce a sólo cinco (5); por otro lado, hay seis pasajes (dos por cada sinóptico) que no paralelan y que involucran doce (12) menciones del verbo el verbo «orar» en los labios de Jesús (6 en Mateo, 3 en Marcos y 3 en Lucas). En consecuencia, sólo en 11 (once) ocasiones específicas encontramos en los evangelios sinópticos el verbo «orar» (griego “proséujomai”) en los labios de Jesús.

Los pasajes que no paralelan por cada evangelio son:

A) En el evangelio de Mateo

1) Mateo 6.5-7 “5Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. 6Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. 7Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos”

2) Mateo 26.53 “¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles?”

B) En el evangelio de Marcos

1) Marcos 11.24 y 25 “Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá. 25Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas”

2) Marcos 13.33 “Mirad, velad y orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo”

C) En el evangelio de Lucas

Lucas 18.10 y 11 “10Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. 11El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano”
Lucas 21.36 “36Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre”

Ahora bien, sin dejar de reconocer la fuerza del sustantivo «oración» (griego “proseujé) y del verbo «orar» (griego “proséujomai”) en los labios de Jesús (según nuestro análisis); lo cierto es que llama poderosamente la atención el que frente a circunstancias de crisis y necesidad, Jesús no haya sugerido el recurso de la oración, sino que más bien sugirió acciones concretas y específicas (en circunstancias en las que el cristianismo evangélico de hoy, por lo menos una gran parte, apela únicamente a la oración no sólo como algo que podemos hacer, sino y, quizás como lo único y mejor que debe hacerse). Consideremos, por ejemplo, los siguientes casos:

Mateo 5.7 “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia” (aunque no son pocas las personas cristianas que prefieren “orar” para que “Dios tenga misericordia”)

Mateo 5.9 “Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (aunque no son pocas las personas cristianas que optan por “orar” para que Dios traiga la paz”)

Mateo 14.15-16 “Cuando anochecía, se acercaron a él sus discípulos, diciendo: El lugar es desierto, y la hora ya pasada; despide a la multitud, para que vayan por las aldeas y compren de comer. 16Jesús les dijo: No tienen necesidad de irse; dadles vosotros de comer” (aunque no son pocas las personas cristianas que optan por “orar” para que Dios provea”)

Mateo 25.35-45 “35Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; 36estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. 37Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? 38¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? 39¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? 40Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis. 41Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. 42Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; 43fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis. 44Entonces también ellos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no te servimos? 45Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis” (aunque no son pocas las personas cristianas que optan por “orar” para que Dios sea el que actúe en estas circunstancias)

Compárese Santiago 2.14-17 “Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? 15Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, 16y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? 17Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma” (igual que en la situación del pasaje anterior, no son pocas las personas cristianas que optan por “orar” para que Dios sea el que actúe en estas circunstancias)

También Romanos 12.9-13 “El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno. 10Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros. 11En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor; 12gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración; 13compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad” (aquí también no son pocas las personas cristianas que optan por “orar” para que Dios se “glorifique” en estas circunstancias, olvidando que para algo se conciben como sus instrumentos y embajadores)

Al margen de las conclusiones que arroja nuestro análisis bíblico, lo cierto es que para muchos (as) seguidores (as) de Jesús, la promesa de “orar por ti” (orar por uno) es la forma más y sutil de decirte que no cuentes con ellos, que no debes contar con ellos, que no harán nada por ti, y que no sueñes con verlos a tu lado mostrándote un acompañamiento compasivo y misericordioso que, quizás, sea lo que en realidad esperabas de ellos. ¿No es, pues, la promesa de oración, en muchísimos casos, la forma más común y sutil de escapismo evangélico para no dar muestras concretas de amor, fraternidad y verdadero compañerismo cristiano?

Ciertamente, a pesar de lo que piensa una gran cantidad de hermanos y hermanas en la fe, parece que todavía no estamos conscientes de que en muchas ocasiones y circunstancias las personas no esperan que le digamos que estamos orando por ellos; de que lo que en realidad esperan es que estemos a su lado, que nos sientan a su lado, que estamos cerca, que verán el rostro de Dios en los nuestros y en nuestras acciones concretas en su favor y en nuestra empatía (por lo menos, esto es que lo podemos esperar de los relativamente cercanos; obviamente, sin dejar de reconocer que existen acciones concreta y simbólicas que a pesar de la distancia tienen una extraordinaria fuerza y significación).

Además, es necesario, pues, que entendamos que una cosa es el simple acto de dar de lo que se tiene (a veces de sobra), y otra el darse uno mismo, el darnos a nosotros mismos (en los estudios misionológicos es común hablar de “la misión al estilo de Jesús”, “una misión encarnacional”).

Como nota al margen, quiero llamar la atención al hecho de que en la República Dominicana los hospitales públicos (así como las cárceles), son literalmente diariamente invadidos (en el acostumbrado horario de las visitas) por cientos de cristianos (principalmente evangélicos) que entienden que los pacientes que allí se encuentran (muchos de ellos con enfermedades terminables) lo que más necesitan es la oración y recibir un mensaje proselitista. ¿Será verdad esto?

Es lamentable que la mayoría de estos hermanos y hermanas no entiendan que muchos de esos pacientes (así como sus parientes que los acompañan), además de necesitar hacer un compromiso de fe con Jesucristo, también tienen otras necesidades reales y vitales. Otra realidad que ignoran los referidos hermanos en la fe es que una gran cantidad de los enfermos y enfermas que se encuentran internos (as) en nuestros hospitales son en realidad hermanos y hermanas en la fe (muchos de ellos como el caso de mi padre, pastores, así como maestros de estudios bíblicos y teológicos, misioneras, evangelistas, líderes de las damas, caballeros, de los jóvenes, etc.), personas que muchos años ya hicieron un decisión de fe, y han cultivado toda una vida de fe, entrega y devoción a Dios.

Una realidad adicional y verdaderamente impactante es que una gran cantidad de las personas internas en nuestros hospitales no tienen seguro médico (incluyendo hermanos y hermanas en la fe). Entonces, cabe preguntarse: ¿Estarán conscientes nuestras iglesias de esta realidad y de la manera en que este hecho afecta negativamente las posibilidades de mantener la salud y la vida de dichas personas? ¿Será verdad que nuestras iglesias toman en cuenta realidades como estas al momento de diseñar sus estrategias de misión en los hospitales? Pero yendo aun más lejos, ¿será verdad que hay un diseño y alguna planificación eclesial en la República Dominicana en relación a las acciones “misioneras” en los hospitales públicos?

Todo esto sin dejar de mencionar el que muchas veces el comportamiento de muchos de nuestros hermanos y hermanas en la fe, en su accionar “misionero” en los hospitales, es imprudente, irrespetuoso, provocador y carente de sentido común, irracional; rayando muchas veces en el papel del ingenuo (pero muchas veces incómodo) payaso.

En verdad llama la atención el que el día por día cientos de evangélicos declaren sanidad a pacientes terminales, pacientes que muchos de ellos mueren día por día, sin que las mismas personas que le declararon sanidad se percaten de su desaparición física. No obstante, dichos hermanos y hermanas en la fe continúan como si nada, haciendo sus alegres y “promisorias” promesas y ofertas de sanidad con una fe ciega que se resiste al más mínimo cuestionamiento. ¿Se percatarán estos hermanos y hermanas en la fe de cuántos pacientes murieron hoy, de los que ayer le declararon, decretaron y le aseguraron sanidad divina, un milagro de Dios? ¿Por qué prosiguen como si nada? ¿Es que no se percatan de lo inadecuado y equivocado de su método de “hacer misión”? ¿Quién se atreverá a decirles que su accionar no es el esperado por Dios ni por los pacientes mismos ni por sus familiares? ¿Quién se atreverá a decirles que su método de hacer misión no se parece en nada, que es más bien contradictorio al método empleado por Jesús?

Lo triste es que personalmente he escuchado a cristianos incluso a líderes de cierta connotación sugerir la falta de compromiso cristiano ante el prójimo, bajo el supuesto de la posibilidad de que tal persona esté bajo juicio divino, o en rebeldía, etc., a la luz de una cuestionable ley de la retribución, ley cuestionada por Jesús mismo en Juan 9.1-3 (1Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. 2Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? 3Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él) en al caso del joven que había nacido ciego. ¿Se… se entiende?

Más que la oración, lo que muchas veces necesitan los pacientes son cosas sencillas como papel de baño, agua adecuada para el consumo humano, los recursos o vías para comprar alguna receta, los recursos y las vías para poder realizarse ciertos estudios clínicos, pañales desechables incluso para adultos, etc.

Pienso que no estoy fuera de la realidad cuando creo que en muchísimas ocasiones (por lo menos frente aquellas personas que dicen ser tus hermanos, amigos y compañeros de camino, etc.) lo que en realidad esperamos son acciones concretas llenas de empatía y compasión, y no simplemente la promesa de que estarán orando por nosotros. ¿Es la oración lo que yo creo y siento que necesito en el momento? ¿Es la oración lo que en verdad yo más necesito siempre en todas las circunstancias? ¿Es pues, una charla teológica acerca de la fe y el poder de Dios lo que las personas están esperando de nosotros en ciertas circunstancias, precisamente en los momentos más críticos de su vida? Bueno, pienso que debemos reconsiderar seriamente el ejemplo, el consejo y la enseñanza de Jesús (sus recomendaciones específicas) para nuestras acciones ante ciertas circunstancias críticas de la vida.

Pienso que muchas veces la promesa de oración es el camino más fácil y menos desafiante, el camino menos incómodo para justificar nuestra inercia y falta de compromiso frente amuchas circunstancias que más bien demandan de nosotros acciones concretas; acciones tendentes a provocar la reversión de ciertas circunstancias (siempre que sea posible) o un notable cambio de cara al presente inmediato, y de cara a un futuro cercano. Después de todo, es obvio que tampoco podemos contar con la garantía de que las personas que prometen orar por nosotros, efectivamente lo hagan. ¿Se… se entiende?

Pienso que la promesa de que voy a orar por ti (de que van a orar por nosotros), es muchas veces la manera más común y sencilla de fallarle a Dios y a nuestro prójimo.

Pienso que la promesa de oración es en muchas ocasiones, la vía más común de evitar, de sacarle el cuerpo, al privilegio de poder ser la persona de Dios, su instrumento ideal en ciertos momentos y circunstancia. En efecto, no son pocas las ocasiones en que vemos a hermanos (as) pidiendo y rogándole a Dios que los use en gran manera, pero le sacan el cuerpo (evitan a ultranza) a la primera, a la segunda, a la tercera, y probablemente a hasta la sexta y décima oportunidad que Dios y las circunstancias de la vida (¿la historia?) le brindan para mostrar en concreto sus aspiraciones y anhelos de ser verdaderos instrumentos de Dios al servicio de sus más grandes proyectos y propósitos (que lamentablemente muchas personas confunden con el acostumbrado proselitismo); momentos y oportunidades que muchas veces coinciden (si no es que siempre) con las situaciones más difíciles y acuciantes de nuestro prójimo.


¡Hasta la próxima!

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