martes, 8 de febrero de 2011

De mandatos y obligaciones bíblicas Biblia y comunidad de fe (comunidad lectora) 7 de 10

De mandatos y obligaciones bíblicas

Biblia y comunidad de fe (comunidad lectora)

7 de 10

Héctor B. Olea C.

Una observación final, antes de seguir, sobre la necesaria consistencia al hacer reflexión teológica

Ante el hecho de que real y efectivamente no hay evidencia de que exista un mandato en el Nuevo Testamento que haya revocado el sábado (el shabát hebreo), el séptimo día de la semana, el sábado como “día de reposo”; y que al mismo tiempo no exista un mandato en el Nuevo Testamento que establezca el domingo, el primer día de la semana, como el sustituto del sábado; se puede concluir en que los grupos cristianos sabáticos, como los Adventistas del Séptimo día, tienen al respecto una postura e interpretación más acorde a lo que podemos observar en el Nuevo Testamento como cuerpo literario. En otras palabras, los Adventistas del Séptimo Día podrían presumir, y con razón, que la observación del sábado como día de reposo es un mandato bíblico, pero que no así, la adopción del domingo, como día del Señor, y con las pretensiones de sustituir el sábado.

En consecuencia, cualquier argumento que use una determinada comunidad de fe, pone en evidencia el importantísimo papel que desempeña la comunidad lectora o hermeneuta en el proceso de interpretación, asimilación y aplicación de los textos bíblicos, y en la manera en que se adoptan los contenidos de estos, si como normativos o si como simplemente descriptivos.

Ahora bien, cuando pasamos a considerar el lavatorio de los pies como una ordenanza obligatoria en el contexto de la “Eucaristía” o “Cena del Señor”, es obvio que los Adventistas del Séptimo Día y demás grupos que coinciden con ellos en este punto, no pueden demostrar que exista propiamente un mandato bíblico que lo establezca como tal. Es más, no hay evidencia de que la comunidad seguidora de Jesús, ni las dos primeras generaciones de cristianos hayan asumido el lavatorio de los pies como un mandato de Jesús. No hay siquiera un texto bíblico del Nuevo Testamento que demuestre su uso en las comunidades cristianas en los tiempos del mismo Nuevo Testamento, con posterioridad a lo hecho por Jesús según Juan 13. En conclusión, el asumir el lavatorio de lo pies como una ordenanza bíblica o cristiana, significa un alejamiento de la actitud y la práctica que asumieron los primeros seguidores de Jesús, y las primeras generaciones de cristianos en tiempos del Nuevo Testamento mismo, ateniéndonos a los escritos del NT mismo.

Ahora bien, quizás algunas personas piensen que estoy ignorando una base bíblica que legitima, según algunas corriente eclesiales, el lavatorio de los pies como una ordenanza bíblica, a saber, 1 Timoteo 5.10:“Que tenga testimonio de buenas obras; si ha criado hijos; si ha practicado la hospitalidad; si ha lavado los pies de los santos; si ha socorrido a los afligidos; si ha practicado toda buena obra.

A pesar de que algunas corrientes eclesiales pretender hallar base en esta pasaje para justificar el lavatorio de los pies como ordenanza bíblica, lo cierto es que 1 Timoteo 5.10 más bien hace referencia al lavatorio de los pies como práctica de la hospitalidad. Consideremos otros pasajes que van en la misma línea:

“Y dijo: Señor, si ahora he hallado gracia en tus ojos, te ruego que no pases de tu siervo. 4Que se traiga ahora un poco de agua, y lavad vuestros pies; y recostaos debajo de un árbol, 5y traeré un bocado de pan, y sustentad vuestro corazón, y después pasaréis; pues por eso habéis pasado cerca de vuestro siervo. Y ellos dijeron: Haz así como has dicho (Génesis 18.3-5)

“Y dijo: Ahora, mis señores, os ruego que vengáis a casa de vuestro siervo y os hospedéis, y lavaréis vuestros pies; y por la mañana os levantaréis, y seguiréis vuestro camino. Y ellos respondieron: No, que en la calle nos quedaremos esta noche” (Génesis 19.2)

Entonces el hombre vino a casa, y Labán desató los camellos; y les dio paja y forraje, y agua para lavar los pies de él, y los pies de los hombres que con él venían (Génesis 24.32)

Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos (Lucas 7.44)

Finalmente, una evidencia contundente para interpretar el lavatorio de los pies en el contexto de la hospitalidad, y no como una ordenanza es la siguiente. Si bien el lavatorio de los pies aparece entre los requisitos para poner en la lista de las viudas aquellas que ya hubieran cumplido los sesenta años; no obstante, no aparece entre los requisitos exigidos para los oficiales de la iglesia como los ancianos, diáconos, y obispos (véase 1 Timoteo 3.1-13; Tito 1.5-9).

Respecto a la “lista de las viudas”, quiero citar por lo menos dos comentarios. El primer lugar, el Nuevo Comentario Bíblico Siglo 21: Las viudas en el servicio cristiano. No queda claro si había una orden distinta de viudas que realizaba tareas específicas, pero la declaración aquí de una lista de viudas mayores de 60 años podría sugerirlo. La edad límite sorprende un poco, ya que Pablo seguramente no quiso decir que las viudas menores de esa edad no podrían recibir ayuda de la iglesia. El incluir a tales viudas en la lista debe haber sido para algún trabajo específico. La experiencia pasada requerida es de una clase esencialmente práctica. Reflejaba el vital impacto social de las mujeres cristianas en la iglesia primitiva.

En segundo lugar, el Comentario Bíblico San Jerónimo: “9-15. Estos versículos se refieren al orden establecido de las viudas, y ésta es la primera prueba que tenemos al respecto. Este pasaje demuestra que aquellas mujeres estaban dedicadas a las obras de caridad.”

Un dato interesante, en la línea y, a favor de mi argumento, es que la Iglesia Adventista del Séptimo Día, que asume el lavatorio de los pies como una ordenanza bíblica; no apela a 1 Timoteo 5.10 como apoyo a su postura.

Ahora bien, para cerrar esta sección, pienso que después del análisis que he hecho, algunas personas me preguntarían: Hermano Benjamín, ¿Cree usted que es obligatorio guardar el sábado? Y mi respuesta será la siguiente: Si en la interpretación bíblica sólo intervinieran textos, sin la mediación de una comunidad lectora que asuma de una manera particular un texto, probablemente sí. Pero como en realidad es la comunidad lectora la que determina si un dato bíblico debe ser asumido como normativo o descriptivo, lo correcto es admitir que la Biblia, según una determinada lectura ordena o no, la práctica de un rito específico, ceremonia, etc.

Para explicarme mejor, voy a apelar a la actitud de la Iglesia Adventista del Séptimo Día frente al sábado como día de reposo, y la actitud de la misma al asumir el lavatorio de los pies como una ordenanza bíblica. Pregunto: ¿Puede la Iglesia Adventista del Séptimo Día demostrar que el lavatorio de los pies tuvo en los tiempos bíblicos (específicamente el NT) el valor que le da ella hoy, como una “ordenanza”? ¿Puede demostrar que las primeras generaciones de cristianos lo asumieron como ella? ¿Quién ha sido el factor determinante para asumir el lavatorio de los pies como una ordenanza, casi con la misma fuerza y solemnidad del “bautismo” y la “Cena del Señor”? ¿El texto bíblico o la comunidad lectora?

¿Actuó la Iglesia Adventista del Séptimo Día frente al lavatorio de los pies, como ha actuado frente al sábado como “día de reposo”? ¿Puede presumir la Iglesia Adventista del Séptimo Día del “Sola Escritura” en la elaboración y estructuración de todo su sistema teológico”?

Pero, ¿pueden el resto de las iglesias no adventistas presumir del “Sola Escritura” en la elaboración y estructuración de todo su sistema teológico?

Si bien la Iglesia Adventista del Séptimo Día parece conformarse a la mayor y mejor evidencia textual, incluso en el NT, al mantener el sábado (el séptimo día) como el verdadero día de reposo; no vemos, por otro lado, que pueda presumir de lo mismo, de igual base, al adoptar el lavatorio de los pies como una ordenanza bíblica. Entonces, ¿no ha sido la Iglesia Adventista del Séptimo Día, como comunidad lectora y hermeneuta, el factor determinante y decisivo (y no precisamente el texto bíblico), en la adopción del lavatorio de los pies como una ordenanza, como un mandato bíblico?

Pero ¿no han sido las iglesias no adventistas (no sabáticas), como comunidades lectoras y hermeneutas, los factores determinantes y decisivos (y no precisamente el texto bíblico), en la adopción del domingo (el primer día de la semana) como “Día del Señor”, y como el sustituto ideal del sábado (el séptimo día), como el “día de observación”?

Si a sostenernos sólo en textos bíblicos fuéramos (así como en prácticas y ejemplos bíblicos), el día de observación, incluso en el NT, sería el sábado y no el domingo. No obstante, por la misma razón y principio, el lavatorio de los pies hecho por Jesús (sólo Juan 13) no podría asumirse jamás como una ordenanza bíblica, casi con la misma fuerza y solemnidad del Bautismo y la Eucaristía o Cena del Señor. De todos modos, no olvidemos que es la comunidad lectora (en este caso, cristiana) la que decide qué adopta o no, como obligatorio del Tanaj (llamado Antiguo Testamento), y del Nuevo Testamento mismo, así de sencillo.

No olvidemos que en el Nuevo Testamento mismo tenemos ejemplos de algunos alejamientos por judíos creyentes en Jesús (judeocristianismo), de algunos aspectos importantes en y para la religión hebrea (la del Tanaj, el AT) hasta hoy. Un primer ejemplo lo encontramos en Pedro, cuando basado en la experiencia que narra el libro de Hechos, decide abandonar la rigidez de la religión judía en cuanto a la distinción entre alimentos puros y alimentos no puros. Creo oportuno destacar que esta experiencia también tuvo su impacto en la forma en que habló Pedro en la asamblea de Jerusalén (Hechos 15), y en las conclusiones a las que llegó dicha asamblea respecto de las exigencias que les impondría la comunidad cristiana judía de Jerusalén a las comunidades cristianas gentiles. Observemos:

a) La experiencia de la visión

Al día siguiente, mientras ellos iban por el camino y se acercaban a la ciudad, Pedro subió a la azotea para orar, cerca de la hora sexta. 10Y tuvo gran hambre, y quiso comer; pero mientras le preparaban algo, le sobrevino un éxtasis; 11y vio el cielo abierto, y que descendía algo semejante a un gran lienzo, que atado de las cuatro puntas era bajado a la tierra; 12en el cual había de todos los cuadrúpedos terrestres y reptiles y aves del cielo. 13Y le vino una voz: Levántate, Pedro, mata y come. 14Entonces Pedro dijo: Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda he comido jamás. 15Volvió la voz a él la segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames tú común. 16Esto se hizo tres veces; y aquel lienzo volvió a ser recogido en el cielo. 17Y mientras Pedro estaba perplejo dentro de sí sobre lo que significaría la visión que había visto, he aquí los hombres que habían sido enviados por Cornelio, los cuales, preguntando por la casa de Simón, llegaron a la puerta” (Hechos 10.9-17)

b) La experiencia de lo ocurrido y vivido en la casa del gentil Cornelio

Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso. 45Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. 46Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios. 47Entonces respondió Pedro: ¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros? 48Y mandó bautizarles en el nombre del Señor Jesús. Entonces le rogaron que se quedase por algunos días” (Hechos 10.44-48)

c) El cuestionamiento a Pedro (y su respuesta), por lo hermanos de Jerusalén, de lo vivido por éste en la casa de Cornelio

Oyeron los apóstoles y los hermanos que estaban en Judea, que también los gentiles habían recibido la palabra de Dios. 2Y cuando Pedro subió a Jerusalén, disputaban con él los que eran de la circuncisión, 3diciendo: ¿Por qué has entrado en casa de hombres incircuncisos, y has comido con ellos? 4Entonces comenzó Pedro a contarles por orden lo sucedido, diciendo: 5Estaba yo en la ciudad de Jope orando, y vi en éxtasis una visión; algo semejante a un gran lienzo que descendía, que por las cuatro puntas era bajado del cielo y venía hasta mí. 6Cuando fijé en él los ojos, consideré y vi cuadrúpedos terrestres, y fieras, y reptiles, y aves del cielo. 7Y oí una voz que me decía: Levántate, Pedro, mata y come. 8Y dije: Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda entró jamás en mi boca. 9Entonces la voz me respondió del cielo por segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames tú común. 10Y esto se hizo tres veces, y volvió todo a ser llevado arriba al cielo. 11Y he aquí, luego llegaron tres hombres a la casa donde yo estaba, enviados a mí desde Cesarea. 12Y el Espíritu me dijo que fuese con ellos sin dudar. Fueron también conmigo estos seis hermanos, y entramos en casa de un varón” (Hechos 11.1-12)

d) El discurso de Pedro en la asamblea de Jerusalén después de la experiencia en la casa de Cornelio

Y después de mucha discusión, Pedro se levantó y les dijo: Varones hermanos, vosotros sabéis cómo ya hace algún tiempo que Dios escogió que los gentiles oyesen por mi boca la palabra del evangelio y creyesen. 8Y Dios, que conoce los corazones, les dio testimonio, dándoles el Espíritu Santo lo mismo que a nosotros; 9y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando por la fe sus corazones. 10Ahora, pues, ¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar? 11Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, de igual modo que ellos” (Hechos 15.7-11)

e) De todos modos, es interesante que la conclusión de la asamblea de Jerusalén no incluyera precisamente ni la circuncisión, ni la clásica y acostumbrada distinción de la religión judía entre “alimentos puros” y “alimentos impuros”. Consideremos ahora la conclusión y solución a la que llega a asamblea de Jerusalén:

Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: 29que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación; de las cuales cosas si os guardareis, bien haréis. Pasadlo bien” (Hechos 15.28-29)

Ahora bien, sé muy bien que la Iglesia Adventista del Séptimo Día se resiste a extraer de la experiencia de Pedro en la casa de Cornelio, la conclusión de que para Pedro dejó de tener esa vigencia radical que tenía en la cultura hebrea la distinción entre “alimentos puros” y “alimentos impuros”.

La argumentación adventista es la siguiente: “La visión que Pedro tuvo de los animales, registrada en Hechos 10, no tenía por objetivo enseñar que los animales inmundos se habían convertido en alimento apto para comer; en vez de ello, enseñaba que los gentiles no eran inmundos, y que el apóstol podía asociarse con ellos sin considerarse contaminado. Pedro mismo comprendió la visión de este modo, explicando: «Vosotros sabéis cuán abominable es para un judío juntarse o acercarse a un extranjero, pero a mí me ha mostrado Dios que ha ningún hombre llame común o inmundo [Hechos 10.28]” (Creencias de los Adventistas del Séptimo Día, 2006, página 328).

En la publicación de mañana ofrezco mi personal cuestionamiento a esta argumentación de la Iglesia Adventista del Séptimo Día.

¡Hasta mañana si así Dios nos lo permite!

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