domingo, 23 de abril de 2017

«No sólo de pan vive el hombre; la mujer tampoco»


Algunas reflexiones en torno a Deuteronomio 8.3


Héctor B. Olea C.

Ciertamente el texto hebreo de Deuteronomio 8.3 apunta directamente al varón, como interlocutor y receptor inmediato y específico de dichas palabras, y no a la mujer; apuntan al varón como cabeza del hogar, del clan y de la tribu, como el que la lideraba tanto en el plano social y político en general, como en el plano estrictamente religioso. Por otro lado, la forma verbal hebrea «yihyéh» (“vivirá”), es una forma verbal del verbo «hayáh» (transliteración fonética: «jayáh»), con el sufijo de la tercera persona masculina singular, también apunta en esta dirección. Consecuentemente, tiene aquí la palabra y sustantivo «’adám», un uso no genérico (el ser humano), sino restrictivo: el varón, el hombre.

Luego, lo que la Reina Valera 1960 tradujo aquí «palabra», no es el hebreo «dabár (palabra), sino «motsá’», que más bien apunta a “lo que salga de la boca de «YHVH»”, “a toda expresión o promulgación de un mandamiento divino”. En tal sentido, es preciso poner de relieve la sinonimia que existe, en este contexto, entre la palabra «motsá’» (“lo que sale de la boca de”, versículo 3) y la palabra «mitsvá’» (“mandato”, “mandamiento”, “precepto”, versículo 1).

Por su parte, la Septuaginta tradujo a Deuteronomio 8.3 en la siguiente manera:

Con la palabra «entolé» (“mandamiento”, en caso acusativo plural: «entolás», por razones sintácticas), a la palabra «mitsvá’» (versículo 1).

Con la palabra «rhéma» (“palabra”, en caso dativo singular: «rhémati», por razones sintácticas), a la palabra «motsá’» (lo que sale de la boca de).

Con la palabra «ánthropos» (“hombre”, “varón”, “ser humano”, en caso nominativo singular «ánthropos»), a la palabra «’adám» (hombre, varón, ser humano). Por supuesto, en contextos como este, uno esperaría que la Septuaginta hubiese empleado la palabra griega «anér» (“el varón”, “el que engendra”, “el marido”, “esposo”), en lugar de «ánthropos».   

Y sorpresivamente, en contra de la forma en que por lo general lo hizo, tradujo aquí la Septuaginta a «YHVH» con la palabra «theós» (“Dios”, aquí en caso genitivo, «theú», por razones sintácticas), y no con la palabra «kúrios» (“Señor”). Obviamente, la tendencia en el NT es emplear a «theós» como correspondiente a, y para hacer referencia al «YHVH» del Tanaj; pero a «kúrios» para hacer referencia a la figura de Jesús de Nazaret asumido como el Cristo.

Las referencias a Deuteronomio 8.3 en el Nuevo Testamento

Por supuesto, no podemos obviar ni negar la referencia que hace el Nuevo Testamento a Deuteronomio 8.3. En tal sentido, dada la dependencia de la Septuaginta que tuvieron los autores del Nuevo Testamento, se comprende que en Mateo 4.4 se encuentren las palabras «ánthropos» y «rhémati», en una exacta correspondencia a la traducción que hizo la Septuaginta de Deuteronomio 8.3.

Y con relación a Lucas 4.4, la otra referencia a Deuteronomio 8.3 en el Nuevo Testamento, muy a pesar de la Reina Valera 1960; el mejor texto griego no hace mención de la palabra «rhémati», sino solamente la palabra «ánthropos». La razón es que el mejor texto griego de Lucas 4.4 sólo dice «uk ep’ arto móno zésetai jo ánthropos», o sea, «no sólo de pan (por medio del pan, gracias al pan) vivirá el hombre».

En consecuencia y, en conformidad a «Q», no contiene el mejor texto griego de Lucas 4.4, la expresión que sí forma parte del mejor texto griego de Mateo 4.4, y de Deuteronomio 8.3 en la Septuaginta; o sea, «al’ epí pantí rhémati ekporeuméno diá stómatos theú»: «sino gracias a toda palabra que sale de la boca de Dios».

Finalmente, es innegable que gracias a la Septuaginta, la versión griega de  Deuteronomio 8.3, y la referencia a dicha cita en el Nuevo Testamento; la expresión «No sólo de pan vivirá el hombre» (Q, Mateo y Lucas), es inclusiva, cuando no lo es según el texto hebreo de Deuteronomio 8.3.

Por otro lado, no podemos perder de vista que el «Sitz im Leben» (el contexto vital) de las palabras en cuestión, se encuentra en la ocasión en que Dios dispuso usar «maná» (hebreo «man»; griego «mánna»), un tipo de alimento que el pueblo hebreo no conocía, pero que vino a ser el recurso divino para garantizar su subsistencia (compárese Éxodo 16.4-35; Números 11.6-9).   

En consecuencia, la moraleja parece ser: “No sólo de la comida conocida (de los recursos conocidos) vivirá el hombre; sino y más bien de todo o cualquier recurso, invento o instrumento divino (provisto por él) capaz de garantizar su subsistencia”.     



¡Hasta la próxima!


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