miércoles, 21 de octubre de 2009

Isaías 62.2 y las distintas denominaciones de los grupos cristianos


¿Alguna relación legítima? Un análisis crítico

Héctor B. Olea C.

A manera de introducción:

Pienso que me es necesario puntualizar que este estudio es el resultado de tomar en serio la sugerencia de un hermano y amigo en su comentario a un artículo que publiqué originalmente como una nota en Facebook (19 de octubre 2009), sobre la originaria designación que identificó a las primeras comunidades seguidoras de Jesús.

En su comentario, el referido hermano y amigo, con humildad y franqueza, me decía que su iglesia afirmaba, en alguna manera, que el nombre de los cristianos ya estaba profetizado en un pasaje de Isaías, el cual no podía precisar.

En consecuencia, con el objetivo de ayudar a entender mejor esta situación, y como en cierta forma está relacionada con el contenido de mi artículo, decidí elaborar y publicar el presente análisis.

El propósito de este estudio es procurar ayudar un poco a la toma de conciencia respecto de lograr una apelación adecuada, y un mejor empleo de las Escrituras a la hora elaborar y sustentar nuestras afirmaciones bíblicas y teológicas.

Manos a la obra.

¿Cuáles textos de Isaías aluden a un posible cambio de nombre?

La expresión «un nombre nuevo» se encuentra en todo el libro de Isaías una sola vez, y es en Isaías 62.2, cito: “Entonces verán las gentes tu justicia, y todos los reyes tu gloria; y te será puesto un nombre nuevo, que la boca de Jehová nombrará.”

La expresión «otro nombre» también se encuentra en el libro de Isaías una sola y es en Isaías 65.15, cito: “Y dejaréis vuestro nombre por maldición a mis escogidos, y Jehová el Señor te matará, y a sus siervos llamará por otro nombre.”

Ahora bien, como entiendo que analizando el primer texto (62.2) queda claro el segundo (65.15), me voy a concentrar en el primero, y luego recomendaré interpretar el segundo, en consecuencia.

Pero antes de avanzar en nuestro análisis, es preciso dejar claro que la idea de nombrar, poner nombre, cambiar de nombre, entre otras, se asocian con la idea de reconocimiento, cambio de personalidad, de carácter o situación.

Un ejemplo de nombrar asociada con la idea de reconocimiento (hacer suyo) es Mateo 1.21, 23 y 25 (este caso lo retomaremos más tarde).

Ejemplos bíblicos del cambio de nombre (o poner un sobre nombre) como indicación de un cambio de carácter o personalidad son Génesis 35.9-11; Hechos 10.18 (compárese Mateo 16.18-20).

Un ejemplo bíblico de un cambio de nombre como indicación o señal de un cambio de situación son Génesis 17.15-22; Rut 1.19-21.

Volvamos, pues, a Isaías 62.2. Resulta que dicho pasaje (igual que el 65.15) involucra un cambio de nombre que sugiere más bien un cambio de situación. Lo más interesante es que con relación a lo dicho por el pasaje en cuestión, una lectura contextual del mismo, sin fragmentar la unidad textual en la que aparece; nos lleva concluir que dicha unidad textual explica ella misma, por sí misma, a qué hace referencia con el cambio de nombre que sugiere.

Observemos íntegramente a Isaías 62 por completo (versículos 1-12), considere con detenimiento las partes subrayadas y en negritas:

“1Por amor de Sión no callaré, y por amor de Jerusalén no descansaré, hasta que salga como resplandor su justicia, y su salvación se encienda como una antorcha. 2Entonces verán las gentes tu justicia, y todos los reyes tu gloria; y te será puesto un nombre nuevo, que la boca de Jehová nombrará. 3Y serás corona de gloria en la mano de Jehová, y diadema de reino en la mano del Dios tuyo. 4Nunca más te llamarán Desamparada, ni tu tierra se dirá más Desolada; sino que serás llamada Hefzi-bá, y tu tierra, Beula; porque el amor de Jehová estará en ti, y tu tierra será desposada. 5Pues como el joven se desposa con la virgen, se desposarán contigo tus hijos; y como el gozo del esposo con la esposa, así se gozará contigo el Dios tuyo.6Sobre tus muros, oh Jerusalén, he puesto guardas; todo el día y toda la noche no callarán jamás. Los que os acordáis de Jehová, no reposéis, 7ni le deis tregua, hasta que restablezca a Jerusalén, y la ponga por alabanza en la tierra. 8Juró Jehová por su mano derecha, y por su poderoso brazo: Que jamás daré tu trigo por comida a tus enemigos, ni beberán los extraños el vino que es fruto de tu trabajo; 9sino que los que lo cosechan lo comerán, y alabarán a Jehová; y los que lo vendimian, lo beberán en los atrios de mi santuario. 10Pasad, pasad por las puertas; barred el camino al pueblo; allanad, allanad la calzada, quitad las piedras, alzad pendón a los pueblos. 11He aquí que Jehová hizo oír hasta lo último de la tierra: Decid a la hija de Sion: He aquí viene tu Salvador; he aquí su recompensa con él, y delante de él su obra. 12Y les llamarán Pueblo Santo, Redimidos de Jehová; y a ti te llamarán Ciudad Deseada, no desamparada.”

Después de considerar contextualmente a Isaías 62.2, creo que no hay lugar para especulaciones, invenciones o artificios que pretendan relacionar, supuestamente de manera profética, a Isaías 62.2 con el problema de las designaciones primitivas y originarias de las comunidades seguidoras de Jesús de Nazaret en el primer siglo de nuestra era.

Después de todo, y siendo consistentes, por los problemas de desacuerdo y falta de consenso en asuntos doctrinales en el seno los distintos grupos que forman parte del cristianismo histórico, parece más distintivo, exclusivo, de orgullo, y preciso, el identificarse como católico, reformado, Pentecostal, metodista, presbiteriano, bautista, adventista, etc.; que como “los del camino”, “cristianos”, o “los nazarenos”.

Finalmente, si le pasamos por encima a la unidad contextual de Isaías 62.2, cabe preguntarse, ¿a cuál de las modernas designaciones que caracterizan a los cristianos haría referencia Isaías 62.2? Uno podría decir que Isaías 62.2 apuntaría a la designación del grupo que, en primer lugar, ignore la unidad contextual del pasaje en cuestión y, en segundo lugar, como de seguro dicho grupo se considera el más apegado a la Biblia (y el que tiene la mejor doctrina o teología) que el resto, lo más seguro será, con mucha probabilidad, que él entienda que Isaías 62.2 apunta a su propia forma de identificarse. Pero, ¿soporta esto Isaías 62.2?

Por algunas razones específicas, no quiero concluir este estudio sin hacer algunas precisas observaciones con relación a Matero 1. 21, 23 y 25.

Al principio mencioné que Mateo 1.21, 23,25, es un ejemplo bíblico de nombrar o ponerle nombre a alguien con la idea de reconocerlo o hacerlo suyo.

Aunque según Lucas, María es quien nombra al niño Jesús (Lucas 1.31), según Mateo 1.21, José es quien le pone el nombre (nombra) al niño Jesús. En Mateo 1.23, una cita de Isaías 7.14, el texto griego de Mateo 1.23 tiene el verbo “llamar”, “nombrar”, en la tercera persona del plural, “llamarán”, a diferencia de como dice textualmente la traducción griega de Isaías 7.14 en la Septuaginta, que tiene dicho verbo en la segunda persona del singular “llamarás”.

Ahora bien, mientras La Septuaginta tiene la forma “llamarás”, que corresponde a la segunda persona del singular, el texto hebreo de nuestro Antiguo Testamento, el llamado Texto Masorético, tiene el verbo “llamar” en la tercera persona femenino singular “ella llamará”.

Raymond E. Brown en su clásica obra «El nacimiento del Mesías» (publicada por Ediciones Cristiandad) menciona la posibilidad de que Mateo corrigiese el texto de la Septuaginta, pero a la luz de un texto hebreo distinto al Texto Masorético. Menciona que “en uno de los manuscritos de Isaías hallados en el Mar Muerto (1 QIsa) se encuentra una forma del verbo hebreo “llamar” (qará) que puede traducirse “su nombre será llamado”, traducción equivalente al “llamarán” de Mateo 1.23 (página 151)”.

Con relación a lo dicho en cuanto a la forma del verbo “llamar” en el texto griego de Mateo 1.23, muchos podrían preguntarse ¿Por qué dice eso el profesor Héctor B. Olea C., si en la Reina Valera de 1960 yo veo otra cosa, que está en la segunda persona del singular “llamarás”?

Ciertamente Mateo 1.23 en la Reina Valera de 1960 dice “He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros”.

Ahora bien, ¿es posible hallar una versión de la Biblia que haya traducido de forma tal que demuestre lo que he dicho?

Claro que sí. Por ejemplo, la versión popular «Dios Habla Hoy»: “La virgen quedará encinta y tendrá un hijo, al que pondrán por nombre Emanuel”(que significa: “Dios con nosotros”)”

La «Reina Valera Actualizada 2006» “He aquí, la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarán su nombre Emanuel, que traducido quiere decir: Dios con nosotros.”

La «Nueva Versión Internacional»: “«La virgen concebirá y dará a luz un hijo, y lo llamarán Emanuel» (que significa «Dios con nosotros»).”

La «Biblia de las Américas »“He aquíla virgen concebirá y dará a luz un hijoy le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: Dios con nosotros.

La «Nueva Biblia de los Hispanos» (otro nombre para la misma Biblia de las Américas): “He aquíla virgen concebirá y dará a luz un HijoLe pondrán por nombre Emmanuel,” que traducido significa: “Dios con nosotros.”

La «Biblia Latinoamérica», edición pastoral: “La virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que significa Dios-con- nosotros.”

La «Biblia de Jerusalén»: “La virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa “Dios-con- nosotros.”

Entonces, como Mateo ni tiene el verbo «llamar» en la tercera persona singular («llamará», él o ella), ni en la segunda persona singular («llamarás»); sino en la tercera persona del plural («llamarán»), se concluye que Mateo no hizo una cita exacta de Isaías 7.14, sino una parcial, la cual ajustó a su proyecto teológico.

Como ya dijimos, a diferencia de Mateo, en Lucas 1.31 quien nombra al niño Jesús es María, “Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS”. Nótese que en Lucas el verbo «llamar» está en la segunda persona del singular «llamarás», que en este caso tiene como sujeto a María. Ahora bien, ¿supone Lucas que María habría de nombrar al niño, algo no común en la tradición judía? ¿O Más bien llamaría al niño según el nombre que le pondría el padre?

Aunque en la época patriarcal tanto el padre (Génesis 4.26; 5.3) como la madre (Génesis 4.25: 35.16-18) podían imponerle el nombre al hijo; sin embargo, a pesar de los dicho en el 1.31, el mismo Lucas (1.59-63) da testimonio de la tradición dominante, en la que el padre era quien nombraba a la criatura. Entonces, lo más seguro es concluir que, a pesar de todo, José fue quien puso el nombre al niño Jesús.

No olvidemos que según Mateo (1.20) un ángel (mensajero celestial) se le aparece a José (no menciona el encuentro de un ángel con María). Pero según Lucas (1.26-38), un ángel, pero llamado Gabriel, se le aparece a María (no menciona una aparición o encuentro del mismo ángel u otro, con José).

Finalmente, siguiendo el testimonio de Mateo de que José fue quien puso el nombre al niño Jesús, Raymond E. Brown afirma: “Al poner el nombre niño José lo reconoce como suyo propio. La postura judía es muy clara a este respecto y está dictada por el hecho de que a veces resulta difícil determinar quién es el padre biológico de una criatura. Puesto que normalmente ningún hombre reconocerá ni mantendrá a un hijo que no sea suyo, la ley prefiere basar la paternidad en el reconocimiento del padre. La Misná (Baba Batha, 8.6) establece este principio: «Si un hombre dice que éste es hijo mío, hay que creérselo». José al ejercer el derecho paterno de dar nombre al niño, reconoce a Jesús s y se convierte así en su padre legal” («El nacimiento del Mesías», página 138).

Conclusión final: Isaías 62.2 no tiene que ver en nada con las originarias designaciones de las comunidades seguidoras de Jesús, y mucho menos con las modernas y actuales.

Un análisis contextual de Isaías 62.2 explica que la unidad textual de la que forma parte el pasaje en cuestión, explica por sí misma a qué hace referencia con el cambio de nombre que sugiere, y es a un cambio positivo de la situación que estaba viviendo Jerusalén.

En cuanto Isaías 65.15, sugiero interpretarlo en la misma línea que el 62.2, considérese también de manera contextual este pasaje:

“8Así ha dicho Jehová: Como si alguno hallase mosto en un racimo, y dijese: No lo desperdicies, porque bendición hay en élasí haré yo por mis siervos, que no lo destruiré todo. 9Sacaré descendencia de Jacob, y de Judá heredero de mis montes; y mis escogidos poseerán por heredad la tierra, y mis siervos habitarán allí. 10Y será Sarón para habitación de ovejas, y el valle de Acor para majada de vacas, para mi pueblo que me buscó. 11Pero vosotros los que dejáis a Jehová, que olvidáis mi santo monte, que ponéis mesa para la Fortuna, y suministráis libaciones para el Destino; 12yo también os destinaré a la espada, y todos vosotros os arrodillaréis al degolladero, por cuanto llamé, y no respondisteis; hablé, y no oísteis, sino que hicisteis lo malo delante de mis ojos, y escogisteis lo que me desagrada. 13Por tanto, así dijo Jehová el Señor: He aquí que mis siervos comerány vosotros tendréis hambrehe aquí que mis siervos beberány vosotros tendréis sed; he aquí que mis siervos se alegrarán, y vosotros seréis avergonzados; 14he aquí que mis siervos cantarán por júbilo del corazón, y vosotros clamaréis por el dolor del corazón, y por el quebrantamiento de espíritu aullaréis. 15Y dejaréis vuestro nombre por maldición a mis escogidos, y Jehová el Señor te mataráy a sus siervos llamará por otro nombre. 16El que se bendijere en la tierra, en el Dios de verdad se bendecirá; y el que jurare en la tierra, por el Dios de verdad jurará; porque las angustias primeras serán olvidadas, y serán cubiertas de mis ojos.”


¡Hasta la próxima!

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