jueves, 29 de octubre de 2009

La reflexión teológica y sus temas

La reflexión teológica y sus temas

Héctor Benjamín Olea Cordero
Presidente del Instituto Dominicano de Ciencias Bíblicas IDCB, Inc.

Introducción:
Hablar de reflexión teológica impone que definamos con precisión algunas cuestiones como: 1) ¿En qué consiste la teología? 2) ¿Existe una teología o existen varias teologías? 3) ¿Cuáles son sus fuentes? 4) ¿Cuál es su método? 5) ¿Cuáles son los temas recurrentes de la teología o teologías? 6) ¿Qué pasa con la teología hoy? 7) ¿Tiene lugar hoy la reflexión teológica? 8) ¿Cuál sería el perfil de una teología que aspire a hallar pertinencia en el mundo de hoy? 9) ¿Cuál ha de ser el perfil del teólogo y la teóloga que deseen ser tomados en serio por sus interlocutores? 10) ¿Qué aportes puede hacer la teología al ser humano de hoy? ¿Cómo?
Pasemos, pues, a considerar las cuestiones planteadas:
I. Definición etimológica de “teología”
Etimológicamente la palabra teología significa sencillamente “estudio acerca de dios o la deidad”, “dichos o palabras acerca de dios o la deidad”. Esto así porque deriva de dos palabras griegas, a saber, “theós” (qeov~, dios) y “logía” de “lóguia” (lovgia), plural de “lóguion” (lovgion, palabra, dicho, promesa).
Al dar mi explicación etimológica sobre la palabra “teología” es posible que algunos la encuentren extraña, pues a diferencia de la mayoría, sino la totalidad de las fuentes; sostengo que deriva de “theós” (qeov~) y “lógion” (lovgion), y no de “theós” (qeov~) y “lógos” (lovgo~) como es común[1].
La razón es la siguiente. La expresión castellana “logía” es más bien una derivación del griego “lóguion” (lovgion)[2] que en su forma plural (del caso nominativo y acusativo[3]) es “lóguia” (lovgia). Es preciso aclarar que en el griego no hay forma de llegar a “logía” partiendo de “lógos” (lovgo~). Sin embargo, sí de “lóguion” (lovgion), que es un diminutivo de “lógos” (lovgo~).
Conclusión: morfológicamente “logía” viene de la forma del caso nominativo y acusativo plural del diminutivo “lóguion” (lovgion), “lóguia” (lovgia), y no de la palabra primitiva “lógos” (lovgo~). La única diferencia entre el griego “lóguia” (lovgia) y el castellano “logía” está en la acentuación.
II. Hacia una definición conceptual de “teología”
Ahora bien, una definición adecuada de teología supone tener en cuenta que aun cuando existen ciertas bases para la elaboración de una teología natural (por ejemplo, la revelación general por medio de las cosas hechas, véase Salmo 19.1-4; Romanos 1.18-20); sin embargo, el concepto más trascendental de teología se sustenta en una revelación especial de la deidad. Esto es aun más evidente cuando se tiene presente que no existe una religión propiamente natural, ya que prácticamente todas las religiones apelan a alguna forma de revelación especial de su deidad[4].
Generalmente esta revelación especial se halla conservada en una colección de fuentes escritas o que, por lo menos, dan testimonio de dicha revelación. El Cristianismo, por ejemplo, tiene la Biblia (Antiguo y Nuevo Testamentos) como testimonio de la revelación especial de Dios y fuente suprema para su discurso teológico[5]. Para el Judaísmo, en cambio, la Biblia sólo consiste de lo que los cristianos llamamos Antiguo Testamento. El Islam tiene el Corán como la revelación especial de su deidad. Así, sucesivamente, podríamos ver que la teología se desarrolla siempre en el contexto específico de una religión determinada, y por lo tanto, las características propias de dicha religión, nos dirán mucho de su teología, y de los factores que se toman en cuenta al intentar proponer una definición de teología aunque sea tentativa. También nos dirán lo suficiente de sus temas recurrentes, y de los aportes que ésta pueda hacer a las distintas problemáticas e inquietudes del ser humano.
También hay que reconocer que toda teología, en el contexto propio de la religión que la engendra tiene una concepción particular de la deidad. Por ejemplo, el Cristianismo, el Judaísmo y el Islam se distinguen por su concepción monoteísta; no obstante, sólo el Cristianismo confiesa una creencia monoteísta y a la vez trinitaria de la deidad. En otras palabras, solamente el Cristianismo sustenta que Dios es uno, sí; pero Padre, Hijo y Espíritu Santo al mismo tiempo. Quizá está demás decir que no todo el Cristianismo como tal tiene una concepción trinitaria de la deidad. El sector que a sí mismo se denomina “Testigos de Jehová”, es un claro ejemplo de esto[6].
En nuestro caso, como parte de la tradición cristiana, protestante y evangélica, en el intento de proponer una definición adecuada de teología, tenemos que tomar en cuenta los siguientes factores. En primer lugar, partimos del hecho de que a Dios no lo conocemos en el vacío, de una manera aislada, sino en el contexto de su revelación, trato y relación con sus criaturas. En segundo lugar, que el trato de Dios con sus criaturas se da en el contexto de lo que podemos llamar las dos caras de una misma moneda: Dios como creador, y Dios como redentor.
Una teología cristiana consistente debe tomar en serio las implicaciones de reconocer que tanto el ambiente físico (ecosistema) que nos rodea con todas sus características y diversidad en lo referente al clima, accidentes geográficos, variedad y especificidad de productos agropecuarios, etc.; así como el ser humano con todas sus variantes culturales, idioma, color de piel, tipo de cabello, fisonomía, etc., han sido creados por Dios. En cuanto al ser humano, su puesta en existencia adquiere un matiz especial al crearlo Dios a su imagen y semejanza (Génesis 1.26, 27; Jacobo (Santiago) 3.9).
En cuanto a la otra cara de la moneda, nuestra definición de teología debe tomar en serio los esfuerzos divinos por redimir al ser humano (dentro de sus riquezas ambientales y culturales propias (véase Apocalipsis 5.9), de las tristes condiciones en que vive, originadas por el pecado. Obviamente, reconocemos que el pecado no es un concepto propia y puramente abstracto, pues halla expresión en acciones y estructuras humanas (de tipo personal, comunal e institucional), políticas y estrategias injustas, alienantes, inhumanas y diabólicas.
En conclusión, después de haber hecho algunas consideraciones importantes, como preámbulo, para una definición adecuada de teología; diremos que la teología no es tanto un estudio de Dios, como un estudio de Dios en el contexto de las acciones que lo relacionan con el ser humano y toda la creación como creador y redentor, según las pistas que nos proporcionan la Biblia y la historia. Una teología consistente debe tomar en serio la revelación y los propósitos de Dios, así como al ser humano en el contexto vital de su existencia.
Creo que es oportuna aquí la observación del teólogo español Felicísimo Martínez Diez: “Es tesis universalmente aceptada que el mensaje cristiano es un mensaje de salvación. En consonancia con esta tesis, ha de aceptarse también que la teología es una reflexión sobre la salvación cristiana” (Teología latinoamericana y teología europea, el debate en torno a la liberación, Ediciones Paulinas, Madrid, 1989, página 42).
Hacer reflexión teológica no debe ser sencilla y únicamente (como muchos erróneamente piensan), el hablar de Dios, su existencia, su naturaleza o esencia, sus nombres y atributos o perfecciones[7]. Hacer teología (reflexionar teológicamente) consiste en pensar y repensar sobre los grandes propósitos y actos de Dios, como creador y redentor, para con sus criaturas, en los contextos propios de su existencia. La teología, 1) ha de reivindicar el amor y las acciones de Dios en el mundo de hoy; 2) ha de plantear la respuesta humana esperada por Dios a sus acciones amorosas; y 3) ha de proponer y promover la voluntad última de Dios para sus criaturas en un enfoque de relación integral, armoniosa y pacífica entre el ser humano y su creador, el ser humano consigo mismo, el ser humano y su prójimo, el ser humano y su ambiente físico y sociocultural.
III. Dos formas básicas de hacer teología
Existen dos formas básicas de hacer reflexión teológica, una tiene como punto de partida la Biblia, la otra tiene como punto de partida la situación concreta en que existe y se desenvuelven, tanto el que hace reflexión teológica, como los destinatarios de la misma. Para estas dos formas de hacer teología, hay tres preguntas vitales: 1) ¿Quién hace o está haciendo teología? 2) ¿A quién va dirigida esa reflexión teológica? Y 3) ¿Cuáles son sus presuposiciones? Esta última pregunta tiene que ver con el problema del método, la concepción particular que tiene de la Biblia, los componentes de su trabajo hermenéutico, etc.
Ahora, pasemos a abordar con más detalles estas dos formas de hacer reflexión teológica.
A) La que le otorga prioridad metodológica al texto bíblico
La forma básica de hacer teología, la más común, sencilla y popular, es la que partiendo de la Biblia, procura iluminar e impactar la realidad socioeconómica, política, cultural y general del intérprete y su auditorio, mediante un discurso lógico y racional.
Esta forma de reflexión teológica parte de las situaciones que se mencionan y describen en la narración bíblica, y en el discurso bíblico. Procura aplicar hoy las respuestas que se dieron en aquellos contextos, a las situaciones y casos que se dan en el contexto actual y que resultan semejantes a aquellos.
Este procedimiento metodológico supone que la respuesta y abordaje que se dio en la situación narrada o descrita en la Biblia, es la aplicable y la que demanda la situación que enfrentamos hoy. Este es el procedimiento o método que caracteriza la forma más popular de hacer reflexión teológica: la predicación. El problema surge cuando hay en la situación actual casos nunca imaginados para los textos bíblicos, o cuando no hay en los textos bíblicos circunstancias o fenómenos siquiera parecidos a los actuales.
Ventajas:
1. Parte del supuesto de la prioridad esencial, no metodológica, del texto bíblico frente al contexto (social, cultural, denominacional, eclesial, etc.) del intérprete.
Observación: Esta característica debe llamar la atención para que la humildad sea la que caracterice la actitud de la reflexión teológica conciliar y denominacional; pues en verdad, ningún autor bíblico perteneció o pensó conforme a las distintas corrientes del pensamiento teológico y doctrinal que se han desarrollado en la historia del cristianismo (bautistas, adventistas, católicos, reformados, luteranos, presbiterianos, anglicanos, episcopalianos, pentecostales, nazarenos, etc.).
2. Nos permite ver a Dios actuando en diversas y muy distintas situaciones.
3. Nos permite ver a un Dios que está interesado por todos los aspectos de nuestra existencia.
4. Nos permite ver los desafíos de la comunidad de fe en distintos momentos históricos.
5. ¿Otras?
Desventajas:
1. Favorece que el sujeto de la reflexión teológica (popularmente “el predicador”) solamente aborde sus temas favoritos y preferidos, al margen de la real necesidad de su auditorio.
2. Facilita el que la reflexión teológica pueda perder su relevancia al abordar temas y asuntos de poca importancia para los recipientes de dicha reflexión teológica.
Observación: Aunque ésta también puede ser una forma de escapismo frente a realidades, temas y asuntos que demandan tomar posturas y acciones concretas y responsables; una manera de no buscarse problemas.
3. Puede llevarnos a pensar que la Biblia sólo es relevante en situaciones semejantes a las que conocemos por los textos bíblicos, y por lo tanto carecería de valor, o no tendría respuestas frente a otras circunstancias.
4. Puede hacernos pensar que Dios solamente actúa como lo hemos conocido por medio de los textos bíblicos.
5. Dificulta que los recipientes de nuestra reflexión teológica comuniquen y expresen sus propias preocupaciones, sus reales y verdaderas expectativas. Sus reales y verdaderas necesidades.
6. ¿Otras?
B) La que le otorga prioridad metodológica al contexto del sujeto lector
La segunda forma de hacer reflexión teológica parte de la situación concreta en que se encuentra en lector contemporáneo de la Biblia y su auditorio. Entonces, desde su realidad y contexto, el intérprete actual se aproxima a los textos bíblicos con preguntas precisas y pertinentes, buscando respuestas adecuadas, coherentes con el carácter de Dios, y con sus propósitos expresados en la misma Biblia. Estas preguntas pueden funcionar como guía y marco de referencia para el discurso y la acción cristiana hoy.
Ventajas:
1. Favorece el hallazgo de respuestas precisas y concretas (aunque no sea tan fácil ni se logre siempre).
2. Evita el abordaje de temas y asuntos que no son de importancia, que no son revelantes para los sujetos y recipientes de dicha reflexión teológica.
3. Libera el acercamiento a la Biblia, al hacerlo depender del particular y propio contexto y necesidades del sujeto hermeneuta (individuo o comunidad). Nadie impone desde afuera la agenda y los temas relevantes de la reflexión teológica.
4. Hace que la agenda y metodología teológica dependan del contexto vital en que se encuentran los sujetos y destinatarios de la reflexión teológica.
5. ¿Otras?
Desventajas:
1. Puede hacernos pensar, aunque no necesariamente, que el contexto del lector contemporáneo es el factor más importante en la reflexión teológica. Hemos dicho que al contexto del lector contemporáneo podemos concederle una prioridad metodológica, aunque no el valor de ser la fuente primaria de la reflexión teológica. Esto así, porque es en la Biblia donde encontramos la narración, explicación e interpretación teológica de los hechos fundacionales de la fe cristiana.
Ahora bien, ¿por qué digo que al contexto de intérprete actual hay que concederle una prioridad metodológica en la reflexión teológica? Sencillamente porque ninguna lectura de la Biblia se hace en el vacío, descarnada, sino todo lo contrario. Lo que habitualmente ocurre es que el adventista lee la Biblia como tal, y el pentecostal también como tal. Así como mujer, como hombre, como esclavo, como libre, etc. Esta realidad posiblemente no se perciba tan claramente, precisamente por lo natural que resulta ser.
El contexto del lector de la Biblia y auditorio dentro del cual (y para el cual) se hace la reflexión teológica se impone en el sentido de que los temas a discutir en nuestra agenda de reflexión teológica y que han de determinar nuestra lectura[8] de texto bíblico deben salir de dicho contexto.
2. Puede llevarnos a pensar que la Biblia sólo es relevante en las situaciones que conocemos en nuestro propio contexto, y que carece de respuestas en otras situaciones.
3. Puede hacernos pensar que Dios solamente actúa como lo hemos conocido en nuestro propio contexto.
4. ¿Otras?

¡Continuará!


[1] Lo mismo ocurre al explicar la etimología de la palabra Biblia. En la mayoría de las fuentes se afirma que viene de “biblos” (bivblo~), pero más bien viene de “biblíon” (biblivon). La razón es la misma que presento en cuanto a la etimología de “teología”. En verdad “biblíon” (biblivon) es un diminutivo de “biblos” (bivblo~), pero ocurre que el nominativo y acusativo plural de “biblíon” (biblivon) es “biblía” (bibliva), forma prácticamente igual a la castellana “biblia” (la diferencia solamente está en el acento). La expresión griega “biblía” (bibliva) es la que se traduce “libros” en Juan 21.25; 2 Timoteo 4.13 y Apocalipsis 20.12.
[2] La palabra griega “lógion” (lovgion) “palabra”, “dicho”, “promesa”, la encontramos en el NT sólo en Hechos 7.38; Romanos 3.2; Hebreos 5.12; 1 Pedro 4.11.
[3] En la lengua griega igual que en el latín, según la función que haga un sustantivo o nombre en la oración (sujeto o complemento), se le atribuye un caso específico.
[4] Cierto es que este aspecto es más sobresaliente en las llamadas “religiones del libro”, a saber, el judaísmo, el cristianismo y el Islam.
[5] Obviamente, el cristianismo asume que en Cristo tenemos una revelación especial de la deidad, única y sin igual (véase Juan 1.18; 14.4-11; Colosenses 2.9; Hebreos 1.1-4)
[6] Habrá los que argumentarán que “Los Testigos de Jehová” es una secta, y yo les diré que sí, es una secta (sin negar el esencial y problemático relativismo que supone el uso de dicho término); pero del Cristianismo, no del Judaísmo, el Budismo o el Islam.
[7] Estos temas y otros apenas representan un área específica de estudio dentro de la llamada Teología Sistemática o dogmática, conocida como “teología propia.” Precisamente por la agenda de la teología Latinoamérica que no tiende a seguir la orientación de la teología académica europea (aunque en verdad no menosprecia los temas y esquemas clásicos de la Teología dogmática o sistemática), muchos se han resistido a aceptar que la teología del llamado “Tercer Mundo” sea realmente teología, y que los que se ocupan de ésta sean “verdaderos teólogos”.
[8] ¿Determina la agenda de nuestra reflexión teológica la lectura que hacemos de la Biblia? ¿Determina nuestra lectura de la Biblia la agenda de nuestra reflexión teológica?

No hay comentarios:

Publicar un comentario