lunes, 9 de octubre de 2017

Sobre la Bula «Exsurge Domine», algunas reacciones pertinentes


A propósito de la celebración de los 500 años de la «Reforma Protestante»


Héctor B. Olea C.

Respecto de la Bula papal «Exsurge Domine» («Levántate, Señor»), del Papa León X (del 15 de junio de 1520), la cual, a nuestro juicio, debiera ser leída concomitantemente con las 95 Tesis de Martín Lutero; quiero ofrecer, al menos, tres oportunas observaciones.

Por supuesto, en virtud de que la bula «Exsurge Domine» fue decretada tres años después de que Lutero hiciera públicas sus “95 tesis”, hay que aclarar que la bula en cuestión no es una reacción a las “95 tesis” en sí, por lo que abarca y reacciona a ciertos aspectos de las enseñanzas de Martín Lutero que no fueron abordados por éste en sus famosas “95 tesis”. 

Primera observación. La declaración de que la Santa Iglesia Católica y Romana, es «madre de todas las iglesias, madre de todos los fieles, maestra de la fe», es en realidad una declaración y pretensión que respetamos, pero que consideramos muy cuestionable. Esto así, en virtud de que, en primer lugar, la religión cristiana no tiene a Roma como punto de origen y partida, ni desde el punto de vista de la teología, como tampoco desde el punto de vista de la historia. En segundo lugar, porque por la misma razón ya descrita, la «patrística latina» es cronológicamente posterior a la «patrística griega»; y en tercer lugar, porque incluso los primeros y trascendentales «Concilios Ecuménicos» de los que es deudor el tradicional cristianismo en general (católico, protestante y evangélico) tuvieron lugar en Oriente, y no en Occidente (Roma).

En tal sentido es preciso poner de manifiesto que el «cristianismo romano» no constituye el llamado «cristianismo primitivo». Según la opinión generalizada, la época del «cristianismo primitivo» se extiende más allá del tiempo de los apóstoles hasta los escritos de los padres apostólicos. Consecuentemente, el «cristianismo romano» de pleno derecho forma parte del «cristianismo primitivo», pero sin que pueda decirse que son conceptos equivalentes o intercambiables.
 
Además y, ciertamente, el «cristianismo romano» también forma parte del cristianismo originado en el periodo apostólico, sustentado en el liderazgo de los apóstoles; pero en un marco de igualdad, sin ventaja, sin privilegio alguno frente al resto de las iglesias fundadas por los apóstoles. Por otro lado, el concepto de «primitiva comunidad cristiana» («iglesia primitiva») designa estrictamente a la comunidad cristiana madre de Jerusalén, no a la primera comunidad cristiana de Roma.   

Tampoco podemos soslayar el que, como apunta Johannes Quasten (hablando de la lengua de los padres de la iglesia): “Desde el punto de vista lingüístico, el cristianismo fue un movimiento griego hasta finales del siglo II («Patrología», volumen I, página 28, Biblioteca de Autores Cristianos, quinta edición, 1995).  

Y en la continuación de la clásica obra de Johannes Quasten («Patrología», volumen III, página 8), Adalbert Hamman, afirma: “Hasta el siglo IV, la lengua de la liturgia y del pensamiento en Roma es el griego. Es la lengua de los filósofos y de la cultura, de los mercaderes y esclavos que vienen de Oriente”.

Por otro lado, también merece destacarse que de los ocho escritos de los llamados «Padres Apostólicos» (Didaché, Clemente romano, Ignacio de Antioquía, Policarpo de Esmirna, El Martirio de Policarpo, Papías de Hierápolis, La Carta de Bernabé, El Pastor de Hermas), generación sub-apostólica, de alrededor de los años 90-160 d.C., Domingo Ramos-Lissón: «Patrología», EUNSA, página 63, 2005; sólo Clemente (considerado el tercer sucesor de Pedro en la sede romana, después de Lino y Anacleto, y por supuesto, como el cuarto Papa) es situado en Roma.  

Además, los que dieron origen a la «apologética cristiana», los que merecen ser llamados «Padres de la apologética cristiana», son todos griegos; por eso son llamados «Apologistas griegos» (primeros autores cristianos de la segunda mitad del siglo II d.C. que escribieron “apologías” (defensas); Domingo Ramos-Lissón: «Patrología», página 105.  

Finalmente, en relación a la historia de los llamados «Concilios de la iglesia», es preciso llamar la atención al hecho de que los primeros siete «Concilios Ecuménicos» de la historia del cristianismo, se celebraron en Oriente (comenzando con Nicea I 325 d.C., y concluyendo con Nicea II, en el año 787 d.C.). Incluso hubo un octavo Concilio en Oriente, Constantinopla IV, del año 869-870 d.C., recocido como “ecuménico” por Occidente, pero no por Oriente.

En todo caso, en realidad fue para el año 1123 (siglo XII) cuando por fin vino a celebrarse un concilio “ecuménico” en Roma, en Occidente, y por supuesto, sin la participación de Oriente (que se había separado de Occidente en el año 1054, y consecuentemente sólo reconocido como “ecuménico y general”, por la Iglesia Católica Romana. Este primer concilio eclesiástico realizado en Roma, fue el Concilio de Letrán I, año 1123-1124 d.C.  

Segunda observación. En este punto quiero llamar la atención respecto de dos declaraciones que no podemos soslayar, y que en verdad son aspectos que no fueron abordados por Martín Lutero en sus “95 tesis”. La primera declaración supone una condena de la defensa de la enseñanza de Juan Hus, y que se considere que fue un error de la Iglesia haber considerado sus enseñanzas como heréticas, cito: «Algunos artículos de Juan Hus, condenados en el Concilio de Constanza, son cristianísimos, veracísimos y evangélicos, y ni la Iglesia universal podría condenarlos» («Exsurge Domine», tesis número 30).

La segunda declaración reacciona a la idea de que se considere que es contraria a la voluntad de Dios la quema y muerte por fuego de los considerados «herejes», por supuesto, por la misma Iglesia Católica y Romana; cito: «Es contra la voluntad de Dios el quemar a los herejes» («Exsurge Domine», tesis número 33).

Tercera observación. Esta tercera observación es relativa a las «indulgencias», tema central de las “95 tesis” de Lutero. A continuación tres notables tesis de la Bula «Exsurge Domine», que considera posturas erróneas de la enseñanza de Lutero sobre las indulgencias, cito:

«Las indulgencias son piadosos engaños de los fieles y abandonos de las buenas obras; y son del número de aquellas cosas que son lícitas, pero no del número de las que convienen» («Exsurge Domine», tesis número 18).

«Las indulgencias no sirven, a aquellos que verdaderamente las ganan, para la remisión de la pena debida a la divina justicia por los pecados actuales» («Exsurge Domine», tesis número 19).

«Se engañan los que creen que las indulgencias son saludables y útiles para provecho del espíritu» («Exsurge Domine», tesis número 20).

Finalmente, insisto que, en lo personal, soy de la opinión de que las personas que en el marco de la celebración del aniversario 500 de la «Reforma Protestante», se hayan propuesto dar algunas charlas, conferencias o hacer algunas ponencias al respecto; deberían leer con igual actitud crítica y sobria, tanto las llamadas «95 Tesis» de Martín Lutero, como la Bula «Exsurge Domine», del Papa León X.  

Además, no es posible perder de vista que tanto las «95 Tesis» de Martín Lutero, como la Bula «Exsurge Domine», del Papa León X, deben leerse, analizarse y comprenderse en el contexto histórico en que surgieron, en el marco de unas condiciones socio-históricas específicas, y como el reflejo de unas posturas y enseñanzas teológicas y eclesiales en cierto sentido ya superadas, o al menos moderadas y modificadas.

En realidad el luteranismo de hoy no es exactamente el mismo del siglo XVI, el cristianismo protestante de hoy no es precisamente el del tiempo de Lutero, ni la Iglesia Católica Romana es estrictamente la misma del referido periodo histórico. Obviamente, la sociedad (y el mundo) de hoy tampoco es la misma del siglo XVI, así de sencillo.  




¡Hasta la próxima!

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