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El uso de una inicial mayúscula para «Dios» versus la abreviación de los «nomina sacra»




Un enfoque crítico

Héctor B. Olea C.

En virtud de algunas reacciones a unas ideas que estuve expresando hace unos días en relación a la falta de testimonio y de apoyo en la «Biblia madre» (los textos bíblicos en sus idiomas originales), para la práctica de usar siempre y al margen de cualquier consideración contextual, una inicial mayúscula para el nombre de «Dios» y otras palabras relacionadas con la deidad en una forma u otra; consideré necesario elaborar y compartir este complemento.

Para este artículo he considerado abordar el uso de las abreviaturas de los llamados «nomina sacra» en los primeros papiros cristianos, como posible antecedente del uso de una inicial mayúscula para el nombre de «Dios» en el  español o castellano (fuera y dentro de las traducciones o versiones de la Biblia).

¿En qué consisten, pues, los «nomina sacra»?

Se consideran «nomina sacra» (expresión latina que significa «nombres sagrados») un número más o menos fijo (por lo general quince) de nombres relacionados con la deidad en una forma u otra.

Joseph O Callaghan los explica en la manera siguiente: “En primer lugar, «nomina sacra», son los que se le atribuyen a Dios o a las personas divinas y, en segundo lugar, por participación o conexión a otras realidades creadas. Por participación en cuanto la criatura es capaz de ser elevada al plano de la divinidad, cuando el hombre puede, por la gracia, participar de la naturaleza divina. Por conexión, es cuanto la criatura puede asumir un nuevo y superior respeto por una determinada relación o connotación con la divinidad” («Introducción a la crítica textual del NT», páginas 27 y 28, publicada por Verbo Divino, 1999). 

Por su parte, Larry W. Hurtado las define: “El «nomina sacra», un juego de palabras que recibieron un tratamiento especial por copistas en antiguos manuscritos cristianos, sigue siendo un tema de debate sobre qué supone la práctica y cómo se originó. Las palabras en cuestión se escriben de forma abreviada única con un trazo horizontal curioso colocado sobre la abreviatura. Las palabras más tempranas y tratados consistentemente son las palabras griegas para "Dios", "Señor", "Jesús" y "Cristo. Estas palabras se escriben como «nomina sacra» en los casos claros primeros de ellos en manuscritos cristianos, que nos llevan ya en el siglo II d.C.” (Artículo publicado por el mismo Larry W. Hurtado en su blog).

Por otro lado, en su obra «Señor Jesucristo, la devoción a Jesús en el cristianismo primitivo», Larry Hurtado plantea: “El término «nomina sacra» remite a una serie de palabras que eran escritas de manera curiosa por los copistas cristianos, al parecer para distinguirlas visualmente como un gesto de piedad. La práctica ya es algo convencional para algunas palabras claves del vocabulario del cristianismo primitivo en los primeros fragmentos de manuscritos cristianos del siglo II que han llegado a nosotros; en época bizantina se habían incluido quince palabras entre aquellas a las que se le concedía este trato especial por parte de los escribas” (página 705).

¿Cuándo surge denominación de los «nomina sacra»?

Dice Joseph O Callaghan: “La persona que desarrolló la denominación de «nomina sacra» fue L. Traube alrededor del año 1907. Según L. Traube, los denominados «nomina sacra», deben su origen a los judíos de Alejandría que tradujeron al griego los libros del AT (la Septuaginta) porque tradujeron al griego la costumbre hebrea de escribir de una manera especial el nombre sagrado de Dios, o sea, el tetragrámaton. Las abreviaturas con que se expresaba tal nombre no eran debidas a falta de espacio y tiempo de los escribas sino a un deseo de distinguir la sacralidad de dicho nombre” (obra citada, página 27).

Pero Larry W. Hurtado se pronuncia al respecto en la siguiente manera: “La mayoría de los estudiosos piensan que (1) se originaron en los círculos cristianos, y (2) que se originó como una expresión de reverencia por las palabras así tratadas. Pocos estudiosos (por ejemplo, Robert Kraft hoy) proponen que la práctica se originó entre Judío y fue adquirida y elaborada por los cristianos. Tal vez la mayor dificultad con esta posición, sin embargo, es que no hay ninguna instancia de «nomina sacra» en ningún manuscrito temprano y sin ambigüedades judía. En ningún manuscrito pre-cristiano judío (por ejemplo, de Qumrán) encontramos ninguna instancia de «nomina sacra» (artículo publicado en su blog. Además, también desarrolla Larry Hurtado el tema de los «nomima sacra» en su obra: «Los primitivos papiros cristianos. Un estudio de los primeros testimonios materiales del movimiento de Jesús», Salamanca: Ediciones Sígueme, 2010).

Ángel Urbán, en su análisis de los «nomima sacra»  en un manuscrito inédito del evangelio de Lucas, fechado en 1043, se pronuncia también sobre el origen y finalidad de las abreviaturas de «nomima sacra», cito: “Por último, conviene advertir que el uso de las abreviaturas en los «nomina sacra» en este manuscrito no aporta datos convincentes para desvelar con seguridad la razón última de tales abreviaciones, y, por tanto, el sentido de las mismas. En esta cuestión, estamos todavía casi al principio, y aún lejos de un esclarecimiento.

Pensar, además, en que la abreviatura es una forma de distinguir la palabra, como alguno ha propuesto, tampoco parece muy acertado, “pues a un nombre no se le da mayor categoría por suprimir algunas letras”, como acertadamente afirma J. O’CALLAGHAN. En el mismo sentido se expresan otros autores. Cf. C.H. ROBERTS, “Nomina Sacra: Origins and Significance”, en Manuscript, Society and Belief in Early Christian Egypy (London-New York, 1979), pp. 40-41; B.M. METZGER, Manuscripts of the Greek Bible..., p. 37, n. 85.

Con frecuencia, en cualquier papiro o códice, como sucede también en nuestro ms de Lucas, puede constatarse que un mismo «nomen sacrum» puede estar o no abreviado, no sólo en contextos dispares, sino también similares, y a veces tan próximos entre sí que no dejan de provocar perplejidad.”

El carácter papirológico de las abreviaturas de los «nomima sacra»

Un hecho que no se puede perder de vista es que la práctica de abreviar los «nomina sacra» es un fenómeno propio de los papiros, especialmente de los primeros ocho siglos de nuestra era. En la actualidad, siguiendo los datos que nos proporciona la edición 28 del Nuevo Testamento de Aland-Nestlé, la crítica textual del NT cuenta con 127, fechados entre el siglo II al siglo VII de nuestra era.

Ahora bien, a pesar de ser los papiros los testigos más antiguos, incluso hasta 150 antes que las copias más antiguas de los pergaminos en mayúsculas (manuscritos unciales), los principales testigos para la crítica textual del Nuevo Testamento; el carácter de ser fragmentarios y su descubrimiento muy tardío, explica por qué el fenómeno de las abreviaturas de los «nomima sacra» no logró presencia en el actual texto griego estandarizado.

Y como los mejores manuscritos y principales testigos para la crítica textual del Nuevo Testamento son pergaminos que datan de los siglos IV y V de nuestra era, y no los papiros; esta es otra razón que explica la ausencia de la práctica de abreviar los llamados «nomina sacra» en el Nuevo Testamento Griego.

Por otro lado, dando por superada la hipótesis de L. Traube de que la práctica de abreviar los «nomima sacra» tuvo un origen judío, y dando por sentado que tuvieron más bien un origen cristiano; es claro y comprensible que tampoco hubo presencia de la abreviación de los «nomima sacra» en el Antiguo Testamento hebreo, en la Biblia Hebrea, en el Tanaj, como ya había advertido antes.  

Ahora bien, resulta interesante que un manuscrito inédito de Lucas (no un papiro), fechado por su propio copista, en el año 1043, tiene un buen número de abreviaciones de los «nomima sacra». A propósito, traigo a colación un resumen del estudio de los uso de las abreviaturas de los  «nomima sacra» en este manuscrito, realizado por Ángel Urbán, cito: “Estudio de las abreviaturas de los «nomina sacra» en un manuscrito inédito fechado por el propio copista en el año 1043, que, a excepción de algunas lagunas, contiene íntegro un evangelio greco-árabe de Lucas. Se compara el sistema de abreviación con el de los papiros de los primeros ocho siglos d.C. y con el Codex Bezae Cantabrigiensis, resultando así uno de los Mss. del NT de los últimos siglos de la Edad Media que más abreviaciones presenta para los «nomina sacra» y con un sistema más regular”.

El número de los «nomima sacra» 

Si bien ha habido y persiste mucha discusión en torno al número de los «nomima sacra», hay una especie de consenso que los ha fijado en quince. De todos modos, Ángel Urbán, en su análisis del manuscrito inédito del evangelio de Lucas en griego y árabe, agrega el verbo “stauróo” (crucificar), cuando ya está presente el sustantivo “staurós” (cruz) en la fija y tradicional lista de los «nomima sacra».

En todo caso, si bien tradicionalmente se han fijado en quince los «nomina sacra», no es menos cierto que está bien establecida la idea de que al principio sólo cuatro nombres recibieron un tratamiento especial en los primeros papiros del Nuevo Testamento, a saber: «kúrios» (Señor), «theós» (Dios), «iesús» (Jesús), y «kristós» (Cristo).

Ahora bien, antes de citar los quince nombres que conforman la tradicional lista de los «nomima sacra», quiero citar la importante observación de Joseph O Callagahan: “Estos nombre sagrados eran quince (en esta exclusividad hay cierta incongruencia) y, generalmente, se escribían de forma abreviada y, además, con una línea horizontal sobre las letras. Pero es necesario advertir que no siempre ni en todas las partes estos nombres fueron escritos abreviados y con dicha raya horizontal superior” («Introducción a la crítica textual del Nuevo Testamento», página 29).

1) Ánthropos (hombre)

2) Dauid (David)

3) Theós (Dios)

4) Ierusalém (Jerusalén)

5) Iesús (Jesús)

6) Israel (Israel)

7) Kúrios (Señor)

8) Méter (Madre)

9) Ouranós (cielo)

10) Patér (Padre)

11) Pnéuma (Espíritu)

12) Staurós (Cruz)

13) Sotér  (Salvador)

14) Juiós (Hijo)

15) Kristós (Cristo)

El uso de la abreviatura del tetragrama en el Tanaj o texto masorético

Como ya advertí antes, no tiene presencia la práctica de abreviar los «nomima sacra» en el texto hebreo, el AT hebreo, o sea el Tanaj. Ahora bien, es innegable que sí hay en el Tanaj el uso de una forma abreviada del tetragrama aunque en realidad sin referencia, ni parecido ni equivalencia a la práctica de las abreviaturas de las «nomima sacra». Entonces, analizo este caso aquí a manera de ilustración y para despejar cualquier duda.

Tomando, pues, como referencia la versión Reina Valera de 1960, podemos constatar la abreviación del tetragrama o tetragrámaton en veinticuatro (23) ocasiones en veintiún (21) versículos bíblicos, la mayoría y de manera abrumadora, en los salmos. Estos pasajes son: Éxodo 15.2 (abreviatura no reflejada en la RV); Sal 68.4, 18; 77.11; 94.7, 12; 102.18; 115.17, 18; 118.5 (dos veces), 14, 17, 18, 19; 122.4; 130.3; 135.3, 4; 147.1; 150.6; Isaías 12.2; 38.11 (dos veces). Según el «Diccionario bíblico hebreo español» de Luís Alonso Schokel, es dudosa su presencia en Isaías 26.4 (abreviatura no reflejada en la RV 1960) y en el Salmo 68.5.     

Observaciones importantes:

1) Falta de uniformidad y consistencia. Por un lado, tenemos por lo menos dos pasajes  donde se usa al mismo tiempo la abreviación del tetragrámaton junto a su escritura plena o completa. Estos pasaje son: Isaías 12.2 “He aquí Dios es salvación mía; me aseguraré y no temeré; porque mi fortaleza y mi canción es JAH Jehová, quien ha sido salvación para mí”. El otro pasaje es Isaías, 26.4 “Confiad en Jehová (forma plena) perpetuamente, porque en Jehová (la abreviatura) el Señor (forma plena del tetragrámaton y no Adonay) está la fortaleza de los siglos”

Con relación a estos dos pasajes, hay que decir que en el texto hebreo tenemos como abreviatura del tetragrámaton dos consonantes hebreas “yod” y “hei”, o sea, “YH” con una “qames” (signo vocálico para la “a”), o sea, «Yah». Y el tetragrámaton en su forma plena y con la vocalización característica como «quere perpetuo», cuando no va acompañado de otro nombre o epíteto divino, o sea, «yehvah» (léase adonái, adonáy: señor).

Ahora bien, la Septuaginta, por su parte, no refleja ninguna grafía especial para la forma abreviada del tetragrámaton, en su traducción de Isaías 12.2 y 26.4.

2) Por otro lado, tenemos dos casos donde la abreviatura del tetragrámaton se usa dos veces. Estos dos pasajes son: Salmo 118.5  e Isaías 38.11. Cito:

“Desde la angustia invoqué a JAH, Y me respondió JAH, poniéndome en lugar espacioso” (Salmo 118.5)

“Dije: No veré a JAH, a JAH en la tierra de los vivientes; ya no veré más hombre con los moradores del mundo” (Isaías 38.11)

Ahora bien, respecto de la Septuaginta, observamos que en el Salmo 118.5 tradujo la forma abreviada del tetragrama con «kúrios» (Señor) sin ninguna grafía especial. Pero en Isaías 38.11, la Septuaginta no tradujo con «kúrios» sino con «theós» (Dios), si bien con una traducción libre y no literal: «no veré la salvación de Dios sobre la tierra…».   

En suma, en ninguno de los pasajes donde el texto hebreo tiene el tetragrámaton en forma abreviada, tradujo la Septuaginta con una grafía especial, a manera de una traducción súper literal (ya sea que haya traducido con «kúrios» (Señor) o con «theós» (Dios).

Conclusiones:

1) La práctica de abreviar los llamados «nomima sacra», es un fenómeno propiamente desarrollado en los papiros, especialmente en los primeros papiros cristianos (siglos I-VIII d.C.).

2) Se ha descubierto y ha sido objeto de estudio, un manuscrito (pergamino no papiro) inédito del evangelio de Lucas fechado en 1043, escrito en griego y en árabe que pone de manifiesto la práctica común de abreviar los «nomima sacra» en los primeros papiros cristianos. Este manuscrito se halla actualmente en la Bibliothèque nationale de France: BnF, Suppl. gr. 9117, proveniente de la Biblioteca del Santo Sepulcro de Jerusalén8. Se trata de un manuscrito del s. XI, fechado por el propio copista en junio del año 1043.

3) La abreviatura de los llamados «nomima sacra» entre otras posibles razones, ponen de manifiesto un tratamiento especial y una forma de tratar con sacralidad los nombre que conforman el inventario de los «nomima sacra». 

4) Si bien se ha extendido y fijado en quince (15) el número de los «nomima sacra», en realidad al principio y de manera más consistente, fueron cuatro los «nomima sacra» que recibieron siempre un tratamiento especial en los primeros papiros cristianos. Estos son: «kúrios» (Señor), «theós» (Dios), «iesús» (Jesús), y «kristós» (Cristo).

5) Si bien al principio la hipótesis de L. Traube (1907) respecto del origen judío de la práctica de abreviar «nomima sacra» fue la que reinó en el pasado en el campo de los estudios papirológicos; hoy hay una especie de consenso que sitúa dicha práctica en el ambiente y mundo cristiano. Por supuesto, luego ésta habría hecho su influjo en copistas judíos.

6) Si bien son los papiros los documentos más antiguos con que cuenta la crítica textual del Nuevo Testamento; su característica esencial de ser documentos fragmentarios y su descubrimiento tardío, explican la ausencia de las abreviaturas de los «nomima sacra» en el texto griego del Nuevo Testamento. Además, de que los principales y mejores testigos para la crítica textual del NT son pergaminos y no son los papiros.

7) Siendo pues, una práctica más bien de origen cristiano y característica de los primeros manuscritos (papiros) cristianos; se comprende que tampoco esté presente en el Tanaj (AT) la práctica de abreviar los «nomima sacra».

8) La forma básica de darle un tratamiento especial al sagrado nombre de Dios en la tradición hebrea y en el Tanaj, o sea, el tetragrámaton, es mediante el llamado «quere perpetuo». Este consiste en dejar intacto el tetragrámaton tal y como se recibió en el texto hebreo consonántico, pero agregándole las vocales de “Adonay” (“Señor”). De esta manera, se dejaba impronunciable el sagrado nombre. La Septuaginta por lo general tradujo el tetragrámaton en conformidad al «quere perpetuo», con la palabra «kúrios» (Señor, sinónimo de «Adonay», igualmente, Señor).

9) Existe en el Tanaj una forma abreviada del tetragrama, o sea, «Yah». Ahora, si bien no tenemos certeza alguna en cuanto a la razón del uso de esta forma abreviada; lo cierto es que no tiene equivalencia ni relación alguna con la posterior práctica de abreviar los «nomina sacra». En realidad se observa en dicha abreviatura la vocal básica del tetragrámaton como «quere perpetuo». 

10) Esta abreviatura del Tanaj fue no recibió un tratamiento equivalente en la Septuaginta; es decir, no la transliteró con alguna forma de abreviación o grafía especial. Al mantener dicha abreviatura la vocal básica del tetragrámaton como «quere perpetuo», lo que hizo la Septuaginta fue asumirlo y traducirlo con «kúrios» (“Señor”), o sea, como equivalente a «Adonay» (Señor), incluso con «theós» (Dios).

11) No recibe el sagrado nombre de Dios una inicial mayúscula en el texto hebreo, pues como había advertido, no tiene el hebreo ni el arameo, la distinción entre letras mayúsculas y letras minúsculas. Ya vimos que la forma de darle un tratamiento especial al tetragrama en el Tanaj, fue mediante el llamado «quere perpetuo».

12) A pesar de si tener el griego la distinción entre letras mayúsculas y minúsculas, no reciben un tratamiento similar al que reciben en castellano, los llamados «nomina sacra»; tampoco tiene presencia en el Nuevo Testamento  griego la práctica de abreviar los mismos «nomina sacra». 

13) Al pesar de poner bajo cuestionamiento la práctica de usar una inicial mayúscula para los «nomina sacra», como ya es usual en español; en realidad no me opongo a dicha práctica. Con las ideas que he venido desarrollando en los últimos días, simplemente quise hacer un poco de conciencia respecto de la necesidad de no asociar la dignidad y trascendencia de Dios, al simple uso de una inicial mayúscula, de modo que su falta de uso en algún momento, por un lado, sea considerada como una falta de respeto a la deidad, y por otro lado, sirva de argumento o razón para satanizar y condenar a la persona que así haga, a la persona que se aleje de la tradición en cuestión.

14) Por supuesto, es comprensible que si estamos de acuerdo en tener cierto respeto por el ser de Dios, y todo lo que él representa; tampoco habría de ser un problema el seguir y comprender la usual práctica castellana de distinguirlo con una letra inicial mayúscula.

15) Finalmente, he querido hacer conciencia respecto de que el ya conocido trato de los nombres relacionados con la deidad en el idioma español; no es un asunto exegético y que pueda sustentarse en un análisis de antecedentes y ejemplos en los textos que hoy sirven de base para la exégesis bíblica, como el Tanaj (el Códice de Leningrado, representado por la Biblia hebraica Stuttgartensia y muchas otras ediciones de la Biblia hebrea), y el Nuevo testamento griego crítico (representado por la edición de la serie Nestlé-Aland, y otras ediciones del NT griego).


¡Hasta la próxima!

El uso de la palabra «dios» con letra inicial minúscula es bíblico



Una conclusión con base en los idiomas originales de la Biblia

Héctor B. Olea C.

Las personas muy amantes, preocupadas y defensoras de que las palabras, los nombres relacionados y distintivos de la deidad de la tradición judeocristiana se escriban siempre con letras iniciales mayúsculas, tales como «Dios», «Padre», «Hijo», «Espíritu Santo»; pero que a la vez se muestran muy preocupadas por la adecuación de la traducciones y versiones de la Biblia a los textos hebreos, arameos y griegos, la que podríamos llamar «Biblia madre», «Biblia fuente»; deben considerar seriamente lo siguiente.


Resulta que tanto el hebreo como el arameo no hacen distinción entre letras mayúsculas y letras minúsculas, o sea, que tal distinción y clasificación no forma parte de las características y propiedades de estas dos lenguas, las lenguas originales del AT, o mejor dicho, la Biblia hebrea o Tanaj.

Con relación a la lengua original del NT, el griego koiné; si bien en esta sí existe la clasificación y distinción entre letras mayúsculas y letras minúsculas, a pesar de esto, resulta que en el NT griego (como en la Septuaginta) la palabra «dios» (theós), la palabra «padre» (patér), la palabra «hijo» (juiós) y la expresión «espíritu santo» (pnéuma háguion), no reciben ningún tratamiento especial, sino que se usan como palabras comunes y corrientes, sujetas a las normas comunes de la gramática griega. 

Me explico. Las palabras mencionadas sólo van con letra inicial mayúscula, cuando inician un párrafo, una oración, o van después de un punto, así de simple, por supuesto, siempre y cuando no estemos frente a un manuscrito escrito por completo en letras mayúsculas o capitales (manuscritos unciales).  

Entonces, ¿son más sagradas las versiones de la Biblia que la «Biblia madre», «la Biblia fuente»? ¿Quién debería  ajustarse a quién? ¿Corregiremos los «textos fuentes» para que se ajusten a las traducciones y versiones de la Biblia, o asumiremos una postura crítica frente a las traducciones y versiones precisamente con base en la «Biblia madre», «la Biblia fuente»? 


En resumen, ¿ajustaremos la «Biblia madre» (“los textos bíblicos en sus idiomas originales”) a las versiones, o ajustaremos las versiones a la «Biblia madre», la Biblia fuente»?

Pero, ¿y qué del ADN de los «textos fuentes» (“los textos bíblicos en sus idiomas originales”) que deberían tener y caracterizar a los «textos receptores» (los traducidos, las traducciones y versiones de la Biblia)?

En conclusión, la práctica de emplear siempre una letra inicial mayúscula para los nombres de la deidad en la tradición judeocristiana (nómina sacra), si bien es un recurso muy empleado en las versiones de la Biblia; en realidad no es una cuestión bíblica; no es una práctica demandada por la Biblia misma, ni establecida con base en ella misma, así de sencillo.





«El reino de los cielos no es para personas mansas; sólo las violentas lo arrebatan» ¿Dijiste eso, Jesús? 3 de 3

«El reino de los cielos no es para personas mansas; sólo las violentas lo arrebatan»
¿Dijiste eso, Jesús?
3 de 3
Héctor B. Olea C.

A continuación voy a tratar de justificar el empleo de la voz pasiva como la mejor opción en la traducción que personalmente he realizado de Lucas 16.16.
En primer lugar, mi principal objeción a la traducción “Y todo individuo usa la violencia contra él (contra el reino)”, es que el sentido de “contra” de la preposición griega “eis” es un sentido posible, pero muy remoto. Los sentidos básicos y usuales de la preposición griega “eis”, son: en, dentro, hacia adentro, hacia, hasta, para.


En segundo lugar, creo que las objeciones que podemos presentarle a la traducción “Y todo individuo usa la violencia para entrar en él”, pueden ser articuladas partiendo de la manera en que Jesús habló de cómo se podía entrar en el Reino de Dios (ya sea que lo hiciera por iniciativa propia, o respondiendo a alguna pregunta). También ayuda el considerar la enseñanza de Jesús tocante a las cualidades vitales que habrían de exhibir aquellos y aquellas que quisieran ser sus discípulos y discípulas.

Pregunto: ¿Recomendó Jesús, alguna vez, la violencia como forma de entrar en el reino de Dios?

1) Según la enseñanza de Jesús, la violencia no debe ser un atributo ni un recurso de los que deseen entrar al reino de Dios:

Mateo 18.3 “Y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.”

Mateo 18.4 “Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos.”

¿Es posible desligar la idea de “vulnerabilidad” de la metáfora del “niño”?
Considérese además:

Mateo 5.10 “Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.”

Mateo 18.4 “Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos.”

Romanos 14.17 “Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo”

Gálatas 5.21 “Envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios”

2 Tesalonicenses 1.5 “Esto es demostración del justo juicio de Dios, para que seáis tenidos por dignos del reino de Dios, por el cual asimismo padecéis.

2) También habló Jesús de la mansedumbre como una cualidad suya que debía ser asumida por los (y las) que quisieran seguirlo a él:

Mateo 11.29 “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; 30porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.

Compárese Mateo 21.5 “Decid a la hija de Sion: He aquí, tu Rey viene a ti, Manso, y sentado sobre una asna, Sobre un pollino, hijo de animal de carga.”
Siguiendo al Salmo 37, Jesús también habla de la bienaventuranza de los mansos:

Mateo 5.5 “Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.

3) Si bien es cierto que en algunas ocasiones Jesús perdió la compostura (como en los pasajes que menciono a continuación), no es menos cierto que el calificativo de “violento” no fue uno que lo caracterizara.

Marcos 9.19 “Y respondiendo él, les dijo: ¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traédmelo” (paralelos Mateo 17.17 y Lucas 9.41).

Marcos 4.40 “Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?” (Paralelo Lucas 8.25)

El incidente en el templo, véase Marcos 11.15-19; Mateo 21.12–17; Lucas 19.45–48; Juan 2.13–22.

4) Cuando envió a los doce y luego a lo setenta o setenta y dos a evangelizar, en caso de que recibieran el rechazo de un hogar o ciudad; la violencia no fue una opción:

Mateo 10.14 “Y si alguno no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, salid de aquella casa o ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies” (paralelos (Marcos 6.7–13; Lucas 9.1–6)

Lucas 10.11 y 12 “10Mas en cualquier ciudad donde entréis, y no os reciban, saliendo por sus calles, decid: 11Aun el polvo de vuestra ciudad, que se ha pegado a nuestros pies, lo sacudimos contra vosotros. Pero esto sabed, que el reino de Dios se ha acercado a vosotros

5) También se muestra Jesús contrario a la violencia, cuando al arrestarle uno de sus discípulos le cortó una oreja al siervo del sumo sacerdote:

Entonces ellos le echaron mano, y le prendieron. 47Pero uno de los que estaban allí, sacando la espada, hirió al siervo del sumo sacerdote, cortándole la oreja” (Marcos 14.46-47)

Y Jesús le dijo: Amigo, ¿a qué vienes? Entonces se acercaron y echaron mano a Jesús, y le prendieron. 51Pero uno de los que estaban con Jesús, extendiendo la mano, sacó su espada, e hiriendo a un siervo del sumo sacerdote, le quitó la oreja. 52Entonces Jesús le dijo: Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán” (Mateo 26.50-52)

Mientras él aún hablaba, se presentó una turba; y el que se llamaba Judas, uno de los doce, iba al frente de ellos; y se acercó hasta Jesús para besarle. 48Entonces Jesús le dijo: Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre? 49Viendo los que estaban con él lo que había de acontecer, le dijeron: Señor, ¿heriremos a espada? 50Y uno de ellos hirió a un siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha. 51Entonces respondiendo Jesús, dijo: Basta ya; dejad. Y tocando su oreja, le sanó” (Lucas 22.47-51)

Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la desenvainó, e hirió al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha. Y el siervo se llamaba Malco. 11Jesús entonces dijo a Pedro: Mete tu espada en la vaina; la copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber?” (Juan 18.10-11)

6) Finalmente, el que ante la muerte de Jesús, su líder, los discípulos no reaccionaran violentamente -claro además de otros factores- debe estar relacionado con el hecho de que la enseñanza de Jesús, así como en su vida y accionar, la violencia activa no formó parte de sus estrategias.

a) Todo lo contrario, vemos a Jesús hablando del sufrimiento de los que aceptaran vivir conforme a los principios del reino de Dios que él promovía:

Juan 16.33 “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.

Hechos 14.22 “Confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles a que permaneciesen en la fe, y diciéndoles: Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios.”

b) Un aspecto interesante en este sentido son las impactantes implicaciones del sermón de la montaña analizado desde la perspectiva cultural. Traigo a colación aquí el análisis en perspectiva cultural de dos aspectos del sermón de la montaña, extraído de la obra «Honor y vergüenza, lectura cultural del evangelio de Mateo», de Jerome H. Neyrey. Los dos casos que voy a compartir es el de “la mejilla derecha” y el de “amar a los enemigos”.

«La mejilla derecha» (texto bíblico: Mateo 5.38-39)

“Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. 39Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra” (Mateo 5.38-39).

En la versión popular Dios Habla Hoy: “Ustedes han oído que se dijo: ‘Ojo por ojo y diente por diente.’ 39Pero yo les digo: No resistas al que te haga algún mal; al contrario, si alguien te pega en la mejilla derecha, ofrécele también la otra”

Jerome H. Neyrey comenta: “Tanto en la cultura greco-romana como la judías interpretaban la bofetada en la cara como una «humillación extrema», en otras palabras, constituía más que una «lesión física» (compárese Lamentaciones 3.30). De esa forma fue avergonzado Jesús durante su juicio cuando golpearon su rostro (Marcos 14.65; Lucas 22.65; Juan 18.22).

“¿Por qué la mejilla derecha y no la izquierda? Los comentaristas señalan que el golpear la mejilla derecha significa un bofetón bien con el revés de la mano derecha o con la izquierda. Una bofetada con la izquierda aumenta el insulto, porque esta mano es impura en virtud de su uso para el aseo.”

“La situación aquí implica que el discípulo está recibiendo un desafío de la forma más insultante posible. Frente a tal reto al honor, Jesús manda a discípulo: «Ponle también la otra mejilla». Betz interpreta el poner la otra mejilla como un desafío altamente provocativo. Si leemos esta escena correctamente desde la coreografía de la dinámica típica del honor y la vergüenza, entonces Jesús pide a sus discípulos que se aparten completamente del juego del honor; no deben ofrecer ninguna respuesta o defensa de su honor cuando sean desafiados. La cuestión era ofrecer un «reto altamente provocativo»; los discípulos simplemente no deben entrar en el juego; de ninguna forma han de buscar ganar, ni siquiera mediante una agresión pasiva. En este punto Strecker parece culturalmente más acertado: «El agredido debe ofrecer también la otra mejilla como prueba de una condescendencia sin reservas que no busca ni preservar el propio honor ni mantener la propia posición de poder?»” (Página 312).

«Amar a los propios enemigos» (texto bíblico: Mateo 5.43-48)

Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. 44Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen” (Mateo 5.43-44)

En la versión popular Dios Habla Hoy “También han oído que se dijo: ‘Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo.’ 44Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, y oren por quienes los persiguen

Jerome H. Neyrey comenta: “Respecto a qué se esperaba de un hombre en la antigüedad, Betz remite a este viejo proverbio: «La virtud de un hombre consiste en exceder a sus amigos en bondad y a sus enemigos en maldad». Queda claro por tanto que 1) «amar» al propio grupo de (familia, clan, pueblo) responde a las expectativas de los vecinos y es la conducta honorable que debe seguirse, y 2) contar con el apoyo del grupo frente a los enemigos cumple de forma semejante esas mismas expectativas, y por consiguiente es honorable. Ambos, el «amor» y el «odio», responden de forma adecuada al comportamiento esperado por los miembros del grupo, y vivir de acuerdo a semejantes expectativas da a los otros motivos para recompensar a un hombre con la concesión de honor y respeto. Una persona que vive con arreglo a la antigua regla «amarás a tus vecinos y odiarás a tus enemigos (Mateo 5.43) estaría haciendo lo culturalmente correcto y ganándose así el respeto de todos” (página 317)

Jerome también sostiene que ante las demandas de Jesús, “los habitantes de pueblo sólo podrían interpretar semejantes acciones como una renuncia total al propio honor, algo inimaginable e imperdonable. En este contexto cultural se considera a una persona así como completamente insignificante, indigna y con la que uno no debería asociarse” (página 320)

Además: “El discurso de Jesús instaura un nuevo sistema de expectativas, pero mantiene el mismo principio: vivir de acuerdo con lo que se espera de un hombre honorable conlleva la aprobación pública y con ello el honor. Los discípulos cambian la aprobación de su familia y sus vecinos por la de Jesús y Dios. Ellos no renuncian a adquirir respecto y honor, sino que más bien se vuelven hacia Jesús y Dios para recibir un veredicto público de aprobación” (página 320)

Finalmente, Jerome se pregunta: ¿Cuál sería el estatus más probable de un discípulo de Jesús que pusiera en práctica estas y otras antítesis del sermón de la montaña? Le estaría prohibido buscar honor, especialmente a través de las vías definidas en la cultura del Mediterráneo oriental: la agresión física, la conquista sexual de mujeres o la mentira… Tampoco debía defender su propio honor o tomar satisfacción y venganza mediante agresiones e insultos. Este discípulo, por tanto, sería considerado alguien débil, un cobarde, un inútil sin valor, incapaz de defender su honra, una persona de la cual cualquiera podía aprovecharse y que merece el desprecio. En nuestra opinión, es esta la cruz del seguimiento de Jesús: la pérdida del honor” (página 320)

Preguntas para reflexionar:

¿Cómo combate Jesús la violencia con estas demandas?

¿Cómo enfrenta Jesús aquí la idea de la venganza, la defensa del honor y reputación personal a la luz de parámetros culturales de su tiempo?

¿Cómo podemos nosotros hoy, articular y asumir una postura crítica y contracultura respecto de los parámetros culturales de nuestros tiempos relativos a la obtención del respeto y el honor?

¿Es posible afirmar que Jesús vivió acorde a los principios que caracterizaron el tenor general de su enseñanza, y en consonancia a los principios esbozados por él en el sermón de la montaña?

Una nota adicional: ¿Qué relación tiene con Lucas 14.23 con Mateo 11.12 y Lucas 16.16?

A continuación citamos la forma en que se ha traducido Lucas 14.23 en la serie Reina Valera 1909, 1960, 1995 y 2006.

Reina Valera 1909 “Y dijo el señor al siervo: Ve por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa.”

Reina Valera 1960 “Dijo el señor al siervo: Vé por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa.”

Reina Valera 1995“Dijo el señor al siervo: “Ve por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar para que se llene mi casa,”.

Reina Valera 2006 “El señor dijo al siervo: “Vé por los caminos y por los callejones, y exígeles a que entren para que mi casa se llene.”

El verbo que en Lucas 14.23 se traduce “fuérzalos” es “anankázo” y significa: obligar, forzar, instar, mandar.

¿Tiene, pues, alguna relación Lucas 14.23 con Mateo 11.12 y Lucas 16.16? 
Respuesta: No existe relación alguna.

Finalmente, puedo mencionar tres versiones que nos dan una traducción adecuada de Lucas 14.23, a saber:

La Nueva Biblia Española: “Entonces el amo le dijo: Sal por los caminos y senderos e insísteles hasta que entren y se llene la casa”

El Nuevo Testamento de Luís Alonso Schokel y Juan Mateos: “Entonces el señor le dijo al criado: Sal a los caminos y senderos y aprémiales a entrar hasta que se llene la casa”

La Biblia didáctica: “El señor le dijo entonces: Sal por los caminos y las veredas y convence a la gente para que entre, hasta que se llene mi casa”.

Esta traducción es favorecida por el comentario de A.T. Robertson, en su clásica obra «Comentario al texto griego del Nuevo Testamento», publicada por CLIE. Robertson sugiere, al comentar a Lucas 14.23, que la invitación no es por medio de la violencia, sino mediante la persuasión. También sostiene que no hay ningún pensamiento aquí de una salvación forzosa (y digo yo “violenta”).

Finalmente, cito aquí la traducción de Lucas 14.23 de la obra «Todos los evangelios, traducción íntegra de las lenguas originales de todos los textos evangélicos conocidos», dirigida por Antonio Piñero:

“Y dijo el señor al siervo: «Ve a los caminos y cercados y hazles venir para que se llene mi casa»

Es preciso decir además, a la luz de Filipenses 2, que fue la cruz (el ser víctima) y no la violencia (el ser victimario) lo que le dio a Jesús su triunfo y el haber conquistado un nombre sobre todo nombre (Filipenses 2.1-11; compárese Mateo 11.29; 21.5; Colosenses 2.15; 3.12-15).

Conclusión: La violencia no fue un recurso o estrategia empleada ni sugerida por Jesús como forma de promover y sustentar los principios del reino de Dios que él proclamaba. No obstante, no es menos cierto que sí había que tener fuerza de voluntad para actuar contra cultura y no ceder a las establecidas normas y principios socioculturales de su tiempo, relativas a la obtención de respeto y honor.

Tampoco hoy la violencia es una opción para aquellas personas que desean vivir asumiendo a Jesús como modelo de vida, y a los y principios del reino de Dios que éste proclamaba, como norma.

La mansedumbre, la humildad, la compasión, el amor, y el buen corazón, son las más bellas cualidades que deben caracterizar a las personas que desde ya experimentan y se sienten comprometidas con el reino de Dios proclamado por la persona de Jesús de Nazaret.

¡Dios nos ayude a vivir, promover, y defender la cultura de la paz, en medio de tantos intereses, egoísmo, y ambiciones de poder!