Análisis del texto griego de Juan 1.7, Nociones de morfosintaxis griega


Una simple muestra de las cosas que hacemos y ocurren en nuestras clases de griego, profesionales y aconfesionales.

El IDCB es lugar donde el estudio de las lenguas bíblicas no es un simple decorativo o complemento de un programa, plan de estudios o malla curricular que tiene sus propios y particulares objetivos; sino que el estudio y enseñanza profesional (aconfesional e independiente) de las lenguas bíblicas es nuestra especialización.

En el IDCB las lenguas bíblicas son el centro, son el declarado y determinado objeto de estudio, todo el año, año, por año, por supuesto, en distintos niveles y modalidades, pero siempre de manera profesional, aconfesional, crítica e independiente.

Además, en el IDCB también ofrecemos clases intensivas y personalizadas, asesorías, acompañamiento, soporte y tutorías especializadas, enfocadas en las necesidades particulares del estudiante o institución.

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¿Él nos hizo, y somos suyos? El problema textual del Salmo 100.3


 

¿Él nos hizo, y somos suyos?

El problema textual del Salmo 100.3

Héctor B. Olea C.

Una simple lectura del Salmo 100.3 en varias versiones de la Biblia, nos pone al tanto de dos líneas de traducción: la más conocida, gracias principalmente a la versión Reina Valera 1960: «Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos» («Él nos hizo, y no nos hicimos nosotros»).

Y en la misma línea de «La Reina Valera 1960» han traducido muchas otras versiones de la Biblia, entre ellas «La Biblia de las Américas» (LBLA).

Sin embargo, a diferencia de «La Reina Valera 1960», «La Biblia de las Américas» agrega una nota al pie de página que dice: “Muchos manuscritos dicen: «y suyos somos».

Sin embargo, la actualización de «La Biblia de las Américas» (LBLA), la llamada «Nueva Biblia de las Américas» (NBLA), traduce el Salmo 100.3 igual que su antecesora, pero sin agregar la referida nota al pie de página.

Ahora bien, ¿cuál es la razón que explica estas dos líneas de traducción del Salmo 100.3? ¿Hay alguna explicación a la luz del texto hebreo?

Respuesta: Sí, hay una clara explicación a la luz del texto hebreo.

En tal sentido, es preciso decir que el texto masorético de la Biblia Hebrea contiene la palabra «veló» («y no»), conformada por la conjunción «ve» («y»), y por el adverbio de negación «lo» («no»).

Por otro lado, en la llamada «Masora parva» o «Masora quetaná» («la masora pequeña» (el conjunto de notas sobre el texto hebreo que pusieron los masoretas en los márgenes laterales del texto, en el margen derecho de las páginas pares, y en el margen izquierdo de las páginas impares, como se observan en la Biblia Hebraica Stuttgartensia); se sugiere que la palabra «veló» («y no») sea considerada como un «ketív», o sea, como una forma escrita en el texto hebreo (la forma recibida en el texto hebreo consonántico), pero que debe leerse y asumirse de un modo distinto, como un «queré», o sea, como «veló», conformada por la misma conjunción «ve» («y»), y por la preposición «le» (a, para), con el sufijo pronominal de la tercera persona masculina singular «él» (luego, para él, de él).

Consecuentemente, lo que ha ocurrido es que las versiones de la Biblia que no asumen la corrección masorética, retienen en el texto del Salmo 100.3 la forma «veló» («y no»), y de ahí la traducción: «él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos» (él nos hizo, y no nos hicimos nosotros).

Pero las versiones de la Biblia que asumen la corrección masorética y optan por asumir el «queré» («veló»: de él, para él), traducen el Salmo 100.3 como: «él nos hizo, y somos suyos» (él nos hizo, y somos de él, para él).

Por otro lado, Luís Alonso Schokel, en su comentario a los Salmos (volumen II), afirma: «veló» uno de los quince casos registrados por los masoretas en que «le» se debe leer en caso dativo (a, para).

En todo caso, no es muy distinta la idea que comunica aquí el “caso dativo” (para él, suyos), de la idea que comunica el caso genitivo (de él, suyos).

Además, en lo que a la versión griega de la Biblia Hebrea se refiere, es preciso decir que para la traducción del Salmo 100.3, el traductor al griego parece haber tenido de frente un texto distinto al texto masorético, un texto hebreo que seguía el «ketív» «veló» («y no»), y no el queré «veló» («y somos suyos»).

Esto explicaría la forma en que tradujo el Salmo 100.3 la versión griega de la Biblia Hebrea (Septuaginta, LXX): «autos epóiesen jemás kái ujeméis» (pronunciación erasmiana) o «aftós epíisen imás ke ujimís» («él nos hizo, él mismo nos hizo, él en persona nos hizo, no nos hicimos nosotros», «él nos hizo, él mismo nos hizo, él en persona nos hizo, y no nos hicimos nosotros»).

En todo caso, si bien, tal vez, no es posible estar completamente seguros de qué fue lo que escribió y quiso comunicar originalmente el autógrafo del Salmo 100.3, una cosa es cierta: la exégesis bíblica y la traducción actual de la Biblia Hebrea, no pueden ignorar la problemática textual que involucra el texto hebreo del Salmo 100.3.

Luego, al margen de si nos identificamos o no con la corrección masorética, personalmente somos de la opinión que el asumir la corrección masorética parece más consistente con el resto del texto del Salmo 100.3: «él nos hizo y somos suyos, su pueblo, el ganado de su pastizal».

Finalmente, como siempre, invito a considerar la imagen anexa con la cual espero ilustrar estas líneas.

Muy a propósito de los cursos de hebreo, griego y arameo que conforman nuestra oferta académica para junio y julio.

Y de nuestra continua oferta académica todo el año, año por año, en la modalidad online (vía Zoom) y asincrónica (mediante las clases grabadas).

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«Koiné» («kiní»), ¿por qué en género femenino? Nociones de griego clásico y bíblico


«Koiné» («kiní»), ¿por qué en género femenino?

Una pregunta que me fue planteada
Nociones de griego

Héctor B. Olea C.

A modo de introducción:

El profesor Jaime Berenguer Amenós, en su tan conocida obra de griego clásico, «Gramática griega», plantea:

“A partir de la unificación de Grecia bajo Filipo de Macedonia, el dialecto ático, ligeramente alterado en con tacto con los demás dialectos, se impuso como lengua literaria en toda Grecia y se extendió con las conquistas de Alejandro Magno a Iodo el Oriente.

El dialecto así formado se llamó «lengua común» (y digo yo: en griego: «je kóine diálectos», según la pronunciación erasmiana; pero «i kiní diálectos», en conformidad a la pronunciación reucliniana). En ella escribieron sus obras, entre otros, el filósofo Aristóteles, el historiador Polibio y el moralista Plutarco. Asimismo, este dialecto constituye el fondo del griego bíblico, así del Antiguo como del Nuevo Testamento.

Durante el período bizantino la lengua griega perdió su antiguo carácter, por la evolución de sus formas y por la mezcla de elementos extraños, dando origen al griego moderno” (introducción, pagina 12, Editorial Bosch, España, trigésimo sexta edición, 1999), fin de la cita.

El género gramatical de la palabra española «dialecto»

Es cierto que la palabra española «dialecto» es un sustantivo de género masculino; sin embargo, la palabra griega «diálectos» («diálektos») es un sustantivo de género femenino, y de la segunda declinación griega, lo que explica que en lugar de terminar como concluye alguna de las formas léxicas de la primera declinación (típicamente femenina, pero que incluye a un conjunto de sustantivos de género masculino), termine con una forma propia y peculiar de la segunda declinación (típicamente masculina, pero que incluye a algunos sustantivos de género femenino y a otros de género neutro).

Observación: Todo sustantivo griego pertenece y se flexiona (se declina) como parte de uno de los tres modelos de flexión nominal con que cuenta la lengua griega: primera declinación, segunda declinación, tercera declinación.

El sustantivo «diálectos» («diálektos») en la tradición textual bíblica

Este sustantivo aparece dos veces en la clásica versión griega de la Biblia Hebrea (Septuaginta: Ester 9.26 y Daniel 1.4), pero seis veces en el Nuevo Testamento (todas las veces en el libro de Hechos: 1.19; 2.6, 8; 21.40; 22.2; 26.14), y en concordancia con el griego clásico, como un sustantivo de género femenino de la segunda declinación.

Por otro lado, la palabra «koiné» (pronunciación erasmiana) o «kiní» (pronunciación reucliniana), es realmente un adjetivo, la forma estrictamente del género femenino de un adjetivo que tiene tres formas: una para el género masculino según la segunda declinación («koinós», «kinós»), una para el género femenino según la primera declinación («koiné», «kiní»), y otra para el género neutro según la segunda declinación («koinón», «kinón»).

Luego, en conformidad a la concordancia que exige la gramática griega, el adjetivo «koinós» («kinós») va en género femenino («koiné», «kiní»), por emplearse en conexión sintáctica con el sustantivo de género femenino «je diálectos» («i diálectos»): idioma o lengua que habla un pueblo, o se habla en una región, modo de hablar, dialecto.

A propósito de nuestra continua oferta profesional y académica en el campo de la lengua griega, todo el año, año por año, en la modalidad online y asincrónica.

Y muy a propósito de curso que inició al pasado sábado y para el cual todavía estas a tiempo: «Diplomado en lectura griega y traducción al español», un curso teórico y práctico de actualización y profundización, un curso ideal para las personas que ya conocen algo del griego clásico o koiné, pero que desean fortalecer la lectura del griego bíblico aplicando la pronunciación erasmiana y la reucliniana, y consolidar la práctica del análisis morfosintáctico y de la traducción fluida al español.

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«Hijo de Dios» o «el Hijo de Dios» en Mateo 4.3 Nociones de morfosintaxis griega


«Hijo de Dios» o «el Hijo de Dios» en Mateo 4.3

Nociones de morfosintaxis del griego clásico y del griego bíblico

Héctor B. Olea C.

La lectura de Mateo 4.3 en diversas versiones de la Biblia en español, nos pone al tanto de que una gran mayoría ha traducido el texto en cuestión «si eres Hijo de Dios» (la palabra «Hijo» sin el artículo determinado); y que solamente algunas versiones han traducido si eres «el Hijo de Dios» («Traducción en lenguaje actual», «Nueva Traducción Viviente», «Nueva Versión Internacional»).

Ahora bien, ¿en qué se sustenta la traducción «si eres Hijo de Dios» (la palabra «Hijo» sin el artículo determinado)?

Respuesta: Se sustenta, es mi sospecha, en el hecho de que la palabra «hijo» carece del artículo determinado en el texto griego; sin embargo, a la luz de la gramática (morfosintaxis) griega esto no justifica tal traducción.

Me explico.

La redacción griega de Mateo 4.3 es la de una oración condicional que involucra una oración copulativa conformada por: 1) un «si» condicional (más una forma verbal en modo indicativo, que presupone la realidad de la prótasis, el modo real); 2) seguido por la palabra «hijo» (el atributo) sin el artículo determinado; 3) seguida por el verbo copulativo; 4) seguido por la palabra «Dios» en caso genitivo y con el artículo determinado.

Ahora bien, la sintaxis griega establece que el «atributo» de una oración atributiva o copulativa (también llamada de «predicado nominal») por lo general no ha de llevar el artículo determinado (sin que esto implique que el «atributo» sea necesariamente indeterminado).

Sin embargo y, por otro lado, también establece que, si el «atributo» es colocado después del verbo copulativo (el verbo copulativo delante del atributo), éste sí puede llevar el artículo determinado.

En resumen, la gramática griega establece que, por lo general, el atributo de una oración copulativa o atributiva no ha de llevar el artículo determinado (sin que esto implique su automática indeterminación); sin embargo, jamás llevará el artículo determinado si el atributo viene colocado delante del verbo copulativo (el verbo copulativo después del atributo) que es el caso de Mateo 4.3; pero sí puede llevarlo (aunque no necesariamente) si el atributo viene colocado después del verbo copulativo (que es el caso de Mateo 3.17).

Consecuentemente, a nuestro modo de ver, la traducción «si eres Hijo de Dios» se sustenta en un mal entendido de la sintaxis griega, y del contexto en que dicha afirmación aparece.

Luego, las honrosas tres excepciones representadas por las versiones: «Traducción en lenguaje actual», «Nueva Traducción Viviente» y «Nueva Versión Internacional», a nuestro juicio, representan la opción acertada, por supuesto, al margen de cómo se interprete la filiación divina de Jesús, al margen de la manera en que se entienda que Jesús es hijo de Dios.

En tal sentido, no se debería ignorar que, precisamente en Mateo 3.17, encontramos la afirmación «este es mi hijo amado», afirmación que en el texto griego constituye una oración atributiva, copulativa, de predicado nominal (lo mismo que en Mateo 4.3).

Pero, a diferencia de Mateo 4.3, en Mateo 3.17 la misma palabra «hijo», el «atributo» de dicha oración copulativa, aparece con el artículo determinado sencillamente porque esta vez en un «atributo» colocado después del verbo copulativo (el verbo copulativo delante del atributo).

En consecuencia, a la luz de lo que establece la gramática (morfosintaxis) griega, tanto en el griego clásico como en el griego koiné o bíblico, y a la luz de la pista que ofrece Mateo 3.17; la traducción acertada de Mateo 4.3 deber ser «si eres el Hijo de Dios» (opción rechazada por la mayoría de las versiones de la Biblia en español).

Finalmente, como siempre, invito a considerar detenidamente la imagen anexa con la cual espero hacer más comprensibles estas líneas.

A propósito de nuestro curso que inicia mañana y para el cual todavía estás a tiempo: «Diplomado en lectura griega y traducción al español», un curso teórico y práctico de actualización y profundización, un curso ideal para las personas que ya conocen algo del griego clásico o koiné, pero que desean fortalecer la lectura del griego bíblico aplicando la pronunciación erasmiana y la reucliniana, y consolidar la práctica del análisis morfosintáctico y de la traducción fluida al español.

Por supuesto, muy a propósito de nuestra continua oferta académica en el campo de la lengua griega, todo el año, año por año (en la modalidad online y asincrónica).

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Sobre las dos formas de leer la lengua griega, Nociones de griego


Sobre las dos formas de leer la lengua griega

Nociones de griego

Héctor B. Olea C.

Independientemente de por cual te inclines y a cuál consideres mejor; lo cierto es que hay dos formas de leer el griego: la tan popular y hasta ahora dominante pronunciación erasmiana o erásmica, y la pronunciación del griego moderno, la llamada pronunciación reucliniana.

Por supuesto, es preciso decir que el alfabeto del griego clásico, del griego koiné y del griego moderno es esencialmente el mismo; sin embargo, se distingue el griego moderno del clásico y del griego koiné en cuanto a los fonemas o sonidos que se le atribuyen a las letras del alfabeto y a algunas combinaciones de letras.

Nota: Una cosa es el inventario de letras que conforman el alfabeto de una lengua, y otra el inventario de fonemas de dicha lengua (los fonemas que se asocian a dicho alfabeto).

En consecuencia, un mismo alfabeto puede recibir en distintas etapas de la misma lengua un inventario distinto de fonemas o sonidos lingüísticos.  

Luego y, evidentemente, un mismo texto griego (del griego clásico, del griego koiné o del griego medieval posterior al griego koiné) puede ser leído de forma distinta según el sistema de lectura y transliteración o transcripción que se emplee (si la pronunciación erasmiana o si la pronunciación reucliniana), sin que esto implique una forma distinta de comprenderlo y de traducirlo.

Además, contrario a lo que erróneamente piensan algunas personas, no es cierto que la calidad de un curso de griego dependa del sistema de lectura que se adopte, si la pronunciación erasmiama o si la pronunciación reucliniana.

Consecuentemente, en lo personal, sugerimos que la persona que se involucre en el estudio de la lengua griega (griego cásico o griego koiné) debe conocer y poder usar con acierto tanto la pronunciación erasmiana como la reucliniana.

Por eso en nuestros cursos de griego procuramos capacitar a nuestros estudiantes para leer y transliterar un texto griego de manera acertada empleando la pronunciación erasmiana como la pronunciación reucliniana.

En tal sentido, también capacitamos a nuestros estudiantes para saber el sistema de lectura y pronunciación que está empleando una persona en su forma de leer, citar o transliterar un texto griego.

Por cierto, y como una nota adicional, cuando una persona habla de «griego kiní» está haciendo referencia a la misma etapa de la lengua griega conocida como «griego koiné», pues la única diferencia es que la expresión «griego kiní» es la lectura que se ajusta a la «pronunciación reucliniana», pero la expresión «griego koiné» se conforma a la pronunciación erasmiana.  

Es más, en honor a la verdad, la expresión «kiní» y la expresión «koiné» son el reflejo de una misma y única palabra griega, pero son el resultado de aplicar una forma distinta de lectura y pronunciación («kiní», según la pronunciación reucliniana; pero «koiné», según la pronunciación erasmiama).

O sea, que la pronunciación erasmiana y la pronunciación reucliniana asocian fonemas o sonidos distintos al núcleo vocálico que conforman las dos sílabas que componen la misma palabra griega que es leída «kiní» en conformidad a la pronunciación reucliniana, pero «koiné» según la pronunciación erasmiana.

Finalmente, a manera de ilustración, en la imagen anexa voy a emplear un texto del Nuevo Testamento Griego (griego koiné: Juan 15.1), y lo voy a transliterar en conformidad a la pronunciación erasmiana y luego según la pronunciación reucliniana, incluyendo, por supuesto, su debida traducción.

Muy a propósito de nuestro «Diplomado en lectura griega y traducción al español», un curso teórico y práctico de actualización y profundización, un curso ideal para las personas que ya conocen algo del griego clásico o koiné, pero que desean fortalecer la lectura del griego bíblico aplicando la pronunciación erasmiana y la reucliniana, y consolidar la práctica del análisis morfosintáctico y de la traducción fluida al español (inicia el sábado 9 de mayo).

Recuerda que el IDCB es lugar donde el estudio de las lenguas bíblicas no es un simple decorativo o complemento de un programa, plan de estudios o malla curricular que tiene sus propios y particulares objetivos; sino que el estudio y enseñanza profesional (aconfesional e independiente) de las lenguas bíblicas es nuestra especialización.

En el IDCB las lenguas bíblicas son el centro, son el declarado y determinado objeto de estudio, todo el año, año, por año, por supuesto, en distintos niveles y modalidades, pero siempre de manera profesional, aconfesional, crítica e independiente.

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Nuestra oferta académica para mayo, junio y julio, cursos en el campo de las tres lenguas bíblicas


 

Nos complace presentar nuestra oferta académica para junio y julio, conformada por los tres siguientes cursos en el campo de las tres lenguas bíblicas. 

Primer curso: «Griego bíblico», el segundo año, un curso de actualización y profundización, dirigido al público general interesado en completar y actualizar sus estudios de la gramática del griego bíblico (un año de duración).

Segundo curso: «Griego bíblico», el segundo año, un curso de actualización y profundización, dirigido al público general interesado en completar y actualizar sus estudios de la gramática del hebreo bíblico (un año de duración).

Tercer curso: «Arameo bíblico», desde cero, estudio del vocabulario, la morfología (nominal y verbal), la sintaxis y la práctica de la traducción del arameo bíblico al español (un año de duración).

Un curso dirigido al público general interesado en poder leer, analizar y traducir la sección aramea de la Biblia Hebrea.

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Sobre la traducción del caso dativo, Nociones de hebreo, griego y traducción bíblica


Sobre la traducción del caso dativo

Nociones de hebreo, griego y traducción bíblica

Héctor B. Olea C.

El «caso dativo» consiste en uno de los cinco casos de la flexión nominal griega (declinación).

Ahora bien, dejando de lado otros usos del «caso dativo», el «caso dativo» es el caso del objeto o complemento indirecto de un verbo griego transitivo (el caso dativo empleado sin preposición).

Luego, si bien el hebreo no tiene propiamente una flexión nominal (declinación nominal) como el griego; no es menos cierto que, a su manera, el hebreo también cuenta con una forma de indicar el objeto o complemento indirecto de un verbo transitivo (empleando la preposición «le»).

Pero respecto de la traducción del «caso dativo» de objeto o complemento indirecto, tanto en griego como en hebreo, hay dos formas de traducirlo:

En primer lugar, con la sintaxis o redacción de un objeto indirecto, empleando en la traducción al español la preposición «a», incluso con la preposición «a» y la forma pronominal «le» (para el objeto indirecto en singular) y «les» (para el objeto indirecto en plural).

En segundo lugar, con la redacción y sintaxis de un complemento de destinario o beneficiario (en cuyo beneficio o perjuicio tiene lugar la acción verbal).

Un caso ilustrativo: Génesis 8.20a (en hebreo y griego)

A modo de ilustración, en la imagen anexa, coloco el segmento del texto hebreo y griego de Génesis 8.20 que contiene el «caso dativo», y propongo sus posibilidades de traducción, como objeto indirecto y como complemento de destinario o beneficiario.

A propósito de los cursos que conforman nuestra oferta profesional y académica para mayo.

Primer curso: «Hebreo clásico (bíblico) desde cero, y sin gramática». Un curso de seis meses dirigido al público general interesado en el uso instrumental de la principal lengua original de la Biblia Hebrea.

El curso que te ayudará a leer correctamente el hebreo bíblico, a utilizar adecuadamente una edición de la Biblia Hebrea, a tener una mejor comprensión de los textos de la Biblia Hebrea, a utilizar de manera óptima un diccionario o léxico hebreo español y mucho más.

Segundo curso: «Diplomado en lectura griega y traducción al español», un curso teórico y práctico de actualización y profundización, un curso ideal para las personas que ya conocen algo del griego clásico o koiné, pero que desean fortalecer la lectura del griego bíblico aplicando la pronunciación erasmiana y la reucliniana, y consolidar la práctica del análisis morfosintáctico y de la traducción al español.

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«Tanáj» o «Tanák» ¿Alguna diferencia? Curso de hebreo bíblico, desde cero, sin gramática


«Tanáj» o «Tanák»

¿Alguna diferencia?

Curso de hebreo bíblico, desde cero, sin gramática

Héctor B. Olea C.

En muchos casos, de vez en cuando, nos vemos en la necesidad de realizar ciertas precisiones sobre aspectos o cosas relacionadas con las lenguas bíblicas que, ciertamente, no tienen mucha relevancia para la exégesis y la traducción bíblica; sin embargo, dejan ver el conocimiento y la comprensión que se tiene del funcionamiento de la lengua bíblica de que se trate, en este caso, del hebreo clásico o bíblico.

En todo caso, cabe preguntarse si la persona que muestra el desconocimiento de ciertos aspectos básicos de las lenguas bíblicas, tendrá la capacidad de expresarse con acierto respecto de otros aspectos de mayor relevancia para la exégesis y traducción bíblica.

Por ejemplo, la disyuntiva entre «Tanáj» o «Tanák», invita a considerar varias cosas relativas al hebreo bíblico.

En tal sentido, es preciso poner relieve que la letra hebrea «kaf», incluso en el hebreo moderno, puede representar dos fonemas o sonidos distintos.

En primer lugar, el fonema «k» si está iniciando una sílaba y no está precedida de un sonido o fonema vocálico, en cuyo cayo tendrá dentro un punto dentro llamado «daguésh suave» o «daguésh qal» (hay excepciones).

En segundo lugar, que siempre que sea la última consonante de una palabra va a representar el fonema «j», y en dicha posición puede aparecer con una vocal dentro, o simplemente con «shevá» simple (dos puntos colocados en posición vertical) no vocalizado, que no constituyen una vocal.

Luego, atendiendo a que en el acrónimo que representa la palabra «Tanáj» (las tres consonantes iniciales de las tres secciones de la Biblia Hebrea) la letra «kaf» es la última letra, y como aparece con un «shevá» simple no vocalizado; la transliteración y lectura esperada y recomendada debe ser: «Tanáj».

Por supuesto, como siempre, invito a considerar la imagen anexa con la cual voy a ilustrar estas líneas.

Muy a propósito de nuestro curso: «Hebreo clásico (bíblico) desde cero, y sin gramática». Un curso de seis meses dirigido al público general interesado en el uso instrumental de la principal lengua original de la Biblia Hebrea.

Inició: viernes 8 de mayo.

El curso que te ayudará a leer correctamente el hebreo bíblico, a utilizar adecuadamente una edición de la Biblia Hebrea, a tener una mejor comprensión de los textos de la Biblia Hebrea, a utilizar de manera óptima una diccionario o léxico hebreo español y mucho más.   

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Traducción versus transliteración (transcripción) La palabra «aleluya» en el centro de esta cuestión


Traducción versus transliteración (transcripción)

La palabra «aleluya» en el centro de esta cuestión

Prof. Héctor B. Olea C.

La palabra, unidad fundamental de la comunicación lingüística, constituye una cadena fónica, o sea, una secuencia o cadena de sonidos lingüísticos o fonemas (unidad lingüística más pequeña carente de significado).

Por supuesto, toda palabra está constituida al menor por un morfema, (unidad lingüística más pequeña dotada de significado, con significado, léxico o gramatical).

Luego, si bien se cree que las versiones o traducciones de la Biblia siempre se traduce (que todo es traducción), lo cierto es que no siempre se traduce (no todo es traducción).

En realidad, y, en honor a la verdad, hay una serie de palabra o expresiones que se han hecho prácticamente universales, sin embargo, no constituyen propiamente una «traducción», sino una «transliteración» o «transcripción» de una expresión o término presente en los textos bíblicos en sus lenguas originales.

En tal sentido, es preciso decir que la tan popular y universal palabra «aleluya», generalmente empleada como expresión de alabanza o adoración; en realidad no es una traducción, sino más bien una transliteración de una expresión hebrea (presente sólo en el libro de los Salmos).

Consecuentemente, como transliteración que es, la palabra «aleluya» no transmite la carga semántica, el significado que tiene la expresión hebrea detrás de la misma (ni su constitución morfemática), sino la secuencia de fonemas (o sonidos lingüísticos) que representa.

Análisis y explicación de la expresión hebrea detrás de la palabra «aleluya»

La palabra expresión hebrea detrás de la palabra «aleluya» está conformada, por un lado, por un imperativo de la segunda persona masculina plural (ustedes), de la conjugación piel, de la raíz «lejalél» (alabar, elogiar, ensalzar, enaltecer, glorificar, etc.), o sea, «jalelú» (alaben ustedes, glorifiquen ustedes).

Observación: El imperativo hebreo «jalelú» (alaben ustedes, glorifiquen ustedes) aparece en la Biblia Hebrea en veinticinco versículos (en algunos en dos y hasta en tres ocasiones) en el libro de los Salmos, y otras dos veces en el libro de Jeremías (20.13; 31.7).

Por otro lado, el segundo elemento que conforma la expresión hebrea detrás de la palabra «aleluya», es «yaj», una forma abreviada del sagrado nombre (YHVH), funcionando como objeto o complemento directo del imperativo «jalelú» (alaben ustedes, glorifiquen ustedes).

Luego, el significado de la expresión hebrea «jalelu-yáj» es: «alaben ustedes al Señor», «glorifiquen ustedes al Señor», significado que, por supuesto, no comunica la cadena fónica griega «jaleluiá», tampoco la expresión latina «alleluia», «alleluja» (leer: «al-leluya») ni la cadena fónica española «aleluya».

Por otro lado, no es posible dejar de lado que, en efecto, en Jeremías 20.13 está presente la expresión «jalelú et- YHVH», en la cual la partícula intraducible y que marca el objeto determinado «et» (delante de YHVH), lo señala como objeto o complemento directo del imperativo «jalelú» (alaben ustedes, glorifiquen ustedes).

Pero esta vez la clásica versión griega (Septuaginta, Los LXX) no transliteró con la ya conocida «jaleluiá» (como en los Salmos), sino que tradujo con la expresión «ainésate autó» (alábenlo ustedes, comiencen a alabarlo ustedes).

En conclusión, la palabra española «aleluya» no es una traducción, pues no transmite el significado de la expresión hebrea detrás de la misma, sino más bien una transliteración que ha procurado reflejar, gracias al griego y luego al latín, la cadena fónica que constituye la referida expresión hebrea.

Finalmente, es preciso poner de relieve que la palabra «aleluya» nos ha llegado y se ha hecho universal gracias a la opción asumida por la clásica versión griega (Septuaginta, Los LXX), de transliterar en lugar de traducir.

A propósito de los dos cursos que iniciaron la semana pasada (uno en al campo del hebreo bíblico y otro en el campo del griego koiné) y para los cuales todavía estás a tiempo.

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Sobre la palabra «Dios», «dios», «diosa» en el griego (clásico y koiné) Texto ilustrativo Hechos 19.27 y 37

 

Sobre la palabra «Dios», «dios», «diosa» en el griego (clásico y koiné)

Texto ilustrativo Hechos 19.27 y 37

Nociones de griego clásico y koiné

Héctor B. Olea C.

Si bien la palabra que se traduce «Dios» («dios») en el Nuevo Testamento (1, 318 veces, pero 4, 008 veces en la Septuaginta) se usa principalmente como un sustantivo de género masculino en la Septuaginta y en el Nuevo Testamento Griego; lo cierto es que tanto en el griego koiné como en el griego clásico se usa más bien como un sustantivo común al género masculino y al género femenino, distinguiendo o precisando su género gramatical por el artículo determinado (aunque siempre declinado como un sustantivo de género masculino de la segunda declinación).

En tal sentido, respecto del Nuevo Testamento, un único ejemplo (un «jápax legómenon») de su uso como sustantivo de género femenino y marcado precisamente por el artículo determinado lo encontramos en Hechos 19.37, traducido «diosa» (favor de considerar mi explicación en la imagen anexa).

Por otro lado, el griego también (clásico y koiné) cuenta con otro sustantivo estrictamente de género gramatical femenino y de la primera declinación. 

Dicho sustantivo se usa una sola vez en el todo el Nuevo Testamento Griego (jamás en la Septuaginta), en Hechos 19.27 (también un «jápax legómenon»).

Además, desde el punto de vista de la crítica textual, es claro que no hay evidencia alguna de que la lectura «zeás» o «theás» (genitivo femenino singular) sea una sustitución del genitivo singular de «zeós» (o «theós») en Hechos 19.27.  

Finalmente, como siempre, invito a considerar la imagen anexa con la cual espero ilustrar estas líneas.

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«Todo se ha cumplido», «consumado es» (Juan 19.30) Nociones y cursos de griego bíblico


 
«Todo se ha cumplido», «consumado es» (Juan 19.30)
El «perfecto griego» versus el «pretérito perfecto español»
Nociones de griego koiné (bíblico)

Héctor B. Olea C.

Los últimos segundos de la existencia del Jesús crucificado es descrita de forma distinta por cada uno de los Evangelios canónicos.

Según Marcos 15.37: “Jesús, después de gritar fuertemente, expiró (murió)”

De acuerdo a Mateo 27.50: “Jesús, luego de gritar fuertemente otra vez, expiró (murió: dejó ir el espíritu)”

Y en conformidad a Lucas 23.46 “Jesús, habiendo gritado fuertemente, dijo: Padre, en tus manos encomiendo (confío) mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró (murió)”.

Pero la versión del cuarto Evangelio es mucho más optimista y positiva y, por supuesto, teológicamente más elaborada, pues indica que Jesús muere con la convicción de haber cumplido una misión o tarea que le había sido asignada (considérese Juan 4.34; 5.23; 8.29; 12.49; 18.11):

“Jesús, después de recibir el vinagre, dijo: todo está realizado (cumplí). Luego inclinó la cabeza y entregó el espíritu” (murió).

Ahora bien, leyendo a Juan 19.30 en la «Nueva Versión Internacional» (NVI), observamos que empleó el pretérito perfecto español:

“Al probar Jesús el vinagre, dijo: —Todo se ha cumplido. Luego inclinó la cabeza y entregó el espíritu”.

Por supuesto, la forma verbal en pretérito perfecto español es: «todo se ha cumplido».

Luego, cabe preguntar, ¿cuáles son las características de la forma verbal griega detrás de la traducción «todo se ha cumplido»?

Respuesta: La forma verbal griega detrás de la traducción «todo se ha cumplido» es «tetélestai», una forma verbal en tiempo perfecto, voz pasiva, modo indicativo, tercera persona del singular, del verbo «teléo»: llevar a cabo algo, realizar algo completamente, llevar algo a su plenitud, etc.

Luego, si bien, por lo general, las versiones de la Biblia en español han empleado el «pretérito perfecto español» para traducir formas verbales del «perfecto griego», lo mismo que manuales de griego bíblico y clásico; lo cierto es que el «perfecto griego» no es exactamente equivalente al «pretérito perfecto español».

En tal sentido, es preciso tomar en cuenta las siguientes observaciones:

La primera, el pretérito perfecto español (tiempo compuesto) es un tiempo histórico, que se emplea con dos sentidos básicos:

El primer lugar, para señalar acciones verbales que tienen lugar en el pasado (en algún momento anterior al momento del habla), pero con efectos en el presente, al momento del habla. Ejemplos: He estudiado, no he viajado, no he comido, etc.

En segundo lugar, también se emplea como sinónimo del «pretérito perfecto simple» o «pretérito indefinido» (el simple pretérito), que señala una acción puntual en el pasado, una acción realizada en algún momento anterior al habla. Ejemplos: viajé, estudié, comí, pensé, etc.

En tercer lugar, en todo caso, el «pretérito perfecto español» es un tiempo histórico, un tiempo que señala acciones que se realizan en el pasado, en algún momento anterior al momento del habla (por eso se lo clasifica como una forma del pretérito).

Pero el «perfecto griego» es un tiempo primario, que no apunta al pasado sino al presente, que no es de uno de los llamados «tiempos históricos» (o «secundarios») del sistema verbal griego; por eso no recibe la figura del «aumento» (como sí lo reciben el imperfecto, el aoristo primero o segundo y el pluscuamperfecto, por supuesto, en el modo indicativo).

Consecuentemente, el perfecto griego (no es un tiempo pretérito o que hace referencia al pasado) que, desde el punto de vista del valor aspectual, indica el acabamiento o maximalidad de una acción verbal, en otras palabras, denota que un estado o acción ha llegado a su máxima expresión.

Un estado que se ha alcanzado y que se mantiene en el presente como resultado de una acción anterior al momento del habla.

Y desde el punto de vista del valor temporal, indica una acción pasada con resultado siempre presente (tiempo presente, estado ya alcanzado al momento del habla), o bien, una acción presente y resultado futuro.

En tal sentido, una manera de ilustrar la diferencia entre el perfecto griego y el pretérito perfecto español, es la empleada en algunos manuales de griego clásico.

Por ejemplo, mientras que empleando el pretérito perfecto español una mujer diría: «he dado a luz», «he parido» (acciones anteriores al momento del habla); según el perfecto griego sería: «soy madre», «tengo hijo o hija» (los efectos siempre presentes al momento del habla, un estado del sujeto ya alcanzado al momento del habla).

Y en voz pasiva, «yo he sido bautizado», «yo he sido curado» (pretérito perfecto español), pero «estoy bautizado», «estoy curado», «estoy sano» (perfecto griego).

Por supuesto, es preciso distinguir entre el «presente pasivo»: «soy enseñado», «estoy siendo enseñado» (acción simultánea al momento del habla, acción de capacitación que es simultánea al momento del habla), y entre el «perfecto griego pasivo»: «estoy enseñado», «estoy capacitado», «estoy listo o capacitado para» (estado de capacitación ya alcanzado al momento del habla).

Consecuentemente, mejores traducciones de la forma verbal griega empleada por Juan 19.30, «tetélestai», que el pretérito perfecto español «todo se ha cumplido» (Nueva Versión Internacional), y de la forma «consumado es» (Reina Valera 1960, Nueva Biblia de las Américas y otras), serían: «está consumado», «todo está cumplido» (Biblia de Jerusalén 2018).

Además, es preciso decir que la forma verbal «tetésletai» solamente está presente en dos ocasiones en el Nuevo Testamento Griego, y las dos veces en el Evangelio de Juan, y las dos veces en el mismo capítulo 19: versículos 28 y 30.

Sin embargo, la traducción propuesta en el versículo 28 generalmente ha sido más acertada que la propuesta en el versículo 30, sin negar que en el versículo 28 se hace todavía más énfasis al momento del habla con el adverbio de tiempo o puntualizador «éde» (ya, ahora): «sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado» (Reina Valera 1960); «como Jesús sabía que ya todo estaba consumado» (Nueva Versión Internacional); «Jesús sabía que ya había hecho todo lo que Dios le había ordenado» (Traducción en lenguaje actual); «sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido» (Biblia de Jerusalén Quinta Edición 2018).

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«Tomad», «comed», «bebed» Mateo 26.26, 27 ¿Imperativos en aoristo o en presente?


 
«Tomad», «comed», «bebed»
Mateo 26.26, 27
¿Imperativos en aoristo o en presente?
Nociones de morfosintaxis griega

Héctor B. Olea C.

En el contexto de la llamada «última cena», se nos pone al tanto de que Jesús, después de haber dado gracias y pronunciar la bendición; tomó pan, lo partió y lo dio a comer a sus discípulos, con las siguientes palabras: «tomad», «comed», «bebed» (Reina Valera 1960, Biblia de Jerusalén y otras), o «tomen», «coman», «beban» (español latinoamericano: Nueva Versión Internacional y otras).

Ahora bien, ¿qué importancia tiene el preguntarnos si estos tres imperativos fueron formulados en el tema temporal de presente o en el tema temporal del aoristo?

La razón es que en el sistema verbal griego un mandato u orden tiene un matiz distinto si se formula en el tema temporal de presente o si plantea en el tema temporal del aoristo (1ero o 2do).

Consecuentemente, en primer lugar, un imperativo en el tema temporal de presente, si se asume que la acción ya está en desarrollo, se pide que dicha acción continúe, situación que aquí no es: Sigan tomando y comiendo el pan, sigan bebiendo (de la copa).

En segundo lugar, si se asume que la acción no está en desarrollo, se pide que dicha acción comience, inicie, pero permanezca: comiencen a tomar y a comer (el pan) y sigan haciéndolo (en el futuro), comiencen a beber de la copa y sigan bebiendo de ella (en el futuro), situación que no es la que vemos en Mateo 26.26, 27.

En tercer lugar, si se asume que se trata de una máxima, principio general o una normativa general, se considera un mandato persistente: Tomen y coman el pan (siempre) siempre, y beban de la copa continuamente, que tampoco es la que vemos en Mateo 26.26, 27.

Pero con un imperativo en el tema temporal del aoristo (1ero o 2do) se exige o procura el inicio de una acción puntual o ingresiva, sin más detalles, sin enfocarse en el futuro: tomen y coman el pan, y beban de la copa (esta vez), situación que es la que observamos en Mateo 26.26. 27.

En tal sentido, Mateo 26.28 deja ver que, para Jesús, esta ocasión era única, lo mismo que Marcos 14.25; Lucas 22.16 y 18, sin dar muestras de establecer un rito que habría de seguir siendo practicado por sus discípulos posterior y continuamente.

Sin embargo, según Pablo (1 Corintios 11.24, 25) Jesús sí habría instituido un rito repetitivo, por eso, Pablo emplea un imperativo de presente: «túto poiéite» (sigan haciendo esto, no dejen de hacer esto).

Pero además de emplear un imperativo de presente, Pablo agrega «cada vez que ustedes coman este pan y beban esta copa, la muerte del Señor proclaman hasta que él venga» (1 Corintios 11.26).

Las formas «tomen» y «coman» en Pablo

Según el texto mayoritario o textus receptus, no según el texto crítico, en 1 Corintios 11.24 Pablo habría empleado los imperativos «tomen» y «coman», empleados por Mateo (26.26; Marcos sólo empleó el imperativo tomen, 14.22).

Por supuesto, Lucas 22.19 también se hace eco de la expresión de Pablo «sigan haciendo esto en mi memoria» (1 Corintios 11.24).

Sin embargo, desde el punto de vista de la crítica textual, se cuestiona tal cosa el que Pablo haya empleado los imperativos empleados por Mateo.

En efecto, al respecto, el comentario al texto griego de Bruce M. Metzger, observa:

“El Textus Receptus añade las palabras «lábete» (tomen) y «fáguete» (coman), que provienen de Mateo 26.26, con lo que se ciñe a C, J, K, L, P y a casi todos los manuscritos minúsculos de la versión siríaca filoxeniana, de la versión gótica, got-pp. Si estas palabras hubieran sido parte del relato original de Pablo, no hay ninguna buena razón que explique su ausencia en P46, Alef, A, B. C*, D, F, G, 33, 104. 181*, 218, 424c, 425, 618, 1906, 1912, itd, g, vg cop sa, bo, arm Cipriano Basilio Cirilo Teodoreto Crisóstomo Eutalio Juan Damasceno”.

Por otro lado, desde el punto de vista gramatical, los imperativos aoristos «tomen, y coman esta vez», no cuadran, no armonizan con el imperativo de presente: «túto poiéte» (sigan haciendo esto, continúen haciendo esto, no dejen de hacer esto), y con la expresión «cada vez que...» (1 Corintios 11.26).

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«Este es mi cuerpo» o «esto es mi cuerpo» ¿Cuál línea de traducción es la acertada?


 
«Este es mi cuerpo» o «esto es mi cuerpo»
¿Cuál línea de traducción es la acertada?
Nociones de morfosintaxis griega

Héctor B. Olea C.

De entrada, debo dejar bien claro aclarar que con estas breves líneas no estoy interesado en discutir la validez o no de la llamada transubstanciación ni de la consustanciación (o consubstanciación), ni si la tradicional interpretación metafórica evangélica (la de los grupos dominantes del llamado cristianismo protestante y evangélico) es la interpretación más correcta.

En realidad, este trabajo, como siempre, es de naturaleza filológica y académica, no teológica o confesional.

Pues bien, una porción bíblica de lectura y reflexión obligada en tiempo de cuaresma, es el relato de la «última cena» (Marcos 14.12-25; Mateo 26.26-30; Lucas 22.7-23; 1 Corintios 11.23-26).

Luego, precisamente dentro de la narración de la llamada «última cena», se nos pone al tanto de que Jesús, después de haber dado gracias y pronunciar la bendición; tomó el pan, lo partió y lo dio a comer a sus discípulos; y que luego también tomó la copa y les dio a beber a los mismos.

Y en dicho contexto, según la línea de traducción de que se trate, Jesús habría dicho: «este es mi cuerpo», «esta es mi sangre» (Biblia de Jerusalén Quinta Edición, 2018, 2019) o bien, «esto es mi cuerpo», «esto es mi sangre» (Reina Valera 1960, y prácticamente casi todas las demás versiones producidas en los ambientes del cristianismo protestante y evangélico, incluyendo a las Sociedades Bíblicas Unidas.

Ahora bien, ¿a cuál de estas dos líneas de traducción favorece el texto griego?

Respuesta: A la línea de traducción que hizo la Biblia de Jerusalén Quinta Edición, y otras anteriores revisiones de dicha serie («este es mi cuerpo», «esta es mi sangre»).

Pero, ¿en qué se sustentará la línea de traducción representada por la Reina Valera 1960 y las que la siguen?

Al parecer, especulo yo, en el hecho de que en el texto griego se empleó el pronombre adjetivo demostrativo en género neutro singular («túto»).

Sin embargo, al considerar en la forma acertada en que la Reina Valera 1960 y otras han traducido otros textos bíblicos que también involucran el mismo demostrativo «túto» en género neutro, da origen a sospechas legítimas y ha de ponernos en guardia frente a la traducción aquí en género neutro («esto»).

Luego, cabe la pregunta, ¿razones lingüísticas y filológicas o más bien teológicas para emplear aquí el género neutro («esto»)?

Consecuentemente, una pregunta ineludible es: ¿por qué se empleó en el texto griego el demostrativo en género neutro?

Respuesta: Porque los sustantivos involucrados: «cuerpo» («soma»), «copa» («potérion»), y «sangre» («jáima») son de «género neutro» en griego, en perfecta armonía con lo que establece y dicta la gramática griega respecto de la concordancia de caso, género y número que debe existir entre el demostrativo (adjetivo demostrativo o pronombre demostrativo) y el sustantivo al cual señala.

En efecto, la gramática griega (griego clásico y griego koiné) establece que el demostrativo (adjetivo o pronombre) debe concordar en caso, en género y en número con el sustantivo o palabra sustantivada con el cual esté relacionado sintácticamente.

Pero en la traducción del griego al español del sustantivo involucrado, así como la traducción del demostrativo (adjetivo o pronombre), se ha de emplear el género del sustantivo español equivalente o correspondiente.

En resumen, en griego el demostrativo «túto» se empleó en género neutro porque señala o apunta a sustantivos de género neutro («cuerpo», «copa», y «sangre»); pero en la traducción se ha de emplear el masculino «este» en relación al sustantivo «cuerpo», porque «cuerpo» es de género masculino en español; y se ha de emplear en la traducción al español el género femenino «esta» en relación al sustantivo «copa» y al sustantivo «sangre» porque ambos son de género femenino en español.

Dos casos curiosos y problemáticos

Llama la atención la forma curiosa en que dos obras han traducido, en una línea distinta a las dos referidas líneas de traducción.

Digo esto porque, por un lado, concuerdan con la línea de traducción que nos regaló la Reina Valera 1960, y, por otro lado, concuerdan con la línea de traducción que produjo la Biblia de Jerusalén, aunque de manera distinta.

Me refiero a versión interlineal «El Nuevo Testamento Interlineal Palabra por palabra», por Elsa Tamez e Isela Trujillo (Sociedades Bíblicas Unidas, año 2012), y a la obra dirigida por el profesor Antonio Piñero, «Todos los Evangelios, una traducción íntegra de las lenguas originales de todos los textos evangélicos conocidos», publicada por EDAF (año 2009).

En primer lugar, la obra «Todos los Evangelios, una traducción íntegra de las lenguas originales de todos los textos evangélicos conocidos», tradujo acertadamente la primera frase: «este es mi cuerpo» (Mateo 26.26), pero de manera inconsistente y desacertada la segunda: «esto es mi sangre» (Mateo 26.28).

En segundo lugar, «El Nuevo Testamento Interlineal Palabra por palabra», también tradujo de manera inconsistente, pero a la inversa.

Me explico, tradujo de manera desacertada la primera frase: «esto es mi cuerpo» (literalmente: «esto es el cuerpo de mí», Mateo 26.26), pero de manera acertada la segunda frase: «esta es mi sangre» (literalmente: «esta es la sangre de mí», Mateo 26.28).

Evidentemente, el que estas dos últimas obras hayan traducido de manera acertada en una parte, pero no en la otra, invita a pensar que, si fueron acertadas en una, también pudieron serlo en la otra.

En otras palabras, que las razones que las llevaron a ser acertadas en una parte debieron llevarlas a ser acertadas en la otra, pues ambas partes, en ambos casos, se observa exactamente la misma sintaxis en el texto griego.

Finalmente, si bien señalamos la línea de traducción que consideramos correcta a la luz de la gramática griega, esto no significa que tal línea de traducción obligue a asumir el dogma de la transubstanciación.

En todo caso, no es nuestro interés pronunciarnos en beneficio ni en perjuicio de posición teológica alguna respecto de la llamada eucaristía, santa cena o santa comunión, etc.

Además, comprendemos que cada comité y casa editorial habrá de decidir si han de producir una traducción acorde a la teología del sector que la da origen, o si más bien han de procuran proponerle al público general una traducción lo más objetiva y neutral posible, dejando a cada quien optar por la interpretación que más se ajuste o cuadre con su particular teología personal e institucional.

Por supuesto, como siempre, invito a considerar la imagen anexa con la cual espero ilustrar estas líneas.

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Altibajos en la serie «Reina Valera», La traducción de Juan 20.17 en el centro de esta cuestión


 

Altibajos en la serie «Reina Valera»

La traducción de Juan 20.17 en el centro de esta cuestión

Nociones y cursos de griego clásico y de griego koiné

 

Héctor B. Olea C.

Un hecho muchísimas veces constatado es que las versiones de la Biblia no siempre llegan a transmitir con precisión algunos matices que tiene el mensaje del texto bíblico en la lengua original.

Además, también es cierto que incluso manuales de las lenguas bíblicas, en algunos casos, tampoco ayudan mucho. 

En tal sentido, con este breve artículo me he propuesto poner de relieve un caso concreto, muy popular, por cierto, que involucra la sintaxis o redacción de una prohibición en mandato negativo en la lengua griega (clásico y koiné).

Es preciso decir que, a diferencia del español, la lengua griega establece ciertas diferencias entre una prohibición o mandato en negativo que se redacta empleando el tema temporal de presente, y la prohibición o mandato en negativo que emplea el aoristo (el tema temporal del aoristo, fuerte o débil).

Por supuesto, se ha de tener en cuenta que, en relación al modo indicativo, el presente griego equivale al presente del español, y el aoristo (primero o segundo) equivale al llamado pretérito perfecto simple (pretérito indefinido, o simple pretérito) incluso al pretérito perfecto.

Nota: El «aoristo primero» también recibe el nombre de «aoristo débil» (porque para su formación apela a un morfema extraño a la raíz verbal) y el «aoristo segundo» el nombre de «aoristo fuerte».

Pero en el resto de los modos, como en el imperativo, la diferencia entre un imperativo de presente y un imperativo aoristo (primero o segundo), no tiene que ver con el tiempo en que se supone que ocurre la acción verbal, sino con el aspecto de la acción verbal, o sea, con la forma en que se asume o concibe la acción del verbo.

En tal sentido, llama la atención que un manual de griego koiné o bíblico, muy viejo, por cierto, pero todavía útil y muy usado, afirma: “No hay distinción entre los tiempos del modo imperativo. El imperativo aoristo se refiere a la acción sin indicar su duración o repetición, mientras que el imperativo presente se refiere a la acción en forma descriptiva, continua o repetida… Generalmente, es difícil de hacer la distinción en la traducción” («Griego para principiantes», de J. Gresham Machen, 2003, por Editorial Vida, pero originalmente publicado en ingles en el año 1923).

Sin embargo, lo cierto es que el español cuenta con los recursos necesarios para transmitir las distinciones de matices que tiene el imperativo de presente y el imperativo aoristo, y los mandatos en negativo o prohibiciones en el tema temporal de presente respecto de los mandatos negativos o prohibiciones en el tema temporal del aoristo.

Luego, como principio general, una prohibición o mandato en negativo en el tema temporal de presente, procura evitar la continuidad de una acción ya en desarrollo, ya iniciada, y la prohibición redactada en el tema temporal del aoristo (débil o fuerte), procura evitar el inicio de una acción.

Consecuentemente, hay que tener en cuenta que el griego emplea una sintaxis propia para una prohibición en el tema temporal de presente y una sintaxis distinta para la prohibición en el tema temporal del aoristo.

Caso ilustrativo: La traducción de Juan 20.17 en la serie Reina Valera

¿Qué tipo de prohibición o mandato en negativo constituye en griego las palabras del Jesús resucitado a María Magdalena?

¿Cuál es la sintaxis empleada aquí, la de una prohibición en el tema temporal de presente o en el tema temporal del aoristo?

Respuesta: La sintaxis de una prohibición en el tema temporal de presente.

Sin embargo, ¿cómo ha sido traducida dicha sintaxis en la serie Reina Valera

Respuesta: Por un lado, de forma desacertada como la sintaxis de una prohibición en el tema temporal de presente, o bien, de forma imprecisa o ambigua. 

Por otro lado, de forma acertada como la sintaxis de una prohibición en el tema temporal del aoristo.

Ejemplos de la traducción desacertada:

«No me toques» (Biblia del Oso, la original obra de Casiodoro de Reina, 1569)

«No me toques» (Biblia del cántaro, de 1602, obra de Cipriano de Valera, revisión de la original obra de Casiodoro de Reina), así también las revisiones de 1862 y de 1865.

«No me toques» (Reina Valera 1909).

«No me toques» (Reina Valera 1960).

Pero al llegar a la revisión de 1995, con la llamada «Reina Valera 1995», se da un cambio notable y una corrección necesaria y acertada, con la traducción «suéltame». 

De todos modos, de manera curiosa, inexplicable y lamentable, con las dos revisiones posteriores a la Reina Valera 1995 (todas realizadas por las Sociedades Bíblicas Unidas), con la llamada «Reina Valera Contemporánea» (2011) y con la más reciente, Reina Valera 2020, se da un inexplicable y criticable retroceso.

Resulta que, como mostramos, desde la original obra de Casiodoro de Reina (1569) hasta la revisión de 1960, se mantuvo la desacertada traducción «no me toques»; pero con la revisión de 1995 (Reina Valera 1995) se produjo una innegable y acertada corrección, con la traducción «suéltame», si bien con una lamentable nota al pie de página que dice: Literalmente: «No me agarres» (mejor: «deja de agarrarme»).

De todos modos, resulta que, con las dos posteriores revisiones a la de 1995, en la llamada «Reina Valera Contemporánea» (2011) y en la llamada «Reina Valera 2020», inexplicable y erróneamente se retomó la desacertada traducción «no me toques», lo mismo que en la llamada «Reina Valera Gómez» de 2023.   

Finalmente, ¿cuál es el problema con la traducción «no me toques»?

Respuesta: Que es una traducción ambigua que no comunica con precisión el sentido de la sintaxis griega empleada en Juan 20.17 (una prohibición o mandato en negativo en el tema temporal de presente), y que procura detener una acción verbal ya en desarrollo, en proceso.

Por eso, la mayoría de las personas que han leído o comentado a Juan 20.17 (en la serie Reina Valera) en las revisiones anteriores a la revisión de 1995, por lo general y naturalmente han interpretado y concluido que el Jesús resucitado procuró evitar que María Magdalena lo tocara, hiciera algún tipo de contacto físico con él, cuando en realidad la sintaxis griega indica otra cosa. 

En conclusión, una traducción acertada de la sintaxis griega empleada en Juan 20.17, debe producir traducciones que pongan de manifiesto que las palabras de Jesús son el resultado de que María Magdalena ya había entrado en contacto físico con el Jesús resucitado.

Consecuentemente, son acertadas las traducciones: «suéltame» (Reina Valera 1995, Biblia de las Américas 1997, Nueva Biblia de las Américas 2005 y Reina Valera Actualizada 2015), «deja de tocarme» (Biblia de Jerusalén Quinta Edición, 2018, 2019), «deja de colgarte de mí» (Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras), «no me retengas» (mejor: «no me sigas reteniendo», Biblia Textual IV Edición), «no me detengas» (mejor: «no me sigas deteniendo» (Traducción en lenguaje actual), y otras que vayan en la misma línea.

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