Apuntes para el análisis morfológico y traducción de formas nominales en hebreo, griego y español, cursos de lenguas bíblicas


Apuntes para el análisis morfológico y traducción de formas nominales en hebreo, griego y español

Cuestiones de lingüística, gramática y traducción bíblica

Héctor B. Olea C.

El análisis morfológico o morfemático (de la composición o estructura interna de las palabras flexivas) tiene características propias y particulares en el hebreo clásico (hebreo bíblico), en la koiné bíblica (Septuaginta y Nuevo Testamento Griego) y, por supuesto en español.

En lo que respecta a la morfología nominal (flexión nominal) en hebreo clásico o bíblico, el análisis morfológico nominal ha de considerar las siguientes categorías accidentales: 1) el caso (indicado más bien por partículas o preposiciones, exceptuando el nominativo y el vocativo, y sin olvidar la habitual transformación que representa el «estado constructo» del sustantivo, aunque no siempre ocurre, pues hay excepciones), y las implicaciones de adherir los sufijos pronominales al nombre, como sufijos); 2) el género (sólo masculino y femenino); y 3) el número (singular, plural y dual).

En lo que respecta a la koiné bíblica (Septuaginta y Nuevo Testamento Griego), las categorías accidentales del análisis morfológico de formas nominales son: 1) el caso (indicado por una desinencia o terminación específica por caso, de acuerdo al género del sustantivo, y según el modelo de declinación al que pertenezca el sustantivo, si a la primera, a la segunda o a la tercera declinación); 2) el género (masculino, femenino y neutro); y 3) el número (singular y plural, y el dual para el griego clásico).

En lo relativo al español o castellano, el análisis morfológico nominal (sustentado como en hebreo, no en una declinación casual flexiva, sino más bien preposicional como ya he dicho antes), tiene como categorías accidentales: 1) el caso (indicado por preposiciones, exceptuando el nominativo y el vocativo); 2) el género (masculino y femenino); y 3) el número (singular y plural).

Caso ilustrativo: La palabra hebrea «imratí» en el Salmo 17.6

En el Salmo 17.6, la expresión «mi palabra», es la traducción de la expresión hebrea «imratí».  

Ahora bien, el análisis morfológico de la palabra «imratí» arroja los siguientes resultados:

Consiste en el sustantivo femenino singular «imrá» (palabra, discurso, promesa, mandato), con el sufijo pronominal de la primera persona común singular (yo masculino, yo femenino), por lo tanto, su traducción es: «mi palabra».

Por supuesto, observamos en «imratí» la forma a partir del cual el sustantivo común hebreo recibe los sufijos pronominales, o sea, el estado constructo (en este caso, el constructo singular).

Pero en lo que respecta al análisis sintáctico, la expresión «imratí» funciona como el objeto o complemento directo de la forma verbal «shemá», en modo imperativo, «conjugación qal», de la segunda persona masculina singular: “oye tú”, “escucha tú”.

En lo que respecta a la traducción griega, diré lo siguiente. La palabra  «imratí» fue traducida por la versión griega con la frase «ton rhemáton mu».

Luego, el análisis morfológico y sintáctico de la expresión griega «ton rhemáton mu», arroja los siguientes resultados.

En primer lugar, «ton», es el artículo determinado (en caso genitivo neutro plural) que concuerda y refleja perfectamente el hecho de que un sustantivo común hebreo es determinado si se le adhieren los sufijos pronominales.

En segundo lugar, «rhemáton» es el sustantivo de género neutro «rhéma» (palabra, cosa, asunto) en caso genitivo plural.

Luego, en lo que al análisis sintáctico se refiere, «rhemáton» funciona como el objeto o complemento directo del imperativo aoristo griego «eisákuson» (segunda persona del singular, de «eisakúo» (oír con atención, escuchar).

Por supuesto, a pesar de estar en caso genitivo y no en acusativo, «rhemáton» es el objeto o complemento, directo porque el verbo «eisakúo» puede ser complementado por el caso acusativo, por el genitivo y por el dativo.

Y la palabra «mu», consiste en el caso genitivo del pronombre personal de la primera persona singular, «egó» (“yo”), traducción «de mí», «mía». 

Evidentemente, concuerda perfectamente «mu» con la persona gramatical que indica el sufijo pronominal de la primera persona común singular en la expresión hebrea «imratí», y con la idea del posesivo que indica dicho sufijo pronominal.

En todo caso, una diferencia notable entre la expresión hebrea «imratí» (mi palabra) y la expresión griega «ton rhemáton mu», es que la expresión griega está en plural «mis palabras».

Y en lo que respecta al español, la traducción «mi palabra» (el sustantivo femenino singular «palabra» más el adjetivo posesivo de la primera persona común singular: «yo», luego, de mí, mi, mío, mía), concuerda con la idea que comunica el sufijo pronominal hebreo en la expresión «imratí», y con la idea que comunica el caso genitivo griego del pronombre personal de la primera persona singular, «yo» («egó»), o sea, «mu» (de mí, mis, mías).

Muy apropósito de nuestro «Diplomado en introducción a la teoría y práctica de la traducción de la Biblia» (sus principios, sus métodos, su aplicación), que inicia el viernes 5 de enero, de nuestro «Curso de Hebreo Clásico (Bíblico)», desde cero, que inicia el lunes 8 de enero, y de nuestro «Curso de Griego Koiné (Bíblico)», desde cero, que inicia el sábado 6 de abril.  

¡Incluyen material de apoyo y certificado!

¡Inscripciones abiertas! ¡Todavía estás a tiempo!

¡Pregunta por el curso de tu interés!

Información y matriculación Aquí


 

El análisis gramatical y de crítica textual en Juan 1.3, curso de crítica textual y metodología exegética del NT

 

El análisis gramatical y de crítica textual en Juan 1.3

Un enfoque crítico

Cuestiones de gramática, exégesis y traducción bíblica

Héctor B. Olea C.

La lectura de Juan 1.3, por ejemplo, en dos versiones de la Biblia como La Biblia de Jerusalén 2019 y en La Reina Valera 1960, pone de manifiesto algunas diferencias notables.

Luego, unas de estas diferencias, por un lado, se sustentan en la gramática y sintaxis del texto griego, por otro lado, otras con base en la problemática textual de dicho texto, desde el punto de vista de la crítica textual.  Observemos:

«Todo se hizo por ella y sin ella nada se hizo. Lo que se hizo 4) en ella era la vida, y la vida era la luz de la gente» (Biblia de Jerusalén 2019)

«Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho» (Reina Valera 1960); traducción que también reprodujo la obra «Los libros del Nuevo Testamento, traducción y comentario», del profesor Antonio Piñero: «Todo surgió por ella, y sin ella nada surgió de lo que ha surgido».

Evaluación:

En primer lugar, llama la atención la forma en que, lamentablemente, coinciden La Biblia de Jerusalén 2019 («por ella»), «Los libros de Nuevo testamento, traducción y comentario» («por ella») y La Reina Valera 1960 («por él») al traducir la expresión griega «diautú» que, en realidad, en sentido estricto, significa: «por medio de», «a través de», «mediante».

Por supuesto, las traducciones «por ella», y «por él», se prestan (aunque no necesariamente) para que se interprete que Juan está señalando al «lógos» como un «sujeto agente», o sea, como el agente absoluto responsable de poner en existencia todas las cosas.

Sin embargo, «diautú» en realidad señala al «lógos» como un «agente intermediario», por lo que una acertada traducción en La Biblia de Jerusalén y de «Los libros de Nuevo testamento, traducción y comentario» habría sido «por medio de ella», y en La Reina Valera 1960, «por medio de él».

En resumen, son acertadas las versiones de la Biblia que hayan traducido la expresión griega «diautú» empleando palabras como «por medio de», «a través de», «mediante».  

En tal sentido, una acertada traducción de la expresión griega «diautú», la leemos en La Nueva Biblia Española: «mediante ella se hizo todo…»

Finalmente, si en lugar de la expresión «diautú», el texto griego hubiera empleado la expresión «jipautú» («por él», «por ella», que señala a un agente absoluto sin discusión, no a un agente intermediario), pienso que no existiría la discusión que nos ocupa.

La problemática textual de Juan 1.3

Por otro lado, en lo que respecta al análisis de crítica textual, Juan 1.3 presenta una doble problemática.

En primer lugar, el «texto crítico» y el «texto mayoritario» tienen la lectura «ude jen» (ni una cosa, ni siquiera una cosa).

En segundo lugar, la lectura que compite con ella y relegada al aparato crítico por la edición del Nuevo Testamento Griego Nestle-Aland (ediciones 27 y 28), es «udén» (nada), que cuenta con el apoyo del papiro 66 (siglos II-IV), del Códice Sinaítico (siglo IV, como lectura original), del códice D (Códice de Beza, del siglo V), y de la familia 1.

Observación gramatical:

La expresión «ude jen» (ni una cosa, ni siquiera una cosa), está conformada por la conjunción o adverbio «udé» (ni, ni siquiera), y por el adjetivo numeral «uno» en género neutro, «jen».   

En cambio, la expresión o lectura «udén» (nada, ninguna cosa) consiste en un «pronombre» y «adjetivo» en género neutro (nada).

De todos modos, es preciso decir que en realidad son equivalentes las expresiones «ude jen» (ni una cosa, ni siquiera una cosa), y «udén» (nada, ninguna cosa).

En segundo lugar, la segunda problemática que presenta Juan 1.3, desde el punto de vista de la crítica textual, consiste en la puntuación.

Por un lado, el texto crítico asume la lectura que tiene un punto después de la expresión «ude jen» (ni siquiera una cosa, ni una cosa). Esto significa que la expresión a continuación «jo guégonen» («lo que ha sido hecho», «lo que fue hecho»), va con el versículo 4, es el principio del versículo 4, y no consiste en la conclusión del versículo 3.

Por supuesto, esta es la lectura que asume el Nuevo Testamento Griego, quinta edición revisada, pero clasificándola con un grado de certeza «B», lo que significa que la asume “como casi cierta”, o sea, con la duda de que sea la lectura original.

De todos modos, es preciso tomar en cuenta la oportuna y valiosa observación del comentario al texto griego de Bruce M. Metzger: “Las palabras «jo guégonen» ¿deberían ir unidas a lo que antecede (versículo 3), o a lo que sigue (versículo 4)? Los manuscritos más antiguos (P66, P75, Sinaítico, A y B) no tienen puntuación en este lugar; en todo caso, la presencia de puntuación en los manuscritos griegos, lo mismo que en las versiones, y en las fuentes patrísticas, no puede considerarse más que como el reflejo del entendimiento exegético que existe del sentido del pasaje” (página 166).

Pero además agrega: “La mayoría del Comité se mostró impresionado por el consenso de los escritores pre-nicenos (lo mismo ortodoxos que heréticos) que entiende que la expresión «jo guégonen» en relación a lo que sigue (como parte del versículo 4), misma página 166.

Además, es preciso decir que tanto el papiro 66 y el papiro 75 pertenecen a la misma familia textual, el texto Alejandrino, junto al códice Vaticano y Sinaítico. 

En todo caso, una traducción que asuma que la expresión «jo guégonen» está separada por un punto de la expresión «ude jen» (ni siquiera una cosa), y que, consecuentemente, va unidad al versículo 4, debe ir en la línea de la traducción que se lee en La Biblia de Jerusalén 2019:

«Todo se hizo por medio de ella y sin ella ni siquiera una cosa se hizo. Lo que se hizo (lo que fue hecho) en ella tenía la vida, y la vida era la luz de los seres humanos».

Pero una traducción que asuma que no existe un punto que separe la expresión «ude jen» (ni siquiera una cosa), de la expresión «jo guégonen» («lo que se hizo», «lo que se ha hecho») y que, en consecuencia, entienda que la expresión «jo guégonen» va unidad al versículo 3 (como conclusión del versículo 3), debe ir en la línea de la traducción que se lee en La Reina Valera 1960:

«Todas las cosas por medio de ella fueron hechas, y sin ella ni siquiera una cosa de las que fueron hechas, fue hecha».

Conclusiones:

En primer lugar, no debería haber problemas con la traducción de la expresión griega «diautú», por un lado (desde el punto de vista de la crítica textual), pues coinciden en ella el «texto crítico», el llamado «texto mayoritario», y el «textus receptus»; por otro lado, porque desde el punto de vista gramatical, la semántica de dicha expresión es clara en la lengua griega.

En segundo lugar, en lo referente a las expresiones que compiten «ude jen» (ni siquiera una cosa, ninguna cosa), asumida por el «texto crítico», y «udén» (nada, ninguna cosa), relegada al aparato crítico; en realidad no representa una variación de cierta importancia desde el punto de vista semántico, por lo que se sugiere asumirla más bien como una simple variante estilística.

En efecto, versiones de la Biblia que siguen la lectura «ude jen» (ni siquiera una cosa, ninguna cosa), sin embargo, han traducido «nada». Por ejemplo, Los libros del Nuevo Testamento, traducción y comentario: «nada surgió»; La Biblia de Jerusalén 2019: «nada se hizo»; Reina Valera 1960: «nada de lo que se ha hecho».  

En tercer lugar, en cuanto a si se ha de asumir que la expresión «jo guégonen» (lo que fue hecho, lo que ha sido hecho), forma parte del versículo 3 (conclusión del versículo 3) o del versículo 4 (inicio del versículo 4), pienso que no debemos ser dogmáticos, en virtud de la acertada observación que hizo Bruce M. Metzger respecto de la falta de puntuación en Juan 1.3 en los manuscritos más antiguos, pero también el hecho del consenso entre los escritores pre-nicenos (lo mismo ortodoxos que heréticos) que entiende que la expresión «jo guégonen» es el principio o inicio del versículo 4. 

En cuarto lugar, me parece oportuno aquí el comentario que ofrece la obra «Los libros del Nuevo Testamento, traducción y comentario», del profesor Antonio Piñero, cito:

“«y sin ella nada surgió de lo que ha surgido»: hay aquí un serio problema de puntuación: ¿la subordinada «lo que ha surgido» forma parte del v. 3 o del v. 4? La traducción alternativa sería: «Y sin ella nada surgió. Cuanto ha surgido era vida en ella». Al margen de las razones estilísticas que avalan nuestra lectura, la opción «cuanto ha surgido era vida en ella» resulta difícil de interpretar. La lectura adoptada (que «jo guégonen» es la conclusión del versículo 3) resulta más sencilla: la vida espiritual (concepto omnímodo en Jn) habita en el lógos y por ello puede ser transmitida a los hombres”.

Muy apropósito de nuestro «Diplomado en Crítica Textual y Metodología Exegética del Nuevo Testamento Griego», sus principios, sus métodos, su aplicación», que inicia el miércoles diez (10) de enero 2024.

¡Incluye material de apoyo y certificado!

¡Inscripciones abiertas! ¡Todavía estás a tiempo!

Información y matriculación Aquí



¿Tiene alguna relación el nombre «Jesús» con la expresión hebrea «jasús» o «hasus» (el caballo)?, cursos de lenguas bíblicas

 

¿Tiene alguna relación el nombre «Jesús» con la expresión hebrea «jasús» o «hasus» (el caballo)?

Cuestiones de lingüística, gramática y traducción bíblica

Héctor B. Olea C.

De vez en cuando hay personas que de manera muy cuestionable y evidenciando notables e indiscutibles desconocimientos de lo que es el estudio de la lingüística, de cómo funcionan las lenguas; se atreven, no obstante, a realizar asociaciones de ideas respecto del nombre «Jesús», forma castellana, en realidad una transliteración del griego «iesús» (salvador, salvación), con la expresión hebrea «jasús» (el caballo).

Ahora bien, quiero llamar la atención al hecho de que en relación a la palabra hebrea «jasús» hablo más bien de una expresión, pues, en realidad constituye un sintagma nominal compuesto por un sustantivo y por el artículo determinado hebreo.

Por supuesto, las personas que no conocen la lengua hebrea deben saber que en hebreo el artículo determinado (no existe en hebreo el artículo indeterminado) se adhiere al sustantivo como un prefijo, formando con éste, gráficamente, visualmente, una sola y única palabra); a diferencia del español o castellano y del griego, en las cuales el artículo, como morfema gramatical o gramema independiente, no se adhiere al sustantivo como prefijo (delante del tema o raíz) ni como sufijo (detrás del tema o raíz, como en el arameo clásico).

En tal sentido, mientras que «Jesús» es una palabra (un solo morfema), un lexema o morfema lexical nominal, la expresión hebrea «jasús» (“el caballo”) es más bien una palabra polimorfemática, un sintagma nominal compuesto por un morfema gramatical (el artículo «ja»: el) y por un morfema o lexema nominal («sus»: caballo).

En consecuencia, a todas luces resulta demasiado cuestionable e inadmisible pretender establecer una legítima asociación de ideas entre el sustantivo «Jesús» (morfema lexical nominal), y la expresión hebrea «jasús» (sintagma nominal: el caballo), con base en la coincidencia de sonido o fonemática que tiene la última sílaba del nombre «Jesús», con el segundo elemento del sintagma nominal hebreo «jasús» (el caballo).

Además, resulta llamativo que, por un lado, se apele a la referida coincidencia fonemática, pero a ultranza se evite tomar en serio la falta de coincidencia que existe en relación a la penúltima sílaba (en realidad, penúltima sílaba en cuanto al sustantivo «Jesús» («Je»), pero morfema gramatical artículo en la expresión hebrea «jasús» («ja»).

Finalmente, es preciso poner de relieve que el gran error en el cual se sustenta este tipo de asociación de ideas, consiste, por demás, en la errada creencia de que la simple coincidencia fonemática (parcial o total), la simple coincidencia en el plano de la expresión o significante, entre dos palabras de dos lenguas distintas, implique, sin embargo, la misma coincidencia desde el punto de vista de la categoría formal de las palabras (sustantivo, verbo, pronombre, adjetivo, adverbio, preposición, conjunción, etc.), y en cuanto a su carga semántica (el significado).

En resumen y, en conclusión, identificar y equiparar el sustantivo «Jesús» (transliteración de la palabra de la griega «iesús»: Jesús, Josué, salvador, salvación, Mateo 1.21, 25) y la expresión hebrea «jasús» (el caballo), es inadmisible por las siguientes razones:

La primera, la coincidencia fonemática (plano de la expresión o significante) parcial o total entre dos palabras de dos lenguas distintas, no implica que, por un lado, pertenezcan a la misma categoría formal, y por otro lado, que posean la misma carga semántica, el mismo significado.   

La segunda, porque «Jesús» constituye una palabra, un único morfema o lexema, en griego y en español o castellano, mientras que la expresión hebrea «jasús» constituye una palabra polimorfemática, en sentido estricto, un grupo sintáctico, un sintagma nominal compuesto por dos morfemas, un morfema lexical o lexema («sus»: “caballo”), y por un morfema gramatical o gramema, el artículo («ja»: “el”).

La tercera y última, el sustantivo «Jesús» es una transliteración del sustantivo griego «iesús», empleado en la versión griega de la Biblia Hebrea (Septuaginta, LXX) como traducción del nombre hebreo «yejoshúa» (Deuteronomio 3.21; Josué 1.1; 17.4), y de la otra forma del mismo nombre (común al hebreo y al arameo), «yeshúa» (Esdras 2.2; 8.33; Nehemías 8.17; 2 Crónicas 31.15).

Por otro lado, es preciso poner de relieve que en Deuteronomio 32.44 la Biblia Hebrea no empleó la forma «yejoshúa» ni la forma «yeshúa», sino más bien la forma «joshéa» (literalmente «Oseas»; considérese Números 13.16), forma que fue traducida por la Septuaginta con «iesús» (Jesús, Josué).

En tal sentido, en relación a Números 13.16, la Septuaginta tradujo el hombre «joshéa» (Oseas) como «Ausé» («Ausí», pronunciación reucliniana), estableciendo que a éste Moisés lo nombró «iesús» (“Josué”, “Jesús”), por supuesto, aquí en caso acusativo («iesún») por razones sintácticas.  

Además, otra forma que empleó la Septuaginta fue «iesué» (Josué), en 1 Crónicas 7.27, texto en el que la Biblia Hebrea empleó la forma «yejoshúa».  

Por supuesto, en lo que respecta al Nuevo Testamento Griego, «iesús» (Jesús, Josué) es la forma empleada para «Jesús», la figura central del Nuevo Testamento, y en las referencias a la figura de «Josué» hijo de Nun, de la Biblia Hebrea, y a otros Jesuses.

Muy a propósito de nuestra oferta académica para el primer cuatrimestre del próximo año, y de nuestra oferta continua todo el año, cada año, en la modalidad virtual o asincrónica.

Modalidades: Online (en vivo y en directo vía Zoom) y virtual (en diferido, en forma asincrónica y personalizada).

Observación importante: Todos los cursos que ofrecemos en el IDCB están dirigidos al público general, al margen de su creencia religiosa o falta de compromiso con una determinada teología institucional; pero interesado en el estudio completo, profesional, crítico, académico e independiente de las lenguas bíblicas (hebreo, arameo, griego), metodología exegética y crítica textual (de la Biblia Hebrea y del NT Griego), el griego clásico, la gramática española aplicada, traducción de la Biblia, etc.

¡Todos nuestros cursos incluyen material de apoyo y certificado!

¡Inscripciones abiertas! ¡Todavía estás a tiempo!

¡Pregunta por el curso de tu interés!

Información y matriculación Aquí



Cursos online y virtuales de lenguas bíblicas primer cuatrimestre 2024


 La oferta académica del IDCB para el cuatrimestre enero – abril 2024

Ya estamos a menos de dos semanas para el inicio de los cursos que conforman nuestra oferta académica para el primer cuatrimestre del próximo año.   

Modalidades: Online (en vivo y en directo vía Zoom) y virtual (en diferido, en forma asincrónica y personalizada).

Observación importante: Todos los cursos que ofrecemos en el IDCB están dirigidos al público general, al margen de su creencia religiosa o falta de compromiso con una determinada teología institucional; pero interesado en el estudio completo, profesional, crítico, académico e independiente de las lenguas bíblicas (hebreo, arameo, griego), metodología exegética y crítica textual (de la Biblia Hebrea y del NT Griego), el griego clásico, la gramática española aplicada, traducción de la Biblia, etc.

¡Todos nuestros cursos incluyen material de apoyo y certificado!

¡Inscripciones abiertas! ¡Todavía estás a tiempo!

¡Pregunta por el curso de tu interés!

Información y matriculación Aquí


¡Oferta especial de cursos virtuales de lenguas bíblicas y más, para todo el mes de enero 2024!


¡Oferta especial para todo el mes de enero 2024!

Descripción: De una lista de seis (6) cursos profesionales en el campo de las lenguas bíblicas, la persona ha de escoger tres cursos (y sólo tres) de su particular interés y preferencia, todos en la modalidad virtual o asincrónica. 

¡Cada curso incluye el material de apoyo y su certificado respectivo!

Inversión: noventa (90) y cien (100) dólares como pago único por tres cursos.

¡Oferta disponible desde ahora y para todo el mes de enero!

¡Inscripciones abiertas!

¡Inicio inmediato!

Información y matriculación Aquí


 

El verbo llamar en la cristología de la concepción, Isaías 7.14 y su repercusión en Mateo y Lucas


«Llamará» (ella), «llamarás» (tú), «llamarán» (ellos)

Isaías 7.14, Mateo 1.21, 23, 25 y Lucas 1.31 en el centro de esta cuestión

Cuestiones de intertextualidad, lingüística, crítica textual y traducción bíblica

 

2 de 2

Héctor B. Olea C.

Como prometimos en la parte final de la primera parte de este artículo, en esta segunda parte vamos a abordar las repercusiones de la problemática que involucra la forma verbal «ve-qarát», en la relectura de Mateo y Lucas de Isaías 7.14.

La traducción de la forma verbal en «ve-qarát» en la clásica versión griega (Septuaginta)

La forma verbal que registra la conocida edición de la Septuaginta de Alfred Rahlfs como traducción de la forma verbal hebrea «ve-qarát» en Isaías 7.14, es «kaléseis» (forma verbal en tiempo futuro, voz activa, modo indicativo, segunda persona del singular: «tú llamarás»), forma verbal que cuenta con el apoyo textual del «Códice Vaticano» («Codex Vaticanus»).

Sin embargo, el aparato crítico de la misma edición de la Septuaginta de Alfred Rahlfs registra que el «Códice Sinaítico» («Codex Sinaiticus») va por un camino diferente, pues registra la forma verbal «kalései», tiempo futuro, voz activa, modo indicativo, tercera persona del singular: «él, ella llamará».

Ahora bien, mientras que la forma verbal que registra el «Códice Vaticano» («Codex Vaticanus»), «kaléseis» («tú llamarás») concuerda en persona y número con la forma verbal hebrea «ve-qarát» (literalmente, «y tú -femenino-llamarás»); la forma verbal apoyada por el «Códice Sinaítico» («Codex Sinaiticus»), o sea, «kalései» («él, ella llamará») concuerda con la forma verbal registrada en el aparato crítico de la Biblia Hebraica Stuttgartensia (BHS), «ve-qará» («y él llamará», «y él nombrará», «y él pondrá nombre»).

Mateo 1.23 y la apelación de Mateo a Isaías 7,14

En Mateo 1.23 observamos que el Evangelista Mateo apela a la versión griega de Isaías 7.14; sin embargo, la pregunta es: ¿citó Mateo íntegramente el texto griego de Isaías 7.14 en relación a la forma verbal del verbo «llamar»?

En el versículo 22 del capítulo 1 Mateo da a entender que sus palabras a continuación, versículo 23, corresponden a lo dicho por Dios, el Señor, por medio del profeta («para que se cumpliese lo dicho por…»); pero, ¿es realmente así?

Ciertamente cita Mateo la versión griega de Isaías 7.14 de manera íntegra, a excepción precisamente de la forma verbal «kaléseis» («tú llamarás»), pero además ofrece una explicación o traducción que no ofreció el traductor del hebreo al griego.

En tal sentido, por un lado, en lugar de la forma verbal «kaléseis» del «Códice Vaticano» («Codex Vaticanus»), y en lugar de la forma verbal «kalései» (llamará, él, ella) del «Códice Sinaítico» («Codex Sinaiticus»); Mateo emplea la forma verbal «kalésusin» («llamarán ellos, ellas»).

Ahora bien, el aparato crítico de la edición 28 del Nuevo Testamento Nestle-Aland nos pone al tanto de que la forma verbal «kalésusin» («llamarán ellos, ellas») es reemplazada en varios manuscritos precisamente por la forma verbal que en Isaías 7.14 registra el «Códice Vaticano» («Codex Vaticanus»), o sea, «kaléseis» (tú llamarás).

Pues bien, los manuscritos que tienen la lectura «kaléseis» (tú llamarás) son: el Códice de Beza (Codex Bezae) del siglo 5, algunos manuscritos (de dos a cuatro) de la versión Boahírica (parte del conjunto de versiones coptas del NT), Orígenes y Eusebio.

Por supuesto, parece sugerir Mateo 1.23 que el pueblo salvado por el niño será el que lo nombrará o llamará «Jesús» (salvador, salvación), y por eso emplea el verbo «llamar» («kaléo») en la tercera persona del plural («kalésusin»: “llamarán”).

Por otro lado, con relación a la traducción que no ofreció el traductor del hebreo al griego, no es posible obviar que Mateo, además de citar el neologismo «Emmanuel», en perfecta armonía con la versión griega de Isaías 7.14; también plantea: “el cual (haciendo referencia a «Emmanuel») significa: «Dios con nosotros».  

El verbo «llamar» en Mateo 1.21

En Mateo 1.21, que, a diferencia de Mateo 1.23, no es una cita o apelación directa a Isaías 7.14, el evangelista Mateo da cuenta de que el ángel le dijo a José que «Jesús» sería el nombre que le iba a poner al hijo de su prometida, pero además ofrece la razón: «porque él salvará a su pueblo de sus pecados».

Por supuesto, se comprende aquí el uso de la segunda persona del singular, porque José es el receptor del mensaje del ángel o mensajero celestial, es José la segunda persona y quien nombraría al niño: «y ella (María) dará a luz un hijo, y tú, José, lo nombrarás o llamarás “Jesús”». 

Consecuentemente, si bien en Mateo 1.21 se emplea «kaléseis», la misma forma que registra el «Códice Vaticano» («Codex Vaticanus») en Isaías 7.14; sin embargo, no es porque haya aquí una referencia directa a Isaías 7.14, sino por el papel de José en su diálogo con el ángel.

El verbo «llamar» en Mateo 1.25

En Mateo 1.25 se emplea la forma verbal «ekálesen» (“llamó”, “puso nombre”; forma verbal en tiempo aoristo primero, tercera persona del singular, voz activa, modo indicativo) haciendo referencia a que José, una vez nacido el niño, le puso por nombre «Jesús», en perfecta armonía con Mateo 1.21. 

El verbo «llamar» en Lucas 1.31

En lo que respecta al texto griego de Lucas 1.31, es preciso poner de relieve que el Evangelista Lucas empleó el verbo «llamar» en tiempo futuro, voz activa, modo indicativo, en la segunda persona del singular, «kaléseis» («tú llamarás»), o sea, la misma forma verbal que registra el «Códice Vaticano» («Codex Vaticanus») en la traducción griega de Isaías 7.14, y la misma que se empleó en Mateo 1.21.

Sin embargo, a diferencia de Mateo 1.21, Lucas 1.31 no consiste en una apelación o referencia directa a Isaías 7.14, por eso no vemos en Lucas la clásica frase introductoria empleada por Mateo: «para que se cumpliese lo dicho por…»

Por supuesto, para el relato del Evangelista Lucas, es María (y no José como en Mateo) la segunda persona y la que recibe el mensaje del ángel o mensajero celestial: «tú concebirás y darás a luz un hijo, y tú misma lo llamarás “Jesús”»; por eso el empleo de la forma verbal «kaléseis» («tú llamarás»), en la segunda persona del singular, aunque no como una cita o apelación a la versión griega de Isaías 7.14.  

En todo caso, a pesar de cualquier conjetura teológica y conciliadora que se intente o pretenda hacer, en definitiva y en términos exegéticos, varias cosas son seguras e indiscutibles:

En primer lugar, la presencia del verbo «llamar» en Mateo y Lucas, sólo en Mateo 1.21 se presenta como una apelación directa a Isaías 7.14 («para que se cumpliese por dicho por…»), pero empleando la forma verbal «kalésusin» («ellos, ellas llamarán»), en lugar de la forma verbal «kaléseis» («tú llamarás»), la registrada por el «Códice Vaticano» («Codex Vaticanus»), y la asumida en el texto de Isaías 7.14 por la edición manual de la Septuaginta de Alfred Rahlfs.

En segundo lugar, según Mateo, en primer lugar, sería José el que nombraría “Jesús” al niño (el verbo «llamar» en la segunda persona del singular: «kaléseis» (“tú, José, lo llamarás”), Mateo 1.21.

En tercer lugar, según Lucas (1.31), sería María, la madre, la que nombraría al niño (el verbo «llamar» también en la segunda persona del singular: («kaléseis» (“tú, María, lo llamarás”).  

En cuarto lugar, sugiere Mateo 1.23 que sería el pueblo el que, asumiendo al niño nacido como su salvador, el que lo nombraría «Jesús» (el verbo «llamar» en la tercera persona plural: «kalésusin»: “ellos llamarán”).  

En quinto lugar, en Mateo 1.25 el Evangelista Mateo establece que, al nacer el niño, José lo nombró «Jesús», en perfecta armonía con Mateo 1.21.

Muy a propósito de nuestra oferta académica para el primer cuatrimestre (enero-abril) del próximo año, conformada por varios cursos profesionales en el campo de las lenguas bíblicas (hebreo y griego desde cero), la crítica textual y la traducción de la Biblia. 

¡Todos nuestros cursos incluyen material de apoyo y certificado!

¡Inscripciones abiertas! ¡Pregunta por el curso de tu interés!

Información y matriculación Aquí



«Llamará» (ella), «llamarás» (tú), «llamarán» (ellos) Isaías 7.14, Mateo 1.21, 23 y Lucas 1.31 en el centro de esta cuestión

«Llamará» (ella), «llamarás» (tú), «llamarán» (ellos)

Isaías 7.14, Mateo 1.21, 23 y Lucas 1.31 en el centro de esta cuestión

Cuestiones de intertextualidad, lingüística, crítica textual y traducción bíblica 

 1 de 2

Héctor B. Olea C.

Si bien no siempre será posible que la persona exégeta pueda tener un indiscutible dominio de la gramática de la lengua hebrea y de la gramática de la lengua griega al mismo tiempo y en la misma calidad y proporción (por muchas razones, por supuesto); no es menos cierto que tener dicha competencia sitúa a la persona exégeta en una posición especial, privilegiada y hasta envidiable. 

Esto así porque tiene la potestad de ver tanto el texto hebreo como el griego con sus propios ojos, y poder analizarlo morfosintácticamente de una manera directa, por sí misma, y en un mismo nivel de calidad, amplitud y profundidad.  

En tal sentido y, a la manera de ilustración, quiero poner de relieve una interesante situación relacionada con la intertextualidad que involucra el texto de Isaías 7.14, Mateo 1.21, 23, y Lucas 1.31 en relación al verbo “llamar”, “poner nombre”, “nombrar”.

En todo caso, lo primero que hay que poner de relieve es que para Isaías 7.14, en su debido contexto histórico y vital, el padre del niño no es José, sino el rey Acaz (hebreo y griego: «Ajaz»), la madre no es María, sino la esposa del rey Acaz, y el niño no es Jesús, sino Ezequías.

De todos modos, otra posibilidad es que la joven mujer sea la esposa del profeta Isaías, y el hijo prometido un tercer hijo del profeta.

En tal sentido, se entiende que la expresión hebrea «immánu él» (“Dios con nosotros”) sería tal vez la forma simbólica de nombrar un posible tercer hijo del profeta Isaías, de la misma manera en que simbólicamente nombraría sus otros dos hijos («Sheár yashúv»: «un resto volverá», 7.3; y «Majér shalál jash baz»: ¿pronto saqueo?, ¿ya viene la destrucción?, 8.3).    

Ahora bien, retomando la cuestión relativa a la traducción de Isaías 7.14, observamos que en la versión Reina Valera 1960, dice: “Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y «llamará» su nombre Emanuel”.

Como podemos observar, la forma verbal «llamará» está en tiempo futuro, voz activa, modo indicativo, tercera persona del singular (sin marca de género en español).

Por otro lado, respecto del sujeto de dicha forma verbal, a la luz de una traducción como la que ofrece la tan popular y dominante Reina Valera 1960, no debería haber problema alguno para admitir que es la joven madre del niño: «ella dará a luz un hijo y le pondrá nombre».

Sin embargo, aunque al final sea esta la mejor opción, en lo que respecta al texto hebreo la situación es un tanto complicada.

La problemática en torno a la forma verbal «ve-qarát» en Isaías 7.14

Para tener la mejor comprensión posible de la problemática que envuelve la forma verbal hebrea presente en Isaías 7.14, «ve-qarát»; es preciso poner de relieve que la «flexión verbal hebrea» (conjugación), a diferencia de la flexión verbal griega (conjugación) y la flexión verbal del español (conjugación), incluye el «género gramatical» como categoría accidental (accidente gramatical) del verbo.

Esto significa que la concordancia entre el sustantivo sujeto de una acción verbal y el verbo respectivo, por lo general deben concordar en género y en número.

En tal sentido, es preciso decir que en el «perfecto» o «qatál» («katál», el pasado en hebreo moderno), las únicas formas comunes a ambos géneros son tres: la primera persona común singular (yo de género masculino, y yo de género femenino), la primera persona común plural (nosotros, nosotras), y la tercera persona común plural (ellos, ellas).

Para el resto de las personas gramaticales, existe una forma propia para la persona gramatical de género masculino, y una forma propia para la persona gramatical de género femenino: 2da persona masculina (singular y plural: tú, ustedes, vosotros), 2da persona femenina (singular y plural: tú femenino, ustedes femenino, vosotras), 3era persona masculina (singular: él), 3era persona femenina singular (ella).

Y con relación al «imperfecto» o «yiqtól» (el futuro en hebreo moderno), es preciso tener en cuenta que, en primer lugar, como en el «perfecto» o «qatál» («katál»), la forma de la primera persona del singular es común al género masculino y al género femenino (yo de género masculino, yo de género femenino); en segundo lugar, la forma de la primera persona del plural también es común al género masculino y el género femenino (nosotros, nosotras); en tercer lugar, la forma de la tercera persona femenina singular (ella) es precisamente la misma para la segunda persona masculina singular (tú masculino); en cuarto lugar, la forma de la tercera persona femenina plural (ellas), es exactamente la misma para la segunda persona femenina plural (ustedes femenino, vosotras).

Y para el resto de las personas gramaticales, existe una forma propia para la persona gramatical de género masculino, y una forma propia para la persona gramatical de género femenino: 3era persona masculina (singular y plural: él, ellos), 3era persona femenina (singular y plural: ella, ellas), 2da persona masculina (singular y plural: tú, ustedes, vosotros), 2da persona femenina (singular y plural: tú femenino, ustedes femenino, vosotras).

Además, hay otras casuísticas al respecto, que, por razones de espacio y por la naturaleza de este artículo, no vamos a considerar.

Ahora bien, a la luz de lo dicho, ¿cuál es el problema de la forma verbal «ve-qarát» en Isaías 7.14?

La problemática de la forma verbal «ve-qarát» en Isaías 7.14

En primer lugar, la forma verbal «ve-qarát» consiste en una forma «ve-qatál» o «ve-paál», un «perfecto conversivo», o sea, una forma verbal en estado perfecto o «qatál» con la «ve» conversiva y que le da el valor del «imperfecto» o «yiqtól».

En segundo lugar, formalmente consiste en la segunda persona femenina singular (tú femenino), de la raíz o forma léxica «qará» («kará»): “él llamó”, “él nombró”, “él puso nombre”.

Ahora bien, el problema es que, para la narrativa de Isaías 7.14, el rey Acaz es la segunda persona, pero es una persona de género masculino, y no del género femenino (precisamente una de las personas gramaticales que tienen una forma propia y específica para el género masculino, y otra propia y distinta para el género femenino), por lo que hace cuestionable la presencia aquí de la forma verbal «ve-qarát» (de la 2da persona femenina singular): «y tú (de género femenino) llamarás».

Por otro lado, en virtud de que la joven o muchacha (mujer joven) a la que hacen referencia las palabras del profeta Isaías es una tercera persona, pero una tercera persona femenina singular (ella); se esperaría que se hiciera referencia a ella con una forma verbal en la tercera persona femenina singular (precisamente una de las persona gramaticales para la que existe una forma propia para cada género), o sea, «ve-qareá» («ve-kareá»); pero lamentablemente no es esta la forma que observamos en el texto hebreo de Isaías 7.14.

En todo caso, a la luz de que la joven mujer es para el relato una tercera persona femenina, a pesar de la forma verbal «ve-qarát» (tú femenino, 2da persona femenina singular) empleada en Isaías 7.14; es que prácticamente todas las versiones de la Biblia en español han traducido empleando la tercera persona: «llamará» (ella llamará, ella pondrá nombre).

Es más, el «Diccionario de hebreo bíblico español», Luís Alonso Schokel (TOTTA), sugiere leer «ve-qareá» (tercera persona femenina singular: “y ella llamará”), por «ve-qarát» (“y tú -de género femenino- llamarás”), en Isaías 7.14.

La forma verbal «ve-qarát» y la crítica textual

Desde el punto de vista de la crítica textual, en virtud de la problemática que envuelve la forma verbal «ve-qarát», es preciso decir que el aparato crítico de la Biblia Hebraica Stuttgartensia (BHS) nos pone al tanto de una lectura alternativa.  

Pue bien, el aparato crítico de la Biblia Hebraica Stuttgartensia (BHS) nos pone al tanto de que, por un lado, entre los manuscritos de Qumrán, específicamente 1QIsa registra la lectura «ve-qará», otra forma verbal «veqatal», pero de la tercera persona masculina singular: «y él llamará», «y él nombrará», «y él pondrá nombre».

Por otro lado, que también el «Códice Sinaítico» («Codex Sinaiticus») de la Septuaginta (Los LXX) registra una forma verbal (griega) que concuerda con la misma forma «ve-qará» (“y él llamará”).

Por su parte, el aparato crítico de la clásica edición manual de la Septuaginta de Alfred Rahlfs plantea, en primer lugar, que el «Códice Vaticano» («Codex Vaticanus»), el «Códice Alejandrino» («Códice Alexandrinus») y el «Códice Efrén Reescrito» («Códex Epraemi Syri Rescriptus») registran la forma verbal «kaléseis», tiempo futuro, modo indicativo, segunda persona del singular: «tú  llamarás».

En segundo lugar, que el «Códice Sinaítico» («Codex Sinaiticus») de la Septuaginta (Los LXX) registra la forma verbal «kalései», tiempo futuro, modo indicativo, tercera persona del singular: «él, ella llamará».

En tercer lugar, que la recensión de Luciano registra la lectura «kalésete», forma verbal en tiempo futuro, modo indicativo, segunda persona del plural: «ustedes llamarán».

En cuarto lugar, el aparato crítico de la referida edición manual de la Septuaginta de Alfred Rahlfs, también da cuenta de la lectura «kalésusin», tiempo futuro, modo indicativo, tercera persona del plural: «ellos llamarán». 

Muy a propósito de nuestra oferta académica para el primer cuatrimestre (enero-abril) del próximo año, conformada por varios cursos profesionales en el campo de las lenguas bíblicas (hebreo y griego desde cero), la crítica textual y la traducción de la Biblia. 

¡Todos nuestros cursos incluyen material de apoyo y certificado!

¡Inscripciones abiertas! ¡Pregunta por el curso de tu interés!

Información y matriculación Aquí


 

La oferta académica del IDCB para el cuatrimestre enero – abril 2024, inscripciones abiertas


La oferta académica del IDCB para el cuatrimestre enero – abril 2024

Habiendo alcanzado ya la primera quincena del mes de diciembre, nos complace reiterar nuestra oferta académica para el primer cuatrimestre del próximo año.   

Modalidades: Online (en vivo y en directo vía Zoom) y virtual (en diferido, en forma asincrónica y personalizada).

Observación importante: Todos los cursos que ofrecemos en el IDCB están dirigidos al público general, al margen de su creencia religiosa o falta de compromiso con una determinada teología institucional; pero interesado en el estudio completo, profesional, crítico, académico e independiente de las lenguas bíblicas (hebreo, arameo, griego), metodología exegética y crítica textual (de la Biblia Hebrea y del NT Griego), el griego clásico, la gramática española aplicada, traducción de la Biblia, etc.

¡Todos nuestros cursos incluyen material de apoyo y certificado!

¡Inscripciones abiertas!

¡Pregunta por el curso de tu interés!

Información y matriculación Aquí


«Emmanuel», un neologismo creado por un traductor, cuestiones de lingüística, gramática, exégesis y traducción bíblica


«Emmanuel», un neologismo creado por un traductor

Cuestiones de lingüística, gramática, exégesis y traducción bíblica

Héctor B. Olea C.

Se llama «neologismo» a la palabra de nueva creación, a una acepción o giro nuevo en una lengua.

En tal sentido, la palabra «Emmanuel» (o «Emanuel») es un neologismo respecto del griego, pues no hay evidencia de su existencia, sino a partir de la forma en que el traductor del hebreo al griego (Septuaginta, Los LXX) tradujo la expresión hebrea «immanu-el» presente en el texto hebreo de Isaías 7.14.

Por otro lado, también es preciso decir que «Emmanuel» (o «Emanuel») no forma parte de la onomástica de la Biblia Hebrea.

Ahora bien, es cierto que el «Diccionario bíblico hebreo español Luis Alonso Schokel» (TROTTA) incluye el nombre «Emmanuel» su sección «Onomástica», pero en realidad lo hace yendo del griego al hebreo, en la siguiente manera:

«Immanu el», nombre propio. Emmanuel (Dios con nosotros). Título mesiánico Isaías 7.14.   

Sin embargo, a pesar de que en realidad «Emmanuel» («Emanuel») no forma parte del léxico de la Biblia Hebrea, nadie podrá negar que, sin embargo, la vemos presente en Isaías 7.14, prácticamente en todas las versiones de la Biblia.

Por supuesto, siempre excepciones. Una de ellas la constituye «La Biblia hebreo español», de Moisés Katznelson, publicada por Editorial Sinaí, Tel Aviv, Israel, 1996, que tradujo: «Imanuel», y La Nueva Biblia Española que tradujo: «Dios-con-nosotros».

En todo caso, para comprender el surgimiento del nombre «Emmanuel» («Emanuel») es imprescindible considerar el texto hebreo de Isaías 7.14 y la clásica traducción griega de dicho texto.

El aporte del texto hebreo de Isaías 7.14

La consulta y consideración del texto hebreo de Isaías 7.14 inmediatamente nos pone al tanto de que, en realidad, sin discusión alguna, el nombre «Emmanuel» («Emanuel») no está presente en el texto hebreo.

Lo que en realidad vemos en el texto hebreo de Isaías 7.14 es la expresión «immánu él».

Está conformada la expresión «immánu él» por la preposición «im» (con, en compañía de, junto a) con el sufijo pronominal de la primera persona común plural, «nu» (nosotros, nosotras), y por el sustantivo común «el» (dios, Dios), de ahí su significado: «Dios con nosotros».  

El otro detalle es que la preposición «im», cuando se le añade un sufijo pronominal, también recibe un punto llamado «daguésh fuerte» en la letra «mem» («m»), lo que explica que la palabra «Emmanuel» exhiba dos «m».

La expresión «immánu» (con nosotros) en la Biblia Hebrea

La expresión «immánu» (con nosotros) aparece en la Biblia Hebrea en treinta y ocho (38) ocasiones, pero sólo en tres ocasiones, y todas en el libro de Isaías, estrictamente en el primer Isaías: 7.14; 8.8 y 8.10, aparece conformando la expresión «immánu él» (Dios con nosotros).

Observación: La expresión «immánu él» en realidad es atemporal: “Dios con nosotros”, “Dios está con nosotros”, “Dios estará con nosotros”.  

Una expresión en cierta forma equivalente a «immánu él»

Como ya dije, de las treinta y ocho ocasiones en que aparece la proposición «im» con el sufijo pronominal de la primera persona común plural («nu»), sólo en tres ocasiones aparece en conexión al sustantivo «él» (dio, Dios).

Sin embargo, hay una expresión en cierta forma equivalente a «immánu él», esta es «immánu elojím» (Dios con nosotros), presente en Éxodo 20.19.

Obviamente, en Éxodo 20.19 la expresión «ve al yedabér immánu elojím» (no hable Dios con nosotros), contrasta con la expresión «daber atá immánu» (habla tú con nosotros), dirigida a Moisés.

Por su parte, la Septuaginta tradujo la oración «ve al yedabér immánu elojím» (no hable Dios con nosotros), con la expresión «kai me laléito pros jemás»: «y no nos hable Dios». 

La traducción de la expresión «immánu él» en la clásica versión griega (Septuaginta, Los LXX)

De las tres ocasiones en que aparece la expresión «immánu él» en la Biblia Hebrea, estrictamente en el primer Isaías, sólo en la primera, 7.14 la versión griega no propuso una traducción de la misma, como sí lo hizo en el 8.8 y 8.10, sino que, mediante una transliteración, creó el neologismo «Emmanuel», pero empleando el fonema «e» en lugar del fonema «i» presente en la expresión hebrea «immánu él».

Forma en que la Septuaginta trató la expresión «immánu él»

En Isaías 7.14, no la tradujo, sino que la transliteró «Emmanuel».

En Isaías 8.8 la tradujo con la expresión «mezemón jo zeós» («mezimón o zeós») que, literalmente significa: «Dios con nosotros» (Dios está con nosotros, Dios estará con nosotros).

Y en Isaías 8.10 la tradujo con la expresión «mezemón kírios jo zeós», que, literalmente significa: «el Señor Dios está con nosotros» (el Señor Dios estará con nosotros).

La palabra «Emmanuel» en las versiones de la Biblia

Llama la atención que muchas versiones de la Biblia hayan ido más lejos que la Septuaginta misma, la responsable de crear el neologismo «Emmanuel».

Digo esto porque, como ya dije, de las tres veces en que ocurre la expresión «immánu el» (7.14; 8.8; 8.10), sólo en el capítulo 7,14 la Septuaginta empleó la palabra «Emmanuel».

Sin embargo, La Biblia de Jerusalén 2019, tiene repite a «Emmanuel» en el 8.8, así también La Nueva Versión Internacional, La Reina Valera Contemporánea, La Vulgata, La Reina Valera Actualizada 2015, La Nueva Traducción Viviente, La Biblia de las Américas, La Biblia hebreo-español, de Moisés Katznelson («Imanuel»), La Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras, entre otras.

Pero honrosas excepciones son, por un lado, «La Traducción en lenguaje actual», que sólo empleó a «Emmanuel» en Isaías 7,14, pero tradujo «¡pero Dios está con nosotros!», en Isaías 8.8; y «pues Dios está con nosotros», en Isaías 8.10); por otro lado, La Nueva Biblia Española, que en ningún caso tradujo «Emmanuel», sino: «y le pondrá por nombre Dios-con-nosotros», en Isaías 7.14; «¡oh Dios-con-nosotros!», en Isaías 8.8; y «porque tenemos a Dios-con-nosotros», en Isaías 8.10.

Por supuesto, la opción tomada por La Nueva Biblia española, se ajusta perfectamente al texto hebreo, a la Biblia Hebrea, a diferencia de las versiones que han empleado en la traducción la palabra «Emmanuel», que se ajusta más bien a la clásica versión griega, Septuaginta, Los LXX. 

Lógicamente, la forma en que La Nueva española tradujo la expresión hebrea «Imanuel», pone bajo cuestionamiento la presencia de la palabra «Emmanuel» en versiones de la Biblia que dicen tener el texto hebreo como base para su traducción de los libros que conforman la Biblia Hebrea.

Finalmente, no podemos obviar la forma en que el Evangelista Mateo encaró esta cuestión, por un lado, citando (en 1.23) casi de manera íntegra la traducción griega de Isaías 7.14 (ya que en lugar repetir la forma verbal presente en la Septuaginta, «kaléseis», «llamarás»; empleó «kalésusin», «llamarán»), pero ofreciendo él la traducción que se esperaba del traductor griego en Isaías 7.14.

Muy a propósito de nuestra oferta académica para el primer cuatrimestre (enero-abril) del próximo año, conformada por varios cursos profesionales en el campo de las lenguas bíblicas (hebreo y griego desde cero), la crítica textual y la traducción de la Biblia. 

¡Todos nuestros cursos incluyen material de apoyo y certificado!

¡Inscripciones abiertas! ¡Pregunta por el curso de tu interés!

Información y matriculación Aquí