¿Le dijo Jesús a Martha que quitara la piedra? Juan 11.39a


Las letras de una canción versus las palabras del texto en que se sustenta dicha  canción

Héctor B. Olea C.

Muy a propósito de nuestro «Curso online de griego koiné (estudio completo de la gramática del idioma original del Nuevo Testamento)», que inicia el miércoles 8 de enero 2020. ¡Inscripciones abiertas!

Para más información, favor de contactarme vía mi correo electrónico (benjamin.olea30@gmail.com) y mi Whatsapp: +18092057814.

Una canción del cancionero católico, titulada «Quita la piedra, Marta» (https://www.youtube.com/watch?v=LxZ7qizwRLk), pone de manifiesto una indiscutible falta de concordancia con lo que en realidad dice el texto bíblico de Juan 11.39, en el cual se sustenta.

En tal sentido conviene precisar que la forma verbal «quitad», que se lee en la versión Reina Valera 1960 y en algunas otras versiones, consiste en una forma verbal en modo imperativo, de la segunda persona del plural, pero de uso dominante en España. En el español latinoamericano su equivalente y forma dominante es «quiten».  

Luego, el empleo de la forma verbal «quitad» supone el empleo del pronombre «vosotros» (pronombre personal de la segunda persona del plural, de uso dominante en España y en algunas regiones de Latinoamérica). Por supuesto, su equivalente y forma dominante en el español o castellano latinoamericano es «ustedes».   

Consecuentemente, es demasiado obvio que la forma verbal «quitad» (quiten) señala un mandato que jamás fue dado a una persona en singular, jamás fue dirigido a Marta (Martha), muy a pesar de lo que dice la canción en cuestión.

Finalmente, respecto de frase griega «árate ton líthon» en Juan 11.39, la forma verbal «árate», consiste en una forma verbal en tiempo aoristo primero, modo imperativo, voz activa, segunda persona del plural, del verbo «áiro» (yo levanto, yo quito, yo recojo), por eso: “quitad”, “quiten”.

En suma, a la luz de la traducción que se lee en la Reina Valera 1960 («quitad»), traducción que comunica muy bien el sentido de la forma verbal griega «árate» (quitad, quiten); no queda otra que admitir que es sospechosa y no se ajusta al texto de Juan 11.39, la afirmación de la mencionada canción que sostiene que Jesús dijo: “quita la piedra, Marta”; así de sencillo.  

«Y cuando se cumplieron los días de la purificación»… ¿«de ellos», «de ella» o «de él» (Lucas 2.22)?



A propósito de una pregunta que me fue planteada.

Y muy a propósito de nuestro «Curso online de griego koiné (estudio completo de la gramática del idioma original del Nuevo Testamento)», que inicia el miércoles 8 de enero 2020.

Lucas 2.22: «Y cuando se cumplieron los días de la purificación»… ¿«de ellos» (griego «autón»), «de ella» (griego «autés») o «de él» (griego «autú»)?

Análisis morfológico de la palabra griega que está detrás de la traducción «de ellos» («autón»)

«autón» consiste en el caso genitivo masculino plural (si bien dicha morfología es la misma y por igual para el genitivo femenino plural, y para el genitivo neutro plural) del pronombre personal de la tercera persona plural, cuya forma léxica es «autós».

Análisis morfológico de la palabra que estaría detrás de la traducción «de ella» (griego «autés»)

«autés» consiste en el caso genitivo femenino singular del pronombre personal de la tercera persona. La morfología del nominativo singular es «auté».
Análisis morfológico de la palabra griega que está detrás de la traducción «de él» («autú»)

«autú» consiste en el caso genitivo masculino singular (morfología que también es la misma del caso genitivo neutro singular), del pronombre personal de la tercera persona del singular, cuya forma léxica es «autós». Nota: por razones prácticas no menciono aquí otros usos que tiene la palabra griega «autós».

Luego, desde el punto de vista histórico, sin duda alguna que la lectura correcta sería «de ella» («autés»), de la mujer, de María. Esto así, en primer lugar, en conformidad a lo que establece Levítico 12.1-8; y en segundo lugar, porque no hay evidencia de una tradición judía que paralelamente estableciera, en este mismo contexto, la necesidad de la purificación también del padre.

No obstante, llama la atención y no podemos perder de vista que, lamentablemente, la Crítica Textual del Nuevo Testamento no cuenta con un manuscrito de relativa importancia que dé testimonio de la lectura «autés» (de ella), la históricamente correcta.

En tal sentido debo decir que si bien el «Comentario Bíblico San Jerónimo» menciona que la lectura «de ella» («autés»), cuenta con el apoyo de al menos algún manuscrito de la tradición siríaca; no es menos cierto que el aparato crítico de la Edición 28 del Nuevo Testamento Griego Nestlé-Aland no da cuenta de ello.

Consecuentemente, desde el punto de vista de la Crítica Textual, sólo hay dos lecturas que compiten y que cuentan con algún apoyo textual que merece destacarse.    

La lectura que desde el punto de vista de la Crítica Textual cuenta con el mejor apoyo textual, es «de ellos» («autón»).

La lectura «de él» (apuntando a Jesús), hay que desestimarla. Por un lado, porque desde el punto de vista histórico tenemos que admitir que la normativa mosaica y tradición judía exigían la dedicación o consagración del varón que abría la matriz, pero no la purificación que se le exigía específicamente a la mujer, a la madre; véase Éxodo 13.2, 12).

Por otro lado, otra razón para desestimar la lectura «de él», es que sólo cuenta con el apoyo del Códice Beza (D), del manuscrito Sinaítico siríaco, y de algunos manuscritos latinos.

Luego, es preciso poner de relieve que el testimonio del Códice Beza (D), del siglo V, sólo es de valor cuando coincide con los mejores testigos de la Crítica Textual del NT, como el uncial Sinaítico (del siglo IV) y el uncial Vaticano (también del siglo IV), considerado el testigo más importante.

En todo caso, me resulta muy curioso que el «Comentario del contexto cultural de la Biblia, Nuevo Testamento» (el trasfondo cultural de cada versículo del Nuevo Testamento, Editorial Mundo Hispano), al comentar Lucas 2.22-24, le saca el cuerpo al problema aquí planteado y sencillamente se contenta con afirmar: “Estos versículos se refieren a Éxodo 13:2, 12 y Levítico 12:8. Los padres de Jesús cumplen la "ley de Moisés en forma correcta y V piadosa”.

Ahora bien, consiste el texto de Lucas 2.22-24 en un pasaje donde una obra que pretende arrojar luz sobre el contexto sociocultural de cada versículo de la Biblia, debería explayarse y poner de relieve que, precisamente, la que parece ser la lectura que salió de la mano del hagiógrafo («la purificación de ellos») se muestra contraria a la normativa, a la costumbre, al derecho consuetudinario respecto de la práctica o costumbre a la que hace referencia.

En suma, desde el punto de vista histórico la lectura correcta sería «de ella» (griego «autés»), pero que, lamentablemente, desde el punto de vista de la Crítica Textual y la historia de la transmisión del texto del Evangelio de Lucas, no cuenta con un apoyo textual de cierta importancia.

Finalmente, desde el punto de vista de la Crítica Textual, la lectura correcta, la que cuenta con el mejor apoyo textual es «de ellos» (griego «autón»), pues la lectura «de él» (griego «autú»), cuenta con un apoyo textual insignificante, así de sencillo.



El problema textual de Mateo 1.7, 8 y 10, a la luz del acercamiento científico a los textos bíblicos

Héctor B. Olea C.

El acercamiento científico a los textos bíblicos mediante la Crítica Textual tiene como objetivo constatar y establecer el texto más próximo al original (autógrafo), al margen de las dificultades e inconvenientes que pudiera presentarle a la teología, a ciertos dogmas, como el dogma de la infalibilidad e inerrancia de la Biblia, así como a ciertos conceptos de la inspiración de la Biblia.

En tal sentido, llama la atención la forma en que el Textus Receptus del Nuevo Testamento (texto tardío, tal vez originario de Antioquía, que fue el editado por Erasmo de Rotterdam en 1516, pero que fue abandonado en el siglo XIX con el surgimiento de la crítica bíblica) pretendió sacarle el cuerpo a la dificultades que plantea que el autor del Evangelio de Mateo haya empleado en el capítulo 1 el nombre «Asáf» en lugar de «Asá» (versículos 7 y 8) y «Amós» en lugar de «Amón» (versículo 10).    

Ahora bien, el «Comentario textual Nuevo Testamento Griego», de Bruce M. Metzger, al respecto plantea: “Resulta evidente que el nombre «Asáf» es la forma textual más antigua que se ha preservado en los manuscritos, ya que el consenso entre los textos Sinaítico y Vaticano y otros testigos (f1, f13, 700 1071) con versiones orientales cop arm et geo) y con representantes del texto Occidental (manuscritos latinos antiguos y D en Lucas (D no cuenta con este fragmento de Mateo) constituye una sólida combinación”.

Luego, respecto de «Amós», afirma: “La evidencia textual para la lectura errónea «Amós» en lugar de «Amón» nombre del rey de Judá, se acerca mucho a la que hay para la lectura «Asáf» en los versículos 7 y 8”.

Pero para fortalecer más la argumentación de que el mejor texto griego (desde el punto de vista de la Crítica Textual) favorece las lecturas erróneas (desde el punto de vista histórico) «Asáf» y «Amós»; traigo a colación el acertado comentario de Mateo 1.7 y 10 del exégeta y especialista en el NT, Raymond E. Brown, en su clásica obra «El nacimiento del Mesías», cito:

“Asaf es la lectura mejor atestiguada. Algunos copistas posteriores advirtieron que el relato de Mateo había confundido al salmista Asaf (título de Salmo 50.73-83; 1 Crónicas 16.5-37; 2 Crónicas 29.30) con el rey Asá de Judá (1 Reyes 15.9); por eso cambiaron el texto y pusieron Asá, lectura corriente en la tradición griega bizantina y en las versiones latina y siríaca”.

En el versículo 10 tenemos un problema semejante al del versículo 7 con Asaf-Asá. Copistas tardíos creyeron que la lista de Mateo había confundido al profeta Amós con el rey Amón de Judá (2 Reyes 21.19), y por eso pusieron en el texto Amón. Algunos comentaristas atribuirían a Mateo las lecturas «Asá» y «Amón», históricamente correctas, y echarían la culpa de la confusión «Asaf» y «Amós» a los copistas.

El querer exonerar a Mateo de error puede obedecer a una teoría de la inspiración o a una sobreestimación del conocimiento que tenía Mateo de la Escritura (Biblia Hebrea). Por ejemplo, en Mateo 21.19, Mateo atribuye a Jeremías una cita que es de Zacarías; y en el capítulo 23.35 confunde al profeta Zacarías, hijo de Baraquías, con otro Zacarías al que mataron en el templo tres siglos antes (2 Crónicas 24.20-22).

Otros comentaristas admiten que fue Mateo quien escribió «Asaf» y «Amós», pero lo que hizo deliberadamente para poner en los antepasados de Jesús rasgos de sabiduría y profetismo. Esta opinión es demasiado imaginaria para una lista de reyes davídicos” (página 55).


Finalmente, la cuestión no es si «Asaf» y «Amós» son lecturas erradas desde el punto de vista histórico, sino si dichas lecturas fueron las que en realidad salieron de la mano del autor del Evangelio de Mateo, las que podemos asumir como las más próximas al original (autógrafo), según los criterios de la Crítica Textual del Nuevo Testamento, en conformidad al acercamiento científico a los textos del Nuevo Testamento Griego, así de sencillo. 

La traducción de Tito 2.13 y la «regla de Granville Sharp»




Una perspectiva desde la exégesis bíblica académica

Héctor B. Olea C.

¿Quién fue Granville Sharp?

Fue un activista social, músico y erudito bíblico británico que, según Wikipedia, nació el 10 de noviembre de 1735, y murió el 6 de julio de 1813.  

Según la muy conocida «Gramática griega, sintaxis del Nuevo Testamento», de Ben Wallace, Granville Sharp publicó un libro en 1798 sobre sus observaciones en cuanto a la construcción sintáctica: «artículo + sustantivo + la conjunción griega kai + sustantivo», en el Nuevo Testamento Griego (página 183).

Una forma habitual de hacer referencia a dicha construcción sintáctica es con el acrónimo «ASKS»: «A» (artículo), «S» (sustantivo), «K» (kai), «S» (sustantivo).

En tales construcciones, plantea Wallace, hay una relación estrecha entre los dos sustantivos. Los dos sustantivos siempre tienen algo de unidad. A veces, la unidad puede indicar igualdad o puede indicar identidad total (página 183).

Granville Sharp estudio la construcción «ASKS» para determinar cuándo los dos sustantivos hacen referencia a la misma persona o a la misma cosa.

La regla de Granville Sharp, afirma Wallace, tiene que ver con la construcción «ASKS», en la que un artículo modifica dos sustantivos conectados por la conjunción kai (y, también). En tal sentido, un detalle que no podemos perder de vista es que las observaciones de Granville Sharp eran relativas a la construcción «ASKS» cuando los sustantivos eran personales y singulares, pero no eran nombres propios. En tales casos, los dos sustantivos tenían referencia a la misma persona. Muchos de los ejemplos tenían que ver con la deidad de Jesucristo (página 183).

¿En qué consiste la llamada «regla de Granville Sharp»?

La «regla de Granville Sharp» la encontramos citada y definida en la «Gramática Griega del Nuevo Testamento», de Dana y Mantey, cito: “Cuando el copulativo «kai» (conjunción copulativa) conecta dos nombres del mismo caso (en el mismo caso), si el artículo «jo» o cualquiera de sus casos precede al primero de los dos nombres o participios, y no está repetido ante el segundo nombre o participio, el último se refiere a la misma persona que está indicada o descrita por el primer nombre o participio; esto es, él denota una ulterior descripción de la persona primeramente mencionada” (página 141-142).  

Sin embargo, observa Ben Wallace, que el error de Dana y Mantey consistió en no explicar que la «regla de Granville Sharp» tiene validez necesariamente bajo tres condiciones, sólo si se cumplen tres precisas condiciones.

En otras palabras, en la construcción «ASKS», el segundo sustantivo siempre hace referencia a la misma persona descrita por el primer sustantivo si se cumplen las tres condiciones siguientes:

En primer lugar, los dos sustantivos involucrados son sustantivos personales (descripciones personales de oficio, dignidad, conexión, atributos o cualidades).

En segundo lugar, los dos sustantivos son singulares (están en singular y en el mismo caso).

En tercer lugar, ninguno de los dos sustantivos son sustantivos o nombres propios (cuando son nombres propios, siempre son dos personas distintas).

Luego, plantea Ben Wallace, sin el cumplimiento de estas tres condiciones los dos sustantivos pueden hacer referencia a la misma persona, pero no necesariamente.

Por otro lado, en el Nuevo Testamento, puntualiza Ben Wallace, hay 80 casos en los que la construcción «ASKS» cumple todas las condiciones de la regla. En cada ocasión los sustantivos hacen referencia a la misma persona. No hay excepción en el Nuevo Testamento (página 183).

¿Confirma el texto griego de Tito 2.13 la «regla de Granville Sharp»?

Sí. Es más, el texto griego de Tito 2.13 contienen dos construcciones «ASKS», las que también pone de relieve Ben Wallace. La primera conformada por las palabras «ten elpída kai epifáneian» (con artículo el primer sustantivo, pero no repetido con el segundo), o sea, dos sustantivos no personales (que no nombran a una persona), en singular y en caso acusativo, unidos por la conjunción «kai» (y, también). Traducción: “la esperanza –bienaventurada- y manifestación”. 

La segunda construcción «ASKS» está conformada por las palabras «theú kai sotéros», esta vez dos sustantivos comunes, no sustantivos o nombres propios, en singular y en caso genitivo, también unidos por la conjunción «kai», aunque sin artículo ambos sustantivos. Traducción: “de Dios y salvador”.

Finalmente, siguiendo a Ben Wallace, otros textos que confirman la validez de la «regla de Granville Sharp» después de un poco más de dos siglos, son: Lucas 20.37; Romanos 15.6; 2 Corintios 1.3; 11.31; Gálatas 1.4; Efesios 1.3; 5.20; Filipenses 4.20; Colosenses 4.7; 1 Tesalonicenses 1.3; 3.11, 13; 1 Timoteo 6.15; Hebreos 12.2; Jacobo (Santiago) 1.27; 3.9; 1 Pedro 2.25; 5.1; 2 Pedro 1.1, 11; 2.20; 3.2, 18; y Apocalipsis 1.6.    

Luego, una traducción acertada del texto griego de Tito 2.13 es: «Esperando la bienaventurada esperanza y manifestación de la gloria (o “manifestación gloriosa”, como un “genitivo hebreo”) de nuestro gran Dios y Salvador, Jesucristo».
Consecuentemente, es obvio que la traducción personal que he hecho confirma la traducción que la mayoría de las versiones de la Biblia han hecho del texto en cuestión. Por ejemplo: 

“Aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” (RV 1960)

“Mientras anhelamos con esperanza ese día maravilloso en que se revele la gloria de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” (Nueva Traducción Viviente, NTV).

“Aguardando la feliz esperanza y la Manifestación de la gloria del gran Dios y salvador nuestro Jesucristo” (Biblia de Jerusalén 1998).

Ahora bien, ¿cómo tradujo la «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras» a Tito 2.13?

«Mientras aguardamos la feliz esperanza y la gloriosa manifestación del gran Dios y de [l] salvador nuestro, Cristo Jesús».

¿Es posible citar otra versión de la Biblia que haya traducido en la misma línea de la «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras»?
Sí, la denominada y todavía en proceso «Biblia Exacta» (versión judío mesiánica), cito: “Esperando bien dispuestos hacia la dichosa esperanza [confianza] [expectación] y manifestación [aparición] de la gloria [honra] del gran Dios, y [también], de nuestro Libertador [Salvador]: ¡Yeshúa Mashíakj [Mesías] [Ungido]!”
Y la «Biblia del peregrino de estudio»: “Esperando la promesa dichosa y la manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y de nuestro Salvador Jesucristo”.

En todo caso, es preciso advertir que las tres últimas versiones mencionadas yerran al ignorar la todavía hoy confirmada y no rebatida por algún estudio similar posterior, «regla de Granville Sharp».

Esto así pues pierden de vista que la palabra «theós» (Dios) y la palabra «sotér» (Salvador) no son sustantivos o nombres propios, sino más bien sustantivos personales, aplicados a personas, que señalan cualidades de personas, pero que no por eso constituyen sustantivos o nombres propios (para que sean asumidos aquí como haciendo referencia a dos personas distintas).

De todos modos y, a pesar de todo, algunos estudiosos miembros de los Testigos de Jehová hacen referencia a la «regla de Granville Sharp» como “una regla auténticamente acrónica maquillada, a favor de la Trinidad”, aunque y, por supuesto, sin poder demostrar que a poco más de dos siglos exista un estudio erudito semejante al de Granville Sharp que demuestre su supuesta invalidez.    

En tal sentido, también es preciso insistir en que si bien es común que personas estudiosas que forman parte de los Testigos de Jehová citen a muy conocidos gramáticos, como Dana y Mantey, así como al mismo Ben Wallace y otros; resulta que al final estos estudiosos de la lengua griega no validan las conclusiones a las que llegan los Testigos de Jehová, ni las premisas fundamentales de su sistema teológico. ¿Los Testigos de Jehová contra el mundo, contra todos?    

La traducción de Tito 2.13 a la luz de las cristologías del Nuevo Testamento 

Para exponer la cuestión ya no desde el punto de vista estrictamente lingüístico y gramatical, sino desde el punto de vista de la reflexión teológica en torno a la figura de Jesús asumido como el Cristo (cristología); me pareció ideal considerar el punto de vista de una verdadera autoridad mundial en la materia, el ya desaparecido Raymond E. Brown (biblista, exégeta y especialista en el Nuevo Testamento), en su obra «Introducción a la cristología del Nuevo Testamento», publicada por Sígueme, páginas 202 y 203, apéndice 3.

Plantea Raymond E. Brown que las palabras «del gran Dios y salvador nuestro, Jesucristo», admiten, en un principio, tres interpretaciones.

La primera, «la gloria del gran Dios y de nuestro Señor Jesucristo». Esta interpretación, que claramente separa «el gran Dios» de «nuestro Salvador Jesucristo», no cuenta, realmente, con el apoyo del griego.

Además, la separación propuesta en esta interpretación de Tito 2.13 significa que el autor está hablando de una doble aparición gloriosa futura, una de Dios y la otra del Salvador Jesucristo. En el Nuevo Testamento no hay ninguna prueba real de una doble epifanía.

La segunda, «la gloria de nuestro gran Dios y salvador, que es Jesucristo». La objeción a esta interpretación es que no tiene el texto griego el pronombre relativo y explicativo «el cual es». Por lo demás, sugiere Raymond E. Brown, no hay inconvenientes en aplicar el título de «Salvador» al «Padre», pues otros pasajes en, Tito 1.3; 2.10; 3.4, hablan de «Dios nuestro salvador» (en contraste con Tito 1.4 y 3.6, que hablan de «Jesucristo nuestro Salvador»).

Ni se puede objetar la idea de que Jesús es la gloria del Padre, pues otros pasajes del Nuevo Testamento (Juan 1.14; 12.41; 17.24; Hebreos 1.3) identifican a Jesús como portador de la gloria divina.

La tercera, «la gloria de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo». Este es el significado más obvio del texto griego. Implica que el pasaje sólo habla de una epifanía gloriosa, es decir, Jesucristo, en armonía con otras referencias a la epifanía de Jesucristo en las epístolas pastorales (1 Timoteo 6.14-15; 2 Timoteo 4.1).

Además dice Raymond E. Brown: “Algunos excluirían esta interpretación que da a Jesús el título de «Dios», pues en otra parte, en las epístolas pastorales (1 Timoteo 2.5) se hace una clara distinción entre el único Dios (= el Padre), y el hombre Jesucristo. Sin embargo, como ya hemos notado, en el cuarto evangelio hay pasajes que llaman a Jesús Dios junto con otros pasajes que distinguen entre Jesús y el único verdadero Dios”.

Por otro lado, si bien plantea Raymond E. Brown que es una difícil tomar una decisión, y que ciertamente hay algunos especialistas concienzudos que rechazan esta última interpretación (como H. Conzelmann, Joachim Jeremías, J. N. D. Kelly), pone de relieve que la mayoría de los especialistas la apoyan (entre ellos Oscar Culmann, J. D. Quinn, C. Spicq, y el mismo Brown).

Finalmente, puntualiza Brown la opinión de M. J. Harris quien señala que esta tercera interpretación es la opinión prácticamente unánime de los gramáticos y lexicógrafos (nota al pie de página numero 26, página 203), así de sencillo.   


Muy a propósito de nuestro «Curso online de Gramática castellana aplicada al análisis gramatical de los textos bíblicos (Biblia Hebrea, Septuaginta, Nuevo Testamento Griego)», que inicia el lunes 4 de noviembre.


Y a propósito de nuestro «Curso online de griego koiné (estudio completo de la gramática del idioma original del Nuevo Testamento)», que inicia el miércoles 8 de enero 2020.