Sobre la traducción del caso dativo, Nociones de hebreo, griego y traducción bíblica


Sobre la traducción del caso dativo

Nociones de hebreo, griego y traducción bíblica

Héctor B. Olea C.

El «caso dativo» consiste en uno de los cinco casos de la flexión nominal griega (declinación).

Ahora bien, dejando de lado otros usos del «caso dativo», el «caso dativo» es el caso del objeto o complemento indirecto de un verbo griego transitivo (el caso dativo empleado sin preposición).

Luego, si bien el hebreo no tiene propiamente una flexión nominal (declinación nominal) como el griego; no es menos cierto que, a su manera, el hebreo también cuenta con una forma de indicar el objeto o complemento indirecto de un verbo transitivo (empleando la preposición «le»).

Pero respecto de la traducción del «caso dativo» de objeto o complemento indirecto, tanto en griego como en hebreo, hay dos formas de traducirlo:

En primer lugar, con la sintaxis o redacción de un objeto indirecto, empleando en la traducción al español la preposición «a», incluso con la preposición «a» y la forma pronominal «le» (para el objeto indirecto en singular) y «les» (para el objeto indirecto en plural).

En segundo lugar, con la redacción y sintaxis de un complemento de destinario o beneficiario (en cuyo beneficio o perjuicio tiene lugar la acción verbal).

Un caso ilustrativo: Génesis 8.20a (en hebreo y griego)

A modo de ilustración, en la imagen anexa, coloco el segmento del texto hebreo y griego de Génesis 8.20 que contiene el «caso dativo», y propongo sus posibilidades de traducción, como objeto indirecto y como complemento de destinario o beneficiario.

A propósito de los cursos que conforman nuestra oferta profesional y académica para mayo.

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Recuerda que el IDCB es lugar donde el estudio de las lenguas bíblicas no es un simple decorativo o complemento de un programa, plan de estudios o malla curricular que tiene sus propios y particulares objetivos; sino que el estudio y enseñanza profesional (aconfesional e independiente) de las lenguas bíblicas es nuestra especialización.

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«Tanáj» o «Tanák» ¿Alguna diferencia? Curso de hebreo bíblico, desde cero, sin gramática


«Tanáj» o «Tanák»

¿Alguna diferencia?

Curso de hebreo bíblico, desde cero, sin gramática

Héctor B. Olea C.

En muchos casos, de vez en cuando, nos vemos en la necesidad de realizar ciertas precisiones sobre aspectos o cosas relacionadas con las lenguas bíblicas que, ciertamente, no tienen mucha relevancia para la exégesis y la traducción bíblica; sin embargo, dejan ver el conocimiento y la comprensión que se tiene del funcionamiento de la lengua bíblica de que se trate, en este caso, del hebreo clásico o bíblico.

En todo caso, cabe preguntarse si la persona que muestra el desconocimiento de ciertos aspectos básicos de las lenguas bíblicas, tendrá la capacidad de expresarse con acierto respecto de otros aspectos de mayor relevancia para la exégesis y traducción bíblica.

Por ejemplo, la disyuntiva entre «Tanáj» o «Tanák», invita a considerar varias cosas relativas al hebreo bíblico.

En tal sentido, es preciso poner relieve que la letra hebrea «kaf», incluso en el hebreo moderno, puede representar dos fonemas o sonidos distintos.

En primer lugar, el fonema «k» si está iniciando una sílaba y no está precedida de un sonido o fonema vocálico, en cuyo cayo tendrá dentro un punto dentro llamado «daguésh suave» o «daguésh qal» (hay excepciones).

En segundo lugar, que siempre que sea la última consonante de una palabra va a representar el fonema «j», y en dicha posición puede aparecer con una vocal dentro, o simplemente con «shevá» simple (dos puntos colocados en posición vertical) no vocalizado, que no constituyen una vocal.

Luego, atendiendo a que en el acrónimo que representa la palabra «Tanáj» (las tres consonantes iniciales de las tres secciones de la Biblia Hebrea) la letra «kaf» es la última letra, y como aparece con un «shevá» simple no vocalizado; la transliteración y lectura esperada y recomendada debe ser: «Tanáj».

Por supuesto, como siempre, invito a considerar la imagen anexa con la cual voy a ilustrar estas líneas.

Muy a propósito de nuestro curso: «Hebreo clásico (bíblico) desde cero, y sin gramática». Un curso de seis meses dirigido al público general interesado en el uso instrumental de la principal lengua original de la Biblia Hebrea.

Inició: viernes 8 de mayo.

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Traducción versus transliteración (transcripción) La palabra «aleluya» en el centro de esta cuestión


Traducción versus transliteración (transcripción)

La palabra «aleluya» en el centro de esta cuestión

Prof. Héctor B. Olea C.

La palabra, unidad fundamental de la comunicación lingüística, constituye una cadena fónica, o sea, una secuencia o cadena de sonidos lingüísticos o fonemas (unidad lingüística más pequeña carente de significado).

Por supuesto, toda palabra está constituida al menor por un morfema, (unidad lingüística más pequeña dotada de significado, con significado, léxico o gramatical).

Luego, si bien se cree que las versiones o traducciones de la Biblia siempre se traduce (que todo es traducción), lo cierto es que no siempre se traduce (no todo es traducción).

En realidad, y, en honor a la verdad, hay una serie de palabra o expresiones que se han hecho prácticamente universales, sin embargo, no constituyen propiamente una «traducción», sino una «transliteración» o «transcripción» de una expresión o término presente en los textos bíblicos en sus lenguas originales.

En tal sentido, es preciso decir que la tan popular y universal palabra «aleluya», generalmente empleada como expresión de alabanza o adoración; en realidad no es una traducción, sino más bien una transliteración de una expresión hebrea (presente sólo en el libro de los Salmos).

Consecuentemente, como transliteración que es, la palabra «aleluya» no transmite la carga semántica, el significado que tiene la expresión hebrea detrás de la misma (ni su constitución morfemática), sino la secuencia de fonemas (o sonidos lingüísticos) que representa.

Análisis y explicación de la expresión hebrea detrás de la palabra «aleluya»

La palabra expresión hebrea detrás de la palabra «aleluya» está conformada, por un lado, por un imperativo de la segunda persona masculina plural (ustedes), de la conjugación piel, de la raíz «lejalél» (alabar, elogiar, ensalzar, enaltecer, glorificar, etc.), o sea, «jalelú» (alaben ustedes, glorifiquen ustedes).

Observación: El imperativo hebreo «jalelú» (alaben ustedes, glorifiquen ustedes) aparece en la Biblia Hebrea en veinticinco versículos (en algunos en dos y hasta en tres ocasiones) en el libro de los Salmos, y otras dos veces en el libro de Jeremías (20.13; 31.7).

Por otro lado, el segundo elemento que conforma la expresión hebrea detrás de la palabra «aleluya», es «yaj», una forma abreviada del sagrado nombre (YHVH), funcionando como objeto o complemento directo del imperativo «jalelú» (alaben ustedes, glorifiquen ustedes).

Luego, el significado de la expresión hebrea «jalelu-yáj» es: «alaben ustedes al Señor», «glorifiquen ustedes al Señor», significado que, por supuesto, no comunica la cadena fónica griega «jaleluiá», tampoco la expresión latina «alleluia», «alleluja» (leer: «al-leluya») ni la cadena fónica española «aleluya».

Por otro lado, no es posible dejar de lado que, en efecto, en Jeremías 20.13 está presente la expresión «jalelú et- YHVH», en la cual la partícula intraducible y que marca el objeto determinado «et» (delante de YHVH), lo señala como objeto o complemento directo del imperativo «jalelú» (alaben ustedes, glorifiquen ustedes).

Pero esta vez la clásica versión griega (Septuaginta, Los LXX) no transliteró con la ya conocida «jaleluiá» (como en los Salmos), sino que tradujo con la expresión «ainésate autó» (alábenlo ustedes, comiencen a alabarlo ustedes).

En conclusión, la palabra española «aleluya» no es una traducción, pues no transmite el significado de la expresión hebrea detrás de la misma, sino más bien una transliteración que ha procurado reflejar, gracias al griego y luego al latín, la cadena fónica que constituye la referida expresión hebrea.

Finalmente, es preciso poner de relieve que la palabra «aleluya» nos ha llegado y se ha hecho universal gracias a la opción asumida por la clásica versión griega (Septuaginta, Los LXX), de transliterar en lugar de traducir.

A propósito de los dos cursos que iniciaron la semana pasada (uno en al campo del hebreo bíblico y otro en el campo del griego koiné) y para los cuales todavía estás a tiempo.

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Sobre la palabra «Dios», «dios», «diosa» en el griego (clásico y koiné) Texto ilustrativo Hechos 19.27 y 37

 

Sobre la palabra «Dios», «dios», «diosa» en el griego (clásico y koiné)

Texto ilustrativo Hechos 19.27 y 37

Nociones de griego clásico y koiné

Héctor B. Olea C.

Si bien la palabra que se traduce «Dios» («dios») en el Nuevo Testamento (1, 318 veces, pero 4, 008 veces en la Septuaginta) se usa principalmente como un sustantivo de género masculino en la Septuaginta y en el Nuevo Testamento Griego; lo cierto es que tanto en el griego koiné como en el griego clásico se usa más bien como un sustantivo común al género masculino y al género femenino, distinguiendo o precisando su género gramatical por el artículo determinado (aunque siempre declinado como un sustantivo de género masculino de la segunda declinación).

En tal sentido, respecto del Nuevo Testamento, un único ejemplo (un «jápax legómenon») de su uso como sustantivo de género femenino y marcado precisamente por el artículo determinado lo encontramos en Hechos 19.37, traducido «diosa» (favor de considerar mi explicación en la imagen anexa).

Por otro lado, el griego también (clásico y koiné) cuenta con otro sustantivo estrictamente de género gramatical femenino y de la primera declinación. 

Dicho sustantivo se usa una sola vez en el todo el Nuevo Testamento Griego (jamás en la Septuaginta), en Hechos 19.27 (también un «jápax legómenon»).

Además, desde el punto de vista de la crítica textual, es claro que no hay evidencia alguna de que la lectura «zeás» o «theás» (genitivo femenino singular) sea una sustitución del genitivo singular de «zeós» (o «theós») en Hechos 19.27.  

Finalmente, como siempre, invito a considerar la imagen anexa con la cual espero ilustrar estas líneas.

A propósito de nuestro curso de «Griego koiné (bíblico)» desde cero, el primer año (vocabulario, morfosintaxis y traducción), que inicia esta noche.

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«Todo se ha cumplido», «consumado es» (Juan 19.30) Nociones y cursos de griego bíblico


 
«Todo se ha cumplido», «consumado es» (Juan 19.30)
El «perfecto griego» versus el «pretérito perfecto español»
Nociones de griego koiné (bíblico)

Héctor B. Olea C.

Los últimos segundos de la existencia del Jesús crucificado es descrita de forma distinta por cada uno de los Evangelios canónicos.

Según Marcos 15.37: “Jesús, después de gritar fuertemente, expiró (murió)”

De acuerdo a Mateo 27.50: “Jesús, luego de gritar fuertemente otra vez, expiró (murió: dejó ir el espíritu)”

Y en conformidad a Lucas 23.46 “Jesús, habiendo gritado fuertemente, dijo: Padre, en tus manos encomiendo (confío) mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró (murió)”.

Pero la versión del cuarto Evangelio es mucho más optimista y positiva y, por supuesto, teológicamente más elaborada, pues indica que Jesús muere con la convicción de haber cumplido una misión o tarea que le había sido asignada (considérese Juan 4.34; 5.23; 8.29; 12.49; 18.11):

“Jesús, después de recibir el vinagre, dijo: todo está realizado (cumplí). Luego inclinó la cabeza y entregó el espíritu” (murió).

Ahora bien, leyendo a Juan 19.30 en la «Nueva Versión Internacional» (NVI), observamos que empleó el pretérito perfecto español:

“Al probar Jesús el vinagre, dijo: —Todo se ha cumplido. Luego inclinó la cabeza y entregó el espíritu”.

Por supuesto, la forma verbal en pretérito perfecto español es: «todo se ha cumplido».

Luego, cabe preguntar, ¿cuáles son las características de la forma verbal griega detrás de la traducción «todo se ha cumplido»?

Respuesta: La forma verbal griega detrás de la traducción «todo se ha cumplido» es «tetélestai», una forma verbal en tiempo perfecto, voz pasiva, modo indicativo, tercera persona del singular, del verbo «teléo»: llevar a cabo algo, realizar algo completamente, llevar algo a su plenitud, etc.

Luego, si bien, por lo general, las versiones de la Biblia en español han empleado el «pretérito perfecto español» para traducir formas verbales del «perfecto griego», lo mismo que manuales de griego bíblico y clásico; lo cierto es que el «perfecto griego» no es exactamente equivalente al «pretérito perfecto español».

En tal sentido, es preciso tomar en cuenta las siguientes observaciones:

La primera, el pretérito perfecto español (tiempo compuesto) es un tiempo histórico, que se emplea con dos sentidos básicos:

El primer lugar, para señalar acciones verbales que tienen lugar en el pasado (en algún momento anterior al momento del habla), pero con efectos en el presente, al momento del habla. Ejemplos: He estudiado, no he viajado, no he comido, etc.

En segundo lugar, también se emplea como sinónimo del «pretérito perfecto simple» o «pretérito indefinido» (el simple pretérito), que señala una acción puntual en el pasado, una acción realizada en algún momento anterior al habla. Ejemplos: viajé, estudié, comí, pensé, etc.

En tercer lugar, en todo caso, el «pretérito perfecto español» es un tiempo histórico, un tiempo que señala acciones que se realizan en el pasado, en algún momento anterior al momento del habla (por eso se lo clasifica como una forma del pretérito).

Pero el «perfecto griego» es un tiempo primario, que no apunta al pasado sino al presente, que no es de uno de los llamados «tiempos históricos» (o «secundarios») del sistema verbal griego; por eso no recibe la figura del «aumento» (como sí lo reciben el imperfecto, el aoristo primero o segundo y el pluscuamperfecto, por supuesto, en el modo indicativo).

Consecuentemente, el perfecto griego (no es un tiempo pretérito o que hace referencia al pasado) que, desde el punto de vista del valor aspectual, indica el acabamiento o maximalidad de una acción verbal, en otras palabras, denota que un estado o acción ha llegado a su máxima expresión.

Un estado que se ha alcanzado y que se mantiene en el presente como resultado de una acción anterior al momento del habla.

Y desde el punto de vista del valor temporal, indica una acción pasada con resultado siempre presente (tiempo presente, estado ya alcanzado al momento del habla), o bien, una acción presente y resultado futuro.

En tal sentido, una manera de ilustrar la diferencia entre el perfecto griego y el pretérito perfecto español, es la empleada en algunos manuales de griego clásico.

Por ejemplo, mientras que empleando el pretérito perfecto español una mujer diría: «he dado a luz», «he parido» (acciones anteriores al momento del habla); según el perfecto griego sería: «soy madre», «tengo hijo o hija» (los efectos siempre presentes al momento del habla, un estado del sujeto ya alcanzado al momento del habla).

Y en voz pasiva, «yo he sido bautizado», «yo he sido curado» (pretérito perfecto español), pero «estoy bautizado», «estoy curado», «estoy sano» (perfecto griego).

Por supuesto, es preciso distinguir entre el «presente pasivo»: «soy enseñado», «estoy siendo enseñado» (acción simultánea al momento del habla, acción de capacitación que es simultánea al momento del habla), y entre el «perfecto griego pasivo»: «estoy enseñado», «estoy capacitado», «estoy listo o capacitado para» (estado de capacitación ya alcanzado al momento del habla).

Consecuentemente, mejores traducciones de la forma verbal griega empleada por Juan 19.30, «tetélestai», que el pretérito perfecto español «todo se ha cumplido» (Nueva Versión Internacional), y de la forma «consumado es» (Reina Valera 1960, Nueva Biblia de las Américas y otras), serían: «está consumado», «todo está cumplido» (Biblia de Jerusalén 2018).

Además, es preciso decir que la forma verbal «tetésletai» solamente está presente en dos ocasiones en el Nuevo Testamento Griego, y las dos veces en el Evangelio de Juan, y las dos veces en el mismo capítulo 19: versículos 28 y 30.

Sin embargo, la traducción propuesta en el versículo 28 generalmente ha sido más acertada que la propuesta en el versículo 30, sin negar que en el versículo 28 se hace todavía más énfasis al momento del habla con el adverbio de tiempo o puntualizador «éde» (ya, ahora): «sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado» (Reina Valera 1960); «como Jesús sabía que ya todo estaba consumado» (Nueva Versión Internacional); «Jesús sabía que ya había hecho todo lo que Dios le había ordenado» (Traducción en lenguaje actual); «sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido» (Biblia de Jerusalén Quinta Edición 2018).

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«Tomad», «comed», «bebed» Mateo 26.26, 27 ¿Imperativos en aoristo o en presente?


 
«Tomad», «comed», «bebed»
Mateo 26.26, 27
¿Imperativos en aoristo o en presente?
Nociones de morfosintaxis griega

Héctor B. Olea C.

En el contexto de la llamada «última cena», se nos pone al tanto de que Jesús, después de haber dado gracias y pronunciar la bendición; tomó pan, lo partió y lo dio a comer a sus discípulos, con las siguientes palabras: «tomad», «comed», «bebed» (Reina Valera 1960, Biblia de Jerusalén y otras), o «tomen», «coman», «beban» (español latinoamericano: Nueva Versión Internacional y otras).

Ahora bien, ¿qué importancia tiene el preguntarnos si estos tres imperativos fueron formulados en el tema temporal de presente o en el tema temporal del aoristo?

La razón es que en el sistema verbal griego un mandato u orden tiene un matiz distinto si se formula en el tema temporal de presente o si plantea en el tema temporal del aoristo (1ero o 2do).

Consecuentemente, en primer lugar, un imperativo en el tema temporal de presente, si se asume que la acción ya está en desarrollo, se pide que dicha acción continúe, situación que aquí no es: Sigan tomando y comiendo el pan, sigan bebiendo (de la copa).

En segundo lugar, si se asume que la acción no está en desarrollo, se pide que dicha acción comience, inicie, pero permanezca: comiencen a tomar y a comer (el pan) y sigan haciéndolo (en el futuro), comiencen a beber de la copa y sigan bebiendo de ella (en el futuro), situación que no es la que vemos en Mateo 26.26, 27.

En tercer lugar, si se asume que se trata de una máxima, principio general o una normativa general, se considera un mandato persistente: Tomen y coman el pan (siempre) siempre, y beban de la copa continuamente, que tampoco es la que vemos en Mateo 26.26, 27.

Pero con un imperativo en el tema temporal del aoristo (1ero o 2do) se exige o procura el inicio de una acción puntual o ingresiva, sin más detalles, sin enfocarse en el futuro: tomen y coman el pan, y beban de la copa (esta vez), situación que es la que observamos en Mateo 26.26. 27.

En tal sentido, Mateo 26.28 deja ver que, para Jesús, esta ocasión era única, lo mismo que Marcos 14.25; Lucas 22.16 y 18, sin dar muestras de establecer un rito que habría de seguir siendo practicado por sus discípulos posterior y continuamente.

Sin embargo, según Pablo (1 Corintios 11.24, 25) Jesús sí habría instituido un rito repetitivo, por eso, Pablo emplea un imperativo de presente: «túto poiéite» (sigan haciendo esto, no dejen de hacer esto).

Pero además de emplear un imperativo de presente, Pablo agrega «cada vez que ustedes coman este pan y beban esta copa, la muerte del Señor proclaman hasta que él venga» (1 Corintios 11.26).

Las formas «tomen» y «coman» en Pablo

Según el texto mayoritario o textus receptus, no según el texto crítico, en 1 Corintios 11.24 Pablo habría empleado los imperativos «tomen» y «coman», empleados por Mateo (26.26; Marcos sólo empleó el imperativo tomen, 14.22).

Por supuesto, Lucas 22.19 también se hace eco de la expresión de Pablo «sigan haciendo esto en mi memoria» (1 Corintios 11.24).

Sin embargo, desde el punto de vista de la crítica textual, se cuestiona tal cosa el que Pablo haya empleado los imperativos empleados por Mateo.

En efecto, al respecto, el comentario al texto griego de Bruce M. Metzger, observa:

“El Textus Receptus añade las palabras «lábete» (tomen) y «fáguete» (coman), que provienen de Mateo 26.26, con lo que se ciñe a C, J, K, L, P y a casi todos los manuscritos minúsculos de la versión siríaca filoxeniana, de la versión gótica, got-pp. Si estas palabras hubieran sido parte del relato original de Pablo, no hay ninguna buena razón que explique su ausencia en P46, Alef, A, B. C*, D, F, G, 33, 104. 181*, 218, 424c, 425, 618, 1906, 1912, itd, g, vg cop sa, bo, arm Cipriano Basilio Cirilo Teodoreto Crisóstomo Eutalio Juan Damasceno”.

Por otro lado, desde el punto de vista gramatical, los imperativos aoristos «tomen, y coman esta vez», no cuadran, no armonizan con el imperativo de presente: «túto poiéte» (sigan haciendo esto, continúen haciendo esto, no dejen de hacer esto), y con la expresión «cada vez que...» (1 Corintios 11.26).

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«Este es mi cuerpo» o «esto es mi cuerpo» ¿Cuál línea de traducción es la acertada?


 
«Este es mi cuerpo» o «esto es mi cuerpo»
¿Cuál línea de traducción es la acertada?
Nociones de morfosintaxis griega

Héctor B. Olea C.

De entrada, debo dejar bien claro aclarar que con estas breves líneas no estoy interesado en discutir la validez o no de la llamada transubstanciación ni de la consustanciación (o consubstanciación), ni si la tradicional interpretación metafórica evangélica (la de los grupos dominantes del llamado cristianismo protestante y evangélico) es la interpretación más correcta.

En realidad, este trabajo, como siempre, es de naturaleza filológica y académica, no teológica o confesional.

Pues bien, una porción bíblica de lectura y reflexión obligada en tiempo de cuaresma, es el relato de la «última cena» (Marcos 14.12-25; Mateo 26.26-30; Lucas 22.7-23; 1 Corintios 11.23-26).

Luego, precisamente dentro de la narración de la llamada «última cena», se nos pone al tanto de que Jesús, después de haber dado gracias y pronunciar la bendición; tomó el pan, lo partió y lo dio a comer a sus discípulos; y que luego también tomó la copa y les dio a beber a los mismos.

Y en dicho contexto, según la línea de traducción de que se trate, Jesús habría dicho: «este es mi cuerpo», «esta es mi sangre» (Biblia de Jerusalén Quinta Edición, 2018, 2019) o bien, «esto es mi cuerpo», «esto es mi sangre» (Reina Valera 1960, y prácticamente casi todas las demás versiones producidas en los ambientes del cristianismo protestante y evangélico, incluyendo a las Sociedades Bíblicas Unidas.

Ahora bien, ¿a cuál de estas dos líneas de traducción favorece el texto griego?

Respuesta: A la línea de traducción que hizo la Biblia de Jerusalén Quinta Edición, y otras anteriores revisiones de dicha serie («este es mi cuerpo», «esta es mi sangre»).

Pero, ¿en qué se sustentará la línea de traducción representada por la Reina Valera 1960 y las que la siguen?

Al parecer, especulo yo, en el hecho de que en el texto griego se empleó el pronombre adjetivo demostrativo en género neutro singular («túto»).

Sin embargo, al considerar en la forma acertada en que la Reina Valera 1960 y otras han traducido otros textos bíblicos que también involucran el mismo demostrativo «túto» en género neutro, da origen a sospechas legítimas y ha de ponernos en guardia frente a la traducción aquí en género neutro («esto»).

Luego, cabe la pregunta, ¿razones lingüísticas y filológicas o más bien teológicas para emplear aquí el género neutro («esto»)?

Consecuentemente, una pregunta ineludible es: ¿por qué se empleó en el texto griego el demostrativo en género neutro?

Respuesta: Porque los sustantivos involucrados: «cuerpo» («soma»), «copa» («potérion»), y «sangre» («jáima») son de «género neutro» en griego, en perfecta armonía con lo que establece y dicta la gramática griega respecto de la concordancia de caso, género y número que debe existir entre el demostrativo (adjetivo demostrativo o pronombre demostrativo) y el sustantivo al cual señala.

En efecto, la gramática griega (griego clásico y griego koiné) establece que el demostrativo (adjetivo o pronombre) debe concordar en caso, en género y en número con el sustantivo o palabra sustantivada con el cual esté relacionado sintácticamente.

Pero en la traducción del griego al español del sustantivo involucrado, así como la traducción del demostrativo (adjetivo o pronombre), se ha de emplear el género del sustantivo español equivalente o correspondiente.

En resumen, en griego el demostrativo «túto» se empleó en género neutro porque señala o apunta a sustantivos de género neutro («cuerpo», «copa», y «sangre»); pero en la traducción se ha de emplear el masculino «este» en relación al sustantivo «cuerpo», porque «cuerpo» es de género masculino en español; y se ha de emplear en la traducción al español el género femenino «esta» en relación al sustantivo «copa» y al sustantivo «sangre» porque ambos son de género femenino en español.

Dos casos curiosos y problemáticos

Llama la atención la forma curiosa en que dos obras han traducido, en una línea distinta a las dos referidas líneas de traducción.

Digo esto porque, por un lado, concuerdan con la línea de traducción que nos regaló la Reina Valera 1960, y, por otro lado, concuerdan con la línea de traducción que produjo la Biblia de Jerusalén, aunque de manera distinta.

Me refiero a versión interlineal «El Nuevo Testamento Interlineal Palabra por palabra», por Elsa Tamez e Isela Trujillo (Sociedades Bíblicas Unidas, año 2012), y a la obra dirigida por el profesor Antonio Piñero, «Todos los Evangelios, una traducción íntegra de las lenguas originales de todos los textos evangélicos conocidos», publicada por EDAF (año 2009).

En primer lugar, la obra «Todos los Evangelios, una traducción íntegra de las lenguas originales de todos los textos evangélicos conocidos», tradujo acertadamente la primera frase: «este es mi cuerpo» (Mateo 26.26), pero de manera inconsistente y desacertada la segunda: «esto es mi sangre» (Mateo 26.28).

En segundo lugar, «El Nuevo Testamento Interlineal Palabra por palabra», también tradujo de manera inconsistente, pero a la inversa.

Me explico, tradujo de manera desacertada la primera frase: «esto es mi cuerpo» (literalmente: «esto es el cuerpo de mí», Mateo 26.26), pero de manera acertada la segunda frase: «esta es mi sangre» (literalmente: «esta es la sangre de mí», Mateo 26.28).

Evidentemente, el que estas dos últimas obras hayan traducido de manera acertada en una parte, pero no en la otra, invita a pensar que, si fueron acertadas en una, también pudieron serlo en la otra.

En otras palabras, que las razones que las llevaron a ser acertadas en una parte debieron llevarlas a ser acertadas en la otra, pues ambas partes, en ambos casos, se observa exactamente la misma sintaxis en el texto griego.

Finalmente, si bien señalamos la línea de traducción que consideramos correcta a la luz de la gramática griega, esto no significa que tal línea de traducción obligue a asumir el dogma de la transubstanciación.

En todo caso, no es nuestro interés pronunciarnos en beneficio ni en perjuicio de posición teológica alguna respecto de la llamada eucaristía, santa cena o santa comunión, etc.

Además, comprendemos que cada comité y casa editorial habrá de decidir si han de producir una traducción acorde a la teología del sector que la da origen, o si más bien han de procuran proponerle al público general una traducción lo más objetiva y neutral posible, dejando a cada quien optar por la interpretación que más se ajuste o cuadre con su particular teología personal e institucional.

Por supuesto, como siempre, invito a considerar la imagen anexa con la cual espero ilustrar estas líneas.

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Altibajos en la serie «Reina Valera», La traducción de Juan 20.17 en el centro de esta cuestión


 

Altibajos en la serie «Reina Valera»

La traducción de Juan 20.17 en el centro de esta cuestión

Nociones y cursos de griego clásico y de griego koiné

 

Héctor B. Olea C.

Un hecho muchísimas veces constatado es que las versiones de la Biblia no siempre llegan a transmitir con precisión algunos matices que tiene el mensaje del texto bíblico en la lengua original.

Además, también es cierto que incluso manuales de las lenguas bíblicas, en algunos casos, tampoco ayudan mucho. 

En tal sentido, con este breve artículo me he propuesto poner de relieve un caso concreto, muy popular, por cierto, que involucra la sintaxis o redacción de una prohibición en mandato negativo en la lengua griega (clásico y koiné).

Es preciso decir que, a diferencia del español, la lengua griega establece ciertas diferencias entre una prohibición o mandato en negativo que se redacta empleando el tema temporal de presente, y la prohibición o mandato en negativo que emplea el aoristo (el tema temporal del aoristo, fuerte o débil).

Por supuesto, se ha de tener en cuenta que, en relación al modo indicativo, el presente griego equivale al presente del español, y el aoristo (primero o segundo) equivale al llamado pretérito perfecto simple (pretérito indefinido, o simple pretérito) incluso al pretérito perfecto.

Nota: El «aoristo primero» también recibe el nombre de «aoristo débil» (porque para su formación apela a un morfema extraño a la raíz verbal) y el «aoristo segundo» el nombre de «aoristo fuerte».

Pero en el resto de los modos, como en el imperativo, la diferencia entre un imperativo de presente y un imperativo aoristo (primero o segundo), no tiene que ver con el tiempo en que se supone que ocurre la acción verbal, sino con el aspecto de la acción verbal, o sea, con la forma en que se asume o concibe la acción del verbo.

En tal sentido, llama la atención que un manual de griego koiné o bíblico, muy viejo, por cierto, pero todavía útil y muy usado, afirma: “No hay distinción entre los tiempos del modo imperativo. El imperativo aoristo se refiere a la acción sin indicar su duración o repetición, mientras que el imperativo presente se refiere a la acción en forma descriptiva, continua o repetida… Generalmente, es difícil de hacer la distinción en la traducción” («Griego para principiantes», de J. Gresham Machen, 2003, por Editorial Vida, pero originalmente publicado en ingles en el año 1923).

Sin embargo, lo cierto es que el español cuenta con los recursos necesarios para transmitir las distinciones de matices que tiene el imperativo de presente y el imperativo aoristo, y los mandatos en negativo o prohibiciones en el tema temporal de presente respecto de los mandatos negativos o prohibiciones en el tema temporal del aoristo.

Luego, como principio general, una prohibición o mandato en negativo en el tema temporal de presente, procura evitar la continuidad de una acción ya en desarrollo, ya iniciada, y la prohibición redactada en el tema temporal del aoristo (débil o fuerte), procura evitar el inicio de una acción.

Consecuentemente, hay que tener en cuenta que el griego emplea una sintaxis propia para una prohibición en el tema temporal de presente y una sintaxis distinta para la prohibición en el tema temporal del aoristo.

Caso ilustrativo: La traducción de Juan 20.17 en la serie Reina Valera

¿Qué tipo de prohibición o mandato en negativo constituye en griego las palabras del Jesús resucitado a María Magdalena?

¿Cuál es la sintaxis empleada aquí, la de una prohibición en el tema temporal de presente o en el tema temporal del aoristo?

Respuesta: La sintaxis de una prohibición en el tema temporal de presente.

Sin embargo, ¿cómo ha sido traducida dicha sintaxis en la serie Reina Valera

Respuesta: Por un lado, de forma desacertada como la sintaxis de una prohibición en el tema temporal de presente, o bien, de forma imprecisa o ambigua. 

Por otro lado, de forma acertada como la sintaxis de una prohibición en el tema temporal del aoristo.

Ejemplos de la traducción desacertada:

«No me toques» (Biblia del Oso, la original obra de Casiodoro de Reina, 1569)

«No me toques» (Biblia del cántaro, de 1602, obra de Cipriano de Valera, revisión de la original obra de Casiodoro de Reina), así también las revisiones de 1862 y de 1865.

«No me toques» (Reina Valera 1909).

«No me toques» (Reina Valera 1960).

Pero al llegar a la revisión de 1995, con la llamada «Reina Valera 1995», se da un cambio notable y una corrección necesaria y acertada, con la traducción «suéltame». 

De todos modos, de manera curiosa, inexplicable y lamentable, con las dos revisiones posteriores a la Reina Valera 1995 (todas realizadas por las Sociedades Bíblicas Unidas), con la llamada «Reina Valera Contemporánea» (2011) y con la más reciente, Reina Valera 2020, se da un inexplicable y criticable retroceso.

Resulta que, como mostramos, desde la original obra de Casiodoro de Reina (1569) hasta la revisión de 1960, se mantuvo la desacertada traducción «no me toques»; pero con la revisión de 1995 (Reina Valera 1995) se produjo una innegable y acertada corrección, con la traducción «suéltame», si bien con una lamentable nota al pie de página que dice: Literalmente: «No me agarres» (mejor: «deja de agarrarme»).

De todos modos, resulta que, con las dos posteriores revisiones a la de 1995, en la llamada «Reina Valera Contemporánea» (2011) y en la llamada «Reina Valera 2020», inexplicable y erróneamente se retomó la desacertada traducción «no me toques», lo mismo que en la llamada «Reina Valera Gómez» de 2023.   

Finalmente, ¿cuál es el problema con la traducción «no me toques»?

Respuesta: Que es una traducción ambigua que no comunica con precisión el sentido de la sintaxis griega empleada en Juan 20.17 (una prohibición o mandato en negativo en el tema temporal de presente), y que procura detener una acción verbal ya en desarrollo, en proceso.

Por eso, la mayoría de las personas que han leído o comentado a Juan 20.17 (en la serie Reina Valera) en las revisiones anteriores a la revisión de 1995, por lo general y naturalmente han interpretado y concluido que el Jesús resucitado procuró evitar que María Magdalena lo tocara, hiciera algún tipo de contacto físico con él, cuando en realidad la sintaxis griega indica otra cosa. 

En conclusión, una traducción acertada de la sintaxis griega empleada en Juan 20.17, debe producir traducciones que pongan de manifiesto que las palabras de Jesús son el resultado de que María Magdalena ya había entrado en contacto físico con el Jesús resucitado.

Consecuentemente, son acertadas las traducciones: «suéltame» (Reina Valera 1995, Biblia de las Américas 1997, Nueva Biblia de las Américas 2005 y Reina Valera Actualizada 2015), «deja de tocarme» (Biblia de Jerusalén Quinta Edición, 2018, 2019), «deja de colgarte de mí» (Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras), «no me retengas» (mejor: «no me sigas reteniendo», Biblia Textual IV Edición), «no me detengas» (mejor: «no me sigas deteniendo» (Traducción en lenguaje actual), y otras que vayan en la misma línea.

Finalmente, como siempre, invito a considerar la imagen anexa con la cual espero ilustrar estas líneas.

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Sobre el tratamiento de formas verbales griegas con morfología de voz media pasiva

 


Sobre el tratamiento de formas verbales griegas con morfología de voz media pasiva
Cursos y nociones de griego clásico y de griego koiné

Héctor B. Olea C.

Pistas y consejos prácticos:
Cuando estemos ante una forma verbal que, morfológicamente, puede ser asumida como de voz media o como de voz pasiva; lo primero que tenemos que hacer es asegurarnos de que no estamos ante una forma verbal de un «verbo deponente» (verbo que sólo se conjuga con morfología de voz media o pasiva, pero con el sentido de la voz activa).

Luego, solamente después de asegurarnos de que no estamos ante una forma verbal de un «verbo deponente», procuraremos establecer si contextualmente estamos ante una forma verbal en voz media o en voz pasiva y sus implicaciones, de acuerdo a las pistas que ofrezco en la imagen anexa.

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¿Por qué mes has abandonado? O ¿Para qué me has abandonado? Salmo 22.1; Marcos 15.34; Mateo 27.46

 
¿Por qué mes has abandonado? O ¿Para qué me has abandonado?
Nociones de morfosintaxis hebrea y griega
Salmo 22.1; Marcos 15.34; Mateo 27.46

Héctor B. Olea C.

En los relatos de la llamada «pasión de Cristo», es innegable la apelación al Salmo 22.1 (considerado «el Salmo de la pasión»), por parte de los Evangelios canónicos.

Sin embargo, nuestro trabajo se va a concentrar en el análisis de la expresión hebrea detrás de la tan conocida traducción de la versión Reina Valera 1960: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?»

En efecto, en su clásica y monumental obra, «La muerte del mesías», Raymond E. Brown le dedica todo un apéndice a la dependencia del Salmo 22 de los relatos evangélicos de la pasión («La muerte del mesías», tomo II, apéndice VII, páginas 1701-1715).

En todo caso, insisto, lo que me he propuesto con este breve artículo es, estrictamente, llamar la atención respecto del significado de la expresión hebrea traducida ¿por qué me has desamparado? ¿por qué me has abandonado?, la forma en que fue reflejada en el Tárgum (traducción aramea), la forma en que la tradujo la clásica versión griega (LXX, Septuaginta), y la manera en que la traducción griega fue citada por Marcos y por Mateo; no su interpretación teológica.

Es más, desde el punto de vista puramente teológico, Mateo Bautista en su obra «La pasión de Cristo, 151 preguntas y respuestas» (Editorial San Pablo, 2006), ofrece una perspectiva teológica con la cual se puede o no estar de acuerdo, al proponer su respuesta a la pregunta: ¿Murió Jesús sintiéndose abandonado? (pregunta 127)

Y su respuesta es: “Jesús no murió sintiéndose abandonado por el Padre, sino abandonado en el Padre, que siempre tiene la última palabra de vida” (páginas 127 y 128).

Iniciemos, pues, nuestra aventura.

En primer lugar, análisis de la expresión hebrea empleada en el Salmo 22.1 (ver imagen anexa)

Si bien es cierto que es en la imagen anexa que voy a citar el texto hebreo, su traducción y transliteración, aquí quiero hacer algunas necesarias y oportunas observaciones.

En primer lugar, considero de lugar traer a colación un fragmento de las palabras de la obra «Salmos», de Luis Alonso Schokel y Cecilia Carniti, dos tomos, publicada por Verbo Divino, año 1992, al comentar el Salmo 22, cito:

“El salmo encaja perfectamente en los cánones de la súplica individual, con sus dos componentes mayores, petición de auxilio en la tribulación, promesa de alabanza y acción de gracias por la liberación. La súplica se apoya en diversas motivaciones: el orante describe su situación trágica, apela a lo que es y ha sido el Señor, para otros y para él. Si bien la liberación es personal, promete una acción de gracias pública y ritual...”

“Siendo una súplica tan extraordinaria, de un inocente perseguido y liberado, el salmo, más que ningún otro texto del Antiguo Testamento, ha influido en los relatos evangélicos de la pasión. Recíprocamente, exaltado su sentido por ese aprovechamiento en el Nuevo Testamento, el salmo ha visto crecer su sentido”.

Por otro lado, quiero llamar la atención respecto de la expresión hebrea detrás de la traducción «¿por qué?» («lamá»), que, también, legítimamente, puede indicar propósito o finalidad, o sea, ¿para qué me has abandonado? ¿Con qué objetivo? ¿Con qué finalidad?

Por supuesto, si se hiciera un experimento y le preguntáramos a un número determinado de persona respecto de cómo han interpretado y asumido traducción: ¿Por qué?, es muy probable que una gran mayoría diga que, indicando causa, no finalidad (para qué).

En segundo lugar, análisis de la traducción del Tárgum (traducción aramea) ver imagen anexa)

Igual que en el texto hebreo, la expresión aramea detrás de la traducción «¿por qué?» («metúl ma»), también ofrece la posibilidad de ser asumida, legítimamente, como indicando finalidad, o sea, ¿para qué me has abandonado? ¿Con qué objetivo? ¿Con qué finalidad?

En tercer lugar, análisis de la expresión empleada por la clásica versión griega (ver imagen anexa)

A diferencia de lo que ocurre con la expresión hebrea («lamá») y con la expresión aramea («metúl ma»), la expresión griega empleada por la clásica versión griega («jína ti») indica, ante todo, propósito o finalidad: ¿para qué? ¿con qué finalidad? ¿A fin de qué?

Además, la traducción griega incluye una demanda que no está presente en el texto hebreo masorético ni en el Tárgum (traducción aramea), me refiero a la frase: «atiéndeme» (en griego «prósjes moi»).

Por cierto, tampoco Marcos y Mateo se hacen eco de esta demanda.

En cuarto lugar, análisis de la forma griega empleada por Marcos (ver imagen anexa)

Siguiendo a la clásica versión griega, aunque sin emplear precisamente las mismas palabras, la misma redacción, la expresión empleada por Marcos («eis ti») ante todo indica finalidad o propósito: ¿para qué? ¿con qué finalidad? ¿A fin de qué?

En quinto lugar, análisis de la forma griega empleada por Mateo (ver imagen anexa)

Por su parte, Mateo, que también va en la misma línea que Marcos, sin embargo, emplea prácticamente la misma expresión usada en la clásica versión griega: «jinatíme»: ¿para qué? ¿con qué finalidad? ¿A fin de qué?

Finalmente, insisto, para una mejor comprensión de estas líneas, favor de considerar la imagen anexa.

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¿«Al tercer día» o «después del tercer día»? Morfosintaxis griega y crítica textual


 
¿«Al tercer día» o «después del tercer día»?
Morfosintaxis griega y crítica textual

Héctor B. Olea C.

De entrada, debo decir que este breve artículo lo elaboré a petición de un apreciado y distinguido amigo, fundador y administrador de uno de distinguidos espacios académicos que me honran con difundir mis publicaciones, como aporte a un artículo de un destacado miembro de dicho foro, además, un apreciado amigo, contacto y alumno mío.

Manos a la obra.

Al margen de lo que digan las versiones de la Biblia, lo cierto es que hay en el Nuevo Testamento Griego dos expresiones que compiten respecto de la resurrección de Jesús: «Después del tercer día» («después de tres días») y «al tercer día».

La expresión «después del tercer día» («después de tres días») la encontramos en Mateo 27.63; Marcos 8.31; 9.31 y 10.34.

Y la expresión «al tercer día» está presente en: Mateo 20.19; Lucas 18.33; 24.7 y 1 Corintios 15.4.

Ahora bien, es preciso tener en cuenta que, solamente en relación a Marcos 9.31 y 10.34, aparece como lectura alternativa y en algunos manuscritos de menor importancia la expresión «al tercer día».

Esto significa que, respecto de Mateo 27.63 y de Marcos 8.31, no hay evidencia de que algún copista haya procurado cambiar la expresión «después de tres días» por la considerada más común «al tercer día».

Luego, la única conclusión posible es que en Marcos 8.31 y en Mateo 27.63 la lectura «después del tercer día» («después de tres días») no tiene competencia desde el punto de vista de la crítica textual.

En resumen, en el Nuevo Testamento Griego, la situación en relación a la expresión «después del tercer día» («después de tres días») y «al tercer día», respecto de la resurrección de Jesús, es la siguiente:

En primer lugar, Marcos jamás emplea la expresión «al tercer día», y de las tres veces que emplea la expresión «después del tercer día» («después de tres días»), solamente en Marcos 9.31 y 10.34 algunos manuscritos de menor importancia tienen como lectura alternativa la expresión «al tercer día».

En segundo lugar, Mateo, como Marcos, también emplea la expresión «después del tercer día», «después de tres días», (Mateo 27.63), expresión que aquí tampoco tiene competencia desde el punto de vista de la crítica textual.

Pero también emplea Mateo la expresión «al tercer día» (Mateo 20.19), sin que aquí haya la evidencia de que algún copista o manuscrito haya procurado sustituirla por la expresión «después del tercer día».

En tercer lugar, Lucas emplea estrictamente la expresión «al tercer día» (Lucas 18.33 y 24.7), sin que haya la evidencia de que algún copista o manuscrito la haya sustituido por la lectura «después del tercer día».

En cuarto lugar, Pablo, como Lucas, solamente emplea la expresión «al tercer día» (1 Corintios 15.4), otra vez, sin que haya la evidencia de que algún copista o manuscrito sugiera sustituirla por la lectura «después del tercer día».

En todo caso, respecto de la afirmación paulina aquí, «conforme a las escrituras», no sabemos en realidad a qué texto se refiere.

Finalmente, considerando que solamente Marcos hace un uso exclusivo de la expresión «después del tercer día», «después de tres días» (pues Mateo emplea ambas, como muestro arriba); es probable que la preferencia por una en lugar de la otra, y viceversa, sea más bien una cuestión de estilo.

Además, si Jamieson, Fausset y Brown («Comentario exegético y explicativo de la Biblia, tomo II, el Nuevo Testamento», Casa Bautista de Publicaciones, 1989) tienen razón al decir que la expresión «después del tercer día», según la manera judía de calcular, significa «al comienzo del tercer día» (comentando a Mateo 27.63), confirmaría que se trata más bien de una cuestión de estilo.

Como siempre, invito a considerar detenidamente la imagen anexa con la cual espero ilustrar estas breves línea.

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«No le permito a la mujer», ¿una traducción desacertada? Un análisis crítico de 1 Timoteo 2.12


«No le permito a la mujer», ¿una traducción desacertada?

1 Timoteo 2.12 en el centro de esta cuestión
Nociones de griego (clásico y koiné)

Héctor B. Olea C.

Hoy (en la fecha de hoy) y siempre será loable sumarse a la lucha que procura una mejor condición de vida de la mujer en todo el globo terráqueo, fuera y dentro de los ambientes eclesiásticos.

Sin embargo, si bien es cierto que nos oponemos a la continua e innegable discriminación y violencia (particular y sistémica) que sufre la mujer a nivel global; también es cierto que nos oponemos a la violencia que muchas veces se ejerce sobre los textos bíblicos, proponiendo traducciones seriamente cuestionables de algunos textos bíblicos, aunque la razón pueda catalogarse de muy piadosa.

En tal sentido, me he propuesto reaccionar al que entiendo un análisis morfosintáctico desacertado de 1 Timoteo 2.12 y que, consecuentemente, concluye con una propuesta de traducción inadmisible de dicho texto.

Se argumenta que la traducción «no le permito a la mujer» es errónea, porque la palabra (sustantivo) «mujer» en el texto griego no se encuentra en el caso acusativo, sino en el caso dativo.

Ahora bien, es innegable que el sustantivo «mujer» se encuentra en el caso dativo; sin embargo, es preciso decir que la mencionada crítica se sustenta en una premisa falsa: Que todo verbo transitivo griego se complementa con el caso acusativo, que para todo verbo griego transitivo rige el caso acusativo.

En honor a la verdad, lo cierto es que hay un grupo de verbos griegos transitivos que se complementan con el caso genitivo y otros con el caso dativo.

Y resulta que, precisamente, el verbo empleado en 1 Timoteo 2.12, «epitrépo», es uno de esos verbos que se completa con el caso dativo (para el cual rige el caso dativo).

Precisiones sobre el verbo «epitrépo»

El «Diccionario del griego bíblico, Setenta y Nuevo Testamento» (Verbo Divino, 2016), de Amador Ángel García Santos, nos dice:

El verbo «epitrépo», por un lado, significa encargar, encomendar algo a alguien, empleando el caso acusativo, y encomendarle a alguien hacer algo, empleando el caso dativo.

Por otro lado, también significa: dar permiso, conceder, permitirle o no a alguien (siempre en caso dativo), hacer algo (en infinitivo).
Consecuentemente, es preciso decir que el verbo «epitrépo» se usa en el Nuevo Testamento dieciocho (18) veces, y todas las veces con el sentido de permitirle o no permitir alguien hacer algo.

Luego, llama la atención que de las dieciocho (18) veces que aparece en el Nuevo Testamento, el verbo «epitrépo» no aparece complementado solamente en cuatro ocasiones: Juan 19.38; Hechos 21.40; 1 Corintios 16.7 y Hebreos 6.3; pero las restantes catorce ocasiones sí aparece complementado, y precisamente todas las veces con el caso dativo.

Además, de las catorce veces en los que aparece complementado, sólo en una única ocasión no se empleó un infinitivo (Marcos 5.13).

Finalmente, respecto de 1 Timoteo 2.12, tenemos que concluir en este texto se cumplen todas las condiciones morfosintácticas establecidas en la gramática griega respecto del verbo «epitrepo»: la primera, en caso dativo a quien no se le permite hacer algo (a la mujer, en caso dativo); la segunda, lo que no se le permite hacer («enseñar», en infinitivo) ni «dominar» (en infinitivo) al varón (en caso genitivo, caso que rige para el verbo «dominar» aquí empleado), también en infinitivo lo que sí se le permite (estar en silencio).

En conclusión, al margen de lo comprometido que se sienta el exégeta y traductor del Nuevo Testamento Griego con la lucha por el establecimiento de mejores e ideales condiciones de vida para la mujer tanto en la sociedad en general como en los ambientes eclesiásticos; debe evitar manipular el texto de 1 Timoteo 2.12, ignorando lo que la gramática griega establece respecto de la semántica y la sintaxis del verbo presente en dicho texto, con tal de proponer una traducción que indebidamente ponga al autor del texto en cuestión a expresare en unos términos extraños a su propio contexto histórico y a la gramática del texto que hemos recibido de él, pero favorable al discurso que procura unas mejores condiciones de vida para la mujer.

Por supuesto, la manipulación de textos y de la gramática griega, en este caso, no es el mejor camino no es la vía, no es la opción recomendada para mostrarnos preocupados y solidarios con la mujer, y comprometidos con la lucha que procura unas mejores condiciones de vida para la mujer a nivel global.

Como siempre, invito a considerar con detenimiento la imagen anexa con la cual espero hacer más comprensibles estas líneas.

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