¿Por qué mes has abandonado? O ¿Para qué me has abandonado? Salmo 22.1; Marcos 15.34; Mateo 27.46
Nociones de morfosintaxis hebrea y griega
Salmo 22.1; Marcos 15.34; Mateo 27.46
Héctor B. Olea C.
En los relatos de la llamada «pasión de Cristo», es innegable la apelación al Salmo 22.1 (considerado «el Salmo de la pasión»), por parte de los Evangelios canónicos.
Sin embargo, nuestro trabajo se va a concentrar en el análisis de la expresión hebrea detrás de la tan conocida traducción de la versión Reina Valera 1960: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?»
En efecto, en su clásica y monumental obra, «La muerte del mesías», Raymond E. Brown le dedica todo un apéndice a la dependencia del Salmo 22 de los relatos evangélicos de la pasión («La muerte del mesías», tomo II, apéndice VII, páginas 1701-1715).
En todo caso, insisto, lo que me he propuesto con este breve artículo es, estrictamente, llamar la atención respecto del significado de la expresión hebrea traducida ¿por qué me has desamparado? ¿por qué me has abandonado?, la forma en que fue reflejada en el Tárgum (traducción aramea), la forma en que la tradujo la clásica versión griega (LXX, Septuaginta), y la manera en que la traducción griega fue citada por Marcos y por Mateo; no su interpretación teológica.
Es más, desde el punto de vista puramente teológico, Mateo Bautista en su obra «La pasión de Cristo, 151 preguntas y respuestas» (Editorial San Pablo, 2006), ofrece una perspectiva teológica con la cual se puede o no estar de acuerdo, al proponer su respuesta a la pregunta: ¿Murió Jesús sintiéndose abandonado? (pregunta 127)
Y su respuesta es: “Jesús no murió sintiéndose abandonado por el Padre, sino abandonado en el Padre, que siempre tiene la última palabra de vida” (páginas 127 y 128).
Iniciemos, pues, nuestra aventura.
En primer lugar, análisis de la expresión hebrea empleada en el Salmo 22.1 (ver imagen anexa)
Si bien es cierto que es en la imagen anexa que voy a citar el texto hebreo, su traducción y transliteración, aquí quiero hacer algunas necesarias y oportunas observaciones.
En primer lugar, considero de lugar traer a colación un fragmento de las palabras de la obra «Salmos», de Luis Alonso Schokel y Cecilia Carniti, dos tomos, publicada por Verbo Divino, año 1992, al comentar el Salmo 22, cito:
“El salmo encaja perfectamente en los cánones de la súplica individual, con sus dos componentes mayores, petición de auxilio en la tribulación, promesa de alabanza y acción de gracias por la liberación. La súplica se apoya en diversas motivaciones: el orante describe su situación trágica, apela a lo que es y ha sido el Señor, para otros y para él. Si bien la liberación es personal, promete una acción de gracias pública y ritual...”
“Siendo una súplica tan extraordinaria, de un inocente perseguido y liberado, el salmo, más que ningún otro texto del Antiguo Testamento, ha influido en los relatos evangélicos de la pasión. Recíprocamente, exaltado su sentido por ese aprovechamiento en el Nuevo Testamento, el salmo ha visto crecer su sentido”.
Por otro lado, quiero llamar la atención respecto de la expresión hebrea detrás de la traducción «¿por qué?» («lamá»), que, también, legítimamente, puede indicar propósito o finalidad, o sea, ¿para qué me has abandonado? ¿Con qué objetivo? ¿Con qué finalidad?
Por supuesto, si se hiciera un experimento y le preguntáramos a un número determinado de persona respecto de cómo han interpretado y asumido traducción: ¿Por qué?, es muy probable que una gran mayoría diga que, indicando causa, no finalidad (para qué).
En segundo lugar, análisis de la traducción del Tárgum (traducción aramea) ver imagen anexa)
Igual que en el texto hebreo, la expresión aramea detrás de la traducción «¿por qué?» («metúl ma»), también ofrece la posibilidad de ser asumida, legítimamente, como indicando finalidad, o sea, ¿para qué me has abandonado? ¿Con qué objetivo? ¿Con qué finalidad?
En tercer lugar, análisis de la expresión empleada por la clásica versión griega (ver imagen anexa)
A diferencia de lo que ocurre con la expresión hebrea («lamá») y con la expresión aramea («metúl ma»), la expresión griega empleada por la clásica versión griega («jína ti») indica, ante todo, propósito o finalidad: ¿para qué? ¿con qué finalidad? ¿A fin de qué?
Además, la traducción griega incluye una demanda que no está presente en el texto hebreo masorético ni en el Tárgum (traducción aramea), me refiero a la frase: «atiéndeme» (en griego «prósjes moi»).
Por cierto, tampoco Marcos y Mateo se hacen eco de esta demanda.
En cuarto lugar, análisis de la forma griega empleada por Marcos (ver imagen anexa)
Siguiendo a la clásica versión griega, aunque sin emplear precisamente las mismas palabras, la misma redacción, la expresión empleada por Marcos («eis ti») ante todo indica finalidad o propósito: ¿para qué? ¿con qué finalidad? ¿A fin de qué?
En quinto lugar, análisis de la forma griega empleada por Mateo (ver imagen anexa)
Por su parte, Mateo, que también va en la misma línea que Marcos, sin embargo, emplea prácticamente la misma expresión usada en la clásica versión griega: «jinatíme»: ¿para qué? ¿con qué finalidad? ¿A fin de qué?
Finalmente, insisto, para una mejor comprensión de estas líneas, favor de considerar la imagen anexa.
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¿«Al tercer día» o «después del tercer día»? Morfosintaxis griega y crítica textual
¿«Al tercer día» o «después del tercer día»?
Morfosintaxis griega y crítica textual
Héctor B. Olea C.
De entrada, debo decir que este breve artículo lo elaboré a petición de un apreciado y distinguido amigo, fundador y administrador de uno de distinguidos espacios académicos que me honran con difundir mis publicaciones, como aporte a un artículo de un destacado miembro de dicho foro, además, un apreciado amigo, contacto y alumno mío.
Manos a la obra.
Al margen de lo que digan las versiones de la Biblia, lo cierto es que hay en el Nuevo Testamento Griego dos expresiones que compiten respecto de la resurrección de Jesús: «Después del tercer día» («después de tres días») y «al tercer día».
La expresión «después del tercer día» («después de tres días») la encontramos en Mateo 27.63; Marcos 8.31; 9.31 y 10.34.
Y la expresión «al tercer día» está presente en: Mateo 20.19; Lucas 18.33; 24.7 y 1 Corintios 15.4.
Ahora bien, es preciso tener en cuenta que, solamente en relación a Marcos 9.31 y 10.34, aparece como lectura alternativa y en algunos manuscritos de menor importancia la expresión «al tercer día».
Esto significa que, respecto de Mateo 27.63 y de Marcos 8.31, no hay evidencia de que algún copista haya procurado cambiar la expresión «después de tres días» por la considerada más común «al tercer día».
Luego, la única conclusión posible es que en Marcos 8.31 y en Mateo 27.63 la lectura «después del tercer día» («después de tres días») no tiene competencia desde el punto de vista de la crítica textual.
En resumen, en el Nuevo Testamento Griego, la situación en relación a la expresión «después del tercer día» («después de tres días») y «al tercer día», respecto de la resurrección de Jesús, es la siguiente:
En primer lugar, Marcos jamás emplea la expresión «al tercer día», y de las tres veces que emplea la expresión «después del tercer día» («después de tres días»), solamente en Marcos 9.31 y 10.34 algunos manuscritos de menor importancia tienen como lectura alternativa la expresión «al tercer día».
En segundo lugar, Mateo, como Marcos, también emplea la expresión «después del tercer día», «después de tres días», (Mateo 27.63), expresión que aquí tampoco tiene competencia desde el punto de vista de la crítica textual.
Pero también emplea Mateo la expresión «al tercer día» (Mateo 20.19), sin que aquí haya la evidencia de que algún copista o manuscrito haya procurado sustituirla por la expresión «después del tercer día».
En tercer lugar, Lucas emplea estrictamente la expresión «al tercer día» (Lucas 18.33 y 24.7), sin que haya la evidencia de que algún copista o manuscrito la haya sustituido por la lectura «después del tercer día».
En cuarto lugar, Pablo, como Lucas, solamente emplea la expresión «al tercer día» (1 Corintios 15.4), otra vez, sin que haya la evidencia de que algún copista o manuscrito sugiera sustituirla por la lectura «después del tercer día».
En todo caso, respecto de la afirmación paulina aquí, «conforme a las escrituras», no sabemos en realidad a qué texto se refiere.
Finalmente, considerando que solamente Marcos hace un uso exclusivo de la expresión «después del tercer día», «después de tres días» (pues Mateo emplea ambas, como muestro arriba); es probable que la preferencia por una en lugar de la otra, y viceversa, sea más bien una cuestión de estilo.
Además, si Jamieson, Fausset y Brown («Comentario exegético y explicativo de la Biblia, tomo II, el Nuevo Testamento», Casa Bautista de Publicaciones, 1989) tienen razón al decir que la expresión «después del tercer día», según la manera judía de calcular, significa «al comienzo del tercer día» (comentando a Mateo 27.63), confirmaría que se trata más bien de una cuestión de estilo.
Como siempre, invito a considerar detenidamente la imagen anexa con la cual espero ilustrar estas breves línea.
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«No le permito a la mujer», ¿una traducción desacertada? Un análisis crítico de 1 Timoteo 2.12
«No le permito a la mujer», ¿una traducción desacertada?1 Timoteo 2.12 en el centro de esta cuestión
Nociones de griego (clásico y koiné)
Héctor B. Olea C.
Hoy (en la fecha de hoy) y siempre será loable sumarse a la lucha que procura una mejor condición de vida de la mujer en todo el globo terráqueo, fuera y dentro de los ambientes eclesiásticos.
Sin embargo, si bien es cierto que nos oponemos a la continua e innegable discriminación y violencia (particular y sistémica) que sufre la mujer a nivel global; también es cierto que nos oponemos a la violencia que muchas veces se ejerce sobre los textos bíblicos, proponiendo traducciones seriamente cuestionables de algunos textos bíblicos, aunque la razón pueda catalogarse de muy piadosa.
En tal sentido, me he propuesto reaccionar al que entiendo un análisis morfosintáctico desacertado de 1 Timoteo 2.12 y que, consecuentemente, concluye con una propuesta de traducción inadmisible de dicho texto.
Se argumenta que la traducción «no le permito a la mujer» es errónea, porque la palabra (sustantivo) «mujer» en el texto griego no se encuentra en el caso acusativo, sino en el caso dativo.
Ahora bien, es innegable que el sustantivo «mujer» se encuentra en el caso dativo; sin embargo, es preciso decir que la mencionada crítica se sustenta en una premisa falsa: Que todo verbo transitivo griego se complementa con el caso acusativo, que para todo verbo griego transitivo rige el caso acusativo.
En honor a la verdad, lo cierto es que hay un grupo de verbos griegos transitivos que se complementan con el caso genitivo y otros con el caso dativo.
Y resulta que, precisamente, el verbo empleado en 1 Timoteo 2.12, «epitrépo», es uno de esos verbos que se completa con el caso dativo (para el cual rige el caso dativo).
Precisiones sobre el verbo «epitrépo»
El «Diccionario del griego bíblico, Setenta y Nuevo Testamento» (Verbo Divino, 2016), de Amador Ángel García Santos, nos dice:
El verbo «epitrépo», por un lado, significa encargar, encomendar algo a alguien, empleando el caso acusativo, y encomendarle a alguien hacer algo, empleando el caso dativo.
Por otro lado, también significa: dar permiso, conceder, permitirle o no a alguien (siempre en caso dativo), hacer algo (en infinitivo).
Consecuentemente, es preciso decir que el verbo «epitrépo» se usa en el Nuevo Testamento dieciocho (18) veces, y todas las veces con el sentido de permitirle o no permitir alguien hacer algo.
Luego, llama la atención que de las dieciocho (18) veces que aparece en el Nuevo Testamento, el verbo «epitrépo» no aparece complementado solamente en cuatro ocasiones: Juan 19.38; Hechos 21.40; 1 Corintios 16.7 y Hebreos 6.3; pero las restantes catorce ocasiones sí aparece complementado, y precisamente todas las veces con el caso dativo.
Además, de las catorce veces en los que aparece complementado, sólo en una única ocasión no se empleó un infinitivo (Marcos 5.13).
Finalmente, respecto de 1 Timoteo 2.12, tenemos que concluir en este texto se cumplen todas las condiciones morfosintácticas establecidas en la gramática griega respecto del verbo «epitrepo»: la primera, en caso dativo a quien no se le permite hacer algo (a la mujer, en caso dativo); la segunda, lo que no se le permite hacer («enseñar», en infinitivo) ni «dominar» (en infinitivo) al varón (en caso genitivo, caso que rige para el verbo «dominar» aquí empleado), también en infinitivo lo que sí se le permite (estar en silencio).
En conclusión, al margen de lo comprometido que se sienta el exégeta y traductor del Nuevo Testamento Griego con la lucha por el establecimiento de mejores e ideales condiciones de vida para la mujer tanto en la sociedad en general como en los ambientes eclesiásticos; debe evitar manipular el texto de 1 Timoteo 2.12, ignorando lo que la gramática griega establece respecto de la semántica y la sintaxis del verbo presente en dicho texto, con tal de proponer una traducción que indebidamente ponga al autor del texto en cuestión a expresare en unos términos extraños a su propio contexto histórico y a la gramática del texto que hemos recibido de él, pero favorable al discurso que procura unas mejores condiciones de vida para la mujer.
Por supuesto, la manipulación de textos y de la gramática griega, en este caso, no es el mejor camino no es la vía, no es la opción recomendada para mostrarnos preocupados y solidarios con la mujer, y comprometidos con la lucha que procura unas mejores condiciones de vida para la mujer a nivel global.
Como siempre, invito a considerar con detenimiento la imagen anexa con la cual espero hacer más comprensibles estas líneas.
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Consistencias e inconsistencias en el empleo del griego, como lengua original y como lengua de traducción
Consistencias e inconsistencias en el empleo del griego
Como lengua original y como lengua de traducción
Mateo 4.1; Lucas 4.1-2 y Jonás 1.1; 3.1
Héctor B. Olea C.
Al margen de la calidad que se exhiba en el nivel del uso de la lengua, es posible constatar consistencias e inconsistencias en el empleo de una lengua, en este caso, en el griego, como lengua original (Nuevo Testamento) y como lengua de traducción (Septuaginta).
En tal sentido, es preciso poner de relieve que el griego (clásico y koiné) emplea la preposición «jipó» más un sustantivo o palabra sustantivada en caso genitivo (singular o plural, masculino, femenino o neutro) para señalar al agente directo responsable de la acción verbal de un verbo en voz pasiva.
Luego, si bien es posible emplear otras formas y otras preposiciones, es innegable que la forma griega dominante y sobresaliente es la construcción sintáctica que emplea la preposición «jipó» más el caso genitivo en relación a un verbo en voz pasiva.
En consecuencia, no es posible obviar la forma consistente (desde el griego) en que Mateo 4.1 emplea la referida construcción sintáctica griega para señalar al Espíritu como el agente responsable de llevar a Jesús hacia el desierto, y para señalar al diablo como agente responsable de tentar a Jesús allí.
Sin embargo, es curiosa la forma inconsistente en que lo hace Lucas (4.1 y 2). Esto así porque, por un lado, emplea el caso dativo con la preposición «en» para señalar al Espíritu como el agente responsable de guiar a Jesús en el ámbito del desierto (en el deserto) o de llevarlo al desierto.
Pero coincide con Mateo al emplear la dominante construcción sintáctica para identificar al diablo como el agente responsable de tentar a Jesús en el desierto.
En todo caso, además de esta diferencia (respecto de Mateo) en la utilización de la construcción sintáctica para señalar el papel del Espíritu; Lucas también toma distancia de Mateo y concuerda con Marcos al afirmar (y con la misma construcción sintáctica) que estando Jesús en el desierto fue tentado, y no, como Mateo, que precisa que Jesús fue llevado al desierto «para ser tentado».
La consistencia esperada en el griego como lengua de traducción (Septuaginta)
Como caso ilustrativo quiero considerar la forma en que en la traducción del libro de Jonás del hebreo al griego (a propósito de nuestro «Diplomado en Jonás», en desarrollo) se tradujo la cadena constructa hebrea «dévar adonay» («la palabra del Señor», presente dos veces en Jonás (1.1; 3.1), así como la forma en que se tradujo al español la traducción griega de dicha cadena constructa hebrea.
Pues bien, el traductor al griego tradujo la cadena constructa «dévar adonay» («la palabra del Señor») con la expresión «lógos kiríu», el sustantivo «lógos» (palabra) sin el artículo determinado, a pesar de que, en hebreo, en la referida cadena constructa, el sustantivo «dévar» es un sustantivo sintácticamente determinado («la palabra de»).
Por supuesto, el afán de traducir por equivalencia formal del hebreo al griego, o sea, reflejando gráficamente en la traducción al griego una construcción sintáctica extraña al griego, pero con el valor que tiene en el hebreo, explica que el traductor al griego no haya empleado el sustantivo «lógos» (palabra) con el articulo determinado («jo lógos»).
Sin embargo, lo cierto es que, por un lado, no existe el concepto de «cadena constructa» en griego (con todas sus implicaciones); y por otro lado que, habiendo aceptado y comprendido que sintácticamente el sustantivo hebreo «dévar» (constructo singular de «davár») es determinado; lo que se esperaría es que una traducción al griego reflejara consistentemente dicha determinación a la manera griega, empleando el sustantivo «lógos» con el artículo determinado («jo lógos»).
Luego, es criticable que «La Biblia Griega, Septuaginta», traducción de la clásica versión griega de la Biblia Hebrea, publicada por Sígueme (2015-2021), haya traducido la expresión griega «lógos kiríu» como indeterminada, o sea, «una palabra del Señor».
Esto así porque es evidente que dicha expresión en griego (griego de traducción) no tiene el artículo determinado porque esta traducción griega es gráficamente equivalente a la cadena constructa hebrea que tradujo, o sea, «dévar adonay», con la salvedad de que no es precisamente equivalente en su determinación como sí lo es la mencionada construcción sintáctica hebrea.
Obviamente, después de comprender que el traductor al griego no necesariamente quiso indicar que el sustantivo «lógos» era indeterminado («una palabra»), sino que más bien estaba enfocado y preocupado por reflejar gráficamente en el griego una construcción sintáctica hebrea con sus implicaciones; pienso que la opción legítima debe ser traducir a «lógos» con el artículo determinado («la palabra»), pues sería el sentido correspondiente y equivalente al sentido de la construcción sintáctica hebrea (cadena constructa determinada) que tradujo.
Lógicamente, una mejor traducción al griego, la traducción griega esperada de la cadena constructa hebrea «dévar adonay», sería «jo lógos kiríu» («la palabra del Señor»).
Finalmente, como siempre, invito a considerar detenidamente la imagen anexa con la cual espero ilustrar estas líneas.
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¿«Hacia el desierto» o «en el desierto»? Algunas observaciones acerca del texto griego de Lucas 4.1
¿«Hacia el desierto» o «en el desierto»?
Algunas observaciones acerca del texto griego de Lucas 4.1
Lucas 4.1 versus Marcos 1.12 y Mateo 4.1
Héctor B. Olea C.
Si bien Lucas 4.1 paralela con Marcos 1.12 y con Mateo 4.1; sin embargo, el texto griego de Lucas 4.1 tiene algunas diferencias formales notables e indiscutibles respecto de la versión griega de Marcos 1.12 y Mateo 4.1.
En primer lugar, no empleó Lucas 4.1 un adverbio de tiempo como Marcos 1.12 y Mateo 4.1, aunque Mateo no emplea precisamente el mismo adverbio que Marcos.
En segundo lugar, concuerda Lucas con Mateo al utilizar la voz pasiva (un verbo conjugado en voz pasiva), y no con Marcos que empleó la voz activa (un verbo conjugado en voz activa).
En todo caso, no emplean Mateo y Lucas el mismo verbo que Marcos, aunque en realidad Lucas empleó el verbo simple que está en la base del verbo compuesto empleado por Mateo.
En tercer lugar, difiere Lucas de Marcos y de Mateo en cuanto al caso de la flexión nominal griega (declinación) en que usó la palabra «Espíritu»: Marcos en caso nominativo (como «sujeto agente» de un verbo en voz activa), Mateo en caso genitivo (como «complemento agente» de un verbo en voz pasiva); pero Lucas en caso dativo (dativo de agencia o dativo de agencia intermediaria, como «complemento agente»).
En cuarto lugar, a diferencia de Mateo que concuerda con Marcos al emplear la expresión o sintagma preposicional «hacia el desierto» («al desierto»), o sea, la palabra «desierto» en caso acusativo precedido de una preposición correspondiente, la misma preposición ambos Evangelios; sin embargo, Lucas utilizó la palabra «desierto» en caso dativo y precedido de una preposición, por necesidad, distinta a la utilizada por Marcos y por Mateo.
En quinto lugar, en principio es posible asumir que, diferencia de Marcos y de Mateo, Lucas no afirma que el Espíritu llevó, impulsó o expulsó a Jesús «hacia el desierto»; sino más bien que el Espíritu condujo o dirigió a Jesús mientras estuvo o estaba «en el desierto» (en el ámbito del desierto).
En esta línea tradujo la «Nueva Biblia Española» (1975), de Luis Alonso Schokel y Juan Mateos: «el Espíritu lo fue llevando por el desierto».
En todo caso, es posible que Lucas 4.1 haya empleado la palabra «desierto» en caso dativo y con la preposición «en», como una muestra concreta de la llamada «confusión helenística» entre el uso de la preposición «eis» más el caso acusativo y el uso de la preposición «en» con el caso dativo.
En otras palabras, la llamada referida «confusión helenística» que, siguiendo a Max Zerwick («El griego del Nuevo Testamento», Verbo Divino, 2002, página 59) solamente se da en Marcos, Lucas y Hechos, supone que se emplea la preposición «eis» con el caso acusativo con el valor propio de la preposición «en» con el caso dativo (expresando una idea locativa, sin movimiento, un estado de reposo); pero la preposición «en» con el caso dativo con el valor propio de la preposición «eis» más el caso acusativo (expresando la idea de movimiento: a, hacia).
En tal sentido, si se asume, a diferencia de la referida «Nueva Biblia Española», que en Lucas 4.1 estamos ante uno de los casos de la referida «confusión helenística», Lucas estaría diciendo lo mismo que Marcos y Lucas con la preposición «eis» y la palabra «desierto» en caso acusativo: «hacia el desierto», como tradujo la quinta edición de la «Biblia de Jerusalén» (2018, 2019: «por el Espíritu al desierto».
Sin embargo, a pesar de la llamada «confusión helenística» mencionada respecto de la preposición «eis» con el caso acusativo y la preposición «en» con el caso dativo; es preciso observar que, desde el punto de vista de la crítica textual, hay algunos manuscritos (el texto mayoritario) que en Lucas 4.1 insertan la expresión empleada por Marcos y por Mateo: «eis ten éremon» (la preposición «eis» más la palabra «desierto» en caso acusativo).
En sexto lugar, Lucas 4.1 difiere de Marcos y de Mateo en el tiempo del verbo usado: Marcos empleó un presente histórico o aorístico, Mateo un aoristo primero; pero Lucas el tiempo imperfecto.
En tal sentido, coincide Lucas con Mateo en emplear formalmente un llamado «tiempo histórico» («tiempo secundario»), mientras que Marcos utilizó un tiempo primario (el presente, pero con el valor de un tiempo histórico).
De todos modos, el tiempo imperfecto empleado por Lucas puede ser asumido de dos maneras: como un «imperfecto durativo» (el más frecuente uso del imperfecto: guiaba o estaba guiando), o como un «imperfecto ingresivo» o «imperfecto incoativo» (guio, comenzó a guiar).
En consecuencia, si se asume que la forma verbal «égueto» es un «imperfecto durativo» (en voz pasiva), y que la palabra «desierto» en caso dativo con la preposición «en» Lucas la empleó con su sentido propio, expresando una idea locativa, no de movimiento; la traducción de Lucas 4.1 debe ir en la siguiente línea: «Jesús lleno del Espíritu Santo regresó del Jordán y era guiado por el Espíritu en el desierto» (en el ámbito del desierto, mientras estaba o estuvo en el desierto).
Pero si se asume que la forma verbal «égueto» es un «imperfecto ingresivo», y que la palabra «desierto» en «caso dativo» con la preposición «en» es uno de los casos concretos de la llamada «confusión helenística», en la que dicha construcción es sinónima y se usa con el sentido propio la preposición «eis» con el «caso acusativo» (expresando la idea de movimiento: a, hacia); la traducción de Lucas 4.1 iría en la siguiente línea: «Jesús lleno del Espíritu Santo regresó del Jordán y fue guiado (comenzó a ser guiado) por el Espíritu hacia el desierto».
Por supuesto, sería ideal que la versión de la Biblia que asuma que en Lucas 4.1 la forma verbal «égueto» es un «imperfecto durativo» (en voz pasiva), y que la palabra «desierto» en caso dativo con la preposición «en» se usó con su sentido propio, expresando una idea locativa, no de movimiento, agregara una nota al pie de página que explique que es posible y legítima una línea de traducción que asuma que la forma verbal «égueto» es un «imperfecto ingresivo», y que la palabra «desierto» en «caso dativo» con la preposición «en» es uno de los casos concretos de la llamada «confusión helenística», en la que dicha construcción se usa con el sentido propio de la preposición «eis» con el «caso acusativo» (expresando la idea de movimiento: a, hacia), y viceversa.
Finalmente, como siempre, invito a considerar la imagen anexa, con la cual espero ilustrar estas líneas.
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Pistas para la traducción de la voz pasiva griega, Cuestiones de traducción bíblica
Cuestiones de traducción bíblica
Nociones de morfosintaxis griega y española
Héctor B. Olea C.
Antes de mencionar y analizar las formas con que cuenta el español para expresar la voz pasiva, es preciso tener presente que en griego la voz pasiva es un aspecto relacionado con la conformación interna o morfemática del verbo, una cuestión de la flexión verbal, si bien con implicaciones sintácticas.
Pero en español, sólo la voz activa puede considerarse como propia de la flexión verbal, pero la voz pasiva (y la voz media) es más bien es una cuestión de construcción sintáctica.
Luego, mientras que en griego es posible y legítimo hablar de «verbos en voz activa», «verbos en voz pasiva», «verbos en voz media»; en español se habla más bien de «construcciones sintácticas activas», «construcciones sintácticas pasivas», «construcciones sintácticas medias» (no equivalentes a las del griego).
En todo caso, en griego como en español, en la voz activa el agente responsable de la acción verbal coincide con el sujeto («sujeto agente»), mientras que en la voz pasiva el agente responsable de la acción verbal es más bien un «complemento», pero no cualquier complemento, sino «un complemento agente», y el sujeto es un «sujeto paciente» (un sujeto que no es responsable de la acción verbal).
De igual manera, el que sufre o recibe directamente la acción verbal realizada por otro (de un verbo transitivo) puede aparecer, sintácticamente, como un «objeto directo» (en voz activa), o como un «sujeto paciente» (en voz pasiva).
De todos modos, tanto en griego como en español, en la voz pasiva no siempre aparece señalado o identificado el «complemento agente»; pero cuando sí lo está, en español aparece precedido o introducido por la preposición «por».
Ejemplos: «Ella fue instruida por el profesor»; «Ellos son examinados por el consejo de directores», etc.
Formas que tiene el español de expresar la voz pasiva (las construcciones pasivas del español)
En primer lugar, la llamada «pasiva perifrástica». En esta construcción se emplea el verbo «ser» como auxiliar, y el verbo de que se trate, aparece en participio.
En esta construcción el agente responsable de la acción verbal (el complemento agente), puede aparecer identificado o no.
En segundo lugar, la llamada «pasiva refleja». En esta construcción, que hay que evitar confundirla con las «construcciones reflexivas», se emplea como auxiliar la forma pronominal «se», y el verbo en voz activa, siempre concordando en número con el sintagma nominal que aparece colocado a la derecha del verbo.
En estas construcciones se evita identificar o señalar el «complemento agente», y el sintagma que aparece a la derecha del verbo se considera un sujeto (aunque hay quienes entienden que es más bien un objeto directo).
En tercer lugar, la llamada «pasiva refleja impersonal» (o «unipersonal» según otros).
En esta construcción sintáctica también se emplea como auxiliar la forma pronominal «se», y el verbo en voz activa.
Pero a diferencia de la «pasiva refleja», el verbo siempre va en singular, y el sintagma que aparece colocado a la derecha del verbo se considera un objeto directo, por lo cual debe estar precedido de la preposición «a» (en los casos que es necesario).
Por supuesto, cuando el objeto directo no puede ser introducido por la preposición «a», resulta una construcción ambigua que puede confundirse con la llamada «pasiva refleja».
Caso ilustrativo
Con tal de favorecer la mejor comprensión de las distintas construcciones pasivas con que cuenta el español; lo que haré a continuación es redactar una oración en voz activa, en construcción activa, con verbo transitivo por necesidad, y luego expresarla en las distintas construcciones pasivas con que cuenta el español.
Oración en voz activa: María enseña a los niños.
Pasiva perifrástica con la identificación del complemento agente: «Los niños son enseñados por María».
Pasiva perifrástica excluyendo el complemento agente: «Los niños son enseñados».
Pasiva refleja: «Se enseñan los niños».
Observación: Esta es una construcción pasiva, no reflexiva, en la que el sintagma nominal «los niños» consiste en un «sujeto paciente» (pero otros lo ven como un objeto directo), que no consiste en un «sujeto agente» que al mismo tiempo es «objeto directo».
Pasiva refleja impersonal (unipersonal según otros): «Se enseña a los niños».
Consejos prácticos para la traducción de la voz pasiva griega
En primer lugar, consideraciones para la traducción de una oración griega en voz pasiva que identifica al «complemento agente».
Cuando una oración griega en voz pasiva (con un núcleo verbal en voz pasiva) señala y especifica el «complemento agente» (el agente responsable de la acción verbal); lo recomendable es que en la traducción al español se emplee la construcción sintáctica llamada «construcción pasiva perifrástica» que señala al «complemento agente».
Por ejemplo, en Mateo 4.1. se observa un ejemplo clarísimo de una construcción en voz pasiva que identifica o señala al «complemento agente».
La oración aquí presente es: «Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto».
Luego, como el texto tuvo a bien señalar el «complemento agente», sería contraproducente emplear en la traducción al español una de las construcciones sintácticas pasivas que evitan identificar el «complemento agente».
En tal sentido no se recomiendan las traducciones:
«Jesús fue llevado al desierto» (pasiva perifrástica que excluye al complemento agente sin discusión mencionado en el texto griego)
«Se llevó Jesús al desierto» (pasiva refleja que excluye al complemento agente sin discusión mencionado en el texto griego, y que, además, puede ser mal interpretada como una construcción sintáctica reflexiva: «Jesús se llevó el mismo al desierto»)
«Se llevó a Jesús al desierto» (pasiva refleja impersonal que excluye al complemento agente sin discusión mencionado en el texto griego).
Pero sí resulta legítima y apropiada una traducción al español en voz activa (considérese Marcos 1.12): «El Espíritu llevó a Jesús al desierto».
En segundo lugar, consideraciones para la traducción de una oración griega en voz pasiva que no identifica al «complemento agente».
Cuando una oración griega en voz pasiva, con un núcleo verbal en voz pasiva, que evitó la identificación del «complemento agente»; en la traducción al español se han de emplear construcciones pasivas que también procuran evitar hacer mención (la identificación) del «complemento agente».
Por ejemplo. En Hechos 8.32 encontramos una oración con un núcleo verbal en voz pasiva, pero sin nombrar o especificar el complemento agente: «él fue llevado a la muerte como una oveja».
Luego, como en el texto griego no se especifica al «complemento agente», además de la pasiva perifrástica «él fue llevado», otras posibles y legítimas traducciones son: «Se llevó él como una oveja a la muerte» (pasiva refleja, no reflexiva); «Se llevó a él (se lo llevó a él) como una oveja a la muerte» (pasiva refleja impersonal o unipersonal).
Incluso, una traducción al español en voz activa resulta legítima y apropiada: «a él lo llevaron a la muerte como una oveja», «a él lo llevaron como una oveja a la muerte».
En conclusión, en primer lugar, nada obliga a traducir al español en voz pasiva una oración griega que tenga como núcleo verbal un verbo en voz pasiva.
En segundo lugar, pero si se desea mantener o reflejar en la traducción la voz pasiva griega, el español cuenta con los recursos para transmitirla adecuadamente en la traducción.
Consecuentemente, lo que sí debemos procurar es que en la traducción al español (en nuestro caso) se transmita con la mayor fidelidad posible el mensaje del texto griego, aunque se realicen algunos cambios o ajustes sintácticos necesarios en la traducción al español.
En otras palabras, si alguien es «sujeto paciente» (que sufre o recibe directamente la acción verbal) en el texto griego, en la traducción al español podemos transmitir la misma idea, por un lado, empleando construcciones pasivas (donde también sea un «sujeto paciente»), o bien, empleando construcciones activas, donde pasa a desempeñar la función sintáctica de «objeto directo» (que también sufre o recibe directamente la acción verbal).
O sea, se puede cambiar la función sintáctica en la traducción, pero la idea transmitida sigue siendo la misma: alguien que, como «objeto directo» o como «sujeto paciente», recibe o sufre directamente la acción verbal realizada por otro.
En efecto, es lo mismo que ocurrió en el griego mismo cuando Marcos 1.12 empleó la voz activa (el Espíritu es «sujeto agente», y Jesús «objeto directo»), pero Mateo 4.1 la voz pasiva (el Espíritu es «complemento agente», y Jesús «sujeto paciente») para comunicar la misma idea.
Por supuesto, como siempre, invito a considerar la imagen anexa, a manera de ilustración.
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Sobre el genitivo griego Mateo 1.1 caso ilustrativo, cursos online de griego clásico y koiné
Sobre el genitivo griego
Mateo 1.1 caso ilustrativo
Nociones de morfosintaxis griega (griego clásico y griego koiné)
Héctor B. Olea C.
Si el caso acusativo es el caso ideal del complemento del verbo transitivo griego, el genitivo es el caso ideal del complemento del nombre o sustantivo.
En tal sentido, observa Junior Alexandre: “El genitivo propio es el caso de la delimitación, definición o descripción. Este tipo de genitivo define al nombre que modifica, atribuyéndole cualidad o relación”.
Además, en el fondo, todos los usos del genitivo apuntan hacia la noción general de determinación, delimitación, restricción o precisión de un dominio, pues un sustantivo en genitivo limita siempre el significado del sustantivo del que depende (y digo yo, «al que complementa»), «Gramática de griego (clásico y helenístico)», Herder, 2016, página 184.
Consecuentemente, es el caso genitivo el caso que muy probablemente se verá con más frecuencia en una oración griega, en un texto griego, en cualquiera de los tres géneros gramaticales que tiene la flexión nominal griega (masculino, femenino y neutro) y el número (singular y plural para el griego koiné o bíblico, pero incluyendo el número dual para el griego clásico).
Luego, el caso genitivo se verá complementando al nominativo, al mismo genitivo, al dativo, al acusativo y al vocativo.
Por ejemplo, una oración sencilla como: «El Señor enseña a los siervos en la casa», puede ser ampliada empleando el caso genitivo para complementar el sujeto (el Señor), el objeto directo (los siervos) y el complemento circunstancial de lugar (en la casa); en la siguiente manera: «El Señor de la iglesia enseña a los siervos del gobernante en la casa de los hermanos de sus discípulos».
Finamente, respecto de Mateo 1.1, por un lado, es preciso decir que está conformado por un sustantivo en caso nominativo, femenino singular (de la segunda declinación), que inicia el versículo, seguido por una serie de siete genitivos; por otro lado, debe tenerse en cuenta que, formalmente, no constituye una oración por carecer de un verbo finito (conjugado).
Por supuesto, como siempre, invito a considerar la imagen anexa, con la cual espero ilustrar estas líneas.
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Jesús, ¿«resucitó» o «fue resucitado»? ¿Desacierto gramatical en la traducción bíblica o sutileza teológica?
Jesús, ¿«resucitó» o «fue resucitado»?
¿Desacierto gramatical en la traducción bíblica o sutileza teológica?
Nociones de morfosintaxis griega
Héctor B. Olea C.
Al margen de la discusión respecto de la resurrección desde el punto de vista del análisis histórico y desde las ciencias naturales; me he propuesto analizar las formas en que gramaticalmente los autores del Nuevo Testamento hacen referencia a la llamada «resurrección de Jesús», y la manera en que dichas formas nos han llegado en las versiones de la Biblia.
El tal sentido, surge la pregunta: Para los autores del Nuevo Testamento, ¿Jesús resucitó por sí mismo? ¿Fue Jesús un agente, un sujeto agente?
¿Fue Jesús resucitado por otro, por Dios? ¿Fue Jesús un objeto directo (de verbos transitivo en voz activa) o un sujeto paciente (con verbos transitivos en voz pasiva)?
Precisiones técnicas desde el punto de vista lingüístico y gramatical
Desde el punto de vista gramatical (morfosintáctico) hay dos formas en la que se puede presentar la figura y función sintáctica «agente» (el responsable de la acción verbal): por un lado, como «sujeto agente» (con un verbo en voz activa, y en griego, incluso con un verbo en voz media); por otro lado, como «complemento agente» (con un verbo transitivo en voz pasiva).
Consecuentemente, también hay dos formas de presentar a quien recibe o sufre directamente la acción verbal: como «objeto o complemento directo» (con un verbo transitivo en voz activa), y como «sujeto paciente» (con un verbo transitivo en voz pasiva).
Luego, ¿cómo describen los autores del Nuevo Testamento a Jesús respecto de su asumida resurrección? ¿Cómo sujeto agente? (¿resucitó por sí mismo?) ¿Cómo objeto directo? (¿resucitado por otro?) ¿Cómo sujeto paciente? (¿resucitado por otro?).
Los datos que proporciona el Nuevo Testamento mismo
A la luz de Juan 10.17-18 («Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre», RV 1960.), se podría imaginar que el pensamiento de los autores del Nuevo Testamento es uniforme respecto de la asumida resurrección de Jesús: «Jesús ofreció voluntariamente su vida, y por sí mismo la volvió a tomar».
Sin embargo, las cosas no son tan sencillas, como veremos a continuación.
Tomando como punto de partida la versión Reina Valera 1960, hay una serie de textos en los cuales se emplea la forma verbal «resucitó» (forma verbal en voz activa), para hacer referencia a la resurrección de Jesús.
Sin embargo, entre esos textos que emplean la forma verbal «resucitó», hay que distinguir los textos que sugieren que, aparentemente, en principio, Jesús resucitó por sí mismo («sujeto agente» de un verbo en voz activa), de los textos que sugieren que Jesús fue resucitado por otro, por Dios (como «objeto directo» de un verbo transitivo en voz activa).
Consecuentemente, será mediante tres imágenes anexas donde vamos a ilustrar y profundizar en tres tipos de textos: 1) los textos que en la versión Reina Valera nos han llegado con la traducción «resucitó» (en voz activa) que, aparentemente, sugieren que Jesús fue un sujeto agente, que se resucitó a sí mismo; pero que en el griego se empleó la voz pasiva (indicando que Jesús más bien fue resucitado por otro, por Dios); 2) los textos que nos han llegado en la versión Reina Valera con la traducción «resucitó» (en voz activa), y en el griego también se empleó la voz activa, y que en un principio señalan a Jesús como «sujeto agente» (como alguien que resucitó por sí mismo); 3) los textos que en la versión Reina Valera 1960 como en el griego también se empleó la voz activa, pero asumiendo a Jesús como objeto directo de verbos transitivos en voz activa, y a Dios como «sujeto agente», por lo que señalan a Jesús como alguien resucitado por otro, por Dios, y no por sí mismo.
Por supuesto, entre los textos que tanto en el griego como en la versión Reina Valera 1960 se utilizó la voz activa y que apuntan a Jesús como «objeto directo» de verbos en voz activa; hay que distinguir entre los que en la versión Reina Valera 1960 nos han llegado con la traducción «resucitó», y los que muestran la traducción «levantó».
Finalmente, invito a considerar detenidamente las tres imágenes anexas, con las cuales espero ilustrar estas líneas.
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El participio griego atributivo en Hebreos 13.20, nociones de morfosintaxis del griego clásico y de griego koiné
El participio griego atributivo en Hebreos 13.20Nociones de morfosintaxis del griego clásico y de griego koiné
Héctor B. Olea C.
Como en español, el participio es una forma nominal del verbo (un lexema verbal no conjugado, verboide). Por otro lado, puede tener un valor adjetival, sustantivado y adverbial, cuando no está formando un tiempo perifrástico.
En tal sentido, en una imagen anexa explico el adjetivo atributivo que está presente en Hebreos 13.20, con sus propios complementos, y que constituye una proposición subordinada adjetiva.
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Una vez más sobre la voz pasiva griega Algunas pautas para su comprensión y traducción
Algunas pautas para su comprensión y traducción
Héctor B. Olea C.
En griego como en español, uno de los accidentes gramaticales (categorías accidentales) del verbo, es la «voz gramatical» (accidente gramatical que indica o sugiere el tipo de relación que tiene el sujeto con la acción verbal).
Ahora bien, en griego, a diferencia del español, la voz gramatical es propiamente un accidente del verbo (si bien con implicaciones sintácticas), de ahí que en griego podamos distinguir: 1) una forma verbal en voz activa; 2) una forma verbal en voz media pasiva: 3) una forma verbal estrictamente en voz media, y una forma verbal estrictamente en voz pasiva.
Por cierto, en el tema de presente (tiempo presente e imperfecto) la voz pasiva es una cuestión de desinencias (desinencias activas, desinencias medias pasivas), pero en el aoristo (1ero y 2do), en el futuro (1ero y 2do) y en el perfecto y pluscuamperfecto (1ero y 2do) tiene además implicaciones lexemáticas, o sea, que, para el aoristo (más bien para el aoristo 1ero o débil), el futuro y el perfecto, el griego cuenta con una base morfológica o lexema propio de la voz pasiva.
En efecto, precisamente entre las llamadas «seis partes fundamentales» del sistema verbal griego, existe una «quinta parte fundamental» (el perfecto medio pasivo, de la cual deriva el pluscuamperfecto medio pasivo) y una sexta parte fundamental (el aoristo pasivo, de la cual deriva el futuro pasivo).
Sin embargo, en español, la voz gramatical es más bien una cuestión sintáctica, por eso se habla de «construcciones oracionales activas», «construcciones oracionales pasivas» y «construcciones sintácticas medias» (muy distinta a la voz media griega, y de la cual hablaré en otra publicación).
En otras palabras, no tiene el español la diferencia entre «desinencias activas», «desinencias medias» y «desinencias pasivas».
En efecto, en español la voz gramatical no es un asunto de la composición interna del verbo o del lexema verbal (como en griego), sino más bien un aspecto relativo a la sintaxis.
Observación: En español (como en griego) las oraciones en voz pasiva, en construcción pasiva, el «sujeto» no es «agente» (no es el responsable de la acción verbal), y el «agente», de ser mencionado o especificado, aparece como un «complemento» («complemento agente»).
Otros dos apuntes importantes sobre la voz pasiva
En primer lugar, tanto en griego como en español, por lo general, se evita la voz pasiva, las construcciones pasivas, por su complejidad; sin embargo y, de todos modos, están presentes en ambas lenguas.
En segundo lugar, el español cuenta básicamente con dos formas para expresar la voz pasiva: 1) la pasiva perifrástica o de participio (que emplea el verbo «ser» como auxiliar, y el verbo correspondiente, el de la voz activa, en participio). Por ejemplo, la oración en voz activa: «Los estudiantes estudiaron la lección asignada», redactada en voz pasiva perifrástica resulta en: «La lección asignada fue estudiada por los estudiantes».
Y 2) la «pasiva refleja», la cual emplea como auxiliar la forma pronominal «se» y el verbo de que se trate en voz activa. Esta tiene dos formas: la llamada «pasiva refleja», por ejemplo, la oración activa: «Los hermanos conocieron al profesor de griego», redactada en «voz pasiva refleja» resulta en: «Se conoció el profesor de griego» (no reflexiva); pero redactada en la llamada «pasiva refleja impersonal o unipersonal», resulta en: «Se conoció al profesor de griego».
Consejos prácticos para la traducción de la voz pasiva griega
En primer lugar, si el texto griego incluye o especifica el «complemento agente» (el agente responsable de la acción verbal del verbo en voz pasiva), la traducción al español debe emplear la «voz pasiva perifrástica» (que admite la especificación del complemento agente) incluyendo el «complemento agente».
En segundo lugar, si el texto griego excluye (no especifica) el agente responsable de la acción del verbo en voz pasiva («complemento agente»), se puede traducir al español empleando la voz pasiva perifrástica (sin el «complemento agente»), la pasiva refleja o la pasiva refleja impersonal, indefinida o unipersonal.
En tercer lugar, en una imagen anexa voy a considerar, a manera de ilustración, dos textos del Nuevo Testamento Griego en construcción pasiva, uno que nombra o especifica al que «complemento agente» (Mateo 4.1), y otro que no lo hace (Romanos 10.13).
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El género gramatical del sustantivo hebreo «rúaj» Nociones de la morfosintaxis del hebreo bíblico
El género gramatical del sustantivo hebreo «rúaj»Nociones de la morfosintaxis del hebreo bíblico
Héctor B. Olea C.
Decir que el sustantivo hebreo «rúaj» es de género femenino, estrictamente de género femenino, pone en evidencia un desconocimiento de ciertos aspectos del vocabulario o léxico de la Biblia Hebrea, de la sintaxis del hebreo bíblico y de la forma en que sintácticamente funciona dicho sustantivo en la Biblia Hebrea, por supuesto, al margen de la polisemia que lo caracteriza.
En tal sentido, con estas líneas me he propuesto poner de relieve e ilustrar la forma en que la sintaxis hebrea es la forma adecuada para establecer el género gramatical del sustantivo «rúaj» en cada caso, en cada texto de la Biblia Hebrea en el que aparezca.
Por supuesto, habrá casos en los que la construcción sintáctica no permitirá establecer de manera indiscutible el género gramatical de sustantivo «rúaj».
En todo caso, a la luz de las construcciones sintácticas que sí nos permiten establecer con seguridad el género gramatical del sustantivo «rúaj» en la Biblia Hebrea, con absoluta certeza podemos llegar a las siguientes conclusiones.
En primer lugar, el sustantivo «rúaj» se usa por lo general como un sustantivo de género femenino.
Por ejemplo, «rúaj» es de género femenino en Génesis 1.2 (porque está sintácticamente relacionado con un participio (adjetivo verbal) de género femenino y singular), y en Ezequiel 18.31 (por estar relacionado sintácticamente con un adjetivo femenino singular).
Observación: En hebreo el adjetivo siempre expresa sin ambigüedad alguna el género gramatical del sustantivo al cual califica y con el cual está relacionado sintácticamente, al margen de cualquier irregularidad morfológica que pueda exhibir el sustantivo.
En segundo lugar, hay varios casos en los que el sustantivo «rúaj» se emplea como un sustantivo estrictamente de género masculino.
Por ejemplo, «rúaj» es de género masculino (un sujeto de género masculino) en Números 11.31 y en 1 Reyes 18.12, por funcionar sintácticamente como «sujeto nominal» de un verbo en la tercera persona masculina singular.
Observación oportuna: El género gramatical es uno de los accidentes gramaticales del verbo en el hebreo bíblico (lo mismo que en el arameo bíblico), contrario a lo que ocurre en el griego (clásico y koiné) y en español.
En tercer lugar, hay casos en los que el sustantivo «rúaj» se emplea al mismo tiempo y en un mismo contexto como un sustantivo de género masculino y como un sustantivo de género femenino.
Por ejemplo, en 1 Reyes 19.11 «rúaj» es tanto de género femenino (por estar relacionado sintácticamente con un adjetivo de género femenino singular: «guedolá»: «grande»), como de género masculino (por estar relacionado sintácticamente con un adjetivo de género masculino singular: «jazáq»: «fuerte»).
Por supuesto, como siempre, invito a considerar la imagen anexa con la cual voy a ilustrar estas líneas.
Muy a propósito de nuestro «curso de hebreo bíblico» (en desarrollo), de nuestro «Diplomado sobre Jonás» (también en desarrollo), y de nuestra continua oferta de clases intensivas y personalizadas, asesorías, acompañamiento, soporte y tutorías especializadas, enfocadas en las necesidades particulares del estudiante o institución.
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Mateo 8.32 y la clasificación de las variantes textuales en el Nuevo Testamento Griego
Mateo 8.32 y la clasificación de las variantes textuales en el Nuevo Testamento Griego
Nociones de crítica textual del Nuevo Testamento
Héctor B. Olea C.
Acertadamente observa Josep O’ Callaghan que las variantes que presenta el texto del Nuevo Testamento Griego se pueden clasificar en «simples» (las que presentan un único tipo de variante: omisión, inserción o interpolación, inversión o mutación) y las «compuestas» (las que presentan más de un tipo de variante: inserción o adición con mutación, omisión con mutación, inversión con mutación, adición con omisión y cambio, omisión con inversión, inversión en palabras separadas, mutación en palabras separadas, variación de toda la frase), «Introducción a la crítica textual del Nuevo Testamento», Verbo Divino, 1999, páginas 11 y 12.
En tal sentido, quiero llamar la atención sobre la problemática textual que involucra la presencia de la palabra «cerdos» en el texto griego de Mateo 8.32.
Por supuesto, será mediante una imagen anexa que voy a ilustrar dicha problemática.
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