El problema textual de Esdras 4.13 (texto arameo), curso online de Arameo bíblico


 

El problema textual de Esdras 4.13 (texto arameo)

Nociones de arameo bíblico y crítica textual de la Biblia Hebrea
Sobre la importancia del estudio del arameo bíblico

Héctor B. Olea C.

Como ya he dicho, el hebreo y el arameo bíblicos son dos lenguas distintas, por lo que, a pesar de emplear el mismo alfabeto y de tener muchas cosas en común, lo cierto es que también tienen características propias en el plano de la fonética, la flexión nominal, la flexión verbal y de la sintaxis.

Luego, la persona que aspire a poder leer la Biblia completa en sus lenguas originales, con sus propios ojos, además de estudiar hebreo y griego (y mejor que no sea simplemente de manera elemental), también debe invertir en el estudio del arameo bíblico.

Además, el público general debe saber que, dentro de la sección aramea de la Biblia Hebrea, tienen lugar los mismos tipos de problemas textuales que encontramos en la sección de la Biblia Hebrea escrita en hebreo (la gran y mayor parte).

En tal sentido, a manera de ilustración, me propuse llamar la atención respecto del problema textual que presenta el texto de Esdras 4.13 en la Biblia Hebrea (que forma parte de la sección de la Biblia Hebrea escrita en arameo).

El problema textual al que hago referencia involucra la expresión «veapetóm maljím tejanzíq», traducida por la Reina Valera 1960 y otras como y «el erario (tesoro) de los reyes será menoscabado (perjudicado)».

Pero la expresión «veapetóm maljím tejanzíq» podría ser traducida: «de esa manera ella (la ciudad reedificada) perjudicará a los reyes».

Ahora bien, en la Biblia Hebraica Stuttgartensia (BHS) se observa que la expresión «maljím tejanzíq» aparece con una «d» pequeñita, que invita a considerar la observación que, respecto de dicha frase, aparece en el aparato crítico de la BHS (Biblia Hebraica Stuttgartensia).

Pues bien, en el aparato critico se propone que la frase «maljím tejanzíq» (ella perjudicará a los reyes), se asuma como «milki mejanezáq» o «mílki mitajanzáq» (mi rey es perjudicado).

Por supuesto, las diferencias entre la expresión que se lee el texto de Esdras 4.13 y la que se propone en el aparato crítico, son las siguientes:

En primer lugar, la palabra presente en el texto de la Biblia Hebrea, «maljím», es un sustantivo en estado absoluto masculino plural, aunque con una letra final que se corresponde más con la forma hebrea que con la forma aramea, y significa «reyes».

Pero la forma que compite con ella y que aparece en el aparato crítico de la BHS es «milkí», el sustantivo «rey» («mélej») con el sufijo pronominal de la primera persona común singular, significando «mi rey».

En segundo lugar, la palabra presente en el texto de la Biblia Hebrea, «tejanzíq», es una forma verbal finita, o sea, un verbo conjugado, del estado imperfecto, tercera persona femenina singular, de la conjugación «jafel» (conjugación causativa): «ella (la ciudad) perjudicará».

Por supuesto, también, como en hebreo, en el imperfecto, la morfología de la tercera persona femenina singular es la misma para la segunda persona masculina singular.

En consecuencia, desde el punto de vista morfológico, la forma verbal «tejanzíq» también podría ser asumida como de la segunda persona masculina singular: «tú (de género masculino) perjudicarás»; pero, por el contexto, no parece que sea la mejor opción.

Luego, es preciso decir que las dos formas propuestas en el aparato crítico de la BHS, «mejanezáq» y «mitanzáq» son participios masculinos, que significan: «perjudicado».

Consecuentemente, a diferencia de la expresión «maljím tejanzíq» (ella perjudicará a los reyes), la expresión sugerida en el aparato crítico «mejanezáq milkí» o «mitanzáq mílkí», significan: «mi rey es perjudicado».

El punto de vista de la clásica versión griega (Septuaginta)

La lectura que de Esdras 4.13 nos proporciona la Septuaginta es: «kai túto basiléis kakopoiéi»: «y esto perjudica (perjudicará) a los reyes».

Por supuesto, podemos decir que al emplear la palabra «rey» en plural (reyes) la clásica versión griega concuerda con la lectura que se lee en el texto de la Biblia Hebrea; pero, por otro lado, también concuerda con la lectura sugerida en el aparato crítico de la BHS.

De todos modos, ciertamente, no habla el texto griego, la versión griega, de «mi rey», como sí lo hace la lectura propuesta en el aparato crítico de la BHS.

Al final, al margen de por cual lectura usted se decante, no es posible obviar que la exégesis de Esdras 4.13 tiene que tomar en serio, además del contexto, en primer lugar, la lectura que muestra la BSH en el texto en cuestión; en segundo lugar, la lectura propuesta o sugerida en el aparato crítico de la BHS, y, en tercer lugar, la versión que nos regala la clásica versión griega de la Biblia Hebrea, la Septuaginta.

Traducciones de Esdras 4.13 a la luz de la problemática textual analizada

Una traducción del texto de Esdras 4.13 tal y como aparece en la BHS, pero asumiendo la palabra «apetóm» como adverbio (así, de esa o esta manera), debe ir en la siguiente línea:

“Sepa el rey que, si esa ciudad es reconstruida y los muros levantados, sus habitantes no pagarán tributo, impuesto ni peaje, y así perjudicará a los reyes (los reyes serán perjudicados)”

Pero siguiendo las lecturas propuestas en el aparato crítico de la BHS, una traducción de Esdras 4.13 debe ir en la siguiente línea:

“Sepa el rey que, si esa ciudad es reconstruida y los muros levantados, sus habitantes no pagarán tributo, impuesto ni peaje, y de esta manera mi rey es (será) perjudicado”

Traducción de la versión griega de Esdras 4.13

“Ahora, pues, sepa el rey que, si aquella ciudad es reconstruida y sus murallas son reparadas, no habrá tributos para ti ni te pagarán impuestos, y esto perjudica (perjudicará) a los reyes” (los reyes son perjudicados).

Finalmente, como siempre, invito a considerar la imagen anexa, con la cual espero ilustrar estas líneas.

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Recuerda que el IDCB es lugar donde el estudio de las lenguas bíblicas no es un simple decorativo o complemento de un programa, plan de estudios o malla curricular que tiene sus propios y particulares objetivos; sino que el estudio y enseñanza profesional (aconfesional e independiente) de las lenguas bíblicas es nuestra especialización.

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El sustantivo «rey» («mélej») en la Biblia Hebrea (hebreo y arameo), Curso online de arameo bíblico

El sustantivo «rey» («mélej») en la Biblia Hebrea (hebreo y arameo)

Nociones de hebreo y arameo bíblicos

Sobre la importancia del estudio del arameo bíblico

Héctor B. Olea C.

Como es sabido, en una gran mayoría de instituciones de formación bíblica y teológica, se le dedica un poco de espacio al estudio del hebreo y el griego bíblicos; pero rara vez incluyen el estudio del arameo bíblico, aunque sea elemental.

Es más, de por sí, en muchos casos, el estudio que se ofrece de hebreo y griego es muy elemental.

En consecuencia, no sorprende que no se le dé mucha importancia o ninguna al estudio del arameo bíblico, tal vez, porque se piense que, en términos de alfabeto y puntuación, la sección aramea de la Biblia Hebrea es igual (se ve igual) que el resto de la Biblia Hebrea (BHS).

Sin embargo, el hebreo y el arameo bíblicos son en realidad dos lenguas distintas, por lo que, a pesar de emplear el mismo alfabeto y de tener muchas cosas en común, lo cierto es que también tienen características propias en el plano de la fonética, la flexión nominal, la flexión verbal y de la sintaxis.

En todo caso, la persona que aspire a poder leer la Biblia completa en sus lenguas originales, con sus propios ojos, además de estudiar hebreo y griego (y mejor que no sea simplemente de manera elemental), también debe invertir en el estudio del arameo bíblico.

En tal sentido, a manera de ilustración, me propuse llamar la atención sobre el parecido y diferencias que muestra un sustantivo común al hebreo y al arameo bíblicos, el sustantivo «mélej» («rey») que, en ambas lenguas es un sustantivo segolado, o sea, de dos sílabas, que su sílaba tónica es la penúltima, que su última sílaba es corta, y que su estado constructo singular es igual al estado absoluto singular, y con la misma carga semántica.

Por supuesto, escogí el sustantivo «mélej» («rey»), en primer lugar, porque su forma léxica (la que aparece en los diccionarios o léxicos) es igual en hebreo y en arameo; en segundo lugar, por su trascendencia en la Biblia Hebrea, con un total de 2, 526 apariciones, ocupando el tercer lugar en frecuencia, después de «ben» («hijo») y «elojím» («Dios», «dioses»), según Jenni y Westermann («Diccionario teológico manual del Antiguo Testamento», Ediciones Cristiandad, 1978).

Por otro lado, respecto del vocabulario del arameo bíblico, el sustantivo «mélej» («rey») también está entre los sustantivos más frecuentes en el arameo bíblico, en la sección aramea de la Biblia Hebrea (de 7 a 9 veces, según Louis R. Tyler: «Gramática del arameo bíblico», Editorial Rio Grande, 2012).

Finalmente, como siempre, invito a considerar la imagen anexa, con la cual espero ilustrar estas líneas, y en la que muestro los estados del sustantivo «mélej» («rey») en hebreo y arameo, incluyendo en cada caso su lectura y traducción.

A propósito de nuestro curso: «Arameo bíblico», desde cero. Estudio del vocabulario, morfología (nominal y verbal), sintaxis y traducción.

Un curso que inicia el miércoles 8 de julio (un año de duración), dirigido al público general interesado en poder leer, analizar y traducir la sección aramea de la Biblia hebrea.

Este curso está diseñado para las personas que, además de estudiar hebreo y griego, aspiran a poder leer con sus propios ojos la Biblia completa, en sus tres lenguas originales (hebreo, arameo y griego). 

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La palabra hebrea «pez» y su género gramatical en el libro de Jonás, Nociones de hebreo bíblico


La palabra hebrea «pez» y su género gramatical en el libro de JonásObservaciones desde el punto de vista de la morfosintaxis hebrea

Héctor B. Olea C.

Si bien asumir al libro de Jonás como una narración historia y a su protagonista como un personaje histórico ha sido la línea de interpretación adoptada por muchos; lo cierto es que, para la mayoría de los comentaristas críticos y no conservadores, el libro de Jonás es una parábola, una narración ficticia del período post exílico (por lo menos surgida para antes del siglo II a.C.) y consecuentemente, su protagonista un simple personaje literario que nada tiene que ver con el «Jonás hijo de Amitai» y contemporáneo de Jeroboán II, mencionado en 2 Reyes 14.25.

Luego, en consonancia con la interpretación histórica del libro de Jonás, se han tratado de dar explicaciones inadecuadas con base en la forma en la que el autor del libro empleó la palabra hebrea traducida «pez», tanto en género masculino como en género femenino.

En tal sentido, hay quienes han argumentado que en una primer ocasión, Jonás habría sido tragado y vomitado por un enorme pez de género masculino (Jonás 2.1, BHS), para luego ser tragado de nuevo por otro enorme pez, pero esta vez de género femenino (y desde cuyo estómago Jonás oró al Señor; Jonás 2.2, BHS); finalmente, este enorme pez de género femenino habría vomitado a Jonás, para ser tragado de nuevo por otro enorme pez de género masculino, el cual, finalmente,  habría vomitado a Jonás en tierra seca (Jonás 2.11, BHS).

Sin embargo, además de tomar en serio el género literario de libro, el análisis del uso de la palabra hebrea «pez» tanto en el libro de Jonás, como fuera de Jonás, pone de manifiesto que en la Biblia Hebrea se empleó la forma de género masculino («dag») como la forma de género femenino («dagá») de modo indistinto, sin establecer diferencia semántica alguna, como muestro en la imagen anexa.

Uso de la palabra hebrea «pez» en el libro de Jonás

En el libro de Jonás se empleó la palabra «pez» en la siguiente forma:

En primer lugar, se plantea que Jonás fue tragado por un pez de enormes proporciones (en hebreo de género masculino), y que Jonás estuvo tres días y tres noches en el estómago de ese pez enorme (en hebreo, de género masculino), Jonás 2.1 en la Biblia Hebraica Stuttgartensia (BHS).

En segundo lugar, se afirma que desde el estómago del mismo pez (pero señalado ahora con el género femenino), Jonás oró y clamó al Señor su Dios (Jonás 2.2 en la Biblia Hebraica Stuttgartensia (BHS).

En tercer lugar, se sostiene que el Señor le ordenó al mismo y único pez referido en el relato (pero de nuevo señalado en género masculino), que vomitara a Jonás en tierra seca, y así lo hizo el pez (Jonás 2.11 en la Biblia Hebraica Stuttgartensia (BHS).

En resumen, la única conclusión plausible es que el autor del libro de Jonás empleó de manera indistinta, sin cambio semántico alguno, la palabra «pez» en género masculino y en género femenino. 

La palabra «pez» en Génesis

Para hacer referencia a «los peces del mar», en Génesis 1.26 y 28 se emplea el constructo singular de la palabra hebrea «pez» en género femenino; sin embargo, en Génesis 9.2, para volver a hacer referencia a «los mismos peces del mar», empleó el constructo plural de la palabra hebrea «pez» en género masculino.

Luego, en correspondencia a Génesis 1,26 y 28, Deuteronomio 4.18 emplea la forma femenina de la palabra hebrea «pez» para hacer referencia a «todos los peces».

Conclusión: También fuera del libo de Jonás se emplea de forma indistinta, sin diferencia semántica alguna, el sustantivo hebreo «pez» en género masculino y en género femenino.

El testimonio de la clásica versión griega de la Biblia Hebrea (Septuaginta)

Las cuatro veces en las que en el libro de Jonás se hizo referencia a la palabra «pez» (señalado como un pez de enormes proporciones), la Septuaginta la tradujo con una única palabra, «kétos» (pronunciación erasmiana) o «kítos» (pronunciación reucliniana), palabra de género neutro y de la tercera declinación griega, y que hace referencia a animales de grandes proporciones que viven en el agua (ballena, hipopótamo, cocodrilo), algún monstruo marino, un gran pez, un cetáceo, etc.

Pero en Génesis 1.26, 28; 9.2 y Deuteronomio 4.18, la Septuaginta empleó, uniforme y consistentemente la palabra «ijzís» (animal que vive en el agua, mar o río, pez pescado) un sustantivo de género masculino y de la tercera declinación griega.

En conclusión, la clásica versión griega de la Biblia Hebrea pone de manifiesto que, tanto en el libro de Jonás como en el libro de Génesis y Deuteronomio, asumió que la palabra hebrea para «pez», en género masculino y en género femenino, se empleó de forma indistinta, sin establecer diferencia semántica alguna entre las dos formas de la palabra.

Finalmente, como siempre, invito a considerar seriamente la imagen anexa con la cual espero ilustrar estas líneas.

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Análisis del texto griego de Juan 1.7, Nociones de morfosintaxis griega


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¿Él nos hizo, y somos suyos? El problema textual del Salmo 100.3


 

¿Él nos hizo, y somos suyos?

El problema textual del Salmo 100.3

Héctor B. Olea C.

Una simple lectura del Salmo 100.3 en varias versiones de la Biblia, nos pone al tanto de dos líneas de traducción: la más conocida, gracias principalmente a la versión Reina Valera 1960: «Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos» («Él nos hizo, y no nos hicimos nosotros»).

Y en la misma línea de «La Reina Valera 1960» han traducido muchas otras versiones de la Biblia, entre ellas «La Biblia de las Américas» (LBLA).

Sin embargo, a diferencia de «La Reina Valera 1960», «La Biblia de las Américas» agrega una nota al pie de página que dice: “Muchos manuscritos dicen: «y suyos somos».

Sin embargo, la actualización de «La Biblia de las Américas» (LBLA), la llamada «Nueva Biblia de las Américas» (NBLA), traduce el Salmo 100.3 igual que su antecesora, pero sin agregar la referida nota al pie de página.

Ahora bien, ¿cuál es la razón que explica estas dos líneas de traducción del Salmo 100.3? ¿Hay alguna explicación a la luz del texto hebreo?

Respuesta: Sí, hay una clara explicación a la luz del texto hebreo.

En tal sentido, es preciso decir que el texto masorético de la Biblia Hebrea contiene la palabra «veló» («y no»), conformada por la conjunción «ve» («y»), y por el adverbio de negación «lo» («no»).

Por otro lado, en la llamada «Masora parva» o «Masora quetaná» («la masora pequeña» (el conjunto de notas sobre el texto hebreo que pusieron los masoretas en los márgenes laterales del texto, en el margen derecho de las páginas pares, y en el margen izquierdo de las páginas impares, como se observan en la Biblia Hebraica Stuttgartensia); se sugiere que la palabra «veló» («y no») sea considerada como un «ketív», o sea, como una forma escrita en el texto hebreo (la forma recibida en el texto hebreo consonántico), pero que debe leerse y asumirse de un modo distinto, como un «queré», o sea, como «veló», conformada por la misma conjunción «ve» («y»), y por la preposición «le» (a, para), con el sufijo pronominal de la tercera persona masculina singular «él» (luego, para él, de él).

Consecuentemente, lo que ha ocurrido es que las versiones de la Biblia que no asumen la corrección masorética, retienen en el texto del Salmo 100.3 la forma «veló» («y no»), y de ahí la traducción: «él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos» (él nos hizo, y no nos hicimos nosotros).

Pero las versiones de la Biblia que asumen la corrección masorética y optan por asumir el «queré» («veló»: de él, para él), traducen el Salmo 100.3 como: «él nos hizo, y somos suyos» (él nos hizo, y somos de él, para él).

Por otro lado, Luís Alonso Schokel, en su comentario a los Salmos (volumen II), afirma: «veló» uno de los quince casos registrados por los masoretas en que «le» se debe leer en caso dativo (a, para).

En todo caso, no es muy distinta la idea que comunica aquí el “caso dativo” (para él, suyos), de la idea que comunica el caso genitivo (de él, suyos).

Además, en lo que a la versión griega de la Biblia Hebrea se refiere, es preciso decir que para la traducción del Salmo 100.3, el traductor al griego parece haber tenido de frente un texto distinto al texto masorético, un texto hebreo que seguía el «ketív» «veló» («y no»), y no el queré «veló» («y somos suyos»).

Esto explicaría la forma en que tradujo el Salmo 100.3 la versión griega de la Biblia Hebrea (Septuaginta, LXX): «autos epóiesen jemás kái ujeméis» (pronunciación erasmiana) o «aftós epíisen imás ke ujimís» («él nos hizo, él mismo nos hizo, él en persona nos hizo, no nos hicimos nosotros», «él nos hizo, él mismo nos hizo, él en persona nos hizo, y no nos hicimos nosotros»).

En todo caso, si bien, tal vez, no es posible estar completamente seguros de qué fue lo que escribió y quiso comunicar originalmente el autógrafo del Salmo 100.3, una cosa es cierta: la exégesis bíblica y la traducción actual de la Biblia Hebrea, no pueden ignorar la problemática textual que involucra el texto hebreo del Salmo 100.3.

Luego, al margen de si nos identificamos o no con la corrección masorética, personalmente somos de la opinión que el asumir la corrección masorética parece más consistente con el resto del texto del Salmo 100.3: «él nos hizo y somos suyos, su pueblo, el ganado de su pastizal».

Finalmente, como siempre, invito a considerar la imagen anexa con la cual espero ilustrar estas líneas.

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«Koiné» («kiní»), ¿por qué en género femenino? Nociones de griego clásico y bíblico


«Koiné» («kiní»), ¿por qué en género femenino?

Una pregunta que me fue planteada
Nociones de griego

Héctor B. Olea C.

A modo de introducción:

El profesor Jaime Berenguer Amenós, en su tan conocida obra de griego clásico, «Gramática griega», plantea:

“A partir de la unificación de Grecia bajo Filipo de Macedonia, el dialecto ático, ligeramente alterado en con tacto con los demás dialectos, se impuso como lengua literaria en toda Grecia y se extendió con las conquistas de Alejandro Magno a Iodo el Oriente.

El dialecto así formado se llamó «lengua común» (y digo yo: en griego: «je kóine diálectos», según la pronunciación erasmiana; pero «i kiní diálectos», en conformidad a la pronunciación reucliniana). En ella escribieron sus obras, entre otros, el filósofo Aristóteles, el historiador Polibio y el moralista Plutarco. Asimismo, este dialecto constituye el fondo del griego bíblico, así del Antiguo como del Nuevo Testamento.

Durante el período bizantino la lengua griega perdió su antiguo carácter, por la evolución de sus formas y por la mezcla de elementos extraños, dando origen al griego moderno” (introducción, pagina 12, Editorial Bosch, España, trigésimo sexta edición, 1999), fin de la cita.

El género gramatical de la palabra española «dialecto»

Es cierto que la palabra española «dialecto» es un sustantivo de género masculino; sin embargo, la palabra griega «diálectos» («diálektos») es un sustantivo de género femenino, y de la segunda declinación griega, lo que explica que en lugar de terminar como concluye alguna de las formas léxicas de la primera declinación (típicamente femenina, pero que incluye a un conjunto de sustantivos de género masculino), termine con una forma propia y peculiar de la segunda declinación (típicamente masculina, pero que incluye a algunos sustantivos de género femenino y a otros de género neutro).

Observación: Todo sustantivo griego pertenece y se flexiona (se declina) como parte de uno de los tres modelos de flexión nominal con que cuenta la lengua griega: primera declinación, segunda declinación, tercera declinación.

El sustantivo «diálectos» («diálektos») en la tradición textual bíblica

Este sustantivo aparece dos veces en la clásica versión griega de la Biblia Hebrea (Septuaginta: Ester 9.26 y Daniel 1.4), pero seis veces en el Nuevo Testamento (todas las veces en el libro de Hechos: 1.19; 2.6, 8; 21.40; 22.2; 26.14), y en concordancia con el griego clásico, como un sustantivo de género femenino de la segunda declinación.

Por otro lado, la palabra «koiné» (pronunciación erasmiana) o «kiní» (pronunciación reucliniana), es realmente un adjetivo, la forma estrictamente del género femenino de un adjetivo que tiene tres formas: una para el género masculino según la segunda declinación («koinós», «kinós»), una para el género femenino según la primera declinación («koiné», «kiní»), y otra para el género neutro según la segunda declinación («koinón», «kinón»).

Luego, en conformidad a la concordancia que exige la gramática griega, el adjetivo «koinós» («kinós») va en género femenino («koiné», «kiní»), por emplearse en conexión sintáctica con el sustantivo de género femenino «je diálectos» («i diálectos»): idioma o lengua que habla un pueblo, o se habla en una región, modo de hablar, dialecto.

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«Hijo de Dios» o «el Hijo de Dios» en Mateo 4.3 Nociones de morfosintaxis griega


«Hijo de Dios» o «el Hijo de Dios» en Mateo 4.3

Nociones de morfosintaxis del griego clásico y del griego bíblico

Héctor B. Olea C.

La lectura de Mateo 4.3 en diversas versiones de la Biblia en español, nos pone al tanto de que una gran mayoría ha traducido el texto en cuestión «si eres Hijo de Dios» (la palabra «Hijo» sin el artículo determinado); y que solamente algunas versiones han traducido si eres «el Hijo de Dios» («Traducción en lenguaje actual», «Nueva Traducción Viviente», «Nueva Versión Internacional»).

Ahora bien, ¿en qué se sustenta la traducción «si eres Hijo de Dios» (la palabra «Hijo» sin el artículo determinado)?

Respuesta: Se sustenta, es mi sospecha, en el hecho de que la palabra «hijo» carece del artículo determinado en el texto griego; sin embargo, a la luz de la gramática (morfosintaxis) griega esto no justifica tal traducción.

Me explico.

La redacción griega de Mateo 4.3 es la de una oración condicional que involucra una oración copulativa conformada por: 1) un «si» condicional (más una forma verbal en modo indicativo, que presupone la realidad de la prótasis, el modo real); 2) seguido por la palabra «hijo» (el atributo) sin el artículo determinado; 3) seguida por el verbo copulativo; 4) seguido por la palabra «Dios» en caso genitivo y con el artículo determinado.

Ahora bien, la sintaxis griega establece que el «atributo» de una oración atributiva o copulativa (también llamada de «predicado nominal») por lo general no ha de llevar el artículo determinado (sin que esto implique que el «atributo» sea necesariamente indeterminado).

Sin embargo y, por otro lado, también establece que, si el «atributo» es colocado después del verbo copulativo (el verbo copulativo delante del atributo), éste sí puede llevar el artículo determinado.

En resumen, la gramática griega establece que, por lo general, el atributo de una oración copulativa o atributiva no ha de llevar el artículo determinado (sin que esto implique su automática indeterminación); sin embargo, jamás llevará el artículo determinado si el atributo viene colocado delante del verbo copulativo (el verbo copulativo después del atributo) que es el caso de Mateo 4.3; pero sí puede llevarlo (aunque no necesariamente) si el atributo viene colocado después del verbo copulativo (que es el caso de Mateo 3.17).

Consecuentemente, a nuestro modo de ver, la traducción «si eres Hijo de Dios» se sustenta en un mal entendido de la sintaxis griega, y del contexto en que dicha afirmación aparece.

Luego, las honrosas tres excepciones representadas por las versiones: «Traducción en lenguaje actual», «Nueva Traducción Viviente» y «Nueva Versión Internacional», a nuestro juicio, representan la opción acertada, por supuesto, al margen de cómo se interprete la filiación divina de Jesús, al margen de la manera en que se entienda que Jesús es hijo de Dios.

En tal sentido, no se debería ignorar que, precisamente en Mateo 3.17, encontramos la afirmación «este es mi hijo amado», afirmación que en el texto griego constituye una oración atributiva, copulativa, de predicado nominal (lo mismo que en Mateo 4.3).

Pero, a diferencia de Mateo 4.3, en Mateo 3.17 la misma palabra «hijo», el «atributo» de dicha oración copulativa, aparece con el artículo determinado sencillamente porque esta vez en un «atributo» colocado después del verbo copulativo (el verbo copulativo delante del atributo).

En consecuencia, a la luz de lo que establece la gramática (morfosintaxis) griega, tanto en el griego clásico como en el griego koiné o bíblico, y a la luz de la pista que ofrece Mateo 3.17; la traducción acertada de Mateo 4.3 deber ser «si eres el Hijo de Dios» (opción rechazada por la mayoría de las versiones de la Biblia en español).

Finalmente, como siempre, invito a considerar detenidamente la imagen anexa con la cual espero hacer más comprensibles estas líneas.

A propósito de nuestro curso que inicia mañana y para el cual todavía estás a tiempo: «Diplomado en lectura griega y traducción al español», un curso teórico y práctico de actualización y profundización, un curso ideal para las personas que ya conocen algo del griego clásico o koiné, pero que desean fortalecer la lectura del griego bíblico aplicando la pronunciación erasmiana y la reucliniana, y consolidar la práctica del análisis morfosintáctico y de la traducción fluida al español.

Por supuesto, muy a propósito de nuestra continua oferta académica en el campo de la lengua griega, todo el año, año por año (en la modalidad online y asincrónica).

Recuerda que el IDCB es lugar donde el estudio de las lenguas bíblicas no es un simple decorativo o complemento de un programa, plan de estudios o malla curricular que tiene sus propios y particulares objetivos; sino que el estudio y enseñanza profesional (aconfesional e independiente) de las lenguas bíblicas es nuestra especialización.

En el IDCB las lenguas bíblicas son el centro, son el declarado y determinado objeto de estudio, todo el año, año, por año, por supuesto, en distintos niveles y modalidades, pero siempre de manera profesional, aconfesional, crítica e independiente.

¡Inscripciones abiertas! ¡Todavía estás a tiempo!

Sobre las dos formas de leer la lengua griega, Nociones de griego


Sobre las dos formas de leer la lengua griega

Nociones de griego

Héctor B. Olea C.

Independientemente de por cual te inclines y a cuál consideres mejor; lo cierto es que hay dos formas de leer el griego: la tan popular y hasta ahora dominante pronunciación erasmiana o erásmica, y la pronunciación del griego moderno, la llamada pronunciación reucliniana.

Por supuesto, es preciso decir que el alfabeto del griego clásico, del griego koiné y del griego moderno es esencialmente el mismo; sin embargo, se distingue el griego moderno del clásico y del griego koiné en cuanto a los fonemas o sonidos que se le atribuyen a las letras del alfabeto y a algunas combinaciones de letras.

Nota: Una cosa es el inventario de letras que conforman el alfabeto de una lengua, y otra el inventario de fonemas de dicha lengua (los fonemas que se asocian a dicho alfabeto).

En consecuencia, un mismo alfabeto puede recibir en distintas etapas de la misma lengua un inventario distinto de fonemas o sonidos lingüísticos.  

Luego y, evidentemente, un mismo texto griego (del griego clásico, del griego koiné o del griego medieval posterior al griego koiné) puede ser leído de forma distinta según el sistema de lectura y transliteración o transcripción que se emplee (si la pronunciación erasmiana o si la pronunciación reucliniana), sin que esto implique una forma distinta de comprenderlo y de traducirlo.

Además, contrario a lo que erróneamente piensan algunas personas, no es cierto que la calidad de un curso de griego dependa del sistema de lectura que se adopte, si la pronunciación erasmiama o si la pronunciación reucliniana.

Consecuentemente, en lo personal, sugerimos que la persona que se involucre en el estudio de la lengua griega (griego cásico o griego koiné) debe conocer y poder usar con acierto tanto la pronunciación erasmiana como la reucliniana.

Por eso en nuestros cursos de griego procuramos capacitar a nuestros estudiantes para leer y transliterar un texto griego de manera acertada empleando la pronunciación erasmiana como la pronunciación reucliniana.

En tal sentido, también capacitamos a nuestros estudiantes para saber el sistema de lectura y pronunciación que está empleando una persona en su forma de leer, citar o transliterar un texto griego.

Por cierto, y como una nota adicional, cuando una persona habla de «griego kiní» está haciendo referencia a la misma etapa de la lengua griega conocida como «griego koiné», pues la única diferencia es que la expresión «griego kiní» es la lectura que se ajusta a la «pronunciación reucliniana», pero la expresión «griego koiné» se conforma a la pronunciación erasmiana.  

Es más, en honor a la verdad, la expresión «kiní» y la expresión «koiné» son el reflejo de una misma y única palabra griega, pero son el resultado de aplicar una forma distinta de lectura y pronunciación («kiní», según la pronunciación reucliniana; pero «koiné», según la pronunciación erasmiama).

O sea, que la pronunciación erasmiana y la pronunciación reucliniana asocian fonemas o sonidos distintos al núcleo vocálico que conforman las dos sílabas que componen la misma palabra griega que es leída «kiní» en conformidad a la pronunciación reucliniana, pero «koiné» según la pronunciación erasmiana.

Finalmente, a manera de ilustración, en la imagen anexa voy a emplear un texto del Nuevo Testamento Griego (griego koiné: Juan 15.1), y lo voy a transliterar en conformidad a la pronunciación erasmiana y luego según la pronunciación reucliniana, incluyendo, por supuesto, su debida traducción.

Muy a propósito de nuestro «Diplomado en lectura griega y traducción al español», un curso teórico y práctico de actualización y profundización, un curso ideal para las personas que ya conocen algo del griego clásico o koiné, pero que desean fortalecer la lectura del griego bíblico aplicando la pronunciación erasmiana y la reucliniana, y consolidar la práctica del análisis morfosintáctico y de la traducción fluida al español (inicia el sábado 9 de mayo).

Recuerda que el IDCB es lugar donde el estudio de las lenguas bíblicas no es un simple decorativo o complemento de un programa, plan de estudios o malla curricular que tiene sus propios y particulares objetivos; sino que el estudio y enseñanza profesional (aconfesional e independiente) de las lenguas bíblicas es nuestra especialización.

En el IDCB las lenguas bíblicas son el centro, son el declarado y determinado objeto de estudio, todo el año, año, por año, por supuesto, en distintos niveles y modalidades, pero siempre de manera profesional, aconfesional, crítica e independiente.

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Nuestra oferta académica para mayo, junio y julio, cursos en el campo de las tres lenguas bíblicas


 

Nos complace presentar nuestra oferta académica para junio y julio, conformada por los tres siguientes cursos en el campo de las tres lenguas bíblicas. 

Primer curso: «Griego bíblico», el segundo año, un curso de actualización y profundización, dirigido al público general interesado en completar y actualizar sus estudios de la gramática del griego bíblico (un año de duración).

Segundo curso: «Griego bíblico», el segundo año, un curso de actualización y profundización, dirigido al público general interesado en completar y actualizar sus estudios de la gramática del hebreo bíblico (un año de duración).

Tercer curso: «Arameo bíblico», desde cero, estudio del vocabulario, la morfología (nominal y verbal), la sintaxis y la práctica de la traducción del arameo bíblico al español (un año de duración).

Un curso dirigido al público general interesado en poder leer, analizar y traducir la sección aramea de la Biblia Hebrea.

Recuerda que el IDCB es lugar donde el estudio de las lenguas bíblicas no es un simple decorativo o complemento de un programa, plan de estudios o malla curricular que tiene sus propios y particulares objetivos; sino que el estudio y enseñanza profesional (aconfesional e independiente) de las lenguas bíblicas es nuestra especialización.

En el IDCB las lenguas bíblicas son el centro, son el declarado y determinado objeto de estudio, todo el año, año, por año, por supuesto, en distintos niveles y modalidades, pero siempre de manera profesional, aconfesional, crítica e independiente.

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