¿Por qué mes has abandonado? O ¿Para qué me has abandonado?
Nociones de morfosintaxis hebrea y griega
Salmo 22.1; Marcos 15.34; Mateo 27.46
Héctor B. Olea C.
En los relatos de la llamada «pasión de Cristo», es innegable la apelación al Salmo 22.1 (considerado «el Salmo de la pasión»), por parte de los Evangelios canónicos.
Sin embargo, nuestro trabajo se va a concentrar en el análisis de la expresión hebrea detrás de la tan conocida traducción de la versión Reina Valera 1960: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?»
En efecto, en su clásica y monumental obra, «La muerte del mesías», Raymond E. Brown le dedica todo un apéndice a la dependencia del Salmo 22 de los relatos evangélicos de la pasión («La muerte del mesías», tomo II, apéndice VII, páginas 1701-1715).
En todo caso, insisto, lo que me he propuesto con este breve artículo es, estrictamente, llamar la atención respecto del significado de la expresión hebrea traducida ¿por qué me has desamparado? ¿por qué me has abandonado?, la forma en que fue reflejada en el Tárgum (traducción aramea), la forma en que la tradujo la clásica versión griega (LXX, Septuaginta), y la manera en que la traducción griega fue citada por Marcos y por Mateo; no su interpretación teológica.
Es más, desde el punto de vista puramente teológico, Mateo Bautista en su obra «La pasión de Cristo, 151 preguntas y respuestas» (Editorial San Pablo, 2006), ofrece una perspectiva teológica con la cual se puede o no estar de acuerdo, al proponer su respuesta a la pregunta: ¿Murió Jesús sintiéndose abandonado? (pregunta 127)
Y su respuesta es: “Jesús no murió sintiéndose abandonado por el Padre, sino abandonado en el Padre, que siempre tiene la última palabra de vida” (páginas 127 y 128).
Iniciemos, pues, nuestra aventura.
En primer lugar, análisis de la expresión hebrea empleada en el Salmo 22.1 (ver imagen anexa)
Si bien es cierto que es en la imagen anexa que voy a citar el texto hebreo, su traducción y transliteración, aquí quiero hacer algunas necesarias y oportunas observaciones.
En primer lugar, considero de lugar traer a colación un fragmento de las palabras de la obra «Salmos», de Luis Alonso Schokel y Cecilia Carniti, dos tomos, publicada por Verbo Divino, año 1992, al comentar el Salmo 22, cito:
“El salmo encaja perfectamente en los cánones de la súplica individual, con sus dos componentes mayores, petición de auxilio en la tribulación, promesa de alabanza y acción de gracias por la liberación. La súplica se apoya en diversas motivaciones: el orante describe su situación trágica, apela a lo que es y ha sido el Señor, para otros y para él. Si bien la liberación es personal, promete una acción de gracias pública y ritual...”
“Siendo una súplica tan extraordinaria, de un inocente perseguido y liberado, el salmo, más que ningún otro texto del Antiguo Testamento, ha influido en los relatos evangélicos de la pasión. Recíprocamente, exaltado su sentido por ese aprovechamiento en el Nuevo Testamento, el salmo ha visto crecer su sentido”.
Por otro lado, quiero llamar la atención respecto de la expresión hebrea detrás de la traducción «¿por qué?» («lamá»), que, también, legítimamente, puede indicar propósito o finalidad, o sea, ¿para qué me has abandonado? ¿Con qué objetivo? ¿Con qué finalidad?
Por supuesto, si se hiciera un experimento y le preguntáramos a un número determinado de persona respecto de cómo han interpretado y asumido traducción: ¿Por qué?, es muy probable que una gran mayoría diga que, indicando causa, no finalidad (para qué).
En segundo lugar, análisis de la traducción del Tárgum (traducción aramea) ver imagen anexa)
Igual que en el texto hebreo, la expresión aramea detrás de la traducción «¿por qué?» («metúl ma»), también ofrece la posibilidad de ser asumida, legítimamente, como indicando finalidad, o sea, ¿para qué me has abandonado? ¿Con qué objetivo? ¿Con qué finalidad?
En tercer lugar, análisis de la expresión empleada por la clásica versión griega (ver imagen anexa)
A diferencia de lo que ocurre con la expresión hebrea («lamá») y con la expresión aramea («metúl ma»), la expresión griega empleada por la clásica versión griega («jína ti») indica, ante todo, propósito o finalidad: ¿para qué? ¿con qué finalidad? ¿A fin de qué?
Además, la traducción griega incluye una demanda que no está presente en el texto hebreo masorético ni en el Tárgum (traducción aramea), me refiero a la frase: «atiéndeme» (en griego «prósjes moi»).
Por cierto, tampoco Marcos y Mateo se hacen eco de esta demanda.
En cuarto lugar, análisis de la forma griega empleada por Marcos (ver imagen anexa)
Siguiendo a la clásica versión griega, aunque sin emplear precisamente las mismas palabras, la misma redacción, la expresión empleada por Marcos («eis ti») ante todo indica finalidad o propósito: ¿para qué? ¿con qué finalidad? ¿A fin de qué?
En quinto lugar, análisis de la forma griega empleada por Mateo (ver imagen anexa)
Por su parte, Mateo, que también va en la misma línea que Marcos, sin embargo, emplea prácticamente la misma expresión usada en la clásica versión griega: «jinatíme»: ¿para qué? ¿con qué finalidad? ¿A fin de qué?
Finalmente, insisto, para una mejor comprensión de estas líneas, favor de considerar la imagen anexa.
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¿«Al tercer día» o «después del tercer día»? Morfosintaxis griega y crítica textual
¿«Al tercer día» o «después del tercer día»?
Morfosintaxis griega y crítica textual
Héctor B. Olea C.
De entrada, debo decir que este breve artículo lo elaboré a petición de un apreciado y distinguido amigo, fundador y administrador de uno de distinguidos espacios académicos que me honran con difundir mis publicaciones, como aporte a un artículo de un destacado miembro de dicho foro, además, un apreciado amigo, contacto y alumno mío.
Manos a la obra.
Al margen de lo que digan las versiones de la Biblia, lo cierto es que hay en el Nuevo Testamento Griego dos expresiones que compiten respecto de la resurrección de Jesús: «Después del tercer día» («después de tres días») y «al tercer día».
La expresión «después del tercer día» («después de tres días») la encontramos en Mateo 27.63; Marcos 8.31; 9.31 y 10.34.
Y la expresión «al tercer día» está presente en: Mateo 20.19; Lucas 18.33; 24.7 y 1 Corintios 15.4.
Ahora bien, es preciso tener en cuenta que, solamente en relación a Marcos 9.31 y 10.34, aparece como lectura alternativa y en algunos manuscritos de menor importancia la expresión «al tercer día».
Esto significa que, respecto de Mateo 27.63 y de Marcos 8.31, no hay evidencia de que algún copista haya procurado cambiar la expresión «después de tres días» por la considerada más común «al tercer día».
Luego, la única conclusión posible es que en Marcos 8.31 y en Mateo 27.63 la lectura «después del tercer día» («después de tres días») no tiene competencia desde el punto de vista de la crítica textual.
En resumen, en el Nuevo Testamento Griego, la situación en relación a la expresión «después del tercer día» («después de tres días») y «al tercer día», respecto de la resurrección de Jesús, es la siguiente:
En primer lugar, Marcos jamás emplea la expresión «al tercer día», y de las tres veces que emplea la expresión «después del tercer día» («después de tres días»), solamente en Marcos 9.31 y 10.34 algunos manuscritos de menor importancia tienen como lectura alternativa la expresión «al tercer día».
En segundo lugar, Mateo, como Marcos, también emplea la expresión «después del tercer día», «después de tres días», (Mateo 27.63), expresión que aquí tampoco tiene competencia desde el punto de vista de la crítica textual.
Pero también emplea Mateo la expresión «al tercer día» (Mateo 20.19), sin que aquí haya la evidencia de que algún copista o manuscrito haya procurado sustituirla por la expresión «después del tercer día».
En tercer lugar, Lucas emplea estrictamente la expresión «al tercer día» (Lucas 18.33 y 24.7), sin que haya la evidencia de que algún copista o manuscrito la haya sustituido por la lectura «después del tercer día».
En cuarto lugar, Pablo, como Lucas, solamente emplea la expresión «al tercer día» (1 Corintios 15.4), otra vez, sin que haya la evidencia de que algún copista o manuscrito sugiera sustituirla por la lectura «después del tercer día».
En todo caso, respecto de la afirmación paulina aquí, «conforme a las escrituras», no sabemos en realidad a qué texto se refiere.
Finalmente, considerando que solamente Marcos hace un uso exclusivo de la expresión «después del tercer día», «después de tres días» (pues Mateo emplea ambas, como muestro arriba); es probable que la preferencia por una en lugar de la otra, y viceversa, sea más bien una cuestión de estilo.
Además, si Jamieson, Fausset y Brown («Comentario exegético y explicativo de la Biblia, tomo II, el Nuevo Testamento», Casa Bautista de Publicaciones, 1989) tienen razón al decir que la expresión «después del tercer día», según la manera judía de calcular, significa «al comienzo del tercer día» (comentando a Mateo 27.63), confirmaría que se trata más bien de una cuestión de estilo.
Como siempre, invito a considerar detenidamente la imagen anexa con la cual espero ilustrar estas breves línea.
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«No le permito a la mujer», ¿una traducción desacertada? Un análisis crítico de 1 Timoteo 2.12
«No le permito a la mujer», ¿una traducción desacertada?1 Timoteo 2.12 en el centro de esta cuestión
Nociones de griego (clásico y koiné)
Héctor B. Olea C.
Hoy (en la fecha de hoy) y siempre será loable sumarse a la lucha que procura una mejor condición de vida de la mujer en todo el globo terráqueo, fuera y dentro de los ambientes eclesiásticos.
Sin embargo, si bien es cierto que nos oponemos a la continua e innegable discriminación y violencia (particular y sistémica) que sufre la mujer a nivel global; también es cierto que nos oponemos a la violencia que muchas veces se ejerce sobre los textos bíblicos, proponiendo traducciones seriamente cuestionables de algunos textos bíblicos, aunque la razón pueda catalogarse de muy piadosa.
En tal sentido, me he propuesto reaccionar al que entiendo un análisis morfosintáctico desacertado de 1 Timoteo 2.12 y que, consecuentemente, concluye con una propuesta de traducción inadmisible de dicho texto.
Se argumenta que la traducción «no le permito a la mujer» es errónea, porque la palabra (sustantivo) «mujer» en el texto griego no se encuentra en el caso acusativo, sino en el caso dativo.
Ahora bien, es innegable que el sustantivo «mujer» se encuentra en el caso dativo; sin embargo, es preciso decir que la mencionada crítica se sustenta en una premisa falsa: Que todo verbo transitivo griego se complementa con el caso acusativo, que para todo verbo griego transitivo rige el caso acusativo.
En honor a la verdad, lo cierto es que hay un grupo de verbos griegos transitivos que se complementan con el caso genitivo y otros con el caso dativo.
Y resulta que, precisamente, el verbo empleado en 1 Timoteo 2.12, «epitrépo», es uno de esos verbos que se completa con el caso dativo (para el cual rige el caso dativo).
Precisiones sobre el verbo «epitrépo»
El «Diccionario del griego bíblico, Setenta y Nuevo Testamento» (Verbo Divino, 2016), de Amador Ángel García Santos, nos dice:
El verbo «epitrépo», por un lado, significa encargar, encomendar algo a alguien, empleando el caso acusativo, y encomendarle a alguien hacer algo, empleando el caso dativo.
Por otro lado, también significa: dar permiso, conceder, permitirle o no a alguien (siempre en caso dativo), hacer algo (en infinitivo).
Consecuentemente, es preciso decir que el verbo «epitrépo» se usa en el Nuevo Testamento dieciocho (18) veces, y todas las veces con el sentido de permitirle o no permitir alguien hacer algo.
Luego, llama la atención que de las dieciocho (18) veces que aparece en el Nuevo Testamento, el verbo «epitrépo» no aparece complementado solamente en cuatro ocasiones: Juan 19.38; Hechos 21.40; 1 Corintios 16.7 y Hebreos 6.3; pero las restantes catorce ocasiones sí aparece complementado, y precisamente todas las veces con el caso dativo.
Además, de las catorce veces en los que aparece complementado, sólo en una única ocasión no se empleó un infinitivo (Marcos 5.13).
Finalmente, respecto de 1 Timoteo 2.12, tenemos que concluir en este texto se cumplen todas las condiciones morfosintácticas establecidas en la gramática griega respecto del verbo «epitrepo»: la primera, en caso dativo a quien no se le permite hacer algo (a la mujer, en caso dativo); la segunda, lo que no se le permite hacer («enseñar», en infinitivo) ni «dominar» (en infinitivo) al varón (en caso genitivo, caso que rige para el verbo «dominar» aquí empleado), también en infinitivo lo que sí se le permite (estar en silencio).
En conclusión, al margen de lo comprometido que se sienta el exégeta y traductor del Nuevo Testamento Griego con la lucha por el establecimiento de mejores e ideales condiciones de vida para la mujer tanto en la sociedad en general como en los ambientes eclesiásticos; debe evitar manipular el texto de 1 Timoteo 2.12, ignorando lo que la gramática griega establece respecto de la semántica y la sintaxis del verbo presente en dicho texto, con tal de proponer una traducción que indebidamente ponga al autor del texto en cuestión a expresare en unos términos extraños a su propio contexto histórico y a la gramática del texto que hemos recibido de él, pero favorable al discurso que procura unas mejores condiciones de vida para la mujer.
Por supuesto, la manipulación de textos y de la gramática griega, en este caso, no es el mejor camino no es la vía, no es la opción recomendada para mostrarnos preocupados y solidarios con la mujer, y comprometidos con la lucha que procura unas mejores condiciones de vida para la mujer a nivel global.
Como siempre, invito a considerar con detenimiento la imagen anexa con la cual espero hacer más comprensibles estas líneas.
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